La concesión Rudd (en inglés, Rudd Concession) es una concesión escrita de derechos exclusivos de explotación minera en Matabelelandia, Mashonalandia y otros territorios adyacentes en el moderno Zimbabue, firmada el 30 de octubre de 1888 por el rey Lobengula de Matabelelandia a Charles Rudd, James Rochfort Maguire y Francis Thompson, tres agentes que actuaban en nombre del político y empresario con actividades en Sudáfrica Cecil Rhodes. A pesar de posteriores intentos de rechazarla por parte de Lobengula, resultó la base para la Carta Real concedida por el Reino Unido a la Compañía Británica de Sudáfrica de Rhodes en octubre de 1889 y, posteriormente, para la ocupación de la Columna de los Pioneros de Mashonalandia en 1890, que marcó el comienzo del asentamiento europeo, de su administración y desarrollo en lo que con el tiempo se convirtió en Rodesia, llamado así por Rhodes, en 1895.

La búsqueda por parte de Rhodes de los derechos mineros exclusivos en Matabelelandia, Mashonalandia y las áreas circundantes fue motivada por su deseo de anexarlos al Imperio británico como parte de su ambición personal de la construcción de un ferrocarril de Ciudad del Cabo a El Cairo que conectara todas las colonias británicas de África. La obtención de una concesión minera le permitiría convencer al gobierno británico de que creara una compañía privilegiada con el poder de anexar y administrar la cuenca de los ríos Limpopo y Zambeze en nombre del Reino Unido. A principios de 1888 Rhodes organizó la firma de un tratado de amistad entre los británicos y la tribu matabele, y luego envió una delegación encabezada por Charles Rudd para obtener los derechos mineros. Este grupo superó a Edward Arthur Maund, empleado de un consorcio rival de Londres, y entabló largas negociaciones con el rey Lobengula y su consejo de líderes tribales llamados izinduna.

La concesión estipulaba que a cambio de armas y dinero, el rey concedía a Rudd el derecho exclusivo de explotar los recursos minerales en su territorio y el poder de defender esa exclusividad por la fuerza. Desde principios de 1889, el soberano intentó en varias ocasiones desautorizar el documento argumentando que había sido engañado respecto a los términos establecidos. En particular, argumentó que las restricciones a las actividades de los beneficiarios habían sido aceptadas verbalmente, y las consideraba parte del contrato. Trató de convencer al gobierno británico de que la concesión no era válida y envió emisarios a la reina Victoria en el castillo de Windsor, pero sus esfuerzos fueron en vano.

El consorcio londinense competidor y Rhodes unieron sus intereses y este último viajó a Londres en marzo de 1899. Su solicitud en conjunto de una carta real obtuvo un apoyo popular y político significativo en los meses siguientes y el primer ministro lord Salisbury aprobó su concesión en octubre. La Compañía Británica de Sudáfrica ocupó y anexó Mashonalandia un año después. Lobengula intentó oponerse a la concesión de Rudd otorgando derechos similares al empresario alemán Eduard Lippert en 1891, pero Rhodes adquirió esta concesión unos meses después. Las tropas de la compañía invadieron Matabelelandia durante la primera guerra matabele en 1894, y Lobengula murió de viruela en el exilio poco después.

Antecedentes 250px|miniaturadeimagen|Mapa del sur de África que muestra las migraciones que tuvieron lugar en las décadas de 1820 y 1830. Durante la década de 1810 el rey guerrero Shaka estableció en el sur de África el Reino zulú, cuando unió a varios clanes rivales en una monarquía centralizada. Entre los principales líderes y comandantes militares del Reino zulú se encontraba Mzilikazi, que disfrutó de un alto favor real durante un tiempo, pero finalmente provocó la ira del rey al ofenderlo de forma reiterada. Cuando Shaka obligó a Mzilikazi y sus seguidores a abandonar el país en 1823, se trasladaron al noroeste al Transvaal, donde se les conoció como los ndebele o matabele, nombres que se traducen como «hombres de escudos largos». En medio del período de guerra y caos llamado de forma local mfecane («aplastamiento»), los matabele se convirtieron rápidamente en la tribu dominante de la región. En 1836 negociaron un tratado de paz con Benjamin D'Urban, gobernador de la colonia británica del Cabo, pero el mismo año bóeres se trasladaron a la zona, durante su Gran Trek lejos del dominio británico en el Cabo. Estos recién llegados pronto derrocaron el dominio de Mzilikazi sobre el Transvaal, obligándolo a liderar otra migración hacia el norte en 1838. Cruzando el río Limpopo, los matabele se asentaron en el suroeste de la cuenca del Zambeze-Limpopo, en el área conocida desde ese momento como Matabelelandia.

La cultura matabele reflejó a la de los zulúes en muchos aspectos. El idioma de los matabele, el sindebele, se basaba en gran parte en el zulú y, al igual que Zululandia, Matabelelandia tenía una fuerte tradición marcial. Los hombres matabele pasaban por una educación espartana, diseñada para producir guerreros disciplinados, y la organización militar dictaba en gran medida la distribución de las responsabilidades administrativas. El inkosi («rey») nombraba a varios izinDuna, que actuaban como líderes tribales tanto en asuntos militares como civiles. Al igual que los zulúes, los matabele se referían a un regimiento de guerreros como impi. El pueblo mashona, que había habitado el noreste de la región durante siglos, superaba en gran medida a los matabele, pero eran más débiles militarmente, por lo que en gran medida entraron en un estado de sumisión tributaria. Mzilikazi acordó dos tratados con los bóeres de Transvaal en 1853, primero con Andries Potgieter —quien murió poco antes de que terminaran las negociaciones—, y luego con Andries Pretorius. El primer tratado, que no llevaba la firma de Mzilikazi, pretendía convertir a Matabelelandia en un virtual protectorado de Transvaal, mientras que el segundo, promulagdo más correctamente, comprendía un acuerdo de paz más equitativo.

180px|miniaturadeimagen|Rey Lobengula, en un dibujo póstumo basado en un boceto contemporáneo. Después de la muerte de Mzilikazi en 1868, su hijo Lobengula lo reemplazó en 1870, luego de una breve lucha por la sucesión. Alto y bien formado, Lobengula se consideraba generalmente reflexivo y sensato, incluso según los relatos occidentales contemporáneos. Según el cazador de animales mayores Frederick Hugh Barber, quien lo conoció en 1875, era ingenioso, mentalmente agudo y autoritario: «cada centímetro suyo es un rey». Con base en su kraal real en Bulawayo, Lobengula estaba al principio abierto a empresas occidentales en su territorio, adoptando ropa de estilo occidental y otorgando concesiones mineras y licencias de caza a visitantes blancos a cambio de libras esterlinas, armas y municiones. Debido al analfabetismo del rey, estos documentos fueron preparados en inglés o neerlandés por blancos que se instalaron en su kraal y, para asegurarse de que lo que estaba escrito reflejara genuinamente lo que había dicho, Lobengula hacía que sus palabras fueran traducidas y transcritas por uno de los blancos, y luego traducidas por otro. Una vez que el rey estaba satisfecho de la veracidad de la traducción escrita, firmaba, añadía el sello real —que representaba un elefante—, y luego hacía que el documento fuera firmado y presenciado por varios hombres blancos, al menos uno de los cuales también escribiría un endoso de la proclamación.

Por razones poco claras, la actitud de Lobengula hacia los extranjeros se revirtió de manera drástica a fines de la década de 1870. Descartó su ropa occidental en favor de prendas de piel de animal más tradicionales, dejó de apoyar empresas comerciales, y comenzó a restringir el movimiento de blancos dentro y alrededor de su país. Sin embargo, los blancos siguieron llegando, particularmente después del descubrimiento en 1886 de depósitos de oro en la República Sudafricana —o Transvaal—, lo que provocó la fiebre del oro de Witwatersrand y la fundación de Johannesburgo. Después de que los rumores se extendieran entre los buscadores de Witwatersrand —o Rand— de áreas aún más ricas, «un segundo Rand», al norte del Limpopo, los mineros comenzaron a migrar hacia el norte para buscar concesiones de Lobengula que les permitieran buscar oro en Matabelelandia y Mashonalandia. Estos esfuerzos fueron en su mayoría en vano. Aparte de la Concesión Tati, que cubría una pequeña franja de tierra en la frontera con el Protectorado de Bechuanalandia donde los mineros habían operado desde 1868, las operaciones mineras en la cuenca hidrográfica seguían siendo pocas y distantes entre sí.

La principal figura empresarial y política del sur de África en ese momento era Cecil Rhodes, hijo de un vicario que había llegado de Inglaterra en 1870, a la edad de 17 años. Desde que ingresó al comercio de diamantes en Kimberley en 1871, Rhodes había ganado un dominio casi completo del mercado mundial de diamantes con la ayuda de Charles Rudd, Alfred Beit y otros socios comerciales, así como el generoso respaldo financiero de Nathan Mayer Rothschild. Rhodes también fue miembro del Parlamento del Cabo, habiendo sido elegido en 1881. En medio del reparto europeo de África, previó la anexión al Imperio británico de territorios que conectarían el Cabo, en el extremo sur de África, con El Cairo, la ciudad egipcia en el extremo norte del continente, a través de la construcción de un ferrocarril que uniera las dos ciudades. Esta ambición fue desafiada en el sur por la presencia de las Repúblicas bóeres y, justo al norte de ellas, los dominios de Lobengula. El hecho de que la región de Zambeze-Limpopo no cayera en ninguna de las «esferas de influencia» definidas en la Conferencia de Berlín de 1884-1885 complicó aún más las cosas, ya que la República de Transvaal, los alemanes y los portugueses también estaban mostrando interés en la zona, para disgusto de Lobengula y Rhodes.

Tratado de Moffat 180px|miniaturadeimagen|Cecil Rhodes, en un dibujo de Violet Manners. Rhodes comenzó a abogar por la anexión por parte del Reino Unido de Matabelelandia y Mashonalandia en 1887 al presionar a varios altos funcionarios coloniales, principalmente el alto comisionado para África del Sur Hercules Robinson, y Sidney Shippard, administrador británico en la colonia de la Corona de Bechuanalandia —que comprendía la parte sur de ese país—. Shippard, un viejo amigo de Rhodes, pronto se convenció de la idea, y en mayo de 1887 el administrador escribió a Robinson apoyando firmemente la anexión de los territorios, particularmente Mashonalandia, que describió como «sin comparación, el país más valioso del sur del Zambeze». Sin embargo, fueron los bóeres los primeros en lograr éxitos diplomáticos con Lobengula. Pieter Grobler consiguió un tratado de «renovación de la amistad» entre Matabelelandia y la República Sudafricana en julio de 1887. El mismo mes, Robinson organizó el nombramiento de John Smith Moffat, un misionero de origen local, como comisionado asistente en Bechuanalandia. A Moffat, conocido por Lobengula, se le otorgó este puesto con la esperanza de que pudiera hacer que el rey fuera menos cordial con los bóeres y más probritánico.

180px|miniaturadeimagen|izquierda|Hercules Robinson, alto comisionado para África del Sur.