Julio Tobar Donoso (Quito, 25 de enero de 1894 - Ibídem, 10 de marzo de 1981) fue un diplomático, abogado y escritor ecuatoriano, erudito de la ciencia social y política del Ecuador. Durante el mandato de Carlos Arroyo del Río firmó el Protocolo de Río de Janeiro. Fue fundador de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador junto al Padre Aurelio Espinosa Pólit.
Biografía
Primeros años Hijo del Sr. Julio Tobar Yépez, un terrateniente de la provincia de Imbabura y de la Sra. Mercedes Donoso Freile nació en la ciudad de Quito el 25 de enero de 1894. Realizó sus primeros estudios en la escuela El Cebollar y en el pensionado elemental Pedro Pablo Borja, y la secundaria en el Colegio San Gabriel de los jesuitas donde se graduó de Bachiller. Fue en este colegio donde recibió una formación bajo el modelo de las Humanidades Clásicas, un sistema exigente donde empezó a desarrollar su habilidad para aprender idiomas que después desarrollaría a lo largo de su vida, logrando aprender el latín, el francés, el inglés, el italiano y el portugués. Después ingresó al Centro Católico de Obreros que luego le tocó presidir y comenzó a escribir en El Republicano, El Porvenir y en La Corona de María, pues desde los primeros cursos había amistado con el Padre Manuel José Proaño, quien le dirigía política y espiritualmente, inculcándole sus graves responsabilidades como intelectual católico. Finalmente ingresó a la Universidad Central del Ecuador, en Quito, donde el 14 de marzo de 1917 obtuvo el título de Doctor en Jurisprudencia con la tesis "La letra de Cambio", cuando tenía 23 años. Además, desde 1915 se afilió al Partido Conservador y llegó a ser activista y hasta dirigente.
Desarrollo de su carrera En 1918, recién graduado como doctor en Jurisprudencia, fue incorporado a la Sociedad de Estudios Históricos Americanos, la entidad científica fundada por el arzobispo e historiador Federico González Suárez. Cuando esta sociedad fue elevada oficialmente al rango de Academia Nacional de Historia en 1920, Tobar Donoso pasó a ser uno de sus miembros fundadores. Además, se uniría a la Congregación de Caballeros de la Inmaculada en ese mismo año. Empezaría a escribir para "El Comercio" e inició una serie histórico-biográfica sobre los primeros gobiernos de la República (Presidencia de Vicente Ramón Roca, Manuel de Ascásubi, Diego Noboa, José María Urbina y Viteri y Gabriel García Moreno).
En 1923, ingresó como miembro de número a la Academia Nacional de Historia, una institución que años más tarde llegaría a presidir. Sus investigaciones comenzaron a rescatar pasajes fundamentales de la historia de Ecuador, la evolución del derecho y la influencia de la Iglesia en la identidad ecuatoriana. En 1926 escribió para "La Defensa" una serie de biografías de ilustres católicos del . miniaturadeimagen|Puerta de la "Casa de Benalcázar" en Quito, donde después funcionaría el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica Además ingresaría a la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Tras ser admitido en 1925, asumió la dirección de la entidad en 1927. Dirigió en dos etapas a esta institución: primero de forma interina entre 1940 y 1945, y posteriormente como director titular desde 1965 hasta 1975. A lo largo de estos quince años impulsó el estudio filológico y la preservación del patrimonio lingüístico ecuatoriano. Por otro lado en el ámbito personal en 1919 contrajo matrimonio con Ángela García Gómez, sobrina-nieta de Gabriel García Moreno, con la que tuvo cinco hijos. Fue además uno de los fundadores del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica. Tobar Donoso asumió la presidencia de este organismo cultural a los pocos años de su fundación y bajo su liderazgo se organizaron conferencias, mesas redondas y publicaciones que buscaban investigar el periodo colonial. Fue aquí que en 1953 publicó una de sus obras más hermosas: «La Iglesia, Modeladora de la Nacionalidad», por la que en 1956 el Consejo de Quito le otorgó el «Premio Tobar». Su labor fue ampliamente reconocida a nivel internacional y por eso recibió la condecoración con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil que le otorgó el gobierno español en 1968.
Diplomacia en la Segunda Guerra Mundial A inicios de la década de 1940, Ecuador implementó una política migratoria restrictiva y antisemita. A través de circulares reservadas, Tobar Donoso ordenó a los cónsules ecuatorianos extremar la "escrupulosidad" al visar pasaportes de personas de "esa raza" (personas judías), argumentando la defensa del porvenir étnico, económico y moral de la Nación. En total contravía a estas directrices, Manuel Antonio Muñoz Borrero, quien se desempeñaba como cónsul de Ecuador en Estocolmo (Suecia), comenzó a emitir cientos de pasaportes y visados falsos a judíos europeos (principalmente polacos) para salvarlos del Holocausto. Al enterarse de este "escándalo" de contrabando de documentos humanitarios, Tobar Donoso ordenó febrero de 1942 la destitución inmediata de Muñoz Borrero y clausuró el consulado. A pesar de haber sido cesado, Muñoz Borrero retuvo clandestinamente los sellos oficiales y continuó enviando pasaportes que salvaron cerca de un millar de vidas, una hazaña que décadas después le valió el título póstumo de Justo entre las Naciones por parte de Yad Vashem. De forma paralela a estas restricciones migratorias, la cancillería dirigida por Tobar Donoso mantenía una relación cercana con el Tercer Reich, al punto que Ecuador llegó a alinearse con los intereses germanos en la Sociedad de Naciones antes de que la presión de Estados Unidos tras el ataque a Pearl Harbor obligara a romper relaciones. En reconocimiento a esta política de acercamiento y a sus decretos de exclusión migratoria, el gobierno de Alemania condecoró a Julio Tobar Donoso con la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana, la máxima distinción que el régimen nazi otorgaba a ciudadanos extranjeros (la misma que recibieron figuras como Henry Ford o el dictador Francisco Franco). Otros altos funcionarios de la cancillería ecuatoriana también recibieron grados menores de la misma orden.
El Protocolo de Río de Janeiro miniaturadeimagen|Firma del Protocolo de Río de Janeiro (1942) Como parte de la Cancillería, Tobar Donoso sería el diplomático que firmaría el polémico Protocolo de Río de Janeiro. El acto tuvo lugar en el marco de la Tercera Consulta de Cancilleres Americanos en Brasil, un escenario condicionado por el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la urgencia de Estados Unidos por consolidar la unidad continental frente a las potencias del Eje. Para el Ecuador, el contexto era crítico y desesperado: tras la invasión de 1941, las fuerzas armadas peruanas mantenían ocupada militarmente la provincia de El Oro y parte de Loja, ejerciendo una presión directa sobre las decisiones de la delegación ecuatoriana.
El canciller ecuatoriano Julio Tobar Donoso designado bajo la presidencia de Carlos Arroyo del Río enfrentó a su homólogo peruano, Alfredo Solf y Muro durante la firma del Protocolo. Los países mediadores fueron Estados Unidos (representado por Sumner Welles), Brasil (por Oswaldo Aranha), Argentina (por Enrique Ruiz Guiñazú) y Chile (por Juan B. Rossetti). Al final la delegación de Quito aceptó las condiciones impuestas para evitar que el conflicto fronterizo desestabilizara la seguridad del hemisferio en plena conflagración mundial. Finalmente, la suscripción del documento se consumó como una paz impuesta por la fuerza de las armas y la geopolítica global, obligando a Ecuador a ceder cerca de 200 000 kilómetros cuadrados de territorio amazónico en disputa. El tratado fue ratificado por los congresos de ambos países un mes después.
Fundación de la Universidad Católica de Ecuador miniaturadeimagen|Campus de la Universidad Católica de Ecuador Tras décadas de monopolio estatal de la educación superior laica, el gobierno de José María Velasco Ibarra dictó el Decreto No. 128 el 2 de julio de 1946, el cual autorizó finalmente el establecimiento de universidades privadas. Ante esta apertura, el Arzobispo de Quito, Carlos María de la Torre, impulsó el proyecto de crear una universidad católica, convocando para ello a la Compañía de Jesús y a intelectuales destacados en el medio. Por esta razón, Tobar Donoso en 1946 conformó el Comité Promotor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en Quito, junto con el Padre Aurelio Espinosa Pólit, a la que estuvo unido desde su fundación hasta el año 1972, como Decano de la Facultad de Jurisprudencia y como profesor de Derecho Político. La universidad abrió sus puertas formalmente el 4 de noviembre de 1946 en una modesta aula de la calle Bolívar, en el Centro Histórico de Quito, contando inicialmente con apenas 54 alumnos. La primera unidad académica en entrar en funciones fue la Facultad de Jurisprudencia, diseñada y liderada directamente por Julio Tobar Donoso. Tobar Donoso ejerció este decanato durante casi un cuarto de siglo (de 1946 a 1970).
Últimos años Durante la década de 1970, Julio Tobar Donoso comenzó a retirarse paulatinamente de la vida pública y académica activa debido al peso de los años. En 1975 cerró su ciclo de diez años como director de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Su fallecimiento ocurrió en su natal Quito el 10 de marzo de 1981, a los 87 años de edad. Su deceso fue lamentado por los círculos diplomáticos, eclesiásticos y académicos del país. Su funeral contó con altos honores de las instituciones que ayudó a fundar y dirigir, y sus restos fueron sepultados en la capital.
Reseña de sus investigaciones
Iglesia modeladora de la nacionalidad Libro prologado por el humanista Aurelio Espinosa Pólit, es un trabajo de investigación donde Tobar Donoso recorre toda la historia de Ecuador desde su conquista y fundación de la Real Audiencia pero lo hace con la tesis en mente de destacar los principales aportes y el rol que tuvo la iglesia al modelar a Ecuador como país. Habla acerca de la devoción por la eucaristía que existía desde la conquista, las primeras misas que se celebraron en ese territorio. También examina la función de la iglesia tanto en la fundación de las ciudades como en las misiones en el campo. Desarrolla el capítulo II sobre la relación entre la Iglesia y los indígenas, destacando la obra pastoral. Prosigue con un análisis de la importancia que tiene la figura de Santa Mariana de Jesús durante su vida en el pero también en los siglos posteriores. Desarrolla dos capítulos importantes sobre la educación y los hospitales que funcionaban bajo la administración de la iglesia y como estos surgieron a partir del catecismo y caridad, respectivamente. Los tres últimos capítulos investiga sobre el rol de la iglesia dentro de las independencias, el impulso que dieron a la ciencia y la promoción que imprimieron en el arte, especialmente la Escuela Quiteña. Es una obra de referencia que sistematiza el impacto social que tuvo la Iglesia Católica dentro de este país sudamericano.
Historiadores y cronistas de las misiones