thumb|El papa Francisco en la plaza de San Pedro, al día siguiente de la publicación de Evangelii gaudium. Cuarenta días después de difundirse su primera exhortación apostólica, se confirmó la fecha de su peregrinación a Tierra Santa.
El viaje del papa Francisco a Tierra Santa (24 al 26 de mayo de 2014) constituyó la segunda travesía fuera de Italia efectuada por Francisco durante su pontificado, luego de la que hiciera a Brasil en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud 2013. El viaje contó con tres etapas: Amán (Jordania), Belén (Palestina) y Jerusalén (Israel). Esta peregrinación a Tierra Santa, la cuarta efectuada por un sumo pontífice romano contemporáneo, se realizó cincuenta años después del encuentro histórico entre el papa Pablo VI y el patriarca de Constantinopla Atenágoras I, y se inscribió en la misma línea de diálogo interreligioso y ecuménico que continuaron Juan Pablo II y Benedicto XVI en una región signada históricamente por el conflicto árabe-israelí y otras tensiones políticas, religiosas y sociales.
En ocasión de su visita al papa Francisco en la Ciudad del Vaticano en septiembre de 2013, el rabino Abraham Skorka ya había comentado que esperaba viajar con él a Tierra Santa y recorrer juntos Jerusalén y Belén, tema del que se había conversado en un encuentro conjunto con el periodista Henrique Cymerman en junio de ese año.Henrique Cymerman conoció a Abraham Skorka en ocasión de una de las conferencias sobre Oriente Medio que el periodista brindó en Buenos Aires. Skorka ofreció acompañarlo a ver al papa Francisco para entrevistarlo para un programa de reportajes de la televisión israelí, ya que el papa «quería mandar un mensaje al pueblo judío». Aquel primer encuentro tuvo lugar el 13 de junio de 2013, y en ese marco el papa le preguntó a Henrique Cymerman qué podía hacer por Oriente Medio. El periodista le respondió: «...en primer lugar, visitar la zona...». Francisco preguntó nuevemante: «¿Tú me ayudas?». El 5 de enero de 2014 se confirmó la fecha definitiva de la visita pastoral, y el 27 de marzo se difundió el programa del viaje.
La visita y algunos de los gestos de Francisco fueron calificados como «históricos» por diversos medios internacionales y nacionales de comunicación social, tales como Time, ABC News, Le Figaro, la Agenzia Nazionale Stampa Associata, y The Sydney Morning Herald. En referencia al domingo 25 de mayo, John Allen escribió para The Boston Globe: «En un solo domingo, Francisco entregó cuatro momentos de impacto, cualquiera de los cuales probablemente habría sido suficiente para marcar el día como histórico».
Entre los principales gestos del papa Francisco destacaron:
la prédica por la paz en medio del conflicto en Siria: «Es necesaria una solución pacífica para Siria», «la paz no se compra ni se vende» (24 de mayo); el reconocimiento de dos Estados en conflicto, el de Israel («sea universalmente reconocido que el Estado de Israel tiene derecho a existir y a gozar de paz y seguridad dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas») y el de Palestina («Que se reconozca igualmente que el pueblo palestino tiene derecho a una patria soberana, a vivir con dignidad y a desplazarse libremente»). El papa invitó a rezar juntos en la Ciudad del Vaticano al presidente de Israel, Simon Peres y al líder de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás (25 de mayo); el encuentro con el patriarca de Constantinopla, con la firma de una declaración conjunta, los gestos compartidos y la celebración ecuménica en el Santo Sepulcro (25 de mayo); el mensaje al islam desde la Explanada de las Mezquitas en el que exhortó a aprender a comprender el dolor del otro y a no instrumentalizar el nombre de Dios para la violencia (26 de mayo); su abrazo con el rabino Abraham Skorka y el musulmán Omar Abboud ante el Muro de los Lamentos, en lo que se denominó el «abrazo de las tres religiones» (26 de mayo); la ofrenda de flores en la tumba de Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista, ubicada en el cementerio nacional de Israel (26 de mayo); el desvío del itinerario para acudir a rezar en una lápida dedicada a las víctimas del terrorismo en Israel (26 de mayo); la visita al Yad Vashem, el memorial del Holocausto donde, haciendo referencia a los campos de exterminio, exclamó: «¡Nunca más, Señor, nunca más!» (26 de mayo); la reconciliación entre judíos y cristianos como uno de los frutos del Concilio Vaticano II, a la que hizo referencia ante los dos grandes rabinos —el asquenazí y el sefardí— en el gran rabinato de Israel (26 de mayo); la celebración eucarística en el Cenáculo, lugar santo para los cristianos que pertenece actualmente a Israel (26 de mayo).
Antecedentes históricos
Pablo VI, cuyo pontificado se extendió entre 1963 y 1978, peregrinó a la tierra de Jesús de Nazaret del 4 al 6 de enero de 1964, en el primer viaje de un papa por el mundo, tres años antes de la Guerra de los Seis Días y cuando la Santa Sede todavía no reconocía al Estado de Israel. Como resultado de aquel acercamiento histórico, en una declaración conjunta efectuada el 7 de diciembre de 1965, Pablo VI y Atenágoras I, guías espirituales de los cristianos católicos y ortodoxos del mundo respectivamente, decidieron «[...] cancelar de la memoria de la Iglesia la sentencia de excomunión que había sido pronunciada [...]» en ocasión del Cisma de Oriente o Gran Cisma de 1054.El proceso de acercamiento entre la Iglesia de Roma y el Patriarcado ecuménico de Constantinopla se había iniciado con la apertura mostrada por Juan XXIII y Atenágoras I. El Concilio Vaticano II hizo diversas referencias a la rica espiritualidad de las Iglesias de Oriente. La orientación conciliar se profundizó con iniciativas como la Comisión mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto. El encuentro entre Pablo VI y Atenágoras I en Jerusalén el 5 de enero de 1964 fue decisivo, y el cambio producido tuvo su expresión histórica cuando el 7 de diciembre de 1965, en el anteúltimo día del Concilio, se produjo la Declaración conjunta de S.S. Pablo VI y S.B. el patriarca Atenágoras I por la que se borró de la memoria de la Iglesia el recuerdo de las excomuniones recíprocas producidas en tiempos de Miguel Cerulario y Humberto de Silva Candida, y que se constituyeron en símbolo máximo del cisma entre Roma y Constantinopla acontecido nueve siglos antes. Además, Pablo VI dio en Roma el breve apostólico Ambulate in dilectione, en el que expuso:
Estos actos significaron simultáneamente una purificación de la memoria histórica, un gesto de perdón recíproco y el compromiso conjunto por la búsqueda de la comunión.
En una situación bien distinta, con un panorama dominado por las implicaciones políticas del conflicto árabe-israelí, Juan Pablo II viajó a Tierra Santa entre el 20 y el 26 de marzo, durante el Gran Jubileo del año 2000. La visita, que se desarrolló en la vigilia del estallido de la segunda intifada, fue reconocida como uno de los grandes hitos de su pontificado, al conciliar varios aspectos casi enfrentados: la atención de la Santa Sede a la causa palestina, la peregrinación a los Santos Lugares y el mensaje al pueblo de Israel, que significó una nueva etapa en el diálogo interreligioso entre la Iglesia católica y el judaísmo. Ya en 1979, en ocasión de su visita a Demetrio I de Constantinopla en su residencia patriarcal del Fanar, en Estambul, enclave cristiano en esa ciudad musulmana, Juan Pablo II había marcado su carácter ecuménico al expresar: «La pregunta que debemos hacernos no es tanto si podemos restablecer la unidad cuanto si tenemos derecho a permanecer separados».
El tercer papa que viajó a Tierra Santa fue Benedicto XVI, quien visitó Jordania, Jerusalén, Belén y Nazaret entre el 8 y el 15 de mayo de 2009.
Notas propias del viaje de Francisco
Comitiva papal con matiz interreligioso La primera novedad del viaje pastoral de Francisco a Tierra Santa radicó en la conformación del séquito papal. Además de cardenales y obispos, la comitiva pontificia presentó por primera vez un matiz interreligioso, al integrarse a ella dos amigos argentinos del exarzobispo de Buenos Aires: el rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Latinoamericano, y el profesor musulmán Omar Abboud, presidente del Instituto del Diálogo Interreligioso de Buenos Aires y exsecretario general del Centro Islámico de la República Argentina. También fue invitado el rabino Alejandro Avruj de la Comunidad Amijai, de larga trayectoria en tareas solidarias en las villas. El papa invitó a los rabinos y al líder islámico a hacer el viaje con él para enviar lo que Federico Lombardi llamó «una señal extremadamente fuerte y explícita» sobre la importancia del diálogo interreligioso en esa región, caracterizada por conflictos bélicos, políticos y religiosos. Lombardi dijo: «Esta buena relación interreligiosa es parte de la normalidad del Santo Padre y, en verdad, así debería ser», y agregó que la presencia de Skorka y Abboud «es un mensaje en sí mismo». Abboud se incorporó a la comitiva en Amán, mientras que Skorka lo hizo el domingo 25 de mayo, una vez finalizado el shabat, día sagrado de la semana en el judaísmo. Por su parte, Omar Abboud consideró «un inesperado honor poder ser parte de la delegación oficial y acompañar a Su Santidad en este viaje tan singular».
Francisco y Bartolomé I thumb|180px|Bartolomé I, patriarca de Constantinopla. Federico Lombardi también calificó como «histórico» el hecho de que, por vez primera, representantes de las diversas confesiones cristianas, entre ellos greco-ortodoxos, armenios ortodoxos y franciscanos católicos orarán todos juntos y públicamente en el Santo Sepulcro, lugar sagrado para el cristianismo. Entre las personalidades presentes destacó el patriarca Bartolomé I de Constantinopla, con quien Francisco se reunió en varias oportunidades. Ya se habían encontrado en ocasión de la misa de inauguración papal de Francisco: se trató de la primera vez en la Historia en que el patriarca de Constantinopla participó de una misa de inicio de pontificado. Además, Bartolomé I había enviado una delegación a Roma para la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, gesto correspondido por Francisco con una misiva en ocasión de la festividad de san Andrés, hermano de Simón Pedro y apodado Protoclitos («El primer llamado»), a quien la Iglesia ortodoxa considera apóstol fundador del patriarcado ecuménico de Constantinopla. Francisco expresó en esa ocasión:
Se anticipó que las reuniones con Bartolomé I serían centrales, tema destacado desde el propio logotipo de la visita del papa que muestra el abrazo de los apóstoles y hermanos Pedro y Andrés, los primeros dos discípulos llamados por Jesús de Nazaret, como símbolo de la unión de las Iglesias de Occidente y Oriente, bajo el lema «Que seamos uno», frase inspirada en un pasaje del Evangelio de Juan () usado con frecuencia por el movimiento ecuménico que busca la unidad de los cristianos.
Estilo pastoral Durante su visita, el papa no usó vehículos blindados, como continuación de la actitud pastoral que Francisco desarrolló durante el viaje a Brasil y que explicitó al regresar de la Jornada Mundial de la Juventud 2013:
Giuseppe Lazzarotto, nuncio apostólico en Israel, dijo:
Clima de tensión, desafíos diplomáticos