La Conferencia Estatal de Moscú fue una conferencia celebrada en el verano de 1917 en Moscú por iniciativa del Gobierno Provisional ruso con la intención de reforzar su posición tras las diversas crisis políticas recientes.

Las continuas crisis políticas del verano debilitaron la autoridad del Gobierno y le restaron apoyo popular. La conferencia fue un intento desesperado del primer ministro Kérenski de reforzar su posición frente la izquierda y la derecha políticas y se celebró en el teatro Bolshói de Moscú entre el y el .

Sirvió fundamentalmente para dejar patente las divisiones sociales rusas y confirmar el respaldo decidido de la derecha al general Kornílov. Puso además de manifiesto la creciente hostilidad entre el primer ministro y el general Kornílov, así como la menguante fuerza de Kérenski y la polarización de la sociedad rusa. Dos semanas más tarde de su clausura tuvo lugar el fallido golpe de Estado de Kornílov.

Antecedentes El teatro Bolshói de Moscú, sede de la conferencia. La ciudad se encontraba medio paralizada por una amplia huelga convocada por los bolcheviques —que no acudieron a la conferencia— y los sindicatos.|thumb|right Las continuas crisis políticas del verano debilitaron la autoridad del Gobierno y le restaron apoyo popular. El respaldo a la política de coalición con las fuerzas burguesas menguaba entre los socialistas moderados. Entre el campesinado, cada vez más impaciente por la falta de reformas gubernamentales en la propiedad de la tierra, los comités de la tierra se veían como defensores de los terratenientes y al Gobierno como opresor de los campesinos que ocupaban las tierras. Las medidas gubernamentales disgustaron a diversos sectores del país: la falta de avances en la reforma agraria, a los campesinos; la disolución de la Dieta finlandesa y el decreto recortando la autonomía ucraniana, a los nacionalistas; el sabotaje de la conferencia de paz de Estocolmo y la falta de presión a los Aliados, a los que deseaban una pronta paz; el retraso de la convocatoria de la Asamblea Constituyente, a numerosos socialistas.

Por su parte, la derecha, también insatisfecha, planteaba un programa de reformas a través del comandante en jefe del Ejército, general Lavr Kornílov, que colocaba al primer ministro entre la disyuntiva de enfrentarse al Sóviet de Petrogrado y a la izquierda radical si las aceptaba o de perder el respaldo de los kadetes (Partido Democrático Constitucional, KD) y quizá tener que afrontar un golpe militar si las rechazaba. Dudaba además de la posibilidad de aplicar las medidas reclamadas por Kornílov y los seguidores de Miliukov ante la ausencia de la fuerza para ponerlas en práctica. Los intentos del KD de unir a la derecha rusa acabaron con la cooperación de estos y los socialistas moderados, privaban al Gobierno de esta base de apoyo y favorecían las acusaciones de los radicales de izquierda de estar conspirando contra la revolución. Para los kadetes, la unidad nacional se debía realizar mediante la aceptación de su programa. Tras las Jornadas de Julio, llevaron a cabo una intensa campaña de unión de grupos no socialistas y de oposición a los soviets (consejos). Un conjunto de oficiales, dirigentes políticos, industriales y parte de la clase media estaban convencidos de que el Gobierno debía reformarse y reducirse el poder de la izquierda, especialmente el de los sóviets. Estos elementos veían al nuevo comandante en jefe como la figura militar que podría imponer los cambios que deseaban mediante una dictadura. Mientras que para la derecha el general se estaba convirtiendo en símbolo de salvación del país, para la izquierda lo era de contrarrevolución.

Kérenski presentó la idea de convocar una conferencia para explicar a los dirigentes políticos la grave situación que atravesaba el país y tratar de recabar su apoyo a los programas de la coalición gubernamental. Era un intento desesperado de recobrar fuerzas frente a los extremos políticos. El objetivo del primer ministro era tratar de acercar posturas y reforzar a los moderados en los que se sustentaba. La presencia de todos los grupos políticos y sociales relevantes debía servir como muestra de unidad revolucionaria en torno al Estado. La idea original había surgido tras la dimisión de los ministros kadetes durante las Jornadas de Julio, como posible foro de debate de nuevos programas gubernamentales e instrumento de unidad nacional; si entonces los kadetes se habían mostrado entusiasmados con la idea, en agosto sus dirigentes creían que las diferencias entre su partido —en rápido proceso de derechización— y los socialistas eran tales que el Gobierno no debía tratar de aunarlos, sino elegir entre unos u otros. Los socialistas moderados, en especial los mencheviques, tampoco esperaban grandes resultados de la conferencia.

La conferencia, de carácter meramente informativo y sin capacidad legislativa, reunió a 2414 delegados, la «flor y nata de la población», entre los que se contaban miembros del Consejo de Ministros, altos oficiales del Ejército, diputados de las cuatro Dumas del periodo imperial, miembros del Comité Ejecutivo Central Panruso (VTsIK) del Congreso de Sóviets de Soldados y Obreros, del de Campesinos (ciento veintinueve entre los dos comités), representantes de sindicatos (ciento setenta y seis), ayuntamientos (ciento cuarenta y siete), cooperativas, universidades, zemstvos y otros comités y consejos relacionados con la industria, los negocios y las Fuerzas Armadas (Ciento diecisiete). Banqueros e industriales (ciento cincuenta) tenían más representantes que los sóviets y los diputados de las Dumas imperiales eran cuatrocientos ochenta y ocho, casi un quinto del total. Para reforzar la posición de los moderados, Kérenski asignó gran número de delegados a cooperativas (trescientos trece) y zemtsvos. La composición de la conferencia era por tanto corporativista, no democrática; las clases acomodadas contaban además con una representación mucho mayor que la que les hubiese correspondido por población.

Desarrollo Apertura Kérenski, primer ministro del Gobierno provisional, retratado durante la conferencia por Yuri Artsybúshev. Sus exaltados intentos de dar sensación de fortaleza y de reforzar al Gobierno resultaron infructuosos.|thumb|right Para tratar de recuperar al menos parcialmente el apoyo perdido, el Gobierno convocó la Conferencia Estatal, que comenzó el en Moscú, en medio de una huelga en la ciudad organizada por los bolcheviques, que se negaron a acudir a la reunión. Al principio el partido se había planteado asistir y abandonar la reunión en la primera ocasión pero, cuando los partidos socialistas mayoritarios del VTsIK aprobaron que ninguno de sus miembros podría intervenir sin permiso, desecharon la idea. Tacharon la reunión de contrarrevolucionaria.

La conferencia se inauguró en un ambiente tenso; durante días, habían circulado rumores por la ciudad sobre la posible marcha sobre Moscú de tropas favorables al general Kornílov y de un posible golpe de mano de sus partidarios contra el Gobierno. La ciudad se encontraba cubierta de carteles ensalzando al general y el temor a un golpe de Estado de la derecha llevó al sóviet local a crear un comité especial para proteger al gabinete y a sí mismo. Las autoridades detuvieron brevemente a dos grandes duques de la antigua familia imperial, supuestamente implicados en una conspiración de la derecha; al no encontrarse pruebas, se les liberó rápidamente.

Por su parte, la oficina regional bolchevique, con el apoyo del comité de Moscú, de los de los distritos de la ciudad y de los sindicatos, convocó una huelga para el día de la apertura de la conferencia, que rechazaron, sin embargo los sóviets de soldados y obreros de la ciudad (por trescientos doce votos a doscientos ochenta y cuatro). A pesar de esta oposición, el gran parte de los obreros fabriles se sumaron a la protesta, así como los transportes o los restaurantes y cafeterías. Los empleados del teatro Bolshói, sede de la conferencia, se unieron al paro, lo que obligó a los delegados a servirse sus propios refrigerios. Por la noche, la ciudad se encontró a oscuras ya que los empleados de las instalaciones de gas no acudieron a trabajar. Esta dejó patente la actitud del proletariado de la ciudad y el resurgir bolchevique. La conferencia se celebraba en una ciudad casi totalmente clausurada por la huelga. Según la prensa socialista, cerca de 400 000 trabajadores habían hecho huelga; las manifestaciones contra la conferencia eran las mayores vistas en el país desde la Revolución de Febrero.

Los delegados y las sesiones

Los delegados se dividían fundamentalmente en un grupo de liberales y conservadores, esencialmente partidarios de Kornílov y de aplicar severas medidas para restablecer el orden, y en otro de socialistas moderados, que aceptaban la necesidad de un Gobierno fuerte pero deseaban además la aplicación de ciertas reformas. A la ligera mayoría del primer grupo en la conferencia se unió la casi total ausencia de delegados que representasen las posiciones de la extrema izquierda. La distribución de delegados en el teatro reflejaba claramente la división: a la derecha, los representantes de los partidos de las clases medias, banqueros, industriales y diputados de la Duma; a la izquierda, los delegados de los consejos y de los soldados. La conferencia reflejaba la polarización de la política rusa.

En una de las primeras intervenciones, Miliukov arrancó grandes aplausos y ovaciones con su dura crítica del Gobierno, al que creía culpable de no tomar las medidas necesarias para mantener el orden y asegurar las propiedades. Otros representantes kadetes mostraron también su hostilidad al Gobierno, al que se negaron a respaldar. La posterior defensa del general cosaco Alekséi Kaledín de la participación rusa en el guerra mundial hasta la victoria y la subordinación de toda acción política a este objetivo también obtuvo el apoyo entusiasta de los delegados de la derecha. Kaledin presentó un bosquejo de programa político que coincidía fundamentalmente con el de Kornílov. Con el rechazo de los representantes de izquierda y el respaldo de la derecha, Kaledin exigió: «a la usurpación del poder estatal por comités centrales y locales y por los consejos debe ponerse fin de manera inmediata y abrupta».