La iglesia abacial de Santa Fe de Conques () es una iglesia situada en la comuna francesa de Conques, en el departamento del Aveyron.
Está considerada como una pieza maestra de la arquitectura románica del sur de Francia, siendo especialmente célebre por su tímpano y por su Tesoro, que incluye obras de arte únicas datadas en el período carolingio. El interior se presenta decorado con vitrales de Pierre Soulages. Esta abadía fue fundada por el abad Dadon bajo la protección de Carlomagno.
Fue una parada popular para los peregrinos que hacían el Camino de Santiago hasta Santiago de Compostela (España). La iglesia abacial de Santa Fe forma parte de los Caminos de Santiago en Francia, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998 con el código 868-1038.
La articulación exterior, austera y rica, se caracteriza por el doble escalonamiento en horizontal y en vertical, de las capillas alrededor del deambulatorio del coro y del ábside hacia la torre del crucero en una superposición de volúmenes típica del arte románico
Historia thumb|left|La iglesia abacial de Sainte Foy, vista desde el oeste en un dibujo de 1887-1901.
thumb|left|Fachada occidental thumb|left|Vista lejana de la abacial de Santa Fe thumb|left|Vista lateral de la abacial de Santa Fe.
Fue fundado en 819 por el eremita Dado, que estableció una comunidad de monjes creando el monasterio de Conques (después Santa Fe de Conques), origen de la abadía. La principal villa del entorno era Montignac. El mismo año que se fundó se descubrieron los supuestos restos de Santiago en Compostela, Galicia, y la ruta de peregrinaje tuvo a Conques como una de las paradas secundarias; como lugar del turismo de la época los monjes intentaron mejorar trayendo algunas reliquias para así atraer más peregrinos. En 866 un monje fue al monasterio de Agen y años después trajo las reliquias de Santa Fe (Foy), virgen martirizada en 303 bajo Diocleciano y famosa por curar ciegos y liberar cautivos.
La principal atracción para los peregrinos medievales en Conques eran los restos de Santa Fe (Foy), una joven martirizada en el . Las reliquias de Santa Fe llegaron a Conques por robo en 866. Después de intentos infructuosos de adquirir las reliquias de san Vicente de Zaragoza y luego las reliquias de San Vicente Pompejac en Agen, las autoridades abaciales se fijaron en las reliquias de Santa Fe en la antigua iglesia de Santa Fe en Sélestat. La abadía de Conques abrió un priorato cerca del santuario en Sélestat. Un monje de Conques se hizo pasar por un monje leal en Agen durante casi una década para poder acercarse lo suficiente a las reliquias para robarlas.
El relicario de Santa Fe atrajo muchos peregrinos desviando a los peregrinos que antes iban a Agen y el monasterio prosperó; los peregrinos dejaban comida y joyas y los mejores herreros competían para crear ornamentos. En el se hizo necesario construir una iglesia más grande para acomodar al gran número de peregrinos y bajo la dirección del abad Odolrico (1031-1065) se empezó a construir la iglesia de la Santa Fe de Conques. Su cabecera fue finalizada antes del fallecimiento de éste en 1065. Posteriormente, los trabajos languidecieron un tanto y la nave no fue concluida sino a principios del , siendo considerada la obra maestra del románico occitano. Por otro lado, es posible que el monumento fuese modificado cuando ya se hallaban en curso los trabajos de construcción. Por su arquitectura, la iglesia abacial se relaciona con una serie de cinco edificios, a saber: la basílica de Saint-Martin de Tours, San Marcial de Limoges, Saint-Sernin de Toulouse y la catedral de Santiago de Compostela, todas ellas ubicadas en la vía de peregrinaje que supone el Camino de Santiago y presentando un conjunto de características comunes: planta con deambulatorio y capillas radiales, y transepto provisto de naves laterales para facilitar la circulación de los peregrinos. Estos rasgos comunes se extienden igualmente a la elevación y al sistema de contrafuertes. Sainte-Foy ha sido una de las principales fuentes de inspiración para las iglesias románicas de Auvernia.
La decadencia empezó al inicio del ; el prestigio de la orden del Cister establecida en Roergue hizo decaer a los monasterios benedictinos. La peste Negra en 1348 y la guerra de los Cien Años le asestaron el golpe definitivo, pero el tesoro de la abadía se conservó intacto. En 1514 François de Estaing, obispo de Rodés, acudió al monasterio para restablecer la disciplina pero los monjes no lo quisieron recibir, y finalmente en 1537 la comunidad fue disuelta por el papa y se creó una colegiata regular. Durante las guerras de religión, los hugonotes ocuparon Conques y en 1571 la iglesia fue saqueada, aunque el tímpano y el tesoro escaparon a la destrucción. La iglesia, no obstante, se hundió en parte al caer los grandes pilares afectados por el fuego. Los daños fueron reparados en parte.
Debido a su fragilidad y, especialmente, a la avaricia que las riquezas no dejaron nunca de inspirar, son raros los relicarios y objetos sagrados labrados en oro o plata que han logrado sobrevivir al transcurso del tiempo sin sufrir daños. Es pues un raro privilegio el de Conques, que ha sabido proteger no sólo su iglesia abacial románica, sino también su Tesoro milenario. No obstante, durante la Revolución francesa, el peligro se hizo bien presente para las riquezas del Tesoro de la abadía de Conques. El 15 de febrero de 1792 un decreto del representante de la Convención en el departamento del Aveyron anunciaba: «Todos los bienes en oro, plata, cobre o bronce, que puedan ser convertidos en moneda, y que se encuentren en las iglesias, serán enviados de inmediato a la Casa de la Moneda de Toulouse».
En Conques, en 1794, tuvo lugar un auténtico complot, urdido por André Bénazech, un sacerdote refractario (es decir, opuesto a la Constitución civil del clero), y antiguo canónigo, con la colaboración de algunos ayudantes. Aprovechando una tormenta, se dirigieron en la oscuridad de la noche a la abadía, provistos de cestos, se apoderaron de los relicarios y los repartieron entre ellos, dirigiéndose posteriormente cada uno a su casa para ocultarlos. A la llegada de los comisarios y gendarmes procedentes de Aubin, la cabecera de distrito, se cargó el latrocinio a la cuanta de unos hipotéticos caldereros ambulantes. A pesar de la investigación llevada a cabo, no hubo ningún resultado. Este robo provocó sonrisas entre los habitantes de Conques, que pusieron en circulación el rumor de que se trataba de una argucia urdida por la propia Santa Fe.
Acabados los tiempos turbulentos de la Revolución, el Tesoro salió de sus escondrijos (chimeneas, secaderos, jardines...) para volver a ocupar su lugar en el coro de la iglesia de la abadía de Sainte-Foy. El hecho de que todo el Tesoro fuese devuelto constituye un hecho a destacar, y pone de manifiesto la honradez de todos quienes intervinieron en el asunto; pero esta honradez estaba seguramente causada por la devoción popular hacia las reliquias de la santa, especialmente sentida entre los habitantes de Conques. Considerando que este respeto era «desgraciadamente muy raro en Francia», Prosper Mérimée tuvo en consecuencia «un gran placer en hacerlo constar.»
Arquitectura thumb|250px|Portada occidental de la iglesia El edificio original del monasterio que se construyó en Conques fue un oratorio del erigido por monjes que huían de los sarracenos en España. La capilla original fue destruida en el para facilitar la creación de una iglesia mucho más grande pues la llegada de las reliquias de Santa Fe hizo que la ruta de peregrinación se desviara de Agen a Conques. La segunda fase de la construcción, que estaba terminada para finales del , incluyendo la erección de cinco capillas radiales, el deambulatorio con un tejado más bajo, el coro sin la galería y la nave sin las galerías. La tercera fase de construcción, que fue terminada a principios del , fue inspirado por las iglesias de Saint-Sernin de Toulouse y Santiago de Compostela. Como la mayor parte de las iglesias de peregrinación, Conques tiene planta basilical que ha sido modificada para adoptar una planta cruciforme. Se le añadieron galerías sobre la nave y el tejado fue elevada sobre el transepto y coro para permitir a la gente circular en el nivel de la galería. La nave del oeste también fue añadida para permitir un deambular incrementado de peregrinos. La longitud exterior de la iglesia es de 59 metros. La longitud interior es 56 metros, y la anchura de cada transepto es de 4 metros. La altura de la torre sobre el crucero es de 26,40 metros de alto.
El interior thumb|La nave El interior de la iglesia abacial es de una enorme simplicidad. Los arcos de la nave principal son arcos de medio punto simples. Estos arcos se duplican en los de la galería, que tienen la mitad de la altura de los arcos principales con pilares de apoyo centrales. Versiones más estrechas de estos arcos se pueden encontrar también en el ábside. El pasillo alrededor del ábside está separada del santuario por pilares y por las capillas que se abren a partir del transepto. Hay tres capillas radiales que salen del ábside y dos capillas que salen del transepto. Las naves laterales tienen tejado de bóveda de cañón que estaba originalmente cubierta de estuco. La nave en Conques tiene techo con una bóveda de cañón muy alta (22 metros de altura) y con 60 cm de grosor. La nave está dividida en compartimento por pilares que se alzan a través de a galería y sobre la bóveda de cañón. Los pilares de las naves son gruesos bloques de piedra colocados horizontalmente y cubiertas bien con cuatro semicolumnas o cuatro pilastras. El interior de la iglesia tiene 20,70 metros de alto con el sentido de verticalidad intensificado por la pauta repetitiva de semicolumnas y pilastras que se van acercando al altar mayor.
La cúpula del crucero es un delicado octágono encuadrado. Las costillas se irradian desde el centro. Las figuras en las trompas son ángeles con expresiones realistas y ojos animados.
Hay 212 columnas en Conques con capiteles decorados. Constituyen un magnífico ejemplo del arte románico. Están decorados con una variedad de motivos incluyendo hojas de palma, símbolos, monstruos bíblicos y escenas de la vida de Santa Fe. En el quinto capitel del lado septentrional de la nave hay dos intrincados y expresivos pájaros. En el capitel correspondiente del lado meridional de la nave hay figuras humanas planas y sin vida. Las figuras parece que tienen cierto arqueamiento o joroba, como si estuvieran reaccionando al peso de los arcos sobre ellos. El más antiguo de dichos capiteles parece ser el que nos presenta a San Pedro crucificado cabeza abajo. Igualmente, se hallan presentes capiteles entrelazados (almocárabes). Son de destacar también los temas iconográficos relativos a combates entre caballeros y a hombres armados, tal vez relacionados con las Cruzadas. Funcionaban como libros de imágenes didácticas tanto para monjes como para peregrinos. Aún se ven algunas trazas de color en una serie de columnas.
La luz se filtra en Conques a través de grandes ventanas bajo las bóvedas de arista de las naves laterales y a través de las ventanas bajas por debajo de las galerías. Las ventanas en el triforio y la luz en la girola y las capillas radiales se centran directamente en el altar mayor. La nave recibe luz directa del crucero. Los vitrales de la iglesia abacial, obra de Pierre Soulages, otorgan un aspecto contemporáneo a la atmósfera sobria y recogida del edificio.