La III Asamblea General Extraordinaria del sínodo de obispos, convocada por el papa Francisco bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», se desarrolló en la Ciudad del Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre de 2014. Se le conoce como sínodo extraordinario de obispos sobre la familia, y en su tiempo algunos analistas lo consideraron como uno de los hechos más significativos del pontificado de Francisco, y un momento decisivo en su papado. Probablemente se trató de una de las reuniones de obispos que suscitó mayor interés mediático previo y polémicas más encendidas desde el Concilio Vaticano II; distintos participantes lo compararon con aquel histórico Concilio convocado 50 años antes y el arzobispo de Manila, cardenal Luis Antonio Tagle señaló que varios prelados «sintieron el espíritu del Vaticano II en este sínodo».

En la audiencia general del 10 de diciembre de 2014, el papa hizo un resumen del sínodo y señaló cuáles fueron los tres únicos documentos oficiales que de él surgieron: el breve mensaje final, la relación, y el último discurso del propio pontífice.

Además de la no utilización del latín como idioma oficial, sustituido por primera vez por el italiano, este sínodo se caracterizó por constituir la preparación de otro posterior, más largo y más extenso: la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos (2015), que trató un tema similar («Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia»). Recién al finalizar ese otro sínodo el papa presentó una exhortación apostólica postsinodal conclusiva sobre el tema: Amoris laetitia. Desde los contenidos, los dos sínodos conformaron una unidad en dos etapas, con un período en medio de casi un año. El teólogo y arzobispo de Chieti-Vasto, Bruno Forte, secretario especial del sínodo, señaló que ese período intermedio podría resultar determinante: «La gran novedad de la metodología del sínodo, que antes aparecía encorsetado, es este período entre los dos sínodos, porque va a involucrar a la base de la Iglesia, a los demás obispos y a los fieles».

En el cierre del sínodo, el papa Francisco beatificó a su predecesor Pablo VI en una multitudinaria ceremonia en la plaza de San Pedro.

Antecedentes y carácter extraordinario

Si bien existen dos antecedentes de sínodos extraordinarios de obispos,En concreto, los dos antecedentes son la I Asamblea General Extraordinaria de 1969 sobre «La cooperación entre la Santa Sede y las Conferencias Episcopales», y la II Asamblea General Extraordinaria de 1985 sobre el «Vigésimo aniversario de las conclusiones del Concilio Vaticano II». la convocatoria a la III Asamblea General Extraordinaria de 2014 resultó en más de un sentido única: Porque fue la primera vez que un papa convocó una asamblea de carácter extraordinario apenas ocho meses después de iniciado su pontificado. En el capítulo del Código de Derecho Canónico relativo a las asambleas sinodales, se establece que el sínodo de los obispos ha de reunirse en Asamblea General Extraordinaria cuando el asunto en cuestión, además de relacionarse con el bien de la Iglesia universal, requiere una «resolución rápida».En el capítulo referido al sínodo de obispos, el Código de Derecho Canónico vigente a partir del 25 de enero de 1983 especifica:Esta convocatoria solo fue superada en presteza por la del Concilio Vaticano II, ya que Juan XXIII anunció su intención de convocar el concilio a escasos tres meses de iniciado su papado. Porque se trató de la primera convocatoria de carácter extraordinario que tuvo en la familia su eje temático. El tema de la familia en particular solo había sido tratado en la V Asamblea General Ordinaria (26 de septiembre-25 de octubre de 1980) convocada por Juan Pablo II bajo el lema «La familia cristiana», que abonó la Exhortación Apostólica Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981).Familiaris consortio Porque incluyó temas derivados de situaciones social y eclesialmente controvertidas vividas por un porcentaje considerable de familias en las últimas décadas: los divorciados con nueva unión, la difusión de las parejas de hecho, las uniones entre personas del mismo sexo y su eventual adopción de hijos, los matrimonios mixtos o interreligiosos, la familia monoparental, la difusión del alquiler de vientres y el debilitamiento o abandono de la fe en el sacramento del matrimonio y en la confesión.

El sínodo forma parte de una ruta de trabajo que consta de dos etapas. La primera etapa se constituye con la III Asamblea General Extraordinaria en sí cuyo propósito, en palabras de Lorenzo Baldisseri, es «precisar el status quaestionis y recoger testimonios y propuestas de los obispos para anunciar y vivir el Evangelio con credibilidad para la familia»; la segunda etapa se integra con la Asamblea General Ordinaria prevista para 2015, cuyo objetivo consiste en «dar las líneas operativas para la pastoral de la persona humana y de la familia».

El nivel de importancia fue señalado por el propio director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

thumb|150px|Bruno Forte, arzobispo de Chieti-Vasto (Italia). Bruno Forte, arzobispo de Chieti-Vasto (Italia) y secretario especial de la asamblea, trazó una relación entre este sínodo extraordinario y el Concilio Vaticano II, por cuanto el enfoque para abordar los desafíos de la vida familiar en la actualidad sería el mismo que Juan XXIII anotaba en su diario poco antes de la apertura del concilio: «Mirar todo a la luz del ministerio pastoral, es decir: almas que salvar y que reconstruir».

Este tercer sínodo extraordinario fue el resultado de la primera ronda de reuniones del papa Francisco con el Consejo de Cardenales, conocido como el «grupo de los 8», realizada en la Ciudad del Vaticano del 1 al 3 de octubre de 2013. Cuando aún no se conocía si sería un sínodo ordinario o extraordinario, fue Francisco el que sugirió el tema:

Documento preparatorio thumb|140px|Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de Obispos, creado cardenal por Francisco el 22 de febrero de 2014, durante el período preparatorio de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos. La secretaría del Sínodo de Obispos, encabezada por Lorenzo Baldisseri, envió un cuestionario a las conferencias episcopales de todo el mundo a mediados de octubre de 2013. La finalidad de este cuestionario fue preparar un documento que sirviera de introducción al debate de los obispos. Así lo presentó la Agencia Informativa Católica Argentina:

El propio arzobispo Baldisseri señaló que no se trataba de un «sondeo», ni de un «referéndum», sino de «la voluntad de conocer directamente cuál es la experiencia de las personas, no solo individual sino también de grupo, para reunir datos estadísticos, reflexiones, elaboraciones».

El cuestionario preparatorio completo se difundió rápidamente a través del sitio web de la Santa Sede (en alemán, árabe, español, francés, inglés, italiano y portugués), y de diferentes medios y redes de comunicación.

Contrapunto

Tras el anuncio del sínodo extraordinario, y como respuesta a presuntas «intervenciones diversas, en particular acerca de la cuestión de los fieles divorciados vueltos a casar» y su acceso a los sacramentos, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, arzobispo Gerhard Ludwig Müller publicó en la edición del 23 de octubre de 2013 de L'Osservatore Romano un artículo titulado La fuerza de la gracia sobre la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio, presentado por la editorial «para profundizar con serenidad en el tema, que es cada vez más urgente, del acompañamiento pastoral de estos fieles en coherencia con la doctrina católica». Entre diversos puntos, el texto cancelaba de forma drástica la práctica vigente en las Iglesias ortodoxas sobre la posibilidad de una bendición de las segundas nupcias tras un recorrido penitencial para el cónyuge que fue abandonado.

En respuesta, el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Frisinga y miembro del Consejo de Cardenales conocido como «grupo de los ocho», señaló en el marco de la Conferencia Episcopal de Frisinga que reunió a los obispos bávaros de Múnich, Ratisbona, Passau, Augusra, Bamberg, Würzburg, Eichstätt y Speyer: «el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe no puede acabar con la discusión». Explicó también que un enorme número de fieles no puede comprender por qué «una segunda unión no sea aceptada por la Iglesia». Consideró que era inadecuado hablar sobre el divorcio simplemente como un «fracaso moral» y recordó la voluntad de Roma de que se realice una discusión amplia en toda la Iglesia en vista de la preparación del Sínodo.

thumb|El papa Francisco en la plaza de San Pedro, el 27 de noviembre de 2013, al día siguiente de la publicación de su exhortación apostólica Evangelii gaudium (en español, La alegría del Evangelio). La publicación de la carta apostólica Evangelii gaudium revitalizó la cuestión ya que, en uno de sus pasajes, pareció sugerir la posibilidad de estudiar que los divorciados casados en segundas nupcias pudieran recibir la comunión bajo ciertas circunstancias.

El teólogo heterodoxo Hans Küng, interpretó la cuestión como contrapunto entre el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y la figura del papa mismo.

La difusión de la exhortación apostólica papal fue ocasión para que Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de Obispos, señalara la importancia de otorgar un nuevo enfoque al tema del acceso a los sacramentos por parte de los divorciados vueltos a casar:

A pedido del papa Francisco, el 20 de febrero de 2014 el cardenal Walter Kasper tuvo a su cargo una introducción al consistorio de cardenales en la que trató temas del sínodo. Su alocución sugirió la necesidad de una solución para los divorciados vueltos a casar, que se sienten excluidos al no poder comulgar. Sin poner en duda la indisolubilidad del matrimonio, Kasper llamó a reflexionar sobre la posibilidad de volver a analizar las nulidades matrimoniales y sobre la readmisión en la eucaristía de los divorciados vueltos a casar por civil luego de un período «penitencial». En su disertación analizó el estado de la familia y concluyó con dos propuestas específicas relativas a los divorciados y vueltos a casar para considerarse en el sínodo. Su discurso fue publicado en italiano, y luego, con formato de libro breve (con un prefacio y reflexiones adicionales) en inglés, y en alemán.

Luego de su viaje apostólico a Tierra Santa, el papa Francisco señaló que el tema de la comunión de los divorciados en nueva unión no se reduce a una cuestión de casuística.

El primer borrador y respuestas al cuestionario Presidido por el papa Francisco, el Consejo Ordinario del Sínodo de Obispos se reunió el 13 y 14 de mayo de 2014 a fin de «analizar el primer borrador del Instrumentum laboris en vista de la III Asamblea General Extraordinaria». El Instrumentum laboris es un documento base cuya redacción se abonó con las respuestas al cuestionario que la secretaría del Sínodo remitió a todas las diócesis. Federico Lombardi comentó que estaría en manos de los obispos de todo el mundo «antes del verano» del Hemisferio norte. Junto con el estudio del borrador, se presentó una metodología sinodal nueva, a adoptar durante la Asamblea General Extraordinaria.

Además de los miembros del Consejo Ordinario propiamente dicho —entre quienes se contaban el relator general, cardenal Péter Erdő, y el secretario especial, arzobispo Bruno Forte—, participaron en las reuniones los cardenales André Vingt-Trois, arzobispo de París (Francia), y Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida (Brasil) y presidente de la Conferencia Episcopal del Brasil, invitados a participar en cuanto presidentes delegados junto con el cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila (Filipinas) en la III Asamblea General Extraordinaria.