Fernando Villaamil Fernández-Cueto (Serantes, Asturias, 23 de noviembre de 1845 – Santiago de Cuba, 3 de julio de 1898) fue un marino de guerra español.

Se destacó por ser el creador del concepto moderno de destructor naval, al diseñar y promover la construcción del Destructor, considerado el primer buque de este tipo en la historia marítima. Además, estuvo al mando de la corbeta Nautilus durante su circunnavegación entre 1886 y 1888, primera vuelta al mundo realizada por un buque-escuela de la Armada Española.

Villaamil murió en combate durante la batalla naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898, al mando del destructor Furor, durante la Guerra hispano-estadounidense, en lo que se conoce como el Desastre del 98.

Infancia y juventud

Fernando Villaamil nació en la casa solariega de su apellido, en la parroquia de Serantes perteneciente entonces al Concejo de Castropol y actualmente al de Tapia de Casariego, y a escasa distancia del Mar Cantábrico. Tercero de los hijos de Fermín Villaamil, un abogado que gastó todo su patrimonio en interminables pleitos y una agitada vida política, hubo de vivir en su adolescencia el proceso de decadencia y pérdida de la casa y todas sus posesiones. Parece que aquella debacle, que daba al traste con una historia familiar de casi mil años, le marcó durante toda su vida, creándole respecto a su tierra natal un complejo sentimiento en el que pesaban tanto el amor como la amargura.

Estudió náutica y matemáticas en Ribadeo, Oviedo y Madrid, logrando ingresar con solo 15 años en el Colegio Naval de San Fernando de la Armada, dando con ello comienzo a su carrera como marino. Fue destinado a Filipinas, desempeñando allí su primer mando de barco, y después a Puerto Rico, donde recibió su bautismo de fuego. A su regreso a España ocupó, siendo ya teniente de navío, plaza de profesor en la escuela naval flotante, a bordo de la fragata Asturias, anclada en Ferrol.

thumb|275px|right|El contratorpedero Destructor.

El Destructor

En aquel tiempo era preocupación de las marinas la neutralización de la amenaza que presentaban los barcos torpederos, por lo que se empezó a trabajar en el diseño de buques rápidos que pudieran destruirlos. En la década de los 1880 se comenzaron a construir los primeros buques contratorpederos casi siempre en el Reino Unido, aunque algunos fueron por encargo de marinas extranjeras. En 1884 se construye el HMS Swift (TB81) y en 1885 se comienza el Kotaka para Japón, precursores de los destructores que vendrían después.

Villaamil, que estaba muy a la cabeza en cuanto a tecnología naval, tuvo en cuenta estas ideas y desarrollos cuando, por encargo del ministro de Marina, diseñó un proyecto y solicitó a varios astilleros británicos propuestas de construcción de un nuevo buque contratorpedero. En 1885 fue elegida la presentada por los astilleros de James & George Thomson de Clydebank (Escocia) y el nuevo buque, bautizado Destructor fue entregado formalmente a la Armada española el 19 de enero de 1887 en medio de la expectación de todos los medios náuticos europeos y tomando el mando el propio Fernando Villaamil. Cinco días más tarde, el barco, que en las pruebas en mar había alcanzado una velocidad de 22,5 nudos, zarpó de Falmouth para España. Menos de 24 horas después el Destructor estaba frente a la costa gallega, habiendo hecho una media de 18 nudos a través de una mar muy mala. En un solo día, pues, todas las dudas sobre las cualidades marineras del nuevo barco quedaron despejadas para siempre, y Villaamil pudo sentirse plenamente orgulloso de su creación.De un artículo sobre el destructor norteamericano Greyhound:Torpedo boats were considered a major threat and the navies of the world set out to defend against them. In 1884 Capitan de Navio Fernando Villaamil was appointed the second officer in the Ministry of the Spanish Navy and was tasked with the design of a new class of warship intended to fight the then new torpedo boats. Once he reached a conclusion, he chose the J & G Thomson shipyards in Clydebank, Scotland, to build the new vessel. On January 19, 1887, the DESTRUCTOR, the first torpedo boat destroyer, was turned over to the Spanish Navy, with great expectations from the European naval community. Twenty-four hours after leaving Falmouth England, the DESTRUCTOR reached the Spanish coast, making 18 knots through a stormy Bay of Biscay. The ships new design and functions were so different from any past man-of-war, many thought it couldn’t survive at sea. In one day the doubts about the vessel's seaworthiness were answered forever, and her designer and commander had every reason to feel proud.

El diseño del Destructor influyó decisivamente en el de posteriores barcos construidos para otras Armadas, entre ellas la británicaLyon, page 18: J&G Thomson's 1892 design for a TBD is, not unsurprisingly, somewhat reminiscent of their "Destructor" built for the Spanish Navy.Lyon, page 66: It was already (J&G Thomson Clydebank shipyard), when asked to tender for TBDs for the Royal Navy, building trasatlantics liners and cruisers to the navy, and had built an interesting torpedo vessel under the prophetic name of "Destructor" ("Destroyer") for Spain. Its first design (for the British navy in 1892) was cleary a successor of the "Destructor". y a partir de entonces la reputación profesional de Villaamil alcanzó niveles internacionales. En España, además, Villaamil alcanzó fama y popularidad, y él y su Destructor se convirtieron en el centro de atención en todos los puertos que visitaron.

La vuelta al mundo con la Nautilus miniatura|Imagen de Fernando Villaamil y la Nautilus.

En 1892 Villaamil logró que el ministerio de Marina aprobara, dentro de las celebraciones del IV centenario del descubrimiento de América, un proyecto largamente propugnado por él: un viaje de circunnavegación a vela, como aprendizaje de los guardiamarinas de la Armada. El 30 de noviembre, la corbeta Nautilus dejaba Ferrol con Villaamil al mando para dar la vuelta al mundo con una tripulación en la que eran mayoría los gallegos y asturianos, provistos de gaitas para endulzar la larga ausencia. Las Palmas, Bahía, Ciudad del Cabo, Puerto Adelaida, Sídney, Port Lyttelton, Valparaíso, Montevideo, San Juan de Puerto Rico, Nueva York, Plymouth y Brest fueron las principales escalas de aquel crucero, que terminó un radiante domingo día del Carmen de 1894 en La Concha de San Sebastián.

La vuelta al mundo con la Nautilus incrementó aún más la popularidad de Villaamil, a lo que contribuyó la publicación por su parte de la historia del viaje en un libro, Viaje de circunnavegación de la corbeta Nautilus, en el que relataba los acontecimientos de la navegación junto con sus reflexiones, principalmente sociales y económicas, sobre todo lo visto en las tierras visitadas. Especialmente estremecedoras resultan las palabras que escribió tras visitar los arsenales de la marina de guerra norteamericana en Filadelfia, en los que en diversos grados de armamento se encontraban dos acorazados y tres cruceros: Sin que yo pueda penetrar en los fines que se propone esta nación, [...] observo que en estos últimos años, de modo inesperado, dedica su atención y créditos a adquirir buques de guerra que representen la última expresión del adelanto de la arquitectura naval. Fernando Villaamil no podía saber entonces que el destino le reservaba una cita fatal, en el corto plazo de cuatro años, con aquellas impresionantes máquinas de guerra; cita en la que resultarían aniquilados él, muchos de sus compañeros de armas, todos sus barcos y las últimas posesiones del Imperio español.

La Guerra hispano-estadounidense: el desastre del 1898

En 1898 Estados Unidos ordenó a su flota del Pacífico que se dirigiera a Hong Kong e hiciera allí ejercicios de tiro hasta que recibiera la orden de dirigirse a las Filipinas y a la isla de Guam. Tres meses antes se había decretado el bloqueo naval a la isla de Cuba sin que mediara declaración de guerra alguna.

El 15 de febrero explotó en el puerto de La Habana el acorazado Maine de Estados Unidos, que se hallaba en Cuba en una visita antidiplomática de provocación que no había sido anunciada previamente. La explosión fue provocada deliberadamente por sus propios tripulantes, que se encontraban en tierra en una fiesta ofrecida por los españoles a pesar del bloqueo naval y del insultante comportamiento estadounidense. Estados Unidos acusó a España de la explosión y casi de inmediato declaró la guerra con efectos retroactivos al comienzo del bloqueo. Las tropas de Estados Unidos rápidamente arribaron a Cuba.

El 1 de mayo, la flota del Pacífico de Estados Unidos se enfrentó en batalla naval a la flota española de Filipinas. En aquel momento muy pocos creían que un país como Estados Unidos, que hasta aquel momento no había tenido Armada ni había librado nunca una guerra fuera de sus fronteras, pudiese derrotar a la Armada española, considerada una de las mejores del mundo. Sin embargo, el elemento sorpresa, las naves nuevas y los planes específicos previamente organizados favorecieron a los Estados Unidos, la escuadra española de Filipinas fue totalmente destruida en el llamado desastre de Cavite.

En España se decidió el envío a Cuba de otra flota de la Armada, al mando del almirante Pascual Cervera Topete. La flota estaba formada por los cruceros acorazados Cristóbal Colón, Infanta María Teresa, Vizcaya y Almirante Oquendo, así como tres contratorpederos o destructores: Terror, Furor y Plutón. El Terror tuvo que quedar en Puerto Rico por una avería, donde llegaría a combatir contra los cruceros auxiliares USS St. Paul y USS Yosemite.

A priori, el rango de Fernando Villaamil (capitán de navío, categoría inmediatamente inferior al de contraalmirante) no encajaba de forma evidente dentro de la organización y la cadena de mando de los distintos tipos de barcos que componían la flota, por lo que de haberlo deseado hubiera podido quedarse en España. Sin embargo, prefirió unirse a la flota de Cervera al mando de la escuadrilla de cazatorpederos o destructores, formada por el Furor, el Terror y el Plutón. Fernando Villaamil estaba considerado uno de los mejores expertos mundiales en este tipo de barcos, creados por él mismo.

Estados Unidos, por su parte, envió dos flotas a Cuba bajo el mando del almirante Sampson. En su conjunto, ambas flotas eran claramente superiores militarmente a la española. Sin embargo, tenían la prohibición de enfrentarse por separado a la escuadra española, pues esta estaba considerada una de las mejores flotas de su tiempo.

Pese a las soflamas lanzadas por la prensa española y el ánimo exaltado de la clase política, que unánimemente esperaba una aplastante victoria militar frente a Estados Unidos; el almirante Cervera, Fernando Villaamil y muchos marinos españoles eran plenamente conscientes de que se enfrentarían a un enemigo claramente superior, con el consiguiente sacrificio inútil de las fuerzas navales españolas y las vidas de cientos de hombres.

A su llegada a Cuba, la flota española permaneció atracada en el puerto de Santiago evitando el combate en mar abierto con las flotas norteamericanas. Cervera estaba convencido de la imposibilidad de su escuadra de mantener un enfrentamiento directo con los americanos, dada la manifiesta inferioridad de sus barcos, y se resistía a salir de la seguridad del puerto.