thumb|Escenario de la Sala de conciertos del Palacio de la Música Catalana donde el 27 de enero de 1919 los alcaldes y delegados de los ayuntamientos catalanes ratificaron el proyecto de estatuto de la Mancomunidad de Cataluña. La campaña autonomista catalana de 1918-1919 fue el primer movimiento catalanista a favor de la concesión por parte del parlamento español de un Estatuto de Autonomía para Cataluña. Se produjo entre noviembre de 1918 y febrero de 1919, durante el periodo constitucional del reinado de Alfonso XIII y en el contexto de la crisis de la Restauración. Fue impulsada por la Mancomunidad de Cataluña —con el apoyo de la hegemónica Liga Regionalista y de los partidos nacionalistas republicanos catalanes— que presentó un proyecto de bases para la autonomía de Cataluña al gobierno y a las Cortes en Madrid a finales de noviembre de 1918. La propuesta fue rechazada en diciembre, en medio de una fuerte campaña anticatalanista promovida por las diputaciones castellanas que hicieron público un Mensaje de Castilla. En enero de 1919, al mismo tiempo que una comisión extraparlamentaria nombrada por el gobierno del conde de Romanones se ocupaba del tema, una comisión nombrada por la Mancomunidad elaboró el primer proyecto de estatuto de autonomía de la historia catalana, que de nuevo fue rechazado. El recrudecimiento de los años de plomo en Barcelona en febrero relegó a un segundo plano la reivindicación autonomista. La campaña en pro de la «autonomía integral» de Cataluña, como ha destacado el historiador Javier Moreno Luzón, "conmovió hasta sus cimientos la escena política española".
Antecedentes: «Per Catalunya i l'Espanya Gran»
En marzo de 1916 la Liga Regionalista publicó el manifiesto Per Catalunya i l'Espanya Gran, redactado por Prat de la Riba —que moriría al año siguiente— y firmado por todos los diputados y senadores del partido. En el manifiesto se denunciaba que Cataluña era uno de los pueblos de España que veían «los elementos substanciales de su espiritualidad, de su personalidad, excluidos de las leyes del Estado», lo que les convertía en «españoles de tercera clase». La solución era el reconocimiento de la autonomía de Cataluña, «obra de justicia» y «de altísima conveniencia» y poner fin a la política asimilacionista, lo que haría posible la auténtica unidad «de todos los españoles, enteros, tales como Dios los ha hecho», convertidos en un «imperio peninsular de Iberia» —lo que implicaba también la integración de Portugal—.
El primer intento de llevar a cabo este programa se produjo al año siguiente en el contexto de la crisis de 1917. El 5 de julio Francesc Cambó reunió en el Ayuntamiento de Barcelona a todos los diputados y senadores catalanes —aunque los 13 diputados monárquicos abandonaron enseguida la reunión— que reafirmaron la voluntad de Cataluña de constituirse en una región autónoma. En la declaración que aprobaron, firmada incluso por Alejandro Lerroux, se decía «que es voluntad general de Cataluña la obtención de un régimen de amplia autonomía» y se reclamaba una estructura federal acorde con «la realidad de la vida española», lo que incrementaría «su cohesión orgánica» y desarrollaría «sus energías colectivas». Asimismo exigieron la reapertura de las Cortes que tendrían función de constituyentes. Si el gobierno Dato no aceptaba ninguna de las peticiones harían un llamamiento a todos los diputados y senadores a que acudieran a una Asamblea de Parlamentarios a celebrar el 19 de julio en Barcelona.
El gobierno del conservador Eduardo Dato intentó desprestigiar la convocatoria presentando la reunión como un movimiento «separatista» y «revolucionario» y finalmente a Barcelona solo acudieron los diputados de la Liga, los republicanos, los reformistas de Melquíades Álvarez y el socialista Pablo Iglesias, que aprobaron la formación de un gobierno «que encarne y represente la voluntad soberana del país» y que presidiría las elecciones a Cortes Constituyentes. La Asamblea fue disuelta por orden del gobernador civil de Barcelona y todos los participantes fueron detenidos por la policía, aunque en cuanto salieron del Palacio del Parque de la Ciudadela donde se habían reunido fueron puestos en libertad. Pasada la huelga general revolucionaria de agosto convocada por los socialistas, la Asamblea de Parlamentarios se volvió a reunir el 30 de octubre en el Ateneo de Madrid. Ese mismo día Cambó fue llamado a Palacio para entrevistarse con el rey quien aceptó su propuesta de formar un «gobierno de concentración» que estaría presidido por el liberal Manuel García Prieto y que contaría con un ministro de la Liga, Joan Ventosa Sin embargo el gobierno de García Prieto duró muy pocos meses, dando paso a otro gobierno de concentración, denominado «Gobierno Nacional», bajo la presidencia del conservador Antonio Maura, y del que formaría parte el propio Francesc Cambó Pero este gobierno solo duró hasta noviembre de 1918, dando paso a uno únicamente liberal presidido de nuevo por García Prieto.
Fracasada la vía de la asamblea de parlamentarios y los gobiernos de concentración para alcanzar los objetivos del manifiesto Per Catalunya i l'Espanya Gran, Cambó decidió que había «llegado la hora de Cataluña» y la Liga Regionalista organizó la campaña en pro de la «autonomía integral» para Cataluña que, según Javier Moreno Luzón, «conmovió hasta sus cimientos la escena política española».
El inicio de la campaña por la «autonomía integral» left|thumb|Homenaje A Rafael Casanova en la diada de 1914. En julio de 1918 se celebró en Barcelona la IV Semana Municipal en la que participaban los alcaldes y concejales de Cataluña, además de los secretarios de ayuntamiento. La entidad organizadora de la Semana, la Escola de Funcionaris de l'Administració Local, decidió convocar un Plebiscit de la voluntat municipal de Catalunya en el que los ayuntamientos tenían que pronunciarse sobre la autonomía de Cataluña «para que pudiera desarrollar íntegramente todas sus energías, y alcanzar el lugar que le pertenece, cumpliendo su misión en el resurgimiento de España». Contaba con el precedente del plebiscito municipal celebrado en 1913 a favor de la creación de la Mancomunidad de Cataluña.
A principios de noviembre de 1918 con motivo del fin de la Primera Guerra Mundial se celebraron varias manifestaciones aliadófilas y hostiles a la monarquía en Barcelona, junto con mítines convocados por los grupos nacionalistas catalanes radicales. En ese contexto se produjo el día 5 de noviembre una sonada intervención de Francesc Macià a favor de la independencia de Cataluña en el Congreso de Diputados, que se vació en cuanto empezó a hablar. El 10 de noviembre, cuando se difundió la noticia de la la abdicación del Káiser alemán, Francesc Layret pidió a la Mancomunidad que convocara una asamblea de ayuntamientos que solicitara a la Sociedad de Naciones que intervinieran a favor de Cataluña. Cuatro días después los diputados del Partit Republicà Català Marcel·lí Domingo, Salvador Albert y Julià Nougués, apoyados por otros tres diputados republicanos de otras regiones, presentaron en las Cortes una proposición de ley que decía: «El Congreso concede a Cataluña la autonomía integral».
El 15 de noviembre Francesc Cambó mantuvo una entrevista con el rey en el Palacio Real durante la cual, según el testimonio del propio Cambó, Alfonso XIII le animó a lanzar la campaña autonomista con el fin de distraer «a las masas [de Cataluña] de todo propósito revolucionario». «No veo otra manera de salvar una situación tan difícil que satisfacer de una vez las aspiraciones de Cataluña, para que los catalanes dejen de sentirse en este momento revolucionarios y refuercen su adhesión a la Monarquía», le dijo el rey a Cambó. Según el historiador Javier Moreno Luzón, "Alfonso XIII se había convencido de que sólo la Liga, satisfecha con alguna pócima autonómica, podía disuadir a las masas y frenar la inminente revolución en Barcelona, trasunto de la rusa o la alemana". Para Cambó había «llegado la hora de Cataluña».
Al día siguiente, 16 de noviembre, en un acto solemne en el que estuvieron representadas diversas entidades económicas, culturales y profesionales, y al que también asistieron los diputados y senadores por Cataluña y los diputados de las cuatro diputaciones provinciales -mientras en la Plaza de Sant Jaime se congregaba una multitud-, el presidente de la entidad organizadora del plebiscito municipal entregó al presidente de la Mancomunidad de Cataluña Josep Puig i Cadafalch un volumen con los certificados de los ayuntamientos catalanes, que se habían manifestado abrumadoramente favorables a la autonomía de Cataluña —prácticamente todos los municipios, que representaban el 98% de la población catalana—. Entonces Puig i Cadafalch se reunió con los miembros del Consejo Permanente de la Mancomunidad y con los parlamentarios catalanes y propuso que se formara una ponencia que redactara un proyecto de bases para la autonomía de Cataluña, que sería presentado al gobierno del liberal Manuel García Prieto. Francesc Macià, sin embargo, abandonó la reunión después de decir que la autonomía era insuficiente y que lo que había que conseguir era la independencia.
El 17 de noviembre de 1918, Macià dio una conferencia en los locales del CADCI donde presentó por primera vez al público la bandera independentista catalana que se acababa de inventar —y cuya primera aparición en la calle se había producido el día anterior—: la estelada, con triángulo azul y estrella blanca. A la salida de la conferencia se formó una manifestación en las Ramblas, la primera de la campaña autonomista, que fue disuelta por la policía. Más tarde cuando los manifestantes se dirigieron al consulado de Serbia para que Macià felicitara al cónsul por su victoria en la guerra apareció un grupo de requetés carlistas que comenzaron a dar vivas a España que fueron respondidos con vivas a Catalunya lliure, produciéndose un grave altercado en el que tuvo que intervenir de nuevo la policía.
La CNT, la organización obrera hegemónica en Cataluña, no se sumó a la campaña autonomista, pero eso no significó que defendiera el centralismo. El 18 de diciembre el diario oficial de la organización en Cataluña Solidaridad Obrera, dirigido entonces por Ángel Pestaña, publicó un artículo con el significativo título de «Ni con unos ni con otros». En él se decía: «En el problema de la autonomía de Cataluña […] no podemos estar ni con unos ni con otros […] Sepan todos los trabajadores de España que el movimiento que en pos de la autonomía realizan los plutócratas de la Liga no tiene la aquiescencia ni la simpatía de los trabajadores de Cataluña […] No nos interesa el pleito de la autonomía, exceptuando la protesta del pueblo en la calle. Esa protesta, que puede traducirse en motín y ese motín que puede llegar a la revolución libertadora, sí, porque ella refleja el malestar del pueblo y las ansias que siente de salir de este estado […] cuanto signifique revuelta, cristalización y hechos revolucionarios lo aceptamos […] permaneceremos al margen, pero a la expectativa». El líder catalán de la CNT Salvador Seguí dijo en un mitin celebrado el 12 de enero, pocos días antes de que fuera detenido por la policía aprovechando las suspensión de las garantías constitucionales decretada por el gobierno de Romanones.