El tesoro de los piratas de Guayacán: relación verídica es una novela escrita en 1935 por Ricardo Latcham Cartwright. La obra relata una presunta investigación llevada a cabo por el autor, relacionada con antiguos vestigios piratas del encontrados enterrados en las cercanías del puerto de Coquimbo. A medida que se desarrolla la historia estos vestigios y documentos piratas van entregando una serie de pistas que develarían el lugar donde se ubicaría un tesoro oculto en la bahía de Guayacán.

Cabe destacar que el libro contiene una base verídica, los datos recogidos y descripciones geográficas corresponden aproximadamente a la bahía citada.

Esta obra originó la leyenda del tesoro de Guayacán, quizás el último destello de la fiebre de buscadores de tesoros a fines del inspirados por otra novela histórica, “La Isla del Tesoro”(1883) de Robert Louis Stevenson.

Imaginario

La historia probablemente se funda en las leyendas de piratas y corsarios que traían consigo los británicos que se establecieron en la provincia de Coquimbo a fines del (entre ellos el mismo Latcham), sumado a las historias reales de piratas que intentaron atacar en épocas coloniales a la ciudad de La Serena ubicada a unos 10 kilómetros al norte de Guayacán, en sus mayoría ataques frustrados salvo por el del pirata Bartolomé Sharp, que de manera fortuita encuentra a la ciudad de La Serena indefensa, sin milicias, armas, ni pólvora.

Ediciones

Esta obra fue publicada por primera vez en 1935 por la editorial Nascimento, el libro nuevamente aparece en pono publicado por la misma editorial. Luego en 1983 se crea una nueva edición de este libro realizada por la editorial Andrés Bello, pero carente de las ilustraciones aparecidas en versiones anteriores.

Personajes

Ricardo Latcham Cartwright: Destacado arqueólogo y antropólogo, de profesión ingeniero, también sobresale como etnólogo y folclorista, fue director del Museo Nacional de Historia Natural de Chile. El único personaje real de la historia.

Manuel Castro: campesino local que comienza a excavar en Guayacán junto a su hermana, luego de conocer a un grupo de buscadores extranjeros de tesoros, que según esta obra, en 1926 exploraron y excavaron parte de la bahía de Guayacán. Este personaje se caracteriza por ser muy desconfiado, supersticioso y casi analfabeto.

Rita Castro: hermana de Manuel Castro, personaje más letrado que su hermano Manuel.

Señor X: comerciante argentino establecido en el puerto de Coquimbo, de mayor nivel cultural y económico que los hermanos Castro, colabora facilitando sus contactos en Argentina y Santiago para traducir los pergaminos y placas de cobre con inscripciones.

Doctor Cohe: contacto del Señor X en Santiago para traducir las placas y pergaminos. También es profesor de lenguas orientales, doctor de filología y docente de un establecimiento educacional de la capital de Chile.

"Traductor de Buenos Aires": personaje anónimo cercano al señor X y que descifra los mensajes de gran parte de las piezas encontradas. Él es quien destruye todos los pergaminos hechos con piel de nutria.

Piratas descritos en los pergaminos y placas

Enrique Drake, un supuesto hijo de Sir Francis Drake. Subatol Deul, pirata hebreo. Ruhual Dayo, pirata normando o flamenco. Sudel Deul, hebreo, padre de Subatol Deul. Sevartay, pirata turco. De Baniel, pirata probablemente moro o árabe. Sumastage, navegante turco. Madel Saden, navegante egipcio. Fedel Sida, pirata normando.

Argumento

La historia se divide en tres partes.

Primera parte La historia comienza con la llegada de un barco a la tranquila bahía de Guayacán, de él desembarca un grupo de extranjeros que luego crean un pequeño campamento procediendo a realizar diversas excavaciones en la bahía. Un curioso campesino local llamado Manuel Castro se les acerca y a través de uno de ellos que hablaba español logra averiguar que este grupo intenta encontrar un antiguo tesoro pirata supuestamente enterrado en la zona. Pasan las semanas y los extranjeros desanimados sin encontrar siquiera rastros del tesoro vuelven a su barco de vuelta a sus país de origen. Manuel Castro intrigado con la historia decide posteriormente continuar las excavaciones por su cuenta. Con gran fortuna logra encontrar en las costas de Guayacán diversos objetos y pergaminos con extrañas inscripciones que no logra entender. Manuel lleva todos estos pergaminos y objetos donde su hermana Rita, algo más letrada que él para que le ayude. Juntos continúan la búsqueda dando con el paradero de una buena cantidad de objetos y vestigios indescifrables para su escasa instrucción. Debido a esto se valen de un comerciante argentino establecido en el puerto de Coquimbo llamado “Señor X” que suponían lograría traducir los pergaminos, hecho que lamentablemente no sucede viéndose obligados a llevar los antecedentes a Santiago para que un personaje versado en lenguas antiguas llamado “Doctor Cohe” los estudie.

Segunda parte El señor X y Castro viajan a Santiago con la finalidad de entrevistarse con el "Doctor Cohe", este personaje experto filólogo en la imposibilidad de poder descifrar completamente los elementos encontrados y notando que aquellos podían ser un acontecimiento importante para la historia chilena se vio en la necesidad de pedir ayuda al director general del DIBAM. Este director lo deriva con Ricardo Latcham, director del Museo de Historia Natural, para que se haga cargo del asunto. Ambos se reúnen en la Biblioteca Nacional a conversar sobre el tema, pero notándose Latcham algo incrédulo respecto a la historia de un fantástico tesoro escondido en el norte de Chile, el "Doctor Cohe" le revela algunas pruebas materiales, una placa cobre y otra de oro con extrañas inscripciones que él compró y vio casualmente en una vitrina de una joyería, la cual Castro había vendido en su viaje a Santiago, la placa de cobre había quedado empeñada en la pensión donde se alojó. Latcham con estas pruebas pidió al director general los fondos necesarios destinados a seguir la investigación en la zona de Guayacán, dirigiéndose en el mes de octubre de 1930 con el doctor Cohe a Coquimbo.

Luego de varias confabulaciones creadas por el señor X y Castro para confundir a Latcham, este finalmente logra ganarse la confianza de Manuel Castro, facilitándole este casi toda la documentación e información que tenía en su poder. Con los conocimientos que ambos poseen según su experiencia logran avanzar rápidamente en el desarrollo de la investigación identificando en el terreno una serie de triangulaciones, cavernas y señales en los roqueríos descritos en los pergaminos. Además al mismo tiempo comienza a llegar la información del traductor de Buenos Aires, que el señor X había contactado, de modo que el enigma se empieza a descifrar. Sin embargo justo en ese momento a Latcham se le acaban los fondos y debe retornar a Santiago a entrevistarse con el director general del DIBAM. De ahora en adelante el único modo de comunicación entre Castro y Latcham es a través de cartas, con el tiempo cada vez más esporádicas, donde relata sus grandes avances en el descubrimiento del tesoro de la bahía de Guayacán hasta que un día Castro simplemente deja de enviar informes y desaparece para siempre.

Tercera parte Este es el capítulo del libro en que reúne la mayor cantidad de sucesos fantásticos e incluso disparatados de la novela.

Latcham reuniendo toda la información que le había entregado Castro a través de las traducciones de Buenos Aires y las que el mismo había estudiado procede a ordenar los antecedentes encontrados descifrando gran parte de la historia y claves que los "piratas" habían dejado descritos en los pergaminos y placas de cobre, afirmando a la vez que estas antiguas narraciones se encuentran plagadas de incongruencias históricas. El relato que nos ofrece el autor se enfoca a fines de 1599 o a principios de 1600, en esas fechas llegan a la bahía de Guayacán dos desconocidos buques piratas cuyos capitanes se llamaban Subatol Deul y Ruhual Dayo. Supuestamente encantados con la seguridad del fondeadero resolvieron establecer allí su cuartel general. Pasaron algunos meses sin que sucediera nada que les molestara. Hacían sus salidas, pero siempre volvían a su bahía predilecta.

A fines de mayo, a su regreso de una excursión al norte, hallaron otro buque anclado allí, el cual, al verlos entrar, izó la bandera inglesa. Las naves de Dayo y Deul inmediatamente izaron la bandera negra de la piratería aprestándose para el combate.En contestación el buque "intruso" lanzó al agua un bote, en el cual se embarcaron algunos hombres, dirigiéndose a la nave de Deul. Uno de ellos subió a bordo resultando ser nada menos que Enrique Drake, un ficticio hijo del famoso Sir Francis Drake. A raíz de esta reunión los tres corsarios o piratas resolvieron fundar una liga e invitar a entrar en ella a todos los piratas que operaban en el Pacífico. Esta se llamaría la Hermandad de la Bandera Negra, y su asiento principal de aprovisionamiento y de reunión sería aquella bahía, que llamaban "El Refugio". De esta manera con los años se integran a la hermandad una serie de desconocidos piratas salidos de la imaginación del autor llamados Sevartay, De Baniel, Sumastage, Madel Saden, etc.

Esta presunta "hermandad de piratas" única en su tipo en la historia de Sudamérica ocupó la bahía de Guayacán como refugio, lugar de descanso y almacenamiento de tesoros por unos 40 años, llegando incluso a trabajar minas de oro en las cercanías, construir un fuerte con cañones, cavar hipotéticas bóvedas y cavernas subterráneas para esconder sus fabulosos tesoros, relacionarse con los nativos del lugar y asombrosamente pasar totalmente desapercibidos por las autoridades españolas de la época. Lamentablemente los días de la hermandad de la bandera negra llegarían a su fin en el año 1640. Deul, Dayo y Drake, en una de sus salidas tropezaron con una flota española, aparentemente la misma que había enviado el virrey hacia Valdivia, y sufrieron una derrota, en la cual Drake fue muerto y Deul perdió su galeón, pero pudo escapar en el navío de Dayo, llevando consigo el tesoro que conducía a bordo, al llegar a tierra lo sepultó en algún lugar de la bahía de Guayacán, dejando antes una serie de pistas escritos en pergaminos hecho de piel de nutria y placas de cobre que luego enterró en jarrones de arcilla por toda la costa. Supuestamente estos mismos jarrones de arcilla con pergaminos de piel de nutria en su interior y las placas de cobre son los que encontró Manuel Castro en perfecto estado unos 300 años después y dieron origen a esta historia.

Controversia Durante casi un siglo, diversos autores chilenos y extranjeros han tomado el libro "El tesoro de los piratas de Guayacán": Relación Verídica, como una obra científica de consulta histórica por el simple hecho de ser escrita por Ricardo Latcham sin hacer mayor análisis de lo expuesto en la narración.

Veracidad

Desde el punto de vista científico, la obra claramente no se trata de una investigación de carácter científico - histórico, puesto que carece de un análisis acabado de los elementos supuestamente encontrados en las costas de la bahía de Guayacán, sumado a ello no se citan fuentes, ni se agregan bibliografías como referencias. En su conjunto el libro más bien se trataría de una especie de novela de misterio con base histórica. Sumado a esto el autor comete una serie de incongruencias, intencionadamente o no, en su narración que se detallan a continuación.

La bahía de Guayacán no fue descubierta por Francis Drake en 1578, sino por Diego de Almagro y luego Pedro de Valdivia, considerando además que La Serena ya había sido poblada en 1544 y se empezó a dar uso a los puertos en esa misma época. El pirata Davis no visitó la zona en 1693, sino en 1686.