miniaturadeimagen|Los taínos fueron el primer pueblo indígena con el que Colón contactó tras la llegada al Nuevo Mundo. Entonces habitaban buena parte del Caribe, desde lo que hoy son las Bahamas a Cuba, Jamaica, la Española o Puerto Rico. El indigenismo es un término que designa una corriente política, cultural y académica surgida en América Latina, centrada en la representación, defensa o integración de los pueblos indígenas dentro del marco de los Estados nacionales. Si bien algunas expresiones del indigenismo han promovido el reconocimiento de las culturas originarias y la mejora de las condiciones sociales de los pueblos indígenas, otras han sido criticadas por adoptar posturas paternalistas, asimilacionistas o etnocéntricas.Marroquín, 1977

El término se ha utilizado especialmente para referirse a las políticas estatales desarrolladas desde el en países como México, Perú, Bolivia y Brasil, así como a producciones intelectuales impulsadas por sectores no indígenas que buscan interpretar o visibilizar las realidades indígenas desde una perspectiva nacionalista o reformista.

En algunos contextos, se distingue del indianismo, concepto que alude a movimientos políticos liderados directamente por actores indígenas, con énfasis en la autodeterminación, los derechos colectivos y la autonomía territorial.Albó, Xavier (1991). "El retorno del indio". *Revista Andina*, vol. 9, núm. 2, pp. 299–366.

Historia En el continente americano thumb|200px|left|Los muralistas a menudo fueron influenciados por la leyenda negra sobre España y la dialéctica marxista de la lucha de clases, representando a los pueblos autóctonos como la clase oprimida (una analogía del trabajador y el proletariado) mientras que la clase gobernante burguesa vendría a ser representada por los españoles, los criollos, los mestizos ricos y la Iglesia católica.

Los orígenes del indigenismo pueden rastrearse hasta el sermón de diciembre de 1511 del fraile dominico Antonio de Montesinos. Desde entonces, el indigenismo tomó diversas forma a lo largo del tiempo, y es posible hablar de indigenismo desde la administración virreinal española, aunque con modalidades diversas.Caso, 1973:72. Sin embargo, durante el , en los nuevos estados independientes hispanoamericanos, la preocupación indigenista perdió relevancia.

El antropólogo Franz Boas, considerado el padre fundador de la antropología social, concibió una Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americana con énfasis en el hemisferio occidental, aunque su visión no llegó a materializarse.

En México, las políticas indigenistas comenzaron a tomar forma con la Revolución de 1910. Un incremento de estas políticas fue visible a partir de 1920, en el contexto de la estabilización política posrevolucionaria. Estas políticas buscaban la asimilación, hispanización y nacionalización de la población amerindia a través de la educación. Desde 1936, el Departamento de Asuntos Indígenas ha coordinado la integración de la población indígena, tarea que partir de 1939 pasó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Un nuevo giro interamericano se produjo en la década de 1920, cuando México impulsó programas de asimilación a través de la educación y en Estados Unidos se comenzó a cuestionar la política de reservas indígenas. Tras la derrota militar de los pueblos originarios a finales del , tanto EE. UU. como Canadá implementaron políticas estrictas de reservas. Sin embargo, en los años veinte, las precarias condiciones económicas y sociales en estos territorios generaron críticas.

En respuesta, el presidente Franklin D. Roosevelt promovió una nueva política indigenista: designó a John Collier como Comisionado del Bureau of Indian Affairs, cargo que ocupó entre 1933 y 1945. En el marco del New Deal fue conocida como el Indian New Deal («nuevo trato indio»).

En 1931, John Collier y el antropólogo mexicano Manuel Gamio discutieron la necesidad de crear una organización interamericana que coordinara datos antropológicos y promoviera el intercambio de experiencias en políticas indigenistas. La idea fue debatida formalmente en la Octava Conferencia Panamericana (Lima 1938) y derivó en la creación del Primer Congreso Indigenista Interamericano, celebrado en 1940 en Pátzcuaro, México (originalmente planificado para La Paz, Bolivia). En este congreso, los delegados aprobaron la fundación del Instituto Indigenista Interamericano (I.I.I.), con sede en Ciudad de México. En 1942, el I.I.I. fue inaugurado y, tras la inesperada muerte de Moisés Sáenz, su principal impulsor, Manuel Gamio asumió la dirección del instituto, cargo que mantuvo hasta su fallecimiento en 1960.

Tras el Primer Congreso Indigenista Interamericano, el indigenismo se consolidó como la política oficial de diversos estados de América. Así, las ideas y acciones estatales en relación con las poblaciones indígenas quedaron bajo el paraguas del «indigenismo».Stavenhagen, 1988: 105.Sin embargo, han surgido corrientes críticas, como el «anarcoindigenismo», que promueven un indigenismo ajeno a la política estatal, vinculado al anarquismo.

Desde finales del , el término indigenismo ganó importancia para referirse a ciertas organizaciones indígenas en América Latina.

Política indigenista Los primeros antecedentes de una política indigenista se encuentran en las Cortes de Cádiz, donde liberales y reformistas intentaron representar a la población indígena.Peruanidad, Miguel Maticorena (1963)El pensamiento latinoamericano en el siglo XX, E. Devés (2000).

Los pueblos indígenas han sido históricamente relegados a la periferia, en regiones de refugio apartadas de los centros políticos, en zonas consideradas inhóspitas o en los cinturones de pobreza de las ciudades. Según el enfoque indigenista, su integración requiere participación ciudadana y social, así como apoyo externo que facilite su desarrollo y autonomía.

El antropólogo Jaime Beltrán sostiene que, en las regiones de refugio donde han logrado sobrevivir la mayoría de las comunidades aborígenes, lo urbano predomina sobre lo rural. Estas comunidades se convierten en satélites y establecen relaciones asimétricas con otros sectores de la población, quedando en una posición subordinada dentro del hinterland, dominado por grupos de poder.Gonzalo Aguirre Beltrán, 1967 El indigenismo, en este sentido, ha buscado liberar a los pueblos indígenas de estas condiciones de explotación y marginalidad.

A diferencia del supremacismo blanco y del igualitarismo liberal, el indigenismo reconoce la especificidad de las culturas indígenas y su derecho a recibir un trato especial para compensar siglos de discriminación, perjuicios y exclusión. No obstante, cuando los indigenistas plantean la integración de los indígenas a la sociedad nacional y global, asumen que esta última posee los elementos que permitirían su "redención", considerando que la inclusión en la sociedad dominante es la vía para su desarrollo.

El sociólogo Alejandro Marroquín señala que el indigenismo como política de los estados, busca "atender y resolver los problemas que confrontan las poblaciones indígenas, con el objeto de integrarlas a la nacionalidad correspondiente". Clasifica el indigenismo en cuatro variantes:

Indigenismo político, reformista o revolucionario: surgesurguecomo propuesta para la participación indígena en procesos de transformación nacional, como en las revoluciones mexicana y boliviana. Su énfasis está en la reivindicación social, la lucha por la tierra y la confrontación política con gamonales, caciques, latifundistas y burócratas Indigenismo comunitario: variante del indigenismo político que busca fortalecer la propiedad colectiva de la tierra y preservar los usos y costumbres comunitarios. Indigenismo desarrollista: propone la integración de los pueblos indígenas y sus territorios en el desarrollo económico y el mercado. No obstante, este enfoque ha sido criticado por sus efectos negativos, como el impacto ambiental, la emigración y la creciente diferenciación social entre una minoría privilegiada y una mayoría empobrecida (Dietz, 1995). Indigenismo antropológico: ha servido de base tanto para el indigenismo político como para el indigenismo desarrollista, proporcionando marcos teóricos y metodológicos para su implementación y evaluación.

Indigenismo por país thumb|200px|right|Mural de Diego Rivera muestra la ciudad prehispánica mexica de Tenochtitlán.

México En México, el indigenismo se consolidó como una política pública a lo largo del siglo XX, particularmente en el contexto de los gobiernos surgidos de la Revolución mexicana. Si bien, suele asociarse su desarrollo a partir del año de 1940, cuando se celebró en Pátzcuaro el Primer Congreso Indigenista Interamericano, este acontecimiento se debe tomar como un momento clave de institucionalización, sin llevar a determinarlo como el origen absoluto del indigenismo. En este periodo, el Estado mexicano impulsó un proyecto nacional orientado a integrar a los pueblos indígenas a la vida económica, social y cultural del país, concibiendo al indigenismo como un diseño estatal destinado a transformar sus condiciones de vida.

El Primer Congreso Indigenista Interamericano, convocado por el presidente Lázaro Cárdenas en 1940, en donde se integran los datos acerca de su preparación, lista de miembros, comisiones y lista de ponencias (economía, reforma agraria, trabajo asalariado, alimentación, habitación, entre otras), colocando así a México como un referente continental para la formulación de políticas indigenistas. De este congreso surgió el Instituto Indigenista Interamericano, organismo que promovió un enfoque de integración y modernización del indígena, enlazando los ideales del indigenismo con los objetivos de desarrollo nacional y regional de ese momento. Este proceso se profundizó con la creación del Instituto Nacional Indigenista (INI) en 1948, el cual institucionalizó plenamente la política indigenista en México mediante programas educativos, sanitarios y de desarrollo comunitario dirigidos a las poblaciones indígenas, sus fundadores fueron Alfonso Caso Andrade, Gonzalo Aguirre Beltrán y Julio de la Fuente. Actualmente, en INI se llama Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).

Desde una perspectiva ideológica, el indigenismo del siglo XX concibió al indígena principalmente como una categoría de acomodo socioeconómico, de manera que, las diferencias étnicas y culturales fueron llevadas a un plano secundario. Bajo esta lógica, los pueblos indígenas fueron definidos como sectores marginados que no participaban plenamente de los “beneficios de la civilización”, aunque sí repercutían sus efectos negativos, tales como la explotación, la pobreza, la violencia y la vulneración de derechos humanos. Esta concepción justificó políticas orientadas a la integración y modernización, sin embargo también generó tensiones y conflictos en torno al medio político y los derechos de los pueblos indígenas.

A partir de la década de 1970, el indigenismo mexicano comenzó a ser objeto de críticas académicas y políticas, particularmente por su carácter paternalista y por su tendencia a definir desde el Estado las necesidades y formas de vida de los pueblos indígenas. Estas críticas limitaron la participación indígena en la creación de las políticas públicas y señalaron la escasa atención otorgada a la autonomía y a los derechos colectivos, contribuyendo a replantear los enfoques indigenistas en las décadas posteriores.