Los misterios gloriosos son parte de la oración católica del Rosario, en concreto la última de las cuatro series de cinco misterios. Después de los misterios gozosos del anuncio y la infancia de Jesús, los misterios luminosos de la vida pública de Cristo y los misterios dolorosos de la pasión, los misterios gloriosos abarcan desde la Resurrección de Cristo hasta la Coronación de la Santísima Virgen.
Desde la institución de los misterios luminosos por Juan Pablo II, se reservan el miércoles y el domingo para recitar y meditar los misterios gloriosos.Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, Juan Pablo II, 16 de octubre de 2002Se incluye la designación en latín entre paréntesis después del nombre de cada misterio. centro|miniaturadeimagen|Vitral de los misterios gloriosos en la Iglesia de Montlouis-sur-Loire, Francia.
La Resurrección miniaturadeimagen|Resurrección del Señor, de Bartolomé Esteban Murillo.
La resurrección de Cristo, al tercer día después de su entierro ()
En el Nuevo Testamento
Según Mateo "Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago, y su vestido, blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados al verlo, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado. Pero no está aquí, pues ha resucitado, como había anunciado. Venid, ved el lugar donde estaba. Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis.’ Ya os lo he dicho.» Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos."
En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Salve!» Ellas, acercándose, se asieron de sus pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: «No temáis. Id y avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»"
Según Marcos "Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarlo. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas a otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?» Pero, al alzar la mirada, vieron que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dijo: «No os asustéis; sé que buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Pero ha resucitado, ya no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron. Id, sin embargo, a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo.» Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo...
Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos, cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos." izquierda|miniaturadeimagen|Vitral de la Resurrección en la Abadía de Lambach, Austria.
Según Lucas "El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro. Al entrar, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían qué pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Asustadas, inclinaron el rostro a tierra; pero ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea, cómo os decía: ‘Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, pero al tercer día resucitará.’» Y ellas recordaron sus palabras.
Regresaron, pues, del sepulcro y anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que referían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana, María la de Santiago y las demás que estaban con ellas. Pero a ellos todas aquellas palabras les parecían desatinos, y no les creían.
Con todo, Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero, al ver sólo los lienzos, se volvió a su casa, asombrado por lo sucedido."
Según Juan "El primer día de la semana fue María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra estaba retirada del sepulcro. Echó a correr y llegó donde Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús quería, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Al asomarse, vio los lienzos en el suelo; pero no entró. Detrás llegó también Simón Pedro. Entró en el sepulcro y vio los lienzos en el suelo; pero el sudario que había cubierto su cabeza no estaba junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que, según la Escritura, Jesús debía resucitar de entre los muertos. Los discípulos, entonces, volvieron a casa.
Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro vio dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Le preguntaron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le preguntó Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dijo: «Señor, si te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, para que yo me lo lleve.» Jesús le dijo: «María.» Ella se volvió y le dijo en hebreo: «Rabbuní»—que quiere decir ‘Maestro’—. Replicó Jesús: «Deja de tocarme, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.» Fue María Magdalena y dijo a los discípulos: «He visto al Señor», y les repitió las palabras que Jesús había dicho."
En el De consensu evangelistarum de San Agustín de Hipona miniaturadeimagen|Vitral de la resurrección en la Basílica de Châteauneuf-sur-Cher, Francia. Al amanecer del primer día de la semana, como todos están de acuerdo, se fue al sepulcro. Ya había tenido lugar lo que sólo Mateo menciona respecto al terremoto, a la remoción de la piedra y al terror experimentado por los guardias, hasta el punto de yacer como muertos en alguna parte. Según relata Juan, fue María Magdalena, sin duda en compañía de otras mujeres que habían servido al Señor, mucho más ferviente por su amor, hasta el punto de que Juan la menciona sólo a ella, silenciando a las que fueron con ella, como atestiguan los otros. Fue, pues, y vio la piedra del sepulcro removida, antes de mirar alguna otra cosa con más atención; no dudando de que habían sustraído de allí el cuerpo de Jesús, echó a correr, como refiere el mismo Juan, y lo anunció a Pedro y al mismo Juan. Este es, en efecto, el discípulo a quien amaba Jesús.
Estos comenzaron a correr al sepulcro, y Juan, que llegó delante, se inclinó y vio colocados los lienzos, pero no entró. En cambio, Pedro, que llegó detrás, entró al sepulcro y vio los lienzos colocados y el sudario que llevaba en la cabeza, no puesto con los lienzos, sino enrollado aparte. Luego entró también Juan, vio lo mismo, y creyó lo que había dicho María, es decir, que habían llevado al Señor del sepulcro. Pues aún no conocía la Escritura, es decir, que convenía que resucitase de entre los muertos. Los discípulos se volvieron de nuevo a su casa. María, sin embargo, estaba fuera, llorando junto al sepulcro, es decir, delante de aquel lugar donde estaba el sepulcro excavado en la roca, pero dentro de aquel espacio adonde ya habían entrado. Allí había un huerto como menciona el mismo Juan. Entonces vieron a un ángel sentado a la derecha sobre la piedra del sepulcro removida, a que hacen referencia Mateo y Marcos. Entonces les dijo: No temáis; sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí, ha resucitado, según dijo. Venid y ved el lugar donde estaba puesto el Señor. Id rápidamente y decid a sus discípulos que ha resucitado. Mirad, él os precede en Galilea, donde le veréis. Ved que os lo he predicho. izquierda|miniaturadeimagen|Incredulidad de Santo Tomás, 1849, de Vicente López Portaña. Tampoco Marcos silenció cosas semejantes. Ante estas palabras, María, que seguía llorando, se inclinó y miró al sepulcro y vio dos ángeles, así dice Juan, de blanco, sentados uno a la cabeza y otro a los pies, donde habían puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor e ignoro dónde le han puesto. Aquí hay que entender que se levantaron los ángeles, y así los vieron también de pie, como recuerda Lucas, y que, según el mismo Lucas, dijeron a las mujeres temerosas y con su rostro inclinado a tierra: ¿Por qué buscáis al vivo entre los muertos? No está aquí, sino que ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando aún estaba con vosotros en Galilea, diciéndoos: Conviene que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, sea crucificado y al tercer día resucite. Y se acordaron de sus palabras. Después de esto María se volvió atrás, y, como dice Juan, vio a Jesús de pie sin saber que era Jesús. Le dijo Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando en el hortelano, le dijo: Señor, si lo llevaste tú, dime dónde le pusiste y yo me lo llevaré. Le dijo Jesús: María. Ella se volvió y le dijo: Rabí, que significa Maestro. Le dijo Jesús: No me toques, pues aún no he subido a mi Padre; pero vete a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y al Padre vuestro, al Dios mío y al Dios vuestro. Entonces salió del sepulcro, es decir, de aquel lugar donde estaba el espacio del huerto cavado ante la roca, y con ella las otras, de las que, según Mateo, se había apoderado un temblor y un pavor, y a nadie decían nada.
Entonces, ya según Mateo, en esto les sale al encuentro Jesús diciéndoles: Dios os salve. Ellas se le acercaron, se agarraron a sus pies y lo adoraron. Así deducimos que la doble alocución de los ángeles la escucharon al llegar al sepulcro, y la del Señor, una primera vez, en el momento en que María le tomó por el hortelano, y ahora, por segunda vez, cuando les salió al encuentro en el camino, para afianzarlas con la misma reiteración y liberarlas del temor. Entonces les dijo: No temáis; id, anunciad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán. Llegó, pues, María Magdalena anunciando a los discípulos que había visto al Señor y le había dicho eso. No sólo ella, sino también las otras mujeres mencionadas por Lucas, que lo anunciaron a los once discípulos y a todos los demás.Hipponensis, Aurelius Augustinus. De consensu evangelistarum. Recuperado de augustinus.it.
En el Catecismo de la Iglesia Católica "«Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe» (1Cor 15,14). La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó." (CIC, 651)
Según los métodos montfortianos
Tercer método