El Valle del Hilo de la Vida es un sitio de interés natural y arqueológico ubicado en el departamento de Lavalleja, Uruguay. Se caracteriza por albergar un conjunto de aproximadamente 80 cairnes o montículos de piedra, cuya construcción se atribuye a grupos indígenas prehispánicos.

El valle debe su nombre al Hilo de la Vida, un curso de agua que nace en un manantial subterráneo y atraviesa el lugar formando una serie de pequeñas cascadas antes de desembocar en el arroyo San Francisco.Carbajal, Miguel. Uruguay, El País y sus diecinueve departamentos, Lavalleja. El País, 2007

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El Valle del Hilo de la Vida está ubicado en el departamento de Lavalleja, Uruguay, a 8 kilómetros de la ciudad de Minas. Se accede desde el kilómetro 346 de la Ruta 12.

El valle se desarrolla al pie de un cerro de 335 Metros sobre el nivel del mar, conformando un amplio anfiteatro natural desde el que se obtiene una vista panorámica de las Sierras de Minas y de algunos de sus principales accidentes geográficos, entre ellos el cerro Arequita, el cerro del Verdún, el cerro Campanero, el cerro del Cura, la Mina Valencia y el Templo Budista.

Cairns En la ladera noroeste del cerro se conservan cerca de ochenta cairnes o montículos de piedra construidos mediante la técnica de piedra seca. Se trata de estructuras formadas por lajas superpuestas, sin argamasa, distribuidas sobre el lado cóncavo del valle .En su interior identificaron piedras de menor tamaño y fragmentos de cuarzo blanco. Asimismo, señalaron que la técnica de construcción en piedra seca era habitual en la región y que el cuarzo constituye un material abundante en la zona. Desde finales del siglo XIX diversos investigadores han propuesto distintas interpretaciones sobre su origen y función. Daniel Granada (1896) y Orestes Clavijo sostuvieron que podían corresponder a monumentos funerarios indígenas. Sin embargo, investigaciones arqueológicas más recientes, desarrollados entre 2014 y 2022, dirigidos por Moira Baeza, descartaron la hipótesis de que los cairnes correspondieran a sitios de enterramiento, al no encontrarse evidencias que respaldaran esa interpretación.

El conjunto fue relevado y numerado en 1997 por el arqueólogo Jorge Baeza. Junto con Fermías, describió los cairnes como piedras ordenadas en círculo, orientadas con el eje mayor hacia adentro, perfectamente alineadas y rematadas con una piedra de cuarzo. En su interior identificaron piedras de menor tamaño y fragmentos de cuarzo blanco. Asimismo, señalaron que la técnica de construcción en piedra seca era habitual en la región y que el cuarzo constituye un material abundante en la zona.

Interpretaciones Las construcciones fueron mencionadas desde el siglo XIX por diversos viajeros y estudiosos. Durante su paso por la región en 1833, Charles Darwin comparó estas construcciones con otros apilamientos de piedra observados en Gales y las relacionó con una práctica extendida entre diferentes pueblos de levantar monumentos en sitios elevados. En su diario dejó la siguiente reflexión:

Décadas más tarde, el antropólogo Renzo Pi Hugarte retomó estas referencias al analizar las distintas interpretaciones propuestas sobre estas construcciones.

Creencias populares En torno al valle se han desarrollado diversas creencias populares que le atribuyen propiedades energéticas o electromagnéticas, motivo por el cual algunas personas practican allí actividades como la radiestesia. Hasta el momento, no existen evidencias científicas que respalden la existencia de fenómenos físicos anómalos en el lugar.

Referencias

Enlaces externos El laberinto de Salsipuedes Sitio web del establecimiento

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