La Campaña de Occidente es la denominación de las operaciones militares libradas entre 1821 y 1823, marcando el final de la guerra de independencia de Venezuela y estando relacionada con la independencia de Colombia. Se trató del último intento del capitán general canario Francisco Tomás Morales de reconquistar el territorio venezolano utilizando un ejército reclutado entre los sobrevivientes de Carabobo y guerrillas realistas.

Los combates se libraron en la actual región Centro Occidental de Venezuela y la costa caribeña de Colombia, en los que no participó directamente Simón Bolívar, por entonces presidente de la República de la Gran Colombia, pues estaba ocupado con la Campaña del Sur. En cambio, las operaciones estuvieron dirigidas por sus lugartenientes, en especial José Antonio Páez, Carlos Soublette, Mariano Montilla y José Prudencio Padilla.

Antecedentes Territorio La ciudad de Coro tenía un clima seco y caluroso, un terreno arenoso y sufría una permanente escasez de agua. Posiblemente era la zona más árida, despoblada y pobre de Venezuela, siempre expuesta a incursiones de los guajiros. Su puerto, La Vela de Coro, estaba a dos leguas y no ofrecía seguridad alguna; la misma villa no podía fortificarse y era difícil de defender, pues estaba abierta y no poseía cerros ni alturas, simplemente estaba en una llanura. Había un bajo número de esclavos y un alto porcentaje de indígenas.

El académico Fermín Toro Jiménez sostenía que la ciudad de Coro creció de 6000 a habitantes entre 1800 y 1810. James Biggs fue testigo de la llegada de Francisco de Miranda a la ciudad en 1806, corrobora la cifra de habitantes para Coro y sostiene que su puerto tenía otros 2000 pobladores. En 1820 el periódico trisemanal Miscelánea de comercio, artes y literatura, basándose en datos que había recibido de la Gaceta de Caracas, afirmaba que desde el principio de la revolución (1810) la comarca de Coro había perdido 4000 habitantes por la guerra (y la vecina Maracaibo otros 6000). Población de la provincia de CoroAñoPoblaciónFuente180032000Alexander von Humboldt181030000Alexander von Humboldt 181953284Rafael Lasso de la Vega, obispo de Maracaibo 182523509Censo oficial de la Gran Colombia 182929271Sociedad Económica Amigos del País 183940476Agustín Codazzi

En el mercado de Tucacas se vendían la mayoría de los alimentos, que tenían que traerse de Puerto Cabello y las haciendas de Yaracuy. La falta de riego en su llanura sólo permitía el crecimiento de cactus y nopales en los alrededores, nada de pasto para cualquier ganado bovino, equino o caprino, lo que llevó a la población, especialmente los esclavos, a dedicarse a la minería como base de su economía. En los calurosos cerros de la región pastaban algunas manadas de cabras y unas pocas cabezas de ganado mayor. En la costa había muchas aldeas de caquetíos que se dedicaban principalmente a la caza y la pesca. En muchas haciendas de la comarca se producía cacao, tanto que se podía exportar.

Causas del fidelismo El apoyo popular, la decisión y capacidades de sus dirigentes sumados a una difícil geografía permitieron a estos pueblos lograr ofrecer una prolongada y firme resistencia a los republicanos aunque a un grave coste económico y demográfico. El rechazo a las revoluciones liberales que vivió el oeste venezolano es comparable al de Pasto en Nueva Granada o a «la lucha obstinada de los realistas franceses en la Vendée» durante la Revolución francesa. Desde la resistencia al marqués del Toro en 1810, a las guerrillas del cura Andrés Torrellas y el indio Juan de los Reyes Vargas hasta después de Carabobo, los corianos y marabeños defendieron la causa realista al grito de «¡Vivan Dios y el Rey!». Efectivamente, sin ese apoyo Morales jamás hubiera podido salir de Puerto Cabello y organizar las campañas de 1822-1823.

Debe mencionarse que los historiadores posteriores, como el liberal colombiano José Manuel Restrepo, atribuían el rechazo de amplios sectores de la población a la «lucha justa contra España» a «el fanatismo religioso, el fanatismo por la monarquía y su funesta ignorancia llamándolos los hijos descarriados de Colombia». Efectivamente, hay casos como el sacerdote Torrellas que «Semejante a aquellos sacerdotes vendeanos, decía misa antes de combatir, arengaba desde el púlpito a sus soldados, los bendecía y luego al grito de ¡Vivan Dios y el Rey! los lanzaba a una guerra sin cuartel». Sin embargo, debe mencionarse Restrepo demuestra un claro «sesgo ideológico», «desconfiaba de los movimientos populares» (como habían sido las partidas de Coro y Pasto) y busca causas morales más que sociales a «las perturbaciones políticas» porque él estaba «interesado en la construcción de un estado fuerte». Había asumido la «leyenda negra» de los realistas, especialmente los pastusos. Hubo otros factores, como el miedo de los terratenientes criollos por un nuevo levantamiento servil como el de José Leonardo Chirino en 1795, la rivalidad existente desde el entre Coro y Caracas porque la segunda le robo a la primera la sede de la capital política y religiosa del país, una menor rivalidad entre la élite coriana y los peninsulares por el acceso a cargos administrativos, o que las ciudades del oeste venezolano no dependían económicamente de Caracas por la poca conexión, sino del comercio naval con Cuba, Saint-Domingue, Curazao, Veracruz, Cartagena de Indias y Aruba (lo que las hizo bastante ricas).

Maracaibo se había mantenido al margen del conflicto hasta las campañas, no sufriendo ataques patriotas a diferencia de otros bastiones realistas como Coro y Angostura, pudiendo aportar recursos tributarios al esfuerzo bélico realista. Pero la ciudad sí fue afectada indirectamente al no poder exportar su cacao y café a España y el resto de América. Estratégicamente era importante, a inicios de 1821, gracias al pronunciamiento de unos patriotas locales, la ciudad pasó a la República y se pudo aislar por vía terrestre a los bastiones monárquicos de Riohacha y Santa Marta del bastión de Coro para conquistarlos uno por uno.

Periodización miniatura|200px|izquierda|Retrato del general Rafael Urdaneta, por Martín Tovar y Tovar, 1874. El historiador historiador Miguel Ángel Mudarra estableció tres etapas diferentes para la Guerra de Independencia de Venezuela: la primera, 1810/1811-1816, donde derrotas y victorias patriotas se fueron alternando; la segunda, 1817-1821, desde la conquista de Guayana, que sirvió de base de operaciones hasta llegar a Carabobo; y una tercera, posterior a la gran victoria. Mudarra también propone clasificaciones más detallistas y basadas en etapas constitucionales hablan de: «Etapa de las Acciones Precursoras» como la rebelión de Chirino (1795) y la expedición de Francisco de Miranda (1806); «Lapso de las Conspiraciones propiciadas por los Criollos o Mantuanos» (1808-1810); «Período Cívico-constitucional», cuando empieza el proceso emancipador propiamente dicho, como la Primera República (1810-1812); «Segunda República» que marca el comienzo de la «Dictadura de Simón Bolívar» (1813-1814/1815); «Tercera República», igual de breve que las anteriores, dura hasta la unión con Nueva Granada (1816-1819); «Período de la Gran Colombia» (1819-1830). La historiadora América G. Cordero Velásquez hace algo similar, dividiendo el conflicto en fases: 1810-1812, 1812-1814 y 1814-1823.

Los realistas corianos vivieron la guerra en tres momentos, según la historiadora Elina Lovera Reyes: 1810-1812, 1813-1821 y 1821-1823. El primero fue una lucha entre ciudades en que los corianos resistieron los intentos de la Junta Suprema de Caracas y sus milicias de imponer el nuevo orden. Los corianos rechazaron al invasor dirigidos por su aristocracia organizada en su cabildo. Finalizó con la llegada de los refuerzos traídos por el capitán de fragata Domingo de Monteverde y su expedición. En el segundo período la guerra estuvo lejos de su territorio, hubo un repunte económico y Coro fue premiada con el título de «Muy Noble y Leal», un escudo de armas, la «distinción con el mote de confianza de Coro», comercio libre en su puerto, una franquicia fiscal y la creación de una provincia propia. Todo eso cuando tenía una importancia estratégica relativamente menor. Obtuvo estos premios por tener una relativamente grande población española e importancia comercial, y estar estrechamente vinculada al boom azucarero de Cuba.

La última fase la élite local empieza a desquebrajarse entre quienes desean seguir resistiendo y los que prefieren la sumisión a la nueva república (muchos de los primeros acaban por huir a Cuba, Puerto Rico y España). Después de Carabobo, esta aceptó la derrota y la resistencia quedó encabezada por el populacho. A pesar de que la Corona española podía ayudar cada vez menos, los corianos formaron guerrillas al mando del teniente coronel Manuel Carrera y Colina, la guerra se centra en el territorio de la provincia y sus ciudades cambian constantemente de manos. A diferencia de otras regiones donde los realistas organizaron una resistencia irregular, aquí hubo poco apoyo indígena porque sus comunidades (fielmente monárquicas) habían sido devastadas en los años anteriores.

Urdaneta en Coro thumb|Retrato del general Mariano Montilla, por Martín Tovar y Tovar, 1874.

El 28 de enero de 1821 estalló una revuelta que puso a la villa de Coro en manos de los patriotas, permitiendo que el general de división Rafael Urdaneta le ocupara sin resistencia al día siguiente. El 1 de mayo, Urdaneta cruza por Los Puertos de Altagracia el lago de Maracaibo y entra en la provincia con su división de 2000 soldados. Esto fue aprovechado por Josefa Camejo para sublevar la península de Paraguaná dos días después. El 10 de mayo Urdaneta entraba en Coro de forma pacífica. El 27 de mayo, las autoridades y el pueblo de la ciudad juraban lealtad a la República, y Urdaneta partió hacia San Carlos con el grueso de sus hombres.

El gobernador realista de Coro, teniente coronel Pedro Luis Inchauspe, se sometió inicialmente a Urdaneta, pero a finales de junio se rebeló en el Pedregal. Pronto se hizo con la sierra de San Luis, negando sus vitales recursos a Coro. El gobernador republicano, coronel Juan Escalona, se retiró al puerto de Cumarebo. El 29 de julio, desembarcó en La Vela el coronel Juan Tello con refuerzos para los monárquicos. Deseaba quedarse en el puerto para reorganizar su columna y desembarcar su bagaje, pero Inchauspe le advirtió que desde Carora venían 4000 republicanos, desde Maracaibo se aproximaban otros 800 por mar y que en Cumarebo había una guarnición de 1000 enemigos. El 8 de agosto, hubo un gran ataque contra Cumarebo, pero los patriotas se defendieron exitosamente. Inchauspe huyó a Pedregal, pero terminó por pasarse al bando republicano, alcanzando el grado de coronel de caballería. Tello se retiró con sus expedicionarios, mientras que Escalona fue reemplazado por el coronel Justo Briceño.

A la larga, Carrera lideraría la resistencia realista en la provincia entre 1821 y 1823. Logró reunir 1000 infantes y 110 jinetes, más de la mitad sin armas y organizados en los batallones Leales de Coro, Leales de Pedregal y Paraguaná. A finales de año controlaba casi toda la provincia, excepto la península de Paraguaná, Cumarebo y La Vela.

Ejército realista Defensores de Puerto Cabello