El 4.º asedio de Badajoz tuvo lugar entre julio y octubre de 1658, durante la Guerra de Restauración portuguesa (1640-1668). Un gran ejército portugués al mando de Joanne Mendes de Vasconcelos, gobernador del Alentejo, intentó tomar la ciudad fronteriza española de Badajoz, un enclave estratégico en el que estaba acuartelado el Ejército de Extremadura. Las murallas de la ciudad eran esencialmente medievales y los portugueses, que las habían atacado en tres ocasiones anteriores durante la guerra, las consideraban vulnerables.
En 1658, Mendes de Vasconcelos reunió un ejército en Elvas y avanzó hacia la cercana Badajoz. Las defensas de la ciudad extremeña eran muy pobres y las tropas españolas, bajo el mando de Francisco Tuttavilla, duque de San Germán, tan solo querían sobrevivir hasta que el ejército español consiguiera enviar una fuerza de rescate. Los portugueses comenzaron lanzando un asalto directo a Badajoz con la esperanza de tomar el estratégico y bien defendido fuerte de San Cristóbal, pero después de veintidós días hubieron de desistir. Por ello, decidieron cercar y aislar la ciudad, gracias a lo cual consiguieron tomar el fuerte de San Miguel, a las afueras de Badajoz. A pesar de este éxito, la ciudad resistió.
El sitio duró cuatro meses, tiempo durante el cual los portugueses perdieron un tercio de sus hombres por culpa de los combates, de un brote de peste y de las deserciones. La llegada en octubre de un ejército de rescate comandado por Luis de Haro, favorito del rey Felipe IV de España, puso fin al asedio de la ciudad extremeña. El comandante portugués, Mendes de Vasconcelos, fue despojado de su rango y encarcelado por el fracaso del sitio.
Aprovechando la retirada lusa, Luis de Haro entró en Portugal y sitió Elvas, localidad fortificada situada a tan solo 15 km de Badajoz y plaza clave para la defensa de todo el centro de Portugal. Allí se había refugiado el ejército portugués que había sitiado Badajoz, donde los soldados fueron víctimas de otro catastrófico brote de peste. Sin embargo, un pequeño ejército portugués de rescate consiguió derrotar a los españoles en la decisiva batalla de las Líneas de Elvas, librada el 14 de enero de 1659. A pesar de los éxitos españoles en el frente gallego de esta guerra, la catastrófica derrota de los españoles en Elvas allanó el camino para la independencia de Portugal, que pertenecía a la monarquía española desde 1580.
Trasfondo Después de la muerte de Juan IV de Portugal en 1656, y en el marco de la Guerra de Restauración portuguesa (1640-1668), los españoles lanzaron varias ofensivas contra territorio luso, principalmente desde Extremadura, pero también desde Galicia para abrir un segundo frente y obligar a los portugueses a dividir sus fuerzas. El Ejército español de Extremadura, recientemente reforzado con tropas veteranas de la guerra contra Francia, estaba comandado por Francisco Tuttavilla, duque de San Germán, que nombró como general de artillería y segundo al mando a Gaspar Téllez-Girón, duque de Osuna. En 1657 ambos pusieron sitio y conquistaron la entonces ciudad portuguesa de Olivenza con 8000 soldados y 29 cañones. El intento desesperado del conde de San Lorenzo, gobernador militar del Alentejo, de obligarlos a salir de la localidad con un ataque sorpresa a Badajoz fue infructuoso. La cercana villa de Mourão también fue conquistada por los españoles poco después, por lo que el conde de San Lorenzo fue relevado del mando y sustituido por Joanne Mendes de Vasconcelos. El nuevo general portugués retomó en los siguientes meses Mourão y Olivenza aprovechando que las guarniciones españolas habían sido reducidas por la necesidad de enviar hombres a Cataluña para luchar contra los ejércitos franceses. thumb|left|Mapa de la Provincia de Extremadura elaborado en 1766 por el cartógrafo español Tomás López.
Mendes de Vasconcelos, envalentonado por sus rápidos éxitos, le prometió a la reina regente de Portugal, Luisa Francisca de Guzmán, que ocuparía la ciudad fortificada de Badajoz, acuartelamiento del Ejército de Extremadura y sin duda la plaza clave en la frontera entre Castilla y Portugal. El conde de Sabugal sugirió que sería más fácil y provechosa una ofensiva en el norte para intentar conquistar la localidad gallega de Tuy, donde el clima sería más benevolente y además se aseguraría la región Entre Douro e Minho. A pesar de esta propuesta, la reina y sus ministros se decantaron por el plan de Mendes de Vasconcelos, quien recibió el mando de un ejército compuesto por 14 000 infantes, 3000 unidades de caballería, veinte cañones y dos morteros, que se concentraron en la localidad de Elvas, a tiro de piedra de Badajoz. El segundo al mando con Mendes de Vasconcelos fue el general Rodrigo de Castro, recién nombrado maestre de campo y amigo del conde de Soure, rival de Vasconcelos en la corte, circunstancia que fue motivo de fricción entre ambos.
Badajoz estaba amurallada y contaba entonces con una guarnición de 4000 soldados de infantería y 2000 de caballería. El gobernador militar de la ciudad fortificada era Diego Paniagua y Zúñiga, marqués de Lanzarote, pero el mando del ejército lo tenía el duque de San Germán, que se había retirado a Badajoz tras la pérdida de Olivenza. La infantería estaba dirigida por Diego Caballero de Illescas, los tercios por Rodrigo de Múgica y Butrón, la caballería por el duque de Osuna y la artillería por Gaspar de la Cueva, hermano del entonces virrey de Nueva España. Las defensas de la ciudad constaban esencialmente de una alcazaba musulmana y una muralla almohade, ambas levantadas en la Edad Media, así como de varios bastiones y revellines construidos al comienzo de la guerra con Portugal en 1640.
Asedio Maniobras preliminares thumb|upright|left|Vista del fuerte de San Cristóbal y de Badajoz desde el oeste en un grabado de G. Baillieu (). El ejército portugués partió de Elvas el 12 de julio y se presentó a las afueras de Badajoz al día siguiente. Una compañía de coraceros bajo el mando de Luiz de Menezes y algunas unidades de caballería dirigidas por André de Albuquerque se enfrentaron cerca del puente sobre el río Guadiana a una unidad de caballería española liderada por el duque de Osuna. El encuentro fue sangriento y terminó cuando los españoles decidieron buscar refugio tras los muros de la ciudad. Mendes de Vasconcelos llegó poco después junto con el grueso del ejército, la artillería y numerosos carros de suministros traídos desde Elvas. Viendo el tamaño del ejército portugués, el duque de San Germán envió a toda prisa un mensaje al rey Felipe IV pidiendo ayuda.
A pesar de que el peligro de un ataque portugués se estaba cerniendo sobre Badajoz desde hacía casi dos décadas, la ciudad y sus defensas no estaban preparadas. La guarnición tenía poca munición y víveres, los soldados vestían con harapos y ningún ciudadano pacense estaba capacitado para empuñar las armas. El duque de San Germán puso enseguida a la tropa y a los habitantes de la localidad a trabajar para fortalecer las defensas y almacenar comida. Por el contrario, los zapadores portugueses comenzaron a preparar el terreno para un asalto a la fortaleza. Mendes de Vasconcelos había decidido, en un consejo de guerra celebrado junto a otros altos mandos, atacar el fuerte de San Cristóbal, un punto clave para la toma de la ciudad. Este fuerte era de reciente construcción, pues se había levantado después de 1640, y protegía la cabeza de puente sobre el río Guadiana y el acceso a la ciudad desde el oeste. Los zapadores españoles, protegidos por la caballería del duque de Osuna, rápidamente arreglaron un reducto en el acceso al puente y ensancharon las trincheras que conectaban este con el cercano fuerte de San Cristóbal, cuya guarnición se reforzaba cada día a través de esta vía de comunicación bien protegida. thumb|Planta de las Fortificaciones de Badajoz, c. 1645
Los portugueses prepararon a fondo el asalto. Su plan era que seis escuadrones comandados por João da Silva bloquearan la entrada al puente y aislaran el fuerte de San Cristóbal, que sería después atacado por las tropas de Alfonso Futrado y de Simon Correa da Silva. Al maestre de campo Diogo Gomes se le encomendó la tarea de cortar las comunicaciones por el río y Pedro Almado llevaría a cabo ataques de distracción en otros fuertes cercanos de menor importancia. Asimismo, los portugueses desplegaron varios regimientos de caballería porque preveían una resistencia feroz por parte de los españoles. Sin embargo, el asalto fue un tremendo fracaso porque después de veintidós días de ataques incesantes por parte de las tropas lusas, durante los cuales los defensores liderados por el marqués de Lanzarote prácticamente aniquilaron el regimiento de Almado con fuego de mosquetes y bombas incendiarias, Mendes de Vasconcelos ordenó la retirada.
Intento de cerco El general portugués, convencido de la imposibilidad de tomar la ciudad al asalto, cambió de estrategia y decidió crear un cerco alrededor de Badajoz con la intención de aislarla. Mientras tanto, los españoles estaban reforzando sus defensas con la creación de revellines entre las torres medievales y frente a ellas. También se reforzaron varios fuertes periféricos con la finalidad de impedir las maniobras de circunvalación de los portugueses y obligarles a crear un perímetro muy extenso. Uno de estos fuertes era el de San Miguel, diseñado con una planta en forma de estrella, con capacidad para seiscientos soldados y construido alrededor de una ermita. Contaba con cinco baluartes y un parapeto a prueba de artillería. thumb|left|Mapa coetáneo del cerco portugués de Badajoz en 1658, en el que se representan los fuertes españoles y la línea de circunvalación portuguesa para aislar la ciudad. El norte queda a la derecha del mapa.
Los zapadores portugueses construyeron un puente de barcas en el río Guadiana, en el lugar llamado Vado del Moro, por el que las tropas de Vasconcelos cruzaron a la orilla este del río. Tras reforzar Santa Engracia, al norte del fuerte de San Cristóbal, y un puente sobre el río Gévora, comenzaron a crear un cerco en forma de arco desde Gévora hasta el Vado del Moro. El fortín del Vado del Mayordomo, cercano al Guadiana y que había sido abandonado por su guarnición poco después de su construcción, fue incorporado por los portugueses a la línea de circunvalación. También trataron de ocupar el Cerro del Viento, cercano al Vado del Moro, pero fueron repelidos por una guarnición española y hubieron de crear el cerco detrás de la elevación. Dada la importancia estratégica del Cerro del Viento, el general italiano Ventura de Tarragona había proyectado levantar un fuerte en el cercano Cerro de los Mayas, pero el proyecto no se concluyó por la huida de los soldados y el fuerte de San Miguel quedó vulnerable.
Mendes de Vasconcelos ordenó a André de Albuquerque, a Rodrigo de Castro y al conde de Misquitella ocupar el convento de San Gabriel, misión para la que se asignaron toda la caballería y cinco terços del ejército portugués. La fuerza lusa atravesó el indefenso Cerro de las Mayas y tomó rápidamente el convento, cuya escasa guarnición española se rindió. Los zapadores lusos comenzaron a levantar un fuerte frente a la atalaya conocida como «Torre Quebrada», ubicada entre el convento y el fuerte de San Miguel. Este fuerte, en manos españolas, estaba dificultando mucho la creación del cerco para aislar Badajoz y su toma se convirtió en una prioridad para Vasconcelos. Albuquerque y el conde de Misquitellos, con ayuda de los ingenieros Nicolao de Lanres, Pedro de S. Coloma y Luiz Serrão Pimentel, planearon el asalto a la fortificación.