miniaturadeimagen|Revista Brevities de Broadway de Nueva York. Las actuales expresiones periodismo del corazón, chismorreo, prensa rosa y crónica rosa, así como las antiguas ecos de sociedad y crónica de salones, y también chismes de la farándula (del inglés gossip, traducido como chisme), se refieren al periodismo que se dedica a informar sobre la vida de las celebridades y la farándula, muchas veces a través del acoso, dependiendo del país y sector en cuestión (socialite, artistas, concursos reality o personajes estrafalarios). A través sobre todo de suposiciones y conjeturas sobre la vida privada de las personas, este tipo de periodismo ha generado demandas legales y querellas judiciales. La información generada forma parte de la cultura popular o sensacionalista, carece de interés político y se usa con fines de mercadotecnia o excentricidad.
Características En su origen, las crónicas de salones podían consistir solamente en una enumeración somera de cortos párrafos con escuetas noticias de la clase alta, pero otras veces su elaboración aparecía con cierto humor e ironía o se presentaba con gran aparato fotográfico. En general, como apunta Francisco Villacorta,
Su discurso está construido a partir de una sintaxis elemental tras la que se vela una cuidadosa discriminación de jerarquías y estereotipos sociales. Un discurso jerarquizado de la presencia y de la calificación ingeniosa y elegante: un nombre al lado de la calificación de un escenario y de una toilette de moda, de una cualidad física o de una propiedad del ingenio; una sumaria sintaxis para el extraordinario efecto de ordenar o ratificar jerárquicamente las piezas del mundo aparencial creado y para restituirle permanentemente su actualidad, como fenómeno de opinión pública en el marco de la representación social.Francisco Villacorta, "La vida social y sus espacios", en Historia de España Menéndez Pidal, vol. XXXIII, Madrid, 1997, p. 667, Apud nota a José Miguel Hernández Barral, Grandes de España: distinción y cambio social, 1914-1931... Madrid, 2012, tesis doctoral en línea, p. 101, http://eprints.ucm.es/17440/1/T34077.pdf
Actualmente, priman sobre todo los contenidos que poseen una alta carga emocional y que están relacionados con las mujeres, los galanes en medios masivos. En periódicos o revistas están centrados en un público femenino, y su propósito no es tanto informar como conmover o emocionar. La fotografía de casas, peinados y trajes fastuosos y de moda es muy importante para impresionar el gusto burgués, así como la gallofa y difusión de bulos, muchas veces inventados ad hoc en colaboración con los famosos: el llamado postureo. Los componentes varían de acuerdo a su trasmisión, tal como se muestra a continuación:
Las personas enfocadas en el medio son llamados personajes del corazón o vulgarmente mencionados como figuras o Figuretti; conforman la realeza, la aristocracia, los actores, los cantantes, los deportistas, los presentadores de televisión, las modelos, los relaciones públicas, los concursantes, entre otros. Una de las selecciones son las entrevistas, donde pueden dar bajo consentimiento del interesado, donde, en casos extremos, han tenido cierta cobertura ficticia sobre las celebridades.
Las fotografías (o videos en medios digitales) son las más se destacan, posee todo el espacio a todo color. Su finalidad tiene que ver con la farándula y la moda actual. Así el periodista ofrece una perspectiva amplia y práctica del mundo común así como el personaje. Otros casos como los paparazzi realizan tomas ocultas, relacionadas con rumores sentimentales o familiares. Con el temor de ser demandados por difamación, están sujetos a las leyes de privacidad por país.
Los temas en cuestión pueden variar con el fenómeno vedetismo: falsos divorcios, embarazos, hijos y eventos. Estas carecen de todo código deontológico, incluso se atreven a espiar con medios electrónicos los teléfonos de los famosos.
En medios de farándula por televisión, existen los llamados opinólogos. Con cierta similitud a un panelista, son personas que ceden su opinión a favor o en contra de un caso, sin importar su condición o exclusividad.
El fin de este tipo de contenidos va de la mano con la morbosidad hacia los temas tabú, el lenguaje sensacionalista y la invasión a la privacidad de la vida de las celebridades. Lo que es de carácter privado se convierte en público, transformando así la percepción de la realidad del consumidor.
El periodismo del corazón también suele ser conocido como periodismo de sociedad y va ligado a la comercialización de las emociones, los sentimientos y la privacidad de los círculos sociales, así mismo, su razón o motivo de continuar siendo un género destacable a pesar de la carencia informativa que pudiera contener, se debe principalmente a la curiosidad de la población y su interés en el control de la vida de otros.
Historia El origen de esta prensa se encuentra en la sección periodística antigua denominada crónica de sociedad, crónica de salones o ecos de sociedad, donde se daba cuenta de los matrimonios, peleas, divorcios, embarazos, natalicios, necrológicas, entierros, éxitos, fracasos, fiestas, vacaciones, compras de casas, operaciones, enfermedades, sucesos y demás acontecimientos sociales de las capas altas de la sociedad y de las celebridades en terrenos como el deporte, las finanzas, la política o los espectáculos.
Mercure Galant ya prometía en 1672, que los curiosos de noticias, los provincianos y los extranjeros, que no conocen a los personas de alta cuna o gran mérito de los que a menudo oyen hablar aprenderán a través del presente ejamplar y sucesivos, por qué son célebres y qué motivo les hace merecedores de estima.Le Mercure galant, volume 1, 1672, pp. 7-8
Las primeras crónicas mundanas aparecen en periódicos generalistas a finales del como L'Illustration y Excelsior en Francia o Blanco y Negro en España a finales del . Estas crónicas abordaban cuestiones como las visitas oficiales de los monarcas o la lista de los nobles que participan en una determinada gala benéfica. El objetivo era puramente informativo.
La primera publicación semanal dedicada a la crónica social en Estados Unidos fue la Broadway Brevities and Society Gossip, lanzado en Nueva York en 1916. La revista cubría eventos de la alta sociedad y las estrellas del teatro de Broadway, aunque terminó derivando hacia la búsqueda de escándalos sociales y la destrucción de reputaciones. En la década de 1920, aparecería otro de los grandes exponentes del género en el país, la revista National Enquirer.
Desde la década de 1990 el género ha encontrado reflejo también en televisión a través de los denominados talk-show.
El tratamiento que se daba a este tipo de informaciones fue seriamente puesto en cuestión a nivel mundial como consecuencia de las circunstancias que rodearon la muerte de Lady Di en 1997, en un accidente automovilístico cuando huía de unos paparazzi.
Situación por país España En España los ecos de sociedad nacen a mediados de la década de 1850 con el nombre de crónica de salones y su propósito es recoger los cotilleos, indiscreciones y rumores de las reuniones, saraos y veladas de la alta sociedad, no ya solo los de carácter oficial (bodas, bautizos, festejos, actos civiles y eclesiásticos, bailes, ceremonias, recepciones, funciones de teatro y otros pequeños sucesos del mundanismo) sino de los más oficiosos, en un tono que va desde lo riguroso y formal a lo indiscreto e incluso malicioso. Con frecuencia, en este último extremo, cultiva el sensacionalismo provocado por escándalos, duelos, cuernos y chismorreos que se sugieren siempre entre líneas y que, por precaución, obligan al periodista de este género, por lo general denominado salonista, cronista o revistero de salones o cronista de sociedad, a usar un pseudónimo. Entre los elementos que incorpora este tipo de crónicas, uno no escaso es el costumbrismo. Los eventos mundanos eran de distinto tipo e iban desde el cotarro o cotterie (sociedad restringida de personas que mantienen estrechas relaciones fundadas en intereses comunes) al raout (gran recepción mundana)
La escritura de este tipo de crónicas era muy difícil y reclamaba un periodista de mundo y muy experimentado, ya que la principal dificultad para contar los cotorreos era hacerlo con la sutileza suficiente como para no herir sensibilidades. Emilia Pardo Bazán, en su prólogo a Los salones de Madrid (1870), obra de Monte Cristo, el famoso cronista social de la revista Blanco y Negro, escribía al respecto:
La crónica de salones, lejos de ser un género fácil, está erizada de peligros y dificultades y requiere de una gran brillantez de estilo, galas de dicción, erudición, tacto, sentido de las conveniencias y discernimiento de gentes. El cronista de salones es mucho más hábil por lo que calla que por lo que dice. Su retórica es el eufemismo, la omisión y el silencio. El cronista de salones necesita saberse al dedillo la historia, los antecedentes, hasta las manías de cada uno de los individuos e individuas que desfilan entre las once de la noche y las dos de la madrugada por las casas iluminadas y llenas de gente, sonriendo y estrechando manos. Y esa historia y esos antecedentes, después de aprenderlos, necesita hacer como si los olvidase y recordarlos solamente cuando importa. [...] Los que leen una crónica de salones y ven en ella que todos los generales son «valientes», todas las señoritas «juveniles beldades», todos los refrescos «delicados», todas las porcelanas de Sévres y todos los encajes del «viejo Malinas», acaso no crean que el cronista no tiene ojos o no ha visto jamás mujeres jóvenes y hermosas, y encajes auténticos. Desengáñense: el cronista sabe bien donde le aprieta el zapato, aunque no sea más que por efecto del continuo roce y la familiaridad con lo bello, lo suntuoso, lo raro y lo precioso. Leedle despacio, entre líneas, y no tardaréis en distinguir la alabanza sincera y entusiasta del forzoso ditirambo.
Hubo también algunas revistas especializadas en los salones, como La Semana Madrileña: revista de salones, teatros y sport (1883-1885), Gente Conocida (1900-1903), Gran Mundo y Sport (1906) y Vida Aristocrática (1919-1925). El director de esta última, el cronista León Boyd, en el número 1, de 10 de noviembre de 1919, hace una declaración de propósitos que constituye un ilustrativo repertorio de los varios asuntos habituales en el género:
Queremos que estas páginas, cristianas y frívolas a un tiempo, siempre respetuosas y jamás indiscretas, a sabiendas, lleven a vuestro hogar el perfume de todos los ecos de vuestro vivir: la boda, el bridge, el banquete, el baile, la fiesta de caridad y de religión, el latido de los aristócratas que trabajan, la labor, desconocida para muchos, que realizan ilustres damas, merecedoras por ello de nuestra consideración y nuestro respeto; el recuerdo de la vida de antaño, los ecos vivos de la actual, la descripción de las moradas elegantes y artísticas, las grandes y pequeñas reuniones, los deportes en sus múltiples manifestaciones; la vida extranjera, las creaciones de la moda, los ecos de tristeza y de dolor que el Destino vaya poniendo con su mandato severísimo en nuestro pobre corazón, y sobre todo y por todo, del modo más leal y más sincero y más alto, un amor muy grande y muy hondamente sentido a nuestra Patria. («...De mi calendario. Al nacer»)Ángeles Ezama Gil, "Emilia Pardo Bazán revistera de salones: Datos para una historia de la crónica de sociedad", en Espéculo núm. 37: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero37/epbazan.html
Luis Araújo-Costa señala algunas de las exigentes cualidades que debía reunir el revistero de salones: