thumb|350px|Ilustración de James McBryde para el relato de M. R. James "Silba y acudiré". El cuento de fantasmas, o historia de fantasmas, es toda aquella obra de ficción o drama, dentro del género de terror, que incorpora un fantasma, o simplemente toma como premisa su posibilidad o la creencia de los personajes de la obra en ellos.Darrell Schweitzer, "Ghosts and Hauntings" in: Westfahl, Gary, ed. The Greenwood Encyclopedia of Science Fiction and Fantasy: Themes, Works, and Wonders. Westport, CT: Greenwood, 2005. pp. 338-340."Ghost Stories" in Margaret Drabble (ed.), Oxford Companion to English Literature. Oxford, Oxford University Press, 2006. (p. 404-5). Las historias de fantasmas existen en todo tipo de literatura, desde cuentos populares hasta obras religiosas e historias de terror modernas, y en la mayoría de culturas. Las historias de fantasmas son ejemplos comunes de intrincadas redes de creencias tradicionales y folclore en torno a fantasmas y apariciones, comunes en casi todas las culturas.
Coloquialmente, el término «cuento de fantasmas» o «historia de fantasmas» puede referirse a cualquier tipo de historia de miedo. En un sentido más estricto, la historia de fantasmas se ha desarrollado como un formato de cuento o relato corto, dentro de la literatura de género. Es una forma de ficción sobrenatural, específicamente de weird fiction, y a menudo es una historia de horror. Pueden utilizarse como episodios aislados o historias interpoladas dentro de una narrativa más amplia, como en El asno de oro de Apuleyo, «El cuento del cura y la monja» de Geoffrey Chaucer, Hamlet de William Shakespeare y muchas obras renacentistas y novelas góticas, o pueden ser el tema central de una obra, como las historias de In a Glass Darkly de Sheridan Le Fanu, la novela corta Otra vuelta de tuerca de Henry James o la novela El hombre verde de Kingsley Amis. El «fantasma» puede aparecer por sí solo o ser invocado por arte de magia. Vinculada al fantasma está la idea de que estos se «aparecen» y «rondan» o «encantan» un lugar (p. ej., una casa embrujada), objeto o persona. Si bien las historias de fantasmas suelen tener la intención explícita de asustar, se han escrito para diversos propósitos, desde la comedia hasta las moralidades. Los fantasmas suelen aparecer en la narrativa como centinelas o profetas de cosas por venir.
El escritor y especialista británico L. P. Hartley describía este tipo de narración como «la forma más exigente del arte literario».Citado en la Introducción de Historias de fantasmas de la literatura inglesa, tomo I, p. 10 De la misma opinión fue la también especialista May Sinclair: «Considero los cuentos de fantasmas como una forma de arte perfectamente legítima y, a la vez, la más difícil». A lo que añadió: «Los fantasmas tienen su propio ambiente y su propia realidad; tienen también su propio escenario dentro de la realidad diaria que conocemos; el narrador maneja dos realidades al mismo tiempo».
En una Antología de fantasmas que preparó, el estudioso español Antonio Ballesteros afirmó a su vez: «Aunque pueda parecer lo contrario, el relato de fantasmas es una de las formas más difíciles y complejas de la escritura literaria, pues, con un escaso número de ingredientes, se ha de construir una suerte de microcosmos de terrorífica atmósfera, que, si no se maneja con soltura y brillantez estilística, puede precipitarse irremisiblemente en lo grotesco y lo ridículo».
El historiador y estudioso del género estadounidense Jack Sullivan explica en pocas palabras los motivos del interés que despierta el cuento de fantasmas entre el público: «En cuanto a las razones últimas por las que leemos estas historias, cabe señalar que semejante pregunta aburrida e incontestable ya se ha planteado demasiadas veces. Basta el hecho de que nos divierten. Las razones siguen siendo tan perversas y misteriosas como las mismas historias».Jack Sullivan. Elegant Nightmares: The English Ghost Story From Le Fanu To Blackwood, Ohio University Press, 1978. ISBN 0-8214-0569-1, p. 135
Aunque no se circunscriben a la órbita anglosajona, los representantes más destacados de la modalidad son autores en lengua inglesa de la época victoriana, como M. R. James, Algernon Blackwood, Joseph Sheridan Le Fanu, Henry James, Charles Dickens, Edith Wharton, etc.
Definición y contexto La creencia en las manifestaciones de los espíritus de los muertos está muy extendida por todo el mundo, remontándose al animismo o culto a los antepasados en las culturas preliterarias. Ciertas prácticas religiosas—ritos funerarios, exorcismos—, así como prácticas espiritistas y rituales mágicos, están diseñados específicamente para proporcionar descanso a los espíritus de los muertos. Los fantasmas de los mismos se describen generalmente como entes solitarios que frecuentan determinados lugares, objetos o personas con los que se relacionaron en vida. En diversas culturas se conocen asimismo desde siempre historias de ejércitos fantasmales, de trenes y barcos fantasma, e incluso de animales fantasma.Hole, Christina, Haunted England, Batsford: London, 1950, pp. 150-163
Una creencia generalizada en relación con los fantasmas, que la literatura recoge igualmente, es que están compuestos de una materia brumosa, aérea o sutil. Los antropólogos vinculan esta idea a la antigua creencia de que el fantasma lo constituía «la persona dentro de la persona» (su espíritu); en ciertas culturas de la Antigüedad se identificaba al fantasma con la respiración de la persona, ya que, sobre todo en climas fríos, al exhalarse aire el aliento aparece visible como una niebla blanca.Gordon Melton, J. Encyclopedia of Occultism & Parapsychology. Gale Group. ISBN 0-8103-5487-X. thumb|left|Cuadro basado en la descripción del investigador sir William Crookes: la médium Florence Cook se encuentra en el piso, y Crookes ilumina el ectoplasma de la fallecida Katie King. Más técnicamente, según el escritor del género y crítico estadounidense Darrell Schweitzer, el fantasma puede aparecer por sí mismo o ser convocado por arte de magia. Vinculada con el fantasma está la idea del «encantamiento», es decir, la creencia de que una entidad sobrenatural se halla estrechamente relacionada con un lugar, objeto o persona determinados. En términos coloquiales, la expresión cuento de fantasmas puede referirse a cualquier tipo de historia de miedo, especialmente en el mundo anglosajón. En un sentido más estricto, la historia de fantasmas se ha desarrollado como un formato del cuento dentro de la ficción del género de terror (cuento de terror). Se trata de una forma de ficción sobrenatural y, específicamente, de lo que se conoce en el mundo anglosajón como «weird tale» (cuento extraño, insólito o de miedo), casi siempre de contenido terrorífico, aunque se conocen también cuentos de fantasmas humorísticos, e incluso alegóricos o moralistas, en los cuales los fantasmas se presentan, por ejemplo, como centinelas o profetas de acontecimientos venideros. La creencia en fantasmas se encuentra en todas las culturas del mundo, y las historias sobre estos seres sobrenaturales se transmiten de forma oral o por escrito.
Desde el punto de vista psicológico, según los compiladores ingleses Michael Cox y R. A. Gilbert, en su antología fundamental Historias de fantasmas de la literatura inglesa (1986, edición original), la creencia en los fantasmas proviene del hecho de que «hagamos lo que hagamos, los muertos no desaparecen. Tanto si los sepultamos y aislamos como si dispersamos sus cenizas, permanecen en forma de fantasmas en nuestra memoria y, enfrentados con su constante presencia, no tenemos más remedio que aprender a vivir con ellos. Tal vez la forma más eficaz de acomodarlos consista en encerrarlos dentro de relatos, bien como los muertos y vengativos o reconfortantes del folclore, como los aburridos y prosaicos fantasmas de la investigación científica, o como los imprevisibles aparecidos de la ficción». Estrictamente hablando, según el Diccionario Oxford, un fantasma (ghost) es «el alma de una persona fallecida [...] que se aparece a los vivos», pero tanto en el folclore como en las narraciones se admiten otros significados no tan precisos.Op. cit., tomo I, p. 9 Cox y Gilbert, por otra parte, defienden una característica fundamental de los fantasmas literarios: «Los protagonistas fantasmales deben actuar con intencionalidad; sus acciones, o las consecuencias de las mismas, deben constituir el tema central del relato, en lugar de las acciones de los vivos. Y, lo más importante, todo fantasma, sea humano, animal o cadáver reanimado, debe estar indiscutiblemente muerto».id., tomo I, p. 10
También en la perspectiva psicológica, el psiquiatra e historiador del terror Rafael Llopis resalta con agudeza: «Es interesante señalar que, desde el punto de vista de la conservación del individuo, los cuentos de fantasmas no deberían resultar terroríficos, sino muy tranquilizadores, en la medida en que su núcleo fundamental es precisamente la supervivencia personal después de la muerte». Esto es demostrativo de aquello en que consiste para Llopis la llamada «pulsión de muerte» freudiana: una tendencia, no hacia la no existencia, sino, contrariamente, hacia la supervivencia en el Más Allá.Rafael Llopis, ensayo "El cuento de terror y el instinto de la muerte", dentro de Historia natural de los cuentos de miedo, pp. 13 y ss.
El especialista Eric Savoy, dentro del compendio de ensayos The Cambridge Companion to Gothic Fiction [Guía de Cambridge de la ficción gótica], al estudiar la implantación de ésta en los Estados Unidos, resalta la función del fantasma como prosopopeya o personificación, a través de la cual «las ideas abstractas, debido al sentido de las circunstancias históricas, adoptan "cuerpo" en la figura del fantasma. Es la misma estrategia que permite al muerto levantarse, a la voz fantasmal materializarse de la nada y a los objetos asumir una forma amenazante pseudo-viva. Esto permite también los más llamativos efectos del encantamiento, lo misterioso y el retorno de lo reprimido».
Antonio Ballesteros recuerda por su parte que no todos los fantasmas literarios encarnan el mal o son una manifestación de lo tétrico; el fantasma es «una de las formas de lo enigmático, de lo inefable, aunque hay fantasmas para todos los gustos y de toda condición en la literatura decimonónica [...]. Muchos de ellos, observamos, no tienen nada de demoníaco o maligno; algunos nos causan más melancolía que terror; otros son más motivo de ironía y dignos de compasión (recordemos El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde) que de escalofriante espanto. En definitiva nuestros fantasmas son como nosotros, y esconden en su esencia inestable la semilla de la complejidad psicológica que habita en los más recónditos y procelosos rincones de nuestro ser».
miniaturadeimagen|Henry James. El escritor y crítico español Carlos Pujol afinó en una antología de fantasmas de Henry James: «Cuanto más vivimos con los muertos –que para James son el pasado por antonomasia– más vida descubrimos en ellos, más vida también nos quitamos a nosotros. En vez de rehacer el ayer desde el hoy, es el pasado el que inventa un presente que nos produce una extraña sensación de ternura y congoja. Vivimos o creemos (o queremos) vivir bajo la ley de los muertos, y el inocente fantasma de Maud-Evelyn, que no existe, que no se manifiesta, que no amenaza, ejerce la más dura y terrible de las coacciones, la imaginativa y la de la compasión, hasta convertirse en el fantasma más presente de todos los de James. Y no obstante no nos será presentado».