La Campaña de Cataluña (1713-1714) constituye, junto con la toma borbónica de Mallorca, la última fase de la guerra de sucesión española.Hernàndez & Riart (2007: 23) Mientras se negociaban en Utrecht los tratados que habrían de poner fin a la guerra, Felipe V, presionado por la reina Ana de Inglaterra, concedió el indulto general a los catalanes,Albareda (2010: 363)Albareda (2010: 389-390)Albareda (2010: 399) pero en el mismo no se comprometió a mantener sus leyes e instituciones propias, ni concedió la amnistía, tal como le solicitaban los británicos. Finalmente el gobierno de Londres, cuya prioridad era poner fin cuanto antes a la guerra, cedió y presionó a los austriacos para que firmaran el Convenio para la evacuación de Cataluña,Albareda (2010: 363)Albareda (2010: 373) al que siguió el Convenio del HospitaletAlbareda (2010: 366) por el que las tropas imperiales abandonaban el Principado de Cataluña, dejando pendiente la solución del llamado «Caso de los Catalanes» (que se concediera una amnistía a los catalanes austracistas y que se mantuvieran sus leyes e instituciones propias).Albareda (2010: 366)
Tras el abandono de las tropas imperiales Cataluña quedó ocupada por Felipe V salvo la fortaleza de Cardona y la ciudad de Barcelona,Albareda (2010: 367)Albareda (2010: 377) donde los Tres Comunes de Cataluña —Generalidad, Consejo de Ciento y Brazo militar— convocaron una Junta General de Brazos que el 6 de julio de 1713 decidió continuar la resistencia, ya que Felipe V ni había concedido la amnistía ni se había comprometido a mantener las instituciones y leyes propias del Principado. Pocos días antes, el 10 de junio de 1713, se había hecho pública una carta de Carlos de Austria en la que "procuraba desengañar a las autoridades catalanas de cualquier intento de resistencia" y en la que justificaba la retirada de sus tropas ("Si yo creyese que con el sacrificio de mis tropas pudiera aliviar vuestro desconsuelo, no tiene la menor duda que lo haría, pero perderlas, para perderos más, no creo sea medio que aconseja vuestra prudencia).Albareda (2010: 365) La decisión de la Junta de Brazos de continuar la resistencia fue interpretada por el bando borbónico como la persistencia en los delitos de rebelión y de lesa majestad. Por su parte los Tres Comunes de Cataluña, según Joaquín Albareda, argumentaron que "reaccionaban con violencia ante la violencia de un rey convertido en tirano y que pretendía oprimirlos".Albareda (2010: 370) En la proclamación de la continuidad de la resistencia por la Diputación del General se dijo que se hacíaAlbareda (2010: 368)
Cataluña, sin rey, ni virrey, se convirtió en una república de facto entre julio de 1713 y septiembre de 1714, lo que no significaba, según se recoge en el impreso Despetador de Catalunya publicado por la Junta de Brazos para justificar la continuidad de la resistencia, que los resistentes se propusieran crear un estado independiente sino que pretendían, partiendo del supuesto de la concepción federal o federada de la monarquía compuesta, luchar por «la libertad de España» y contra el «despótico poder que la gobernaba».Albareda (2010: 368-369) Los Tres Comunes de Cataluña alzaron un ejército propio nombrando por general comandante a Antonio de Villarroel e intentando a su vez recuperar el control del interior del territorio.Albareda (2010: 377) La contienda bélica que se libró con un grado de brutalidad y devastación, por ambas partes, como jamás se había visto en los años precedentes.Albareda (2010: 379-382)Albareda (2010: 398) Tras el Tratado de Rastatt (marzo de 1714), que ratificaba el abandono de los aliados a los catalanes, el gobierno de Felipe V ofreció a los rebeldes una salida negociada al conflicto, pero la radicalizadaAlbareda (2010: 381) «Junta de los 24 de Barcelona» —encabezada por Rafael Casanova— rechazó la proposición al no incluir el mantenimiento de las Constituciones catalanas. A pesar de un año de bloqueo contra la ciudad y la devastación que asolaba el interior de Cataluña, el equilibrio de fuerzas no se pudo romper hasta julio de 1714, cuando Luis XIV ordenó al ejército francés que entrara en España y se inició un verdadero asedio militar contra Barcelona que, tras 61 días, acabó con la rendición incondicional de los rebeldes austracistas el 12 de septiembre de 1714.
El comandante en jefe de los ejércitos borbónicos, el duque de Berwick, ordenó, siguiendo las instrucciones expresas de Felipe V y en contra de las garantías que les había ofrecido, que veinticinco de los oficiales que habían luchado en la defensa de Barcelona fueran detenidos y encarcelados. Entre ellos se encontraban los generales Antonio de Villarroel, comandante general del Ejército de Cataluña, y Joan Baptista Basset que había liderado la insurrección austracista del reino de Valencia de 1705. Muchos de ellos murieron en prisión y otros permanecieron en la cárcel hasta la firma del Tratado de Viena de 1725. Especial relevancia tuvo la ejecución del general Josep Moragues, que primero fue arrastrado por las calles por un caballo, luego degollado y cuarteado, y finalmente su cabeza fue colgada en una jaula en el Portal del Mar —una costumbre sólo aplicada hasta entonces a los bandoleros— para que sirviera de recordatorio de quién ostentaba ahora el poder en Cataluña tras la derrota austracista.
El 15 de septiembre de 1714 fueron abolidos los Tres Comunes de Cataluña —la Diputación del General, el Consejo de Ciento de Barcelona, y el Brazo militar de Cataluña—. Derogadas las Constituciones catalanas Felipe V promulgó los Decretos de Nueva Planta que instauraron el absolutismo en Cataluña. En el informe presentado ante el Consejo de Castilla el intendente José Patiño concluía «los Tres Comunes ruidosos y de más representación de todo el Principado, que sustentaron las turbaciones, por quienes se dirigió la rebelión y resistencia».Martí Fraga (2008: 71)
Antecedentes
En noviembre de 1700 la muerte sin descendencia del monarca de España Carlos II el Hechizado —de la Casa de Austria—, habiendo nombrado como su sucesor al duque Felipe de Anjou —de la casa de Borbón—, y la ratificación de este como sucesor, también, al trono de Francia, provocaría dos años después el estallido de una guerra mundial entre las Dos Coronas Borbónicas —Francia y España—, y las potencias de la Gran Alianza de La Haya —Inglaterra, Holanda y el Imperio Austríaco—, un conflicto que pronto se tornaría en guerra civil en la propia España entre los fieles a la Casa de Austria y los partidarios de Felipe V de Borbón.Albareda (2010: 27) En 1712 Inglaterra llevaba diez años en guerra para evitar que Felipe V pudiera unificar las coronas de España y Francia en su persona, lo que hubiera dado lugar a una gran potencia regida por la casa de Borbón que hubiera alterado el equilibrio de poder en Europa.Albareda (2010: 341) Pero el nombramiento del archiduque Carlos de Austria como nuevo emperador suponía la posible unión de España, Austria y el Imperio Germánico, regidos todos por la católica Casa de Austria, un peligro mucho mayor para Inglaterra pues el resurgir del bloque hispano-alemán, como en los tiempos del emperador Carlos V, daría lugar a una superpotencia mundial.Albareda (2010: 311) A partir de ese momento Inglaterra vio claras las ventajas de que el destino de España estuviera en manos del inestable Felipe de Borbón, una estrategia que se vio reforzada por la subida al poder en Londres del partido tory, partido favorable a acabar ya con tan larga guerra.Albareda (2010: 304) El diplomático francés Nicolas Mesnager estableció los preliminares para la negociaciónAlbareda (2010: 306) y en enero de 1712 se iniciaron en la ciudad de Utrecht las conversaciones formales entre Francia e Inglaterra sin que a España se le permitiese inicialmente la asistencia.Albareda (2010: 319)
En mayo de 1712 el secretario de estado británico Henry Bolingbroke ordenó la retirada de las tropas inglesas de España y el cese de toda actividad bélica en el continente.Albareda (2010: 319) Para el historiador borbónico Belando la «división de los ingleses en aquella situación de cosas fue la saeta más penetrante que atravesó el corazón de los catalanes, porqué habían concebido grandes esperanzas de los ingleses, y cuando se hallaban más animosos vieron lo que jamás imaginaron».Riera Hernández, Javier (2008); «Una visió contraposada del setge de 1714: els cronistes borbònics Vicente Bacallar i Nicolás de Jesús Belando», en Pedralbes: revista d'història moderna; ISSN 0211-9587, nº 28 (2); pp. 297-314 La coalición aliada se resquebrajó: Austria y Holanda intentaron continuar la guerra en solitario pero, ya sin la ayuda militar inglesa, sus ejércitos fueron completamente derrotados el 24 de julio de 1712 en la batalla de Denain (Francia).Albareda (2010: 319) A remolque de los acontecimientos los embajadores del emperador Carlos de Austria propusieron entonces la división de la Monarquía de España en tal manera que la Corona de Aragón, los Países Bajos españoles, y territorios españoles en Italia fueran para la Casa de Austria, mientras que la Corona de Castilla continuaría bajo el dominio de Felipe V.Sanpere (1905: 6) Este rechazó tal reparto y propuso la división de España cediendo tan sólo los territorios que ya había perdido —Países Bajos españoles y los reinos de Italia—, pero señalando que sus armas dominaban todo el reino de Aragón, el reino de Valencia, y la mitad de Cataluña, se negaba tajantemente a entregar también la Corona de Aragón.Albareda (2010: 321) Por su parte ingleses y franceses concretaron un primer principio de acuerdo: Inglaterra reconocía a Felipe V como legítimo monarca español y este a cambio renunciaba al trono de Francia.Albareda (2010: 317) El 5 de noviembre de 1712 Felipe V hizo pública ante las Cortes de Castilla su renuncia a la Corona francesaAlbareda (2010: 328) y, respectivamente, sus familiares duque de Berry y duque de Orleans renunciaron a sus derechos a la corona española, con lo que se desvanecía toda amenaza de unión entre España y Francia eliminándose así el principal escollo para la paz.Albareda (2010: 320)Alegria y Charlain; Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio (1843); p. 94; «Renuncia de Felipe V a la corona de Francia y de los duques de Berry y Orleans a la de España» Inglaterra restableció relaciones diplomáticas con España y el marqués de Monteleón fue nombrado embajador español en Londres. Quedaba por resolver el «Caso de los Catalanes» —el régimen político en que quedaría Cataluña bajo Felipe V—, dado que por el Pacto de Génova Inglaterra se había comprometido a defender las constituciones catalanas fuera cual fuera el resultado de la guerra, un régimen que Felipe V rechazaba de plano mantener.Albareda (2010: 323)Albareda (2010: 389)