Se entiende por literatura victoriana aquella producida en el Reino Unido y en sus colonias durante el reinado de la reina Victoria. El calificativo «victoriana» equipara el periodo al reinado de Victoria (1837-1901) con una rotundidad excesiva, pues ni la monarquía británica gozaba de poderes tales como para que una reina marcase con su impronta una época ni el periodo considerado presenta una homogeneidad sin fisuras.Canales (1999), p. 6. La verdad es que el adjetivo «victoriano» no es una invención de los historiadores. Aparece por vez primera en 1851.Canales (1999), p. 7. Paradójicamente, fueron los críticos de aquel periodo quienes más contribuyeron a darle una entidad propia, aunque fuese negativa. Desde entonces resulta usual hablar de economía, costumbres o sociedad victoriana, dando por supuesto que al hacerlo se remite a aquel periodo. La denominada era victoriana constituye en la historia de Inglaterra y en la de Europa una etapa cultural importantísima. Es el gran momento de Inglaterra, y aunque no tiene el brillante esplendor del período isabelino y jacobino ―la muerte de Byron señala el ocaso de una edad heroica―, presenta, en cambio, una trabada coherencia, una organizada tenacidad en todos los campos de la actividad humana, y muestra una decidida voluntad de transformar el mundo y las fuerzas de la naturaleza para el bienestar y servicio del hombre.Pujals Fontrodona (1984), p. 434.

Las características esenciales de aquella época son: una indiscutible preocupación por la decencia, con la consiguiente elevación del nivel moral; un creciente interés por las mejoras sociales y el despertar de un fuerte espíritu humanitario; cierta satisfacción derivada del incremento de riquezas, de la prosperidad nacional y del inmenso desarrollo industrial y científico; conciencia de la rectitud, y un sentido extraordinario del deber; indiscutible aceptación de la autoridad y de la ortodoxia; notable carencia de humor. La era victoriana es época de transformaciones políticas y sociales, inquietudes religiosas («Oxford Movement»), firme trabazón moral, rapidísima expansión del comercio inglés y culminación de la Revolución Industrial.Pujals Fontrodona (1984), p. 394.

Algunos de los valores que hoy se asignan al victorianismo ―sentido de la familia, obediencia a los superiores, sobriedad y espíritu ahorrativo― igualmente podrían emplearse para caracterizar momentos anteriores. Otros valores que, como el culto al trabajo, se consideran arquetípicos distaron de estar amplia y libremente asumidos por la sociedad.Canales (1999), p. 165. Además, para casi todos estos valores u otros que podrían añadirse ―una sexualidad reprimida, una creencia en la superación a través del propio esfuerzo y en las virtudes de la no intervención de los poderes públicos―, el reinado de Victoria resulta una época en exceso larga y variable como para cobijarlos correctamente.

En líneas generales, la literatura británica, a diferencia de la francesa, consta, ante todo, de individuos y no de escuelas.Borges (2008), p. 7.

En literatura, el largo reinado de Victoria es uno de los más gloriosos de la historia inglesa. La era victoriana cubre prácticamente desde el Romanticismo hasta finales de siglo, y representa literariamente un cambio de estilo en un sentido realista. La fecha fronteriza entre el Romanticismo y la era victoriana es el año 1832. En realidad, Victoria no ascendió al trono hasta 1837,Pujals Fontrodona (1984), p. 395. pero para entonces la mayoría de los grandes escritores del primer tercio del siglo, a quienes podríamos denominar «georgianos tardíos», habían enmudecido: en 1832 moría Walter Scott; Keats, Shelley, Byron y Hazlitt ya no existían; Coleridge y Lamb estaban llegando al fin de sus días, y Wordsworth, aunque viviría aún bastantes años, había escrito ya lo mejor de su producción. Del mismo modo, Southey, Campbell, Moore, Jeffrey, Sydney Smith,Alexander Jeffrey (1806-1874), notario e historiador regional escocés. Sydney Smith (1771-1845), humorista, escritor y clérigo anglicano. De Quincey, Miss Edgeworth, Miss Mitford, Leigh Hunt, Brougham y Samuel Rogers aún vivían, pero la parte esencial de sus obras ya estaba hecha. Los principales autores que pertenecen por igual a las épocas georgiana y victoriana son Landor, Bulwer, Marryat, Hallam, MilmanHenry Hallam (1777-1859), historiador inglés. Henry Hart Milman (1791-1868), clérigo e historiador inglés. y Disraeli; ninguno de los cuales, con la excepción de este último, se acerca al máximo nivel en ninguna de las dos épocas. A la vez, aparecían los primeros volúmenes de Tennyson, el futuro poeta laureado representante de la poesía victoriana. Aunque de hecho perduraba el Romanticismo, su energía creadora estaba agotada, y la literatura buscaba otras fuentes de inspiración. En las alternancias rítmicas del fenómeno literario, la reacción psicológica contra los excesos del Romanticismo inclinaba el gusto hacia la concreción y el orden. Después del reinado de la emoción y de los sueños y las tempestades del alma romántica, empezaba a manifestarse una época razonadora y realista, que emparentaba mejor con la actitud mental del (el siglo de las luces). La nota predominante era la racionalización del impulso literario. Ante los postulados del Romanticismo, los escritores victorianos consideraron la verdad concreta como uno de los motivos esenciales de la creación literaria. En consecuencia, su tono de expresión general fue el realismo; y, en conjunto, se preocuparon más que sus antecesores románticos por la perfección estilística y la organización formal de la obra de arte.

Brillante en poesía y rico en pensamiento, el victoriano es un período en que la novela aparece en su máximo esplendor, floreciendo también en él un grupo de eminentes mujeres novelistas. Además, hacia 1860, el teatro experimenta una renovación saludable. Más adelante, a partir de 1875, las influencias francesas fueron preponderantes, sobre todo en el decadentismo del poeta A. Ch. Swinburne, en el esteticismo del ensayista Walter Pater y, sobre todo, en la obra poética, narrativa y dramática de Oscar Wilde. Mientras que la poesía de los últimos años de la era victoriana parecía sumirse en una fase de menor confianza, la explosión de energía que impulsó la narrativa no se agotó después de los primeros años. Si echamos una mirada retrospectiva, el último cuarto de siglo aparece dominado por dos figuras, la de Thomas Hardy y la de Henry James, que van seguidos de una hueste de escritores menores, aunque no faltos de interés.Barnard (2002), p. 213. Por su parte, la poesía de Hardy habría de esperar al para ser valorada en su justa medida. En la novelística, destacarían en ese último período victoriano los nombres de Samuel Butler, George Meredith y, sobre todo, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle y Bram Stoker, maestros respectivamente de los géneros de aventuras, policíaco y de terror.

Contexto (histórico, social, económico, intelectual) El inicio de esta era victoriana lo podríamos situar hacia 1830, cuando la economía industrial se está asentando firmemente y su principal beneficiaria, la burguesía, está a punto de conseguir su reconocimiento oficial. Su final ocurriría en torno al comienzo de la nueva centuria, cuando la muerte de la reina (1901) coincide con fenómenos tan simbólicos como la aparición del partido laborista (un proceso que se concreta entre 1903 y 1906) o la guerra bóer (1899-1902).Canales (1999), p. 8.

La propia historiografía ha asentado la división de la época victoriana en tres etapas, tomando como años bisagra 1851 ―la exposición de Londres― y 1873 ―el inicio de la Gran Depresión―. Una primera etapa, el Victorianismo temprano («Early Victorian»), se nos presenta como fase de asentamiento de la sociedad surgida de la Revolución Industrial, con importantes conflictos reveladores de fuertes tensiones de clase: Cartismo, Liga contra las leyes de cereales. La segunda etapa, Victorianismo medio («Mid Victorian»), es un periodo de estabilidad interna, en el que triunfan aquellos valores que luego serán conocidos como victorianos y en el que el poderío británico en el mundo, apoyado en una privilegiada posición económica derivada de la temprana realización del proceso industrializador, resulta incontestable.Canales (1999), pp. 6-7. En la tercera etapa, Victorianismo tardío («Late Victorian»), se alzan serias dificultades a la hegemonía británica, desafiada en su liderazgo colonial por países a los que los problemas económicos iniciados en 1873 afectan en menor medida, al tiempo que aumentan las tensiones internas, representadas por la insoluble cuestión irlandesa y el desarrollo de un movimiento obrero y sindical de corte más revindicativo.

En el mundo las circunstancias pocas veces han sido más favorables a un gran estallido de energía literaria. La nación era segura y próspera en un grado sin precedentes, cosciente de su voluntad y facultad de expandirse aún más. La época victoriana fue de gran actividad comercial, financiera e industrial. Diversas circunstancias fueron especialmente favorables a los esfuerzos ingleses. La Revolución Industrial la había adelantado a sus rivales del continente europeo, ya que contaba en su propio territorio con las materias más necesarias. La estabilidad política confirmó esa supremacía. Al no impedirse que el esfuerzo tuviera éxito, el proceso parecía ajustarse al derecho, y la ciencia (si lo es) de la economía política hizo grandes progresos en esta su época clásica, desde los Principios de Ricardo hasta los de J. S. Mill.Entwistle (1965), pp. 220-221.

Victorianismo temprano y medio Los poetas victorianos, como los novelistas, se enfrentaban a una sociedad muy cambiada frente a la que describían los románticos: casi podían palpar cómo cambiaba la estructura de clases; la clase media iba tomando posiciones cada vez más influyentes frente a la antigua aristocracia y comenzaba a introducir un nuevo sistema de valores; ya nadie podía ignorar el proceso de industrialización ni sus secuelas de contaminación y miseria; la fe religiosa se veía amenazada por los descubrimientos geológicos y biológicos y por un espíritu de escepticismo que se volvía contra la Biblia.Barnard (2002), p. 192.

Es demasiado simple decir que los primeros victorianos hicieron un mundo de su crisis religiosa. El vacío espiritual hoy apenas significa nada (aunque algunos lampan por extraños terrenos para llenarlo). Sin embargo, los primeros que vieron cómo su fe iba desapareciendo vivían inmersos en una comunidad creyente, una comunidad que profesaba abiertamente sus creencias y en la que representar una vanguardia intelectual no resultaba nada cómodo. Mientras que el ateísmo de Shelley asesta un duro golpe al cristianismo convencional, las dudas convierten al victoriano en un reincidente sin ganas, en alguien que se debate entre problemas espirituales, alguien melancólico y añorante de lo que ha perdido y que los demás aún conservan. Más que como liberación, la falta de fe se vive como una pérdida.Barnard (2002), pp. 192-193.