Nicoya es el segundo cantón de la provincia de Guanacaste en Costa Rica, es uno de los trece primeros cantones que tuvo el país. Se divide en siete distritos. Su cabecera es la ciudad de Nicoya, ubicada a 207km por carretera de la capital del país San José, en el corazón de la península del mismo nombre.
Fue tierra de amerindios chorotegas hasta la llegada española en 1520. Es conocida por algunos como la ciudad colonial de Costa Rica. Nicoya y todo el antiguo Partido de Nicoya se anexaron por propia voluntad a Costa Rica el 25 de julio de 1824.
Una de las edificaciones antiguas más sobresalientes, la iglesia de San Blas de Nicoya ubicada en el parque Recaredo Briceño, data de 1544, fue restaurada en la década de 2010 y se exhibe hoy al público.
Toponimia El nombre Nicoya era el nombre del monarca que reinaba en Nicoya a la llegada de los españoles en 1520 y parece provenir de las palabras Nicúa y Necoclau (del náhuatl). Esta última parece significar ‘península’, pues necoc significa ‘a ambos lados’, y lau es ‘mar’.
Historia
Época precolombina thumb|right|255px|Arte chorotega: Cerámica precolombina encontrada en Nicoya. Aunque existen leyendas referentes a otra ubicación original del pueblo del cacique Nicoya, generalmente se ha creído que estaba situada donde está la ciudad actual. La historia oral local mantiene que el llamado templo colonial fue erigido en 1522-1544 cuando se fundó la parroquia de Nicoya (Mora 1988).
El historiador costarricense Carlos Meléndez notó la ubicación irregular del templo dentro de la esquina noreste de la plaza central del urbe, cuando la norma ibérica era situar la iglesia al costado del centro de la plaza, con cara hacía los edificios reales al lado opuesto de la plaza (Markham 1977). Volviendo a la breve descripción del Nicoya protohistórico dejado por Oviedo y Valdez, sugirió que la razón de la ubicación irregular del templo colonial es que estaba construido sobre la pirámide del Nicoya indígena, el cual en 1529, según Oviedo, fue montado en la esquina noroeste de la plaza (Meléndez 1978). La hipótesis de Meléndez fue muy lógica, dado el patrón español bien conocido de superimposición directa de edificios político-religiosos sobre estructuras indígenas de índole religiosa como templos o pirámides.
Investigaciones arqueológicas llevadas a cabo dentro y afuera de la ciudad de Nicoya en los años 1990 fueron llevados a cabo para probar la hipótesis de Meléndez y comprender mejor el proceso por lo cual la comunidad indígena de Nicoya se convirtió en un pueblo criollo colonial (Lawrence 2005; 2009). Las excavaciones dentro del centro urbano de Nicoya, incluyendo el templo colonial, no dieron ninguna evidencia de una población precolombina substancial en el centro del Nicoya actual. Investigaciones en el valle circundante a la ciudad localizaron varios sitios de entre 2,5 y 5ha con montículos bajos localizados en puntos esparcidos pero en nichos ecológicos similares alrededor del piso ondulante del valle.
Por lo menos dos de estos sitios son posibles candidatos para el Nicoya protohistóricos. Uno se encuentra en las afueras de la ciudad contemporánea pero incorporándose rápidamente en ella por el desarrollo urbano. El otro se encuentra cerca de la aldea de Sabana Grande, unos 6km al norte de Nicoya. Este sitio parece ser más grande que los demás y tener montículos más altos y tener la mayor fama entre los huaqueros por producir la cerámica policromada de alta calidad y artefactos de oro. Además es necesario notar que el ejido (tierras comunes) de la comunidad indígena de Nicoya durante el período colonial no se encontraba en Nicoya sino en Sabana Grande.
¿Representa cualquier de estos sitios arqueológicos la Nicoya protohistórica? La respuesta a esta pregunta depende de proyecciones demográficas y de la interpretación de los recursos etnohistóricos disponibles. Por ejemplo, Marcus (1976) cotejó los datos de población de las tierras altas y bajas en sitios de Mesoamérica para los períodos Formativo Temprano y Medio. Sus datos sugieren una densidad de población relativamente uniforme de 25 a 30 personas por hectárea, cálculo que parece ser válido tanto para las aldeas de las tierras altas de Oaxaca como para San Lorenzo (80ha) en la costa de Veracruz, México. A una densidad máxima de 30 personas por hectárea, Nicoya hubiera tenido que cubrir 200ha para tener una población de 6000 almas. Simplemente, no existe un sitio arqueológico que se acerque a ese tamaño en la vecindad de Nicoya.
El hecho que Nicoya era el poblado más importante de la zona no es discutible, pero no existan datos etnohistóricos que especifiquen el tamaño o densidad de la cabecera del cacicazgo de Nicoya. A Andrés Cereceda, tesorero de Gil González Dávila durante su entrada a Costa Rica en 1522, se le acredita como el autor del primer censo del litoral Pacífico de este país. Es muy conveniente repetir las palabras del propio Cereceda en relación con Nicoya: . Como se mencionó arriba, 6603 es típicamente tomado para representar el número de habitantes de la población del cacique Nicoya, pero Cereceda nunca hizo esa afirmación, sólo apuntó el número total de almas bautizadas en el pueblo. Además, él se refiere a un segundo jefe, Mateo, de quien no se menciona más.
También debe anotarse que Gonzalo Fernández de Oviedo, quien visitó Nicoya en 1529 y registró aspectos de la configuración del centro político-religioso del poblado, nunca hizo énfasis en el tamaño grande de la población. Sería de esperar que alguna observación fuera hecha por este astuto observador sí, como se ha dicho, Nicoya hubiera tenido un núcleo de población de alta densidad. El Lic. Francisco Castañeda, quien también pasó por Nicoya en el mismo año, nos aporta la siguiente información al respecto:
El Lic. Castañeda provee tres observaciones cardinales; primero, la disminución precipitada de la población de la región, con una baja en dos tercios en el espacio de siete años. Más importante, Castañeda enfatiza la extensión territorial del poder de Nicoya, y es explícita en que los naturales pertenecían al cacique, no al poblado en sí. Si bien estas observaciones son suficiente imprecisas para interpretarse de varias maneras, lo cierto es que no hay una afirmación por ningún testigo ocular de que la población total del cacicazgo de Nicoya se asentaba en un solo poblado.
Aunque Oviedo no registró un total de población, su recuento de un festival de danza y licor asistido por él nos provee con alguna medida del tamaño del poblado. En el 9 de agosto de 1529,
Así, Oviedo notó la presencia de un máximo de 180 adultos de ambos sexos incluyendo los principales y la plebe, y nos da de entender que este número representa la mayoría de los adultos que vivían en el pueblo de Nicoya en aquel año. Se utilizarán los datos de los censos del período colonial para extrapolar la población total de Nicoya en el momento de la visita de Oviedo. Los datos del censo de nicoyanos indígenas en 1756 y 1760 proporcionan una media de 5.4 individuos por núcleo familiar. El número total de familias en Nicoya puede calcularse dividiendo por dos el número de adultos observados por Oviedo, lo que resulta en un total de 80 núcleos familiares. Multiplicando este número por el número medio de miembros por familia obtenido del censo, resulta un total de 432 individuos que poblaban Nicoya en 1529. Este procedimiento asume un grado de continuidad en la estructura de los núcleos familiares entre las eras pre y postcolombinas que no puede demostrarse aquí, pero se considera esta extrapolación un uso razonable de los escasos datos disponibles. Obsérvese que el resultado obtenido está mucho más cerca de la población proyectada para los sitios arqueológicos alrededor de Nicoya, que la proyección de 6000 habitantes basado en una lectura no-crítica de Cereceda.
Claramente se necesita una concepción de la Nicoya protohistórica basada en los datos etnohistóricos en conjunto con las observaciones arqueológicas del patrón de asentamiento en las cercanías de Nicoya. El patrón protohistórico del asentamiento en esta área es uno de varios sitios ubicados en nichos ecológicos similares en la amplia cuenca en que Nicoya está asentada. Este patrón se acomoda mejor a un modelo de una población dispersa en villas políticamente afiliadas al cacique de Nicoya, en lugar de una sola comunidad masiva. Los cacicazgos regionales dirigidos por un jefe supremo, quien controlaba un gran número de pueblos tributarios y sus jefes (¿Mateo?), eran característicos de la costa Pacífica de Centroamérica desde Panamá (Linares 1977; Helms 1979) hasta Nicaragua (MacLeod 1973). También pudiera haber sido el caso en Nicoya. Los mismos datos proveídos por Cereceda subrayan el hecho de que Nicoya era líder regional importante. El número total de personas bautizadas bajo la égida de Nicoya es 5.4 veces más grande que el número bautizado bajo cualquiera de los otros 34 o más caciques registrados por Cereceda, convirtiendo a este cacique en el más poderoso jefe de litoral Pacífico de Costa Rica en tiempos de la conquista.
La evidencia a mano conduce a la hipótesis de que la Nicoya actual es el resultado de una congregación española colonial, formada por la amalgama forzada de gente de varios de los asentamientos chorotegas dispersos por el valle. En que años sucedió esto, y bajo cuales circunstancias, es desconocido. Los documentos históricos que podrían haber registrado tal evento fueron destruidos en 1768 por un incendio que consumió totalmente los archivos locales. Documentos posteriores son explícitos en cuanto a que Nicoya estaba dividida en dos «parcialidades». Meléndez (conferencia pública, 1992) interpreta que estos son vestigios de formas de organización social Mesoamericanas. Sin embargo, investigaciones de comunidades indígenas en el Valle de México y las tierras altas de Guatemala (Gibson 1964; Hill & Monaghan 1987; Hill 1989) demuestran como las parcialidades de una aldea colonial se formaban de la congregación forzada de comunidades indígenas independientes. Esto también pudo haber sido el caso con Nicoya. Desafortunadamente, los documentos no brindan información específica acerca de la estructura y función de las parcialidades de Nicoya durante el período colonial, que sirva para fortalecer esta comparación.
La Vieja Nicoya y el Pueblo Viejo thumb|150px|El tradicional desfile anual de la Pica e' Leña. En 1926 un libro titulado Vidaurres fue publicado por Sn. Miguel Vidaurres. En este trabajo el autor, basándose en la tradición oral, escribió que la ubicación original de Nicoya era en un pueblo conocido hoy como Pueblo Viejo, 17km al sureste del sitio actual de Nicoya. La leyenda de Vidaurre, desde su publicación, provocó enormes dudas de que la Nicoya histórica y la actual se ubicaron en el mismo sitio (Meléndez 1988). Sin embargo, nunca se han confirmado independientemente.
Existe un sitio arqueológico muy extenso existe en Pueblo Viejo, y que se extiende a lo largo de la orilla del Río Pueblo Viejo desde el Boquerón hasta San Joaquín. Sin embargo, el sitio parece demasiado antiguo para identificarse como la Nicoya protohistórica. Los huaqueros han reportado el hallazgo de jade en el área, y cerámica diagnóstica recuperada durante el estudio que data de los períodos Bicromo en Zonas hasta Policromo Medio, aproximadamente desde 800a.C. hasta 1000d.C. Este no es el inventario de artefactos que se esperaría de un sitio protohistorico y lanza considerables dudas sobre la validez de la tradición oral registrada por Vidaurre. Para aun complicar más la situación, existen todavía nativos de Pueblo Viejo quienes afirman que sus abuelos se les contaba que los Naturales de Nicoya bajaron para establecerse en Pueblo Viejo, no al contrario.
La Gran Nicoya (10 000 a.C. - 800 d.C.)
thumb|Mapa de la región arqueológica de la Gran Nicoya.