La Conspiración de la Pólvora de 1605, conocida en siglos anteriores como la Conspiración de la Traición de la Pólvora, fue un intento fallido de regicidio contra el rey Jacobo I, los miembros de la cámara de los Lores y los comunes. Llevado a cabo por un grupo de católicos romanos ingleses liderados por Robert Catesby, quienes buscaban imponer nuevamente el catolicismo en Inglaterra, donde estaba muy restringido y perseguido.

El plan debía comenzar volando la Cámara de los Lores durante la Apertura del Parlamento el 5 de noviembre de 1605 , como preludio a una revuelta en las Midlands, durante la cual la hija de nueve años del Rey Jacobo —la princesa Isabel Estuardo— sería secuestrada en Coombe Abbey, y posteriormente instalada como una reina católica, mientras implementarían un proceso de adoctrinamiento. Los historiadores sospechan que Catesby inició el complot después de que sus esperanzas de una mayor apertura religiosa hacía el catolicismo y cese de la persecución bajo el reinado del Rey Jacobo I se desvanecieron. Sus compañeros conspiradores fueron John y Christopher Wright, Robert y Thomas Wintour, Thomas Percy, Guy Fawkes, Robert Keyes, Thomas Bates, John Grant, Ambrose Rookwood, Sir Everard Digby y Francis Tresham. Fawkes, quien tenía 10 años de experiencia militar luchando en los Países Bajos en el intento fallido de suprimir la independencia neerlandesa del imperio español; fue el encargado de los explosivos.thumb|250px|right|Grabado contemporáneo tituladoThe Gunpowder Plot Conspirators, grabado de Crispijn van de Passe (1605). National Portrait Gallery.The Gunpowder Plot Conspirators. National Portrait Gallery. Consultado el 5 de noviembre de 2015.Francis Tresham —uno de los últimos conspiradores en unirse al grupo— preocupado por la vida de un pariente suyo, le envió una carta anónima de advertencia a su cuñado William Parker, IV Barón Monteagle el 26 de octubre de 1605, quien de inmediato la mostró a las autoridades. Durante un registro en la Cámara de los Lores en la noche del 4 de noviembre de 1605, se descubrió a Fawkes custodiando 36 barriles de pólvora—suficientes para reducir la Cámara de los Lores a escombros—y fue arrestado. La mayoría de los conspiradores huyeron de Londres al enterarse de que el complot había sido descubierto, intentando reclutar apoyo en el camino. Varios de ellos hicieron una última resistencia contra el Alguacil de Worcester y su grupo en Holbeche House; en el tiroteo que siguió, Catesby fue uno de los que fueron abatidos. En su juicio el 27 de enero de 1606, ocho de los conspiradores sobrevivientes, incluido Fawkes, fueron condenados y sentenciados a ser ahorcados, arrastrados y descuartizados.

Algunos detalles del intento de asesinato eran conocidos por el principal jesuita de Inglaterra, Henry Garnet. Aunque Garnet fue condenado por alta traición y ejecutado, se ha especulado qué tanto sabía realmente. Como la existencia del complot le fue revelada a través de la confesión, Garnet se vio impedido de informar a las autoridades por la confidencialidad absoluta del confesionario. Aunque se introdujo legislación anticatólica poco después del descubrimiento del complot, muchos católicos importantes y leales se mantuvieron en altos cargos durante el resto del reinado del Rey Jacobo I. El desbaratamiento de la Conspiración de la Pólvora fue conmemorado durante muchos años después con sermones especiales y otros eventos públicos, como el repique de campanas, que evolucionaron en la variante británica de la Noche de las Hogueras.

Antecedentes La religión en Inglaterra

alt=Un retrato de tres cuartos de una mujer de mediana edad que lleva una tiara, corpiño, mangas abullonadas y un cuello de encaje. El atuendo está ricamente decorado con patrones y joyas. Su rostro es pálido, su cabello castaño claro. El fondo es mayormente negro.|miniaturadeimagen|Isabel I, reina desde 1558 hasta 1603 Entre 1533 y 1540, el Rey Enrique VIII tomó el control de la Iglesia inglesa, separándola de Roma, lo que marcó el inicio de varias décadas de tensiones religiosas en Inglaterra. Los católicos ingleses luchaban en una sociedad dominada por la Iglesia de Inglaterra, que se había separado recientemente y era cada vez más protestante. La hija de Enrique, Isabel I, respondió a la creciente división religiosa introduciendo el Acuerdo Religioso Isabelino, que requería que cualquier persona nombrada para un cargo público o eclesiástico jurara lealtad al monarca como jefe de la Iglesia y del Estado. Las penas por negarse a hacerlo eran severas; se imponían multas por recusación, y los reincidentes se arriesgaban a ser encarcelados y ejecutados. El catolicismo quedó marginado, pero a pesar de la amenaza de tortura o ejecución, los sacerdotes continuaron practicando su fe en secreto.

Sucesión La reina Isabel, soltera y sin hijos, se negó rotundamente a nombrar un heredero. Muchos católicos creían que su prima católica, María, reina de Escocia, era la legítima heredera al trono inglés, pero fue ejecutada por traición en 1587. El Secretario de Estado inglés, Robert Cecil, negoció en secreto con el hijo y sucesor de María, el rey Jacobo VI de Escocia. En los meses previos a la muerte de Isabel el 24 de marzo de 1603, Cecil preparó el camino para que Jacobo la sucediera.

Algunos católicos exiliados preferían a la hija de Felipe II de España, Isabel Clara Eugenia, como sucesora de Isabel. Los católicos más moderados veían como opción a la prima de Jacobo y Isabel, Arbella Stuart, una mujer que se pensaba tenía simpatías católicas. A medida que la salud de Isabel se deterioraba, el gobierno detuvo a quienes consideraban "papistas principales", y el Consejo Privado se preocupó tanto que Arbella Stuart fue trasladada más cerca de Londres para evitar que los papistas la secuestraran.

thumb|Medalla neerlandesa de 1605 que celebra el fracaso de la Conspiración de la pólvora y acusa de ella a los jesuitas, simbolizados por una serpiente.

La festividad de Guy Fawkes o Bonfire Night

A pesar de que Carlos I —casado con una mujer católica— quiso acabar con la conmemoración, los protestantes lograron mantenerla como símbolo de la unidad y la conciencia del protestantismo.

A mediados del , el día de Guy Fawkes ya había perdido el significado patriótico y anticatólico (significado dado por los protestantes), de forma que el Parlamento tomó la decisión de retirarlo del calendario oficial, dejando que siguiera como festejo popular. Con el tiempo, la imagen de Guy Fawkes sería sustituida por la de otros personajes odiados, como el líder nacionalista irlandés Charles Parnell, el Papa de Roma, el zar de Rusia, Adolf Hitler, Margaret Thatcher y Tony Blair.

Sea como fuera, Inglaterra sigue con su tradición introduciendo elementos relativamente nuevos como los fuegos artificiales y la costumbre entre los niños de pedir a los mayores «un penique para el muñeco» que acaban de fabricar. Las medidas de seguridad han obligado al gobierno británico a prohibir la venta de petardos a los menores de edad. En la trastienda de la noche de Guy Fawkes se hallan bien presentes la hostelería, el comercio y, desde luego, los juerguistas.

A pesar de las reclamaciones competidoras al trono inglés, la transición de poder tras la muerte de Isabel se realizó sin problemas. La sucesión de Jacobo fue anunciada por una proclamación de Cecil el 24 de marzo, lo cual fue generalmente celebrado. Los principales papistas, en lugar de causar problemas como se anticipaba, reaccionaron a la noticia ofreciendo su entusiasta apoyo al nuevo monarca. Los sacerdotes jesuitas, cuya presencia en Inglaterra era castigada con la muerte, también demostraron su apoyo a Jacobo, quien era ampliamente considerado como el encarnado de "el orden natural de las cosas".

Jacobo ordenó un alto el fuego en el conflicto con España, y aunque los dos países seguían técnicamente en guerra, el Rey Felipe III mandó a su enviado, Don Juan de Tassis, para felicitar a Jacobo por su ascensión. Al año siguiente, ambos países firmaron el Tratado de Londres.

Durante décadas, los ingleses habían vivido bajo un monarca que se negó a proporcionar un heredero, pero Jacobo llegó con una familia y una clara línea de sucesión. Su esposa, Ana de Dinamarca, era hija del Rey Federico II de Dinamarca. Su hijo mayor, Enrique, de nueve años, era considerado un niño guapo y seguro de sí mismo, y sus dos hijos menores, Isabel y Carlos, eran prueba de que Jacobo podía proporcionar herederos para continuar la monarquía protestante.

Primeros años del reinado de Jacobo I La actitud de Jacobo hacia los católicos fue más moderada que la de su predecesora, quizás incluso tolerante. Juró que no "perseguiría a nadie que se mantuviera en silencio y diera una obediencia exterior a la ley", y creía que el exilio era una mejor solución que la pena capital: "Me alegraría que tanto sus cabezas como sus cuerpos fueran separados de esta isla entera y transportados más allá de los mares". Algunos católicos creían que el martirio de la madre de Jacobo, María, Reina de Escocia, lo alentaría a convertirse a la fe católica, y las casas católicas de Europa también podrían haber compartido esa esperanza.

Jacobo recibió a un enviado de Alberto VII, gobernante de los territorios católicos restantes en los Países Bajos después de más de 30 años de guerra en la Revuelta de los Países Bajos por parte de los rebeldes protestantes apoyados por los ingleses. Para los expatriados católicos involucrados en esa lucha, la restauración por la fuerza de una monarquía católica era una posibilidad intrigante, pero tras la fallida invasión española de Inglaterra en 1588, el papado había adoptado una visión a más largo plazo sobre el retorno de un monarca católico al trono inglés.

Durante el reinado de Jacobo I, las guerras de religión en Europa se intensificaron. Protestantes y católicos se enfrentaban en violentas persecuciones mutuas en toda Europa tras la Reforma Protestante. Los católicos realizaron varios intentos de asesinato contra gobernantes protestantes en Europa y en Inglaterra, incluidos planes para envenenar a la predecesora de Jacobo I, Isabel I. En 1589, durante las Guerras de religión de Francia, el rey francés Enrique III fue mortalmente herido con un puñal por Jacques Clément, un miembro fanático de la Liga Católica de Francia. Nueve años después, el jesuita Juan de Mariana en su obra Sobre el rey y la educación de los reyes (De rege et regis institutione) de 1599, argumentó a favor del tiranicidio. Esta obra relataba el asesinato de Enrique III y defendía el derecho legal a derrocar a un tirano. Quizás debido en parte a la publicación de De rege, hasta la década de 1620, algunos católicos ingleses creían que el regicidio era justificable para eliminar a los 'tiranos' del poder. Gran parte de los escritos políticos "bastante nerviosos" de Jacobo I estaban "preocupados por la amenaza del asesinato católico y la refutación del argumento [católico] de que 'no era necesario mantener la fe con los herejes'".

Primeros complots