La guerra del Cenepa, según la historiografía del Ecuador, o conflicto del Cenepa, según la historiografía del Perú (también llamada campaña militar del Alto Cenepa y operaciones militares del Alto Cenepa por el Estado peruano), fue un conflicto militar ocurrido en la frontera peruano-ecuatoriana durante los meses de enero y febrero de 1995 entre Perú y Ecuador. Se produjo en el lado oriental de la cordillera del Cóndor sobre la cuenca del río Cenepa en territorio nacional del Perú (previamente disputado por ambos países hasta el protocolo de Río de Janeiro), que fue ocupado por el Ejército del Ecuador desde 1994. El conflicto enfrentó a las fuerzas armadas del Perú y Ecuador. Nunca hubo declaración formal de guerra entre ambos países ni llegó a generalizarse por toda la frontera común. Las operaciones militares sucedieron en territorio delimitado pero sin demarcar (zona de selva alta de complicado acceso) donde los factores climáticos y logísticos dificultaron los desplazamientos militares.
A nivel militar, el conflicto se caracterizó por el empleo de tecnología moderna para la región, especialmente en un entorno de guerra en selva, que obligó a aplicar tácticas de guerra irregular en terreno extremo. Durante los combates se utilizaron misiles antiaéreos portátiles como el 9K38 Igla y el Blowpipe, los cuales desempeñaron un papel relevante en el derribo de aeronaves a baja altura. Asimismo, ambos países desplegaron aviones de combate como el Dassault Mirage F1, el IAI Kfir, el SEPECAT Jaguar, el Dassault Mirage 2000 y el Sukhoi Su-22, además de helicópteros de transporte y apoyo como el Mil Mi-17, fundamentales para la movilización de tropas y abastecimiento en la densa selva amazónica. El uso combinado de estos sistemas, junto con artillería ligera y equipos de comunicación táctica, evidenció un nivel de modernización militar superior al de conflictos previos en la región.
El conflicto se resolvió con la intervención de Argentina, Chile, Brasil y Estados Unidos —países garantes del Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro del 29 de enero de 1942—, lográndose terminar el proceso de demarcación de la frontera en los dos tramos pendientes: entre los hitos Cunhime Sur y 20 de Noviembre, y entre los de Cusumaza–Bumbuiza y Yaupi–Santiago. Esta demarcación fue hecha de conformidad con lo establecido en el Protocolo de Río de Janeiro y el fallo arbitral de Braz Dias de Aguiar.
En el Acta de Brasilia, tanto Perú como Ecuador aceptaron la culminación del proceso de demarcación fronteriza, en el tramo de 78 kilómetros que estaba pendiente, de acuerdo con la propuesta de los países garantes del Protocolo de Río de Janeiro formulada dentro del marco legal del Protocolo, del fallo arbitral de Braz Dias de Aguiar, de sus instrumentos complementarios y de los pareceres técnicos-jurídicos entregados el 8 de mayo de 1998. Esta propuesta fue aceptada por los gobiernos de Perú y Ecuador y ratificada luego por los congresos de ambos países.
Así, se terminó el proceso de demarcación de la frontera sobre las cumbres de la cordillera del Cóndor, ratificando la posesión del Perú de la zona del Cenepa incluyendo Tiwinza, a la vez que el Perú otorgaba a Ecuador, en condición de propiedad privada y sin perjuicio de la soberanía peruana, un kilómetro cuadrado en la zona de Tiwinza, donde están sepultados 14 soldados ecuatorianos. También se firmaron acuerdos de Comercio y Navegación, de Integración Fronteriza y de instalación de una comisión binacional sobre Medidas de Confianza Mutua y Seguridad.El desminado se completó en 2024. A partir de 2025, es el conflicto militar más reciente en América entre países que disputan la soberanía sobre un territorio.
Antecedentes
Disputas entre el Perú y la Gran Colombia
La reclamación por parte de Ecuador de un acceso con soberanía a la cuenca del río Amazonas se remonta a 1827, cuando Simón Bolívar, que era gobernante de la Gran Colombia —entidad geopolítica antecesora de Ecuador—, reclamó como territorios que le correspondían a su país a Tumbes, Jaén (Cajamarca) y Maynas, entendiéndose por Maynas el territorio conformado por los actuales departamentos peruanos de Loreto y Amazonas.
Además de dicho reclamo territorial, Bolívar exigió a Perú el pago de la deuda de la campaña emancipadora y los «reemplazos», es decir, el costo de reponer con nuevos efectivos las bajas sufridas en las tropas de apoyo a la guerra independentista peruana. La historiagrafía peruana considera, que la razón de la ira de Bolívar hacia Perú se debía a que había perdido su influencia en este país, donde se instaló un gobierno liberal y antibolivariano, que ayudó a Bolivia a librarse de la dominación grancolombiana.
Perú rechazó las exigencias territoriales de Bolívar, pues Tumbes, Jaén y Maynas habían jurado la independencia del Perú y tenían sus representantes en el Congreso peruano, aduciendo el principio de la libre determinación de los pueblos.
En respuesta a los preparativos guerreros de Bolívar, el 17 de mayo de 1828 el Congreso de la República del Perú autorizó al presidente peruano José de La Mar a tomar las medidas militares del caso. Poco después, Bolívar declaró la guerra al Perú el 3 de julio de 1828.Basadre 2005, tomo 1, p. 281.
Las fuerzas peruanas se movilizaron hacia el sur de la Gran Colombia (actual territorio ecuatoriano). La marina peruana bloqueó y capturó el puerto de Guayaquil, mientras que el ejército peruano ocupó la provincia de Loja. En respuesta, las fuerzas grancolombianas, al mando del mariscal Antonio José de Sucre, avanzaron desde Quito y derrotaron a la vanguardia del ejército peruano en la batalla del Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829). Luego de esta batalla de mutuo acuerdo se celebró un convenio para acordar la paz. El Perú se comprometía a desocupar Guayaquil y Loja, y la Gran Colombia dejaba implícitamente de hacer reclamos sobre Tumbes, Jaén y Maynas. Sin embargo, el presidente La Mar acusó a Sucre de cometer injurias y falsedades en el parte de batalla y en un decreto que dio sobre la construcción de una columna conmemorativa en Tarqui, así como de excesos contra los prisioneros peruanos, por lo que anunció su intención de continuar la guerra.Basadre 2005, tomo 1, pp. 286-292.
Pero entonces ocurrió el golpe de Estado del general Agustín Gamarra, que produjo la caída de La Mar y subsiguiente firma de la paz entre Perú y Colombia, por medio del Tratado Larrea-Gual, el 22 de septiembre de 1829. Este tratado, también conocido como Tratado de Guayaquil, fue un tratado de “paz y amistad”, mas no de límites; sin embargo, dejó establecido que se mantendría el límite que había existido entre los virreinatos de Nueva Granada y el del Perú, como referencia para un futuro acuerdo limítrofe entre la Gran Colombia y el Perú, estableciéndose a la vez el procedimiento para realizar la demarcación definitiva —que estaría a manos de una comisión demarcatoria de límites integrada por miembros de ambos países—. En definitiva, no hubo cambios territoriales, al mantenerse la situación previa al conflicto (statu quo ante bellum).Basadre 2005, tomo 2, pp. 13-14.
Sin embargo, la demarcación de límites no llegó a realizarse, pese a los intentos que ambas cancillerías hicieron para llegar a un entendimiento. Luego, la disolución de la Gran Colombia en mayo de 1830 puso fin a las negociaciones. Ecuador ha señalado la existencia del Protocolo Pedemonte-Mosquera, supuestamente firmado el 11 de agosto de 1830 entre el Perú y la Gran Colombia, el cual sería una continuación del Tratado Larrea-Gual, donde se reconocía al río Marañón (y el Amazonas) como límite entre ambas naciones. El Perú, basándose en una rigurosa investigación historiográfica, ha rechazado la existencia de este tratado, pues, entre otras razones, jamás se encontró el documento original, así como al hecho de que, para esa fecha, ya la Gran Colombia se había desintegrado.Basadre 2005, tomo 2, p. 19-20.
Disputas entre el Perú y Ecuador
Cuando el 13 de mayo de 1830 se constituyó la República del Ecuador, el flamante gobierno ecuatoriano no hizo reclamos al Perú sobre Tumbes, Jaén y Maynas y más bien consideró la necesidad de firmar acuerdos y tratados con el Perú. Ambos países daban pues, por sobreentendido, que el Tratado Larrea-Gual había caducado con la disolución de la Gran Colombia.
El primer tratado celebrado entre el Perú y Ecuador fue el Tratado Pando-Noboa, suscrito el 12 de julio de 1832 por el ministro de gobierno y relaciones exteriores del Perú, José María Pando, y el ministro plenipotenciario de Ecuador, Diego Noboa (futuro presidente de Ecuador). En él se reconocían y respetaban los límites vigentes entre ambas naciones, mientras se celebrara un convenio de arreglo de límites definitivo.Basadre 2005, tomo 2, p. 24.
La realización de dicho convenio de límites se fue postergando irresponsablemente a través de los años. Fue entre 1841 y 1842 cuando Ecuador inició públicamente su reclamo al Perú de los territorios de Jaén y Maynas, incitado por el derrocado gobernante peruano-boliviano Andrés de Santa Cruz refugiado en Guayaquil tras el fin de la Confederación Perú-Boliviana.Basadre 2005, tomo 2, p. 239. Para sustentar su reclamo, el Ecuador hizo una interpretación de diversos artículos del Tratado de 1829, cuya vigencia reclamó desde entonces. El Perú respondió que dichas provincias eran peruanas por la Real Cédula de 1802 (por la cual, Maynas había vuelto al Virreinato del Perú); y por la posesión continua que había ejercido sobre dichos territorios (todas esas provincias habían jurado la independencia del Perú en 1821 y desde entonces fueron territorio de la república peruana, ininterrumpidamente).Basadre 2005, tomo 2, pp. 240-244.
Durante 1859 y 1860, ambos países libraron un conflicto originado por la decisión de Ecuador de pagar a sus acreedores ingleses con territorios peruanos en la Amazonía. El presidente peruano Ramón Castilla ordenó el bloqueo de la costa ecuatoriana y él mismo, en persona, dirigió la expedición que desembarcó en Guayaquil el 25 de noviembre de 1859. Las negociaciones de paz se complicaron al desatarse en el Ecuador una guerra civil que impidió las relaciones diplomáticas con el resto de Hispanoamérica, incluyendo el Perú, ya que no existía un gobierno ecuatoriano reconocido con el cual tratar. Castilla decidió finalmente tratar con el general Guillermo Franco Herrera, caudillo de Guayaquil, con quien firmó el Tratado de Mapasingue (25 de enero de 1860). Sin embargo, al ser derrotado Franco por el gobierno de Gabriel García Moreno instaurado en Quito, dicho tratado fue desaprobado (1861). Lo mismo hizo en 1863 el Congreso peruano.Basadre 2005, tomo 5, pp. 148-157.
Entre 1879 y 1883 el Perú participó en la Guerra del Pacífico contra Chile y no pudo atender otros asuntos diplomáticos.
En 1887, un acuerdo suscrito por ambas naciones estableció que la regente del Rey de España actuaría como árbitro en el litigio limítrofe. Pero en 1889, otra negociación acordó el llamado Tratado García-Herrera por el cual el Perú conservaba Tumbes y Jaén, pero cedía una gran parte de Maynas al Ecuador. El gobierno peruano de entonces (el de Andrés A. Cáceres), quería de esa manera zanjar definitivamente el litigio con Ecuador, a fin de enfrentar tranquilamente la cuestión de Tacna y Arica con Chile. El Congreso ecuatoriano se apresuró a aprobar dicho tratado, pero el Congreso de la República del Perú señaló que lo ratificaría solo después de que se introdujeran algunas modificaciones en lo concerniente a la línea de frontera, por cuanto lo consideraba poco favorable para su país. Ecuador rechazó las modificaciones peruanas y en protesta declaró insubsistente el Tratado. La situación volvió entonces a fojas cero.