Las Congregaciones Marianas (en latín, Congregationes seu sodalitates B. Mariae Virginis) son asociaciones canónicamente erigidas de la Iglesia católica fundadas en 1563 por el joven jesuita de Lieja, Jean Leunis, en el Collegio Romano de la Compañía de Jesús.

Tienen por fin fomentar en si y en otros la devoción a la Virgen María imitando sus virtudes y practicando las obras de misericordia y llevando a cabo obras de apostolado. En su origen fueron asociaciones para estudiantes, pero la bula papal, Superna Dispositione, permitió que hubiera Congregaciones Marianas también para adultos, bajo la autoridad del superior general de la Compañía de Jesús. A estas congregaciones se les permitió establecerse como grupos agregados a la Congregación del Colegio Romano. Más tarde se establecieron congregaciones para determinados grupos sociales, como sacerdotes, nobles, mujeres, comerciantes, obreros, empleados, casados, solteros, soldados, (ad infinitum). Lo que daba identidad a cada uno de estos grupos era su afiliación a la "Congregación Prima-Primaria" del Collegio Romano.

Definición

Las Congregaciones Marianas fueron una especie de entidades creadas en los Colegios de las Compañías durante la Edad Moderna y compuestas por personas mayormente jóvenes. Estas asociaciones tenían como finalidad conseguir algunos de los objetivos propuestos para la Orden ignaciana, así como volver a recuperar algunos de los territorios que se cayeron durante el protestantismo para la Iglesia católica, rehacer la sociedad cristianan atendiendo a la espiritualidad de la Contrarreforma, evangelizar las tierras nuevas, etc. Por otra parte, cabe destacar una de las funciones principales que tenían dicha congregación, la cual era ofrecer indudablemente la función asistencia y caritativa a las personas más necesitadas. Asimismo, estas asociaciones experimentaron un gran y rápido crecimiento pasando a convertirse en un grupo de personas combatientes, activistas católicos, personas que se mostraban fiel al Papa y por supuesto, capaces de dar lo imposible por mantener y seguir construyendo el reinado social de Cristo.

En cuanto a una de las características principales de dichas congregaciones destacamos que suponían ser el medio más eficaz y más rápido para poder llegar a Cristo, y presentaban tres elementos básicos los cuales eran: reconocer el patrocinio de la Virgen sobre cada participante y sobre toda la asociación; la inclinación por la Virgen igual que la Iglesia y los cristianos, aunque distinta respecto a la intensidad; y, por último, dicha congregación era considerada como un donativo y no como un voto o una promesa.

Asimismo, es necesario resaltar que existieron diferentes tipos de congregaciones marianas, como por ejemplo la congregación "Prima, primaria" o "Santa Ana", cuyos nombres eran determinados básicamente por la especialización social de cada una. Aun así, la mayoría eran asociaciones estudiantiles que pretendían garantizar la formación intelectual a través de una educación cristiana en el ámbito moral de estos y por supuesto, una preparación para el futuro y para que fuesen capaces de transmitir los valores y las normas que ellos habían aprendido.

Las Congregaciones Marianas son asociaciones religiosas destinadas a fomentar en sus miembros una ardiente devoción, reverencia y amor filial a la Santísima Virgen María; y por medio de esta devoción y de su patrocinio, hacer de los fieles congregados bajo su nombre cristianos de verdad. Fue la primera asociación religiosa en donde la mayoría de los miembros eran laicos o seglares, adelantándose en muchos siglos al papel de los laicos que consagró definitivamente el Concilio Vaticano II. Los laicos congregantes tienen desde sus inicios su vocación a la santidad que se traduce en las acciones de todo tipo que realizan cada día. Historia El fundador de las Congregaciones Marianas fue el jesuita de origen belga Juan de Leunis, cuando en el año 1563, funda en el Colegio Romano de la Compañía de Jesús la Congregación de "la Anunciata", con la idea de formar en los Colegios de la Compañía grupos de selectos que sirvieran de fermento en medio de la masa, alentados por un espíritu de iniciativa y superación y con la ayuda de la Madre del Cielo, a quien debían honrar y venerar de un modo especial.

Desde entonces, tanto en Colegios de la Compañía de Jesús como en Colegios de otras congregaciones, tanto masculinas como femeninas, han existido Congregaciones Marianas. Asimismo, han existido en Parroquias o ámbitos familiares y profesionales. Todas ellas han dado un fruto abundante en tareas de evangelización y labores asistenciales.

Las Congregaciones Marianas han sido apoyadas fuertemente por distintos Papas. Pío XII promulgó la Bula Bis Seculari en donde definió muchas de sus funciones y características espirituales y organizativas. En ella se definió la triple misión de todo congregante: santificación propia, apostolado y defensa de la Iglesia (comunión con el Papa). La característica constitutiva de un miembro de una congregación mariana es su consagración perpetua a la Virgen María: una consagración que no tiene el carácter de voto religioso, pero que la Iglesia reconoce como un compromiso real, una palabra de honor que tiene valor permanente. El teólogo jesuita Karl Rahner es quien más ha profundizado teológicamente acerca de esta figura de la consagración a la Virgen en una Congregación Mariana. Fundación

Las primeras congregaciones estaban formadas, sobre todo, por los chicos más jóvenes (pueri) del colegio, que iban a Misa a diario, practicaban la confesión semanal, la comunión mensual y hacían media hora de meditación cada día y practicaban otros ejercicios de piedad. La elección por Juan de Leunis de la Virgen María como patrona refleja el fuerte elemento mariano de su piedad personal, y también que él lo consideró adecuado para la edad y formación de sus miembros. Juan de Leunis reunía a quienes consideraba los mejores en torno a un altar de la Virgen y allí recibían formación y los domingos cantaban vísperas y se entregaban a las obras de misericordia.

En el año 1564 se constituyó la Congregación de al Anunciación con 73 miembros y 12 secciones. Rápidamente se extendieron a otros colegios de la Compañía de Jesús y se fundaron en París (1567), Douai (1573), Lima (1571), México (1574), Puebla (1580), etc.

En 1587, a petición de la Compañía de Jesús, el papa Sixto V emitió la bula papal Superna Dispositione, que dio al superior general de la Compañía de Jesús el derecho de agregar otras congregaciones a la Primera Congregación (la Prima Primaria), abriendo el camino para extender estas asociaciones a instituciones que no relacionadas con las escuelas o universidades jesuitas. Para poder gozar de los privilegios e indulgencias concedidas a la Prima Primaria deberían, en adelante las Congregaciones, agregarse a esta tamquam membra.

Del a la supresión de la Compañía de Jesús (1773) A finales del y durante el , los jesuitas extendieron el modelo de la Prima Primaria del Colegio Romano para establecer un número de Congregaciones similares en Europa, India y las Américas, como organizaciones de espiritualidad laical.

Hubo también modelos similares, aunque no agregados a la "Prima Primaria", como, por ejemplo, las confraternidades (o cofradías), fundadas por los jesuitas en Japón. A los pocos años de su llegada a Japón en 1549 , los jesuitas crearon comunidades de fieles católicos. Según el historiador jesuita John O'Malley, estos grupos, "eventualmente tuvieron ramas masculina y femenina y se dedicaron tanto a las obras corporales como espirituales de misericordia. Cuando la persecución comenzó en el , [las cofradías] resultaron ser las instituciones subterráneas en las que se mantuvieron la fe y las prácticas cristianas y se transmitieron a la siguiente generación. El líder de la cofradía actuaba como un pastor laico. En Europa, durante el , el número de Congregaciones fue del orden de 2.500. En los siglos y las Congregaciones dieron a la Iglesia no menos de 7 papas, 80 cardenales y muchos santos, entre los que se encuentran san Estanislao de Koska, san Juan Berchmans, san Luis Gonzaga, San Pedro Canisio, San Carlos Borromeo, san Francisco de Sales, san Juan Bautista de la Salle, etc. También fueron congregantes los empreradores Fernando II y Fernando III, los reyes Segismundo III, Ladislao IV y Juan Casimiro, de Polonia. Cerca de un siglo después, en 1748 , el papa Benedicto XIV, con la bula papal , Praeclaris Romanorum, quiso renovar el vigor de la vida de las congregaciones, pues en el estas habían caído en el pietismo y se había mitigado su espíritu apostólico.

De la supresión de la Compañía de Jesús hasta la actualidad Con la expulsión primero, de la Compañía de Jesús de Hispanoamérica (1767) y la supresión posterior de la misma en 1773 por el papa Clemente XVIV, las Congregaciones Marianas pasaron a ser de derecho diocesano, convirtiéndose en una institución normal Iglesia universal". Tras esta supresión, las congregaciones crecieron enormemente en el ; aumentaron de 2500 a 80 000 grupos. La consecuencia de este crecimiento fue una disminución del fervor y la relajación de las prácticas de la congregación. La vida espiritual de los miembros y las actividades sociales se relajaron reduciéndose a prácticas piadosas y a eventos anuales meramente simbólicos. Las Congregaciones Marianas se convirtieron en un movimiento piadoso de masas, a diferencia de lo que san Ignacio, Jean de Leunis o Aquaviva hubieran querido que fuesen. En el jugaron un gran papel caritativo en Francia y en el XX en España fueron muy dinámicas favoreciendo campañas por la buena prensa, catequesis en barrios marginales y obras sociales y políticas. En la persecución religiosa española del fallecieron 420 directores de congregaciones y en la guerra civil murieron 12 7000 congregantes. En el , y más en concreto en 1924, la Compañía de Jesús creó en Roma un secretariado central para las Congregaciones Marianas, con una intención renovadora de las mismas. Este secretariado publicó la revista Acies ordinata, revista mundial de las Congregaciones Marianas desde 1934 hasta 1968, que funcionó como órgano de formación para las mismas. Como consecuencia de la publicación de la Bis Saeculari (1948) se creó en 1953 la Federación Mundial de las Congregaciones Marianas. En 1952 existían 78 000 congregaciones y sumaban unos 6 000 000 de miembros.

El año 1967 es el año de la transformación de las congregaciones marianas dependientes de la Compañía de Jesús, en comunidades de vida cristiana, CVX, lo que supuso un cambio en la espiritualidad y carisma de las mismas. Este cambio consistió en enfocarse más en aspectos dedicados al servicio de las personas necesitadas, interpretando así la llamada del Concilio Vaticano II. Sin embargo algunas congregaciones marianas permanecieron como tales sin convertirse en comunidades de vida cristiana, adaptando sus reglas a los cambios del Concilio y al magisterio posterior, sin renunciar a su identidad fundacional ni a los pilares fundamentales de las Congregaciones que son: la santificación personal, la defensa de la Iglesia, el apostolado y la donación total de uno mismo con la consagración a la Virgen María.

En la actualidad, siguen teniendo vida activa numerosas congregaciones marianas, con una especial revitalización en Estados Unidos. En España, se celebra periódicamente un Encuentro Nacional de Congregaciones Marianas, reuniendo congregantes de diferentes puntos de la península: Madrid, Valencia, Lérida o Talavera de la Reina.

Magisterio pontificio sobre las Congregaciones Marianas Se cuentan 770 intervenciones del Magisterio desde 1584 hasta 1964. Estas abarcan desde aprobaciones de normas, concesiones de indulgencias radiomensajes, homilías de los papas, etc.