Petra de San José (Valle de Abdalajís provincia de Málaga, 6 de diciembre de 1845-Barcelona, 16 de agosto de 1906) fue una religiosa española, fundadora de la Congregación Madres de Desamparados y San José de la Montaña e impulsora de la construcción del Real Santuario de San José de la Montaña en Barcelona. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 16 de octubre de 1994.Web oficial de la Santa Sede: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/homilies/1994/documents/hf_jp-ii_hom_19941016_beatificazione_it.html
Legado Beata Petra de San José fundó en vida ocho casas: Málaga, Ronda, Gibraltar, Martos, Andújar, Valencia, álora Vélez Barcelona y Arriate; todas ellas con hogares para huérfanas o residencias de ancianos.Web oficial de la Congregación Madres Desamparados y San José de la Montaña http://www.madresdedesamparados.org Su devoción a San José inspiró el nacimiento de la Congregación Madres Desamparados y San José de la Montaña, la Asociación de San José de la Montaña en Barcelona (inicialmente llamada Pía Unión) y la Familia de San José en Málaga. Su obra culminante fue la construcción del Real Santuario de San José de la Montaña en Barcelona.Gordillo, Pedro: "Madre Petra, orgullo de un pueblo". Málaga: Gráficas Anarol, 2002. pag: 33-34.
Familia Ana Josefa Pérez Florido —conocida como Madre Petra de San José y más tarde, tras su beatificación, como Beata Petra de San José— nació en el valle de Abdalajís provincia de Málaga el 6 de diciembre de 1845. Hija de José Pérez Reyna y María Florido González, era la menor de cinco hermanos. La familia contaba con tierras, casa y un molino por lo que se puede definir como acomodada. La madre de la beata muere cuando esta tiene 3 años. A partir de ese momento se encargará de su crianza su abuela paterna: Teresa Reyna.
Adolescencia y juventud En su adolescencia salía con un joven de la comarca, José Mir, según ella misma atestiguó en sus memorias. Crónicas de la Congragación Caritativa de Madres de Desamparados escritas por Madre Petra. Pág: 19. Pero cuando las familias empezaron a hablar de boda la futura beata Petra de San José rechazó esta idea. A la joven le fue fácil romper el compromiso ya que su “prometido” se posicionó políticamente contrario a la familia protectora de los Pérez Florido, los condes de los Corbos. Estos, según la beata Petra, le ofrecieron la posibilidad de casarse con otro joven, pero ella se negó. LLacer…. Pag: 27.
Se retiró de la vida social, empezó a practicar la caridad de forma activa: por las noches, junto con su hermano Juan, repartía alimentos entre las familias menos favorecidas del valle y acudía reiteradamente a la iglesia.
Su padre le prohibió que se hiciera religiosa y entabló amistad con Josefita Muñoz, otra joven del valle que deseaba ser religiosa y a la que sus vecinos llamaban “la santa”.
La vida familiar se vio afectada por la inseguridad que existía en todo el país y el padre de la Beata que había sido alcalde de 1869 al 1870 tuvo que huir y dejar la casa durante una temporada, esto hizo que salvara la vida en la revuelta de los malagueños en marzo de 1873.
Después de estos hechos, su padre flexibilizó su posición respecto la vocación de Ana Josefa y le permitió dedicarse íntegramente a la caridad aunque siguió sin permitirle su consagración religiosa, según ella misma escribe en sus memorias.
Primeros asilos
En 1873 alquiló una casa en la calle Alameda. Allí recogió a los ancianos desamparados del pueblo. A esta tarea se le agregó una prima: María de 18 años que falleció a los 7 meses de unirse a la Beata. El padre de María, al morir esta, realizó un donativo que les permitió comprar la primera casa, que estaba frente a la iglesia parroquial y que continúa llamándose la Casa de los pobres. Al acondicionar el nuevo hogar la Beata y Josefita se trasladaron a vivir con los ancianos que cuidaban. Josefita era enfermiza y Petra también tenía que ocuparse de ella. Pronto se les unió Francisquita Bravo Muñoz, futura madre Magdalena de San José, y posteriormente su hermana Isabel Bravo Muñoz.
El segundo asilo las cuatro jóvenes lo abrieron el 19 de marzo de 1877 en la población cercana de Álora, donde se instalaron en la calle Santa Ana n.º 10. Alquilaron la parte trasera de la casa que contaba con un pequeño patio, un cuarto en planta baja y una cámara con acceso. El padre de Ana Josefa había fallecido el 11 de enero de ese año, lo que permitió que junto con Josefita se instalaran en el nuevo asilo, aunque esta no duró más de 15 días y fue sustituida por Isabel Bravo. Fueron acogidos, en un principio, 18 ancianos. En esa época se les unió Rafaela Conejo GiménezLa mayoría de los biógrafos dan por bueno Giménez como segundo apellido de Rafaela pero Conejo en la página 403 de Historia de la Villa del Valle de Abdalajís duda entre Gutiérrez o González. que llegaría a ser superiora general de la Congregación con el nombre de madre Trinidad de San José.
La consagración religiosa.
En mayo de 1878,la joven Rafaela y Josefita se trasladaron a Málaga, ya que el médico de la primera le había prescrito que tomara baños de mar. Allí entraron en contacto con las Hermanitas de los Pobres y otras religiosas, lo que reforzó sus deseos de consagrarse a Dios.
Pidieron consejo al franciscano padre Mariano, director espiritual de Ana Josefa quien les aconsejó no unirse a las Hermanitas y consultar con el obispo de la diócesis. Como este se encontraba ausente, fueron atendidas por su secretario que las encomendó a reunirse con el provisor Juan Nepomuceno Zegrí, que en aquellos momentos fundaba una congregación.
Ana Josefa decidió obedecer y hacerse religiosa en la congregación que le habían recomendado; Josefita no dejó el valle y siguió en la Casa de los Pobres acompañada de Isabel Bravo, que era muy joven para ingresar como religiosa; Francisquita quiso acompañarla, pero sus hermanos, contrarios a que se hiciera religiosa, la obligaron a volver al valle en contra de su voluntad, algo habitual en aquella época.
Novicia mercedaria El 1 de noviembre de 1878 Ana Josefa tomó los hábitos de las Mercedarias, pero no aceptó la profesión, por lo que el provisor le ordenó regresar a Álora para seguir atendiendo a los ancianos junto con Rafaela, que ingresó en el convento mercedario de San Carlos, ocultándose de su familia que la reclamaba de vuelta. Una vez que Ana Josefa recibió los derechos de la Casa de Álora de parte de Josefita, que renunció a ellos como cofundadora, Josefa los cedió junto con los propios al provisor.
Su experiencia como gestora hizo que Zegrí la mantuviera como superiora de la casa de Álora aun siendo novicia. El 24 de diciembre de 1878 sus antiguas compañeras Francisquita, Isabel y Rafaela lograron unirse nuevamente a ella tras presionar a sus respectivas familias. A pesar de que Ana les explicó a sus amigas que la congregación no le parecía bien organizada, ellas decidieron tomar los hábitos el día de Reyes de 1879.
Hospital de Vélez Ana con dos de sus compañeras y cuatro religiosas más fue destinada al hospital de Vélez, que fue regido por una junta de beneficencia hasta el 31 de enero de 1879, fecha en la que el ayuntamiento de la localidad traspasó su gestión al provisor Zegrí.
La situación del hospital era terrible: los pobres y enfermos dormían en el suelo en jergones de paja, la limpieza y los cuidados eran escasos. Las religiosas y novicias cedieron sus camas a los enfermos y se dedicaron a la limpieza y atención de los enfermos.Llácer de San José, Mª Virginia; Martín de San José, Bladina: "Sobre la Piedra. Breve biografía de la Madre Petra de San José Pérez Florido." Valencia: Artes Gráficas Soler, S.L.,1970. pag 58.
Ana estaba al frente del hospital y gestionaba los donativos que recibía. La congregación le impuso una obediencia, respecto a la cuestión económica, que le privaba de libertad de actuación. Contrariada por este hecho pidió consejo a su director, el padre Mariano, quien le aconsejó que dejara la congregación, lamentádose de habérsela recomendado. Ana pidió a su director permiso para consultar con otros sacerdotes a lo que este no se opuso. Los dos sacerdotes a los que consultó le contestaron de la misma manera; después de entrevistarse con el dr. Zegrí en varias ocasiones, el 23 de septiembre de 1879 se despojó del hábito. Zegrí trasladó a sus religiosas mercedarias al hospital de Álora, puesto que ahora le pertenecía. Una religiosa mercedaria se quedó con Ana.
Ana y sus compañeras siguieron trabajando en el hospital vestidas con traje seglar negro y cotilla de enfermeras. El obispo Gómez-Salazar recibió noticias del caso y quiso entrevistarse con Ana, a quien le aconsejó que no ingresaran con sus compañeras en ninguna otra orden y que siguieran trabajando con los enfermos por un periodo de prueba de dos años.
Durante ese periodo, ampliaron el número de atendidos y recogieron a ancianos pobres, además de los enfermos que ya cuidaban. La mortalidad del hospital bajó. Estableció un horario de rezos, trabajo y silencio para ella y sus compañeras.
Nace la Congregación Madres Desamparados Antes que finalizaran los dos años de prueba, el obispo de Málaga recibió a Ana y a una de sus compañeras. Monseñor Gómez-Salazar las instó a que fundasen su propia congregación, sugiriéndoles que lo hicieran bajo la advocación de Nuestra Señora de los Desamparados y les dio la profesión juntamente con el hábito el 2 de febrero de 1881, tras diez días de ejercicios espirituales con el joven sacerdote Francisco Coca.
Desde ese día Francisquita Bravo Muñoz será madre Magdalena de San José; Isabel Bravo Muñoz, madre Natividad de San José; Rafaela Conejo Jiménez, madre Trinidad de San José; la religiosa mercenaria, madre Visitación de San José; y Ana Josefa, que contaba con 35 años, madre Petra de San José.
Al año siguiente de la profesión, desearon prepararse para renovar los votos haciendo ejercicios espirituales. Madre Petra quería se los diese un padre de la Compañía de Jesús. El superior de Málaga les envió al padre Pascual Barrado, quien aconsejó a madre Petra, entre otras cosas, que fundara una Casa-Noviciado, ya que el hospital no era sitio para el silencio, el recogimiento y oración.
La Congregación crece. Los primeros hogares.
El noviciado de Málaga. La salida de Vélez Con el empuje del padre Barrado y la ayuda del padre Coca encontraron una casa en Málaga que les cedió el matrimonio Huelin. Este costeó los gastos del culto a cambio de que tuvieran una escuela para los niños y niñas del barrio.
En Vélez pensaron que las 12 religiosas abandonaban el hospital y el alcalde del pueblo se vio obligado a intervenir. Ante el temor que dejaran de gestionar el hospital el ayuntamiento les impuso unas normas de aislamiento que no les permitía tener contacto con sus directores. Madre Petra consiguió pedir ayuda al obispo Gómez-Salazar y este le aconsejó imponer ella también unas condiciones y que marchara a Málaga.
El 8 de junio de 1882 las religiosas salieron de Vélez a escondidas por la noche. Los viajeros eran siete, incluyendo a madre Petra y el padre Coca; en Vélez quedó madre Magdalena como superiora.
Los primeros días en Málaga fueron duros. La casa era muy humilde y estaba muy sucia. A estas duras condiciones se tuvo que añadir el hecho que sor Visitación se escapó y volvió a Vélez. Allí se entrevistó con el alcalde y se ofreció a llevar el hospital. Madre Petra tuvo que ir tras sor Visitación para apaciguar los ánimos. No llegó a la población que se encontró a las dos religiosas que habían quedado en Vélez en el camino. Las habían expulsado con lo puesto. Madre Petra y madre Magdalena fueron al pueblo y se entrevistaron con el alcalde en presencia del párroco. Los ánimos se apaciguaron pero las religiosas marcharon para siempre de Vélez. A sor Visitación le fue quitado el hábito y el escudo de profesa.
Las hostilidades de Málaga