thumb|Remolina, un pueblo entre montañas, donde ser pastor era una buena salida. thumb|''Montañas y puertos, el hogar de los pastores "serranos". Bonifacio Álvarez Rodríguez (Remolina, 2 de abril de 1918 - † León, 4 de septiembre de 2013) fue pastor, militar, funcionario y escritor español.

Biografía

Bonifacio Álvarez Rodríguez nació en Remolina, pueblo de la montaña oriental leonesa muy ligado a los rebaños trashumantes de ovejas merinas.Una antigua tradicion pastoril. Desarrollo Rural. Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. España

Descendiente por muchas generaciones de mayorales de cabañas de ovejas finas trashumantes, principalmente de las cabañas de Rojas –Bornos– y Cuesta. Siguiendo la tradición familiar fue pastor trashumante en su infancia y juventud, hasta el inicio de la guerra civil. Tras la guerra ingresó en la Guardia Civil, retirándose como oficial de dicho cuerpo. Funcionario del Servicio Hidrológico Forestal, posteriormente ICONA, hasta su jubilación.

En 1983 se le concedió la cruz de la orden civil al mérito agrícola por su actividad en el ICONA.

Es autor del libro “Memorias de un zagal. Un viaje a la Extremadura leonesa”.

Memorias de un zagal / Memoria de la trashumancia

Publicado en 1998 con el título “Memorias de un zagal. Un viaje a la Extremadura leonesa”. (Ediciones Leonesas S.A.).Álvarez Rodríguez, Bonifacio (1998). Memorias de un zagal. Un viaje a la Extremadura leonesa. Ediciones Leonesas S.A. ISBN 978-84-8012-191-0 Reeditado en 2008, con algunos recortes en el texto, con el título “Memoria de la trashumancia” dentro de la colección Biblioteca Leonesa de Tradiciones (Edilesa y Diario de León).Álvarez Rodríguez, Bonifacio (2008). Memoria de la trashumancia. Edilesa y Diario de León. ISBN 978-84-8012-637-3

Escrito a sus 80 años, narra de modo autobiográfico las vivencias de su primer año como zagal de la cabaña de Cuesta, a la edad de doce años. Así, va relatando los preparativos para la marcha hacia Extremadura, el viaje conduciendo los rebaños a pie por las vías pecuarias desde las montañas de León hasta Badajoz, los meses de otoño e invierno en la dehesa de la Sevillana –entre Orellana la Vieja y Esparragosa de Lares–, la vuelta en primavera con los rebaños –caminando y en ferrocarril–, y los meses de verano en los puertos de montaña de la zona de Puebla de Lillo en León y en el hogar familiar de Remolina.

El relato es una referencia de la vida cotidiana de los pastores trashumantes en el primer tercio del , así como una guía de los viajes por cañadas, cordeles y veredas, desde las montañas de León hasta Extremadura.Fernández, Vidal (1998). Un mundo recordado. La Alacena, La Crónica de León, 11/09/1998.Prieto Sarro, Marta (1998). Un chaval de Remolina en los años treinta. El Filandón, Diario de León, 19/07/1998. Un compendio, en forma novelada, de la vida y el saber de los pastores trashumantes, considerado por algunos investigadores como un libro de especial interés sobre este tema.Gancedo, E. La épica del las cañadas reales. El Filandón. Diario de León, 11/11/2012 El lector puede descubrir en el texto aspectos de la vida del pastor trashumante que probablemente desconocía; por ejemplo, que era frecuente tener que utilizar balsas para atravesar con el ganado los grandes ríos camino de Extremadura, que los pastores hacían calceta, que también tenían cerdos y gallinas, que el cargo de mayoral solía heredarse dentro de la misma familia, que elaboraban quesos en los puertos de verano, que en Extremadura dormían en chozuelos transportables, que cumplían con la mayoría de los preceptos religiosos, que el nivel cultural de los pastores era bastante superior al de los campesinos extremeños, que no era raro encontrar un pastor poeta y muchas otras curiosidades sobre la vida de los pastores que no son fáciles de encontrar en los textos eruditos sobre la trashumancia.

El libro es un recuerdo de aquellos hombres que llevaban y traían los ganados, su cultura, su patrimonio folclórico y las técnicas desarrolladas para enfrentarse a un hábitat hostil; un tipo de vida tan sencillo y pegado a la tierra que hoy nos parece increíble. Como bien dijo el poeta leonés de Vegamián:

Los fundamentos de esta historia

Las ovejas merinas thumb|Carnero merino thumb|Oveja merina y su cría

Toda esta historia comienza con unas ovejas únicas, las merinas españolas, también llamadas ovejas finas. Lo que hacía excepcionales a estas ovejas era su fina lana, que fue durante siglos la más apreciada para la elaboración textil en los mercados internacionales. Esta producción de lana fue durante siglos una gran riqueza para las arcas del reino de España, lo que motivó el gran apoyo y la protección que se dio a la ganadería merina trashumante. La cabaña real –el conjunto de todos los rebaños del reino– llegó a tener varios millones de ovejas merinas y tanto estas como las agrupaciones pastoriles contaron desde la Baja Edad Media con instituciones –siendo el ejemplo más significativo el Honrado Concejo de la Mesta–, que otorgaban a los pastores diversas prerrogativas y privilegios, como eximirles del servicio militar y de testificar en los juicios, derechos de paso y pastoreo, etc.

"La merina española es de alzada mediana; lana abundante, muy fina, corta y rizada cubre todo su cuerpo, menos las axilas, parte de las bragadas, extremo de la cara y pies… Su forma es más bien redondeada, que larga y plana, el cuerpo ancho, los pies cortos y la piel encendida o sonrosada, lo que se nota mejor después del esquileo. Van cubiertas de lana muy tupida, cuyos filamentos, enroscados en espiral, están impregnados de mucho jugo o jubre, lo que hace que se ensucie con el polvo, y adquiera un aspecto gris, que no desaparece hasta lavarla, en cuyo caso se pone por demás blanca, que es el color propio de la lana de las ovejas merinas de que tratamos. El peso vivo y sin lanas de una oveja en todo su desarrollo es de 27,6 a 32,2 Kg. y el de un carnero de 36,8 a 41,4 Kg. El peso medio del vellón es, para las ovejas de 1,38 a 1,60 Kg. y para los carneros de 2,3 a 2,5 Kg. Las razas leonesa y segoviana son las más notables por la belleza de sus formas, finura y abundancia de su lana, distinguiéndose sin embargo entre ellas algunas variedades en quienes dichas calidades son más marcadas, y aventajándose las primeras a las segundas". Noticias sobre la Cabaña de Bornos. Biblioteca Nacional de España. Imprenta de la viuda e hijo de Aguado. Madrid (1878)

Durante siglos España tuvo el monopolio de las ovejas merinas, que no se podían sacar del país bajo castigo de pena de muerte. Sin embargo, en el se produjo la salida de España de varios lotes de merinas, unas como regalo de la corona a sus compromisos en Suecia, Sajonia o Francia, otras como resultado de robos puntuales, y otras por negociaciones en tratados –el tratado de Basilea de 1795 entre España y Francia incluía una cláusula oculta que obligaba a España a entregar a Francia 1.000 ovejas merinas y 100 carneros cada año, durante 5 años–. La invasión francesa y la guerra de la Independencia, a principios del , ocasionaron la salida masiva de ovejas. España se quedó así sin la exclusiva de estas excepcionales ovejas y en 1815 se produjo el hecho insólito de que las lanas de merinas españolas cotizasen por debajo de las de Sajonia, dejando de ser las más cotizadas del mundo en los mercados internacionales. La pérdida del monopolio de las ovejas merinas fue muy negativa para las arcas del reino y de sus ganaderos. Sin embargo, pudo ser positiva para la oveja merina española, que se extendió y conquistó el mundo entero, ansioso de poder disponer de su preciada lana y que, en algunos casos, con la selección de los animales, llegó a mejorar sus ya excepcionales cualidades. En el llegó a haber cerca de seis millones de merinas en España, mientras que en los datos censales de 2017 quedaban menos de 150.000, Raza ovino merina. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente estimándose su población mundial actual en unos 250 millones de ejemplares. Todas las ovejas merinas del mundo proceden del tronco común español, por lo que podemos decir que todas las merinas tienen sangre española. Programa de mejora de la raza ovina merina (2011). Universidad de Córdoba. Ministerio de Agricultura, alimentación y medio ambiente y Asociación nacional de criadores de ganado merino

La trashumancia thumb|left|En verano el sol abrasa los pastos de Extremadura La imposibilidad de mantener los pastos para el ganado durante todo el año obligaba a tener los rebaños en un lugar durante el verano y desplazarlos a otro durante el invierno, estando así motivada la trashumancia por el clima extremo del país que obligaría a llevar a los grandes rebaños en busca de pastos de una a otra zona. Además, se pensaba que la finura de la lana procedía, al menos en parte, de la trashumancia y que si las ovejas dejaban de practicarla, en un par de años la lana perdía su finura. También son posibles en un inicio, en la época de la Reconquista, motivos de tipo militar o estratégico, para ir así ocupando los terrenos conquistados o las zonas de nadie. thumb|Verano en la montaña Los pastores “serranos” leoneses practicaban la trashumancia de larga distancia. Pasaban los veranos en las montañas de León y los inviernos en dehesas de Ciudad Real y de Extremadura, distantes 600-700 km de los puertos de origen. En jornadas de 20-25 km al día tardaban de 25 a 30 días en llegar a su destino, dependiendo de la climatología, los pastos –las ovejas debían ir pastando a la vez que iban avanzando–, o de si las ovejas iban con lana o esquiladas.Rodríguez Pascual, M y Gómez Sal, A (1992). Pastores y trashumancia en León. Caja España. Ediciones Leonesas S.A. ISBN 978-84-8012-022-3 Para hacerse una idea más actual, los pastores hacían el equivalente al Camino de Santiago andando dos veces al año, con el suplemento de tener que ocuparse de llevar a buen término un rebaño de unas 1200 ovejas, sin albergues donde dormir ni mesones donde comer, haciendo guardias nocturnas para vigilar el ganado, y aguantando las inclemencias del tiempo que sobreviniesen.

Las cañadas thumb|Principales vías pecuarias de España. thumb|Peña Ten y valle de Valdosín en la Uña (León). Inicio de la Cañada Real Leonesa Oriental

Para poder llevar a cabo todo este trasiego de animales, se desarrolló una extensa red de caminos específicos o vías pecuarias, de las que aún se conservan más de 125.000 km., formadas por caminos de distinta categoría, incluyendo cañadas reales, cordeles y veredas, así como coladas transversales para la comunicación entre ellas.

De las montañas de la zona de Riaño en León parte la Cañada Real Leonesa Oriental, por donde comienza el viaje de Bonifacio Álvarez, aunque después buena parte del camino lo hacen por la Cañada Real Leonesa Occidental, incorporándose de nuevo en la provincia de Toledo a la oriental, que siguen ya hasta el final del trayecto. En 1852 el marqués de Perales, entonces presidente de la Asociación de Ganaderos del Reino, nombró visitador extraordinario a un pastor de su cabaña, llamado Juan Manuel Escanciano, natural de Tejerina, con el encargo de reconocer y describir la Cañada Real Leonesa Oriental. Esta vía pecuaria, con unos 750 km. es una de las más largas de las cañadas reales españolas. Así describe JM Escanciano los inicios de dicha cañada en la montaña oriental de León, situando dos comienzos, uno en Anciles y otro en La Uña:

"Empieza este camino pastoril por un apartadero o pasada para los ganados, que atraviesa por los términos de Anciles (Ayuntamiento de Riaño), Huelde (Ayuntamiento de Salamón), Remolina (Ayuntamiento de Villayandre), La Red (Ayuntamiento de Renedo de Valdetuejar), Villa del Monte. Cuya pasada o apartadero se une con la Cañada principal en término de Prioro, como adelante se dirá".