thumb|300px|Franco junto a Heinrich Himmler en el Palacio de Oriente durante la visita que hizo a España el líder nazi en 1940. La política respecto de los judíos durante el franquismo estuvo determinada por la actitud de Francisco Franco hacia los judíos que se movió entre filosefardismo y el antisemitismo con raíces en el antijudaísmo cristiano. Además estuvo condicionada por la coyuntura internacional de cada momento. Así, se pasó del antisemitismo de los primeros años de la posguerra, coincidiendo con las victorias de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, a un debilitamiento del discurso antisemita tras la victoria de los aliados y sobre todo cuando a partir de 1950 el franquismo fue reconocido por las potencias occidentales a causa de la guerra fría. A partir de ese momento ganó terreno el filosefardismo, aunque la referencia al contubernio judeo-masónico-comunista-internacional volvió a aparecer en el último discurso que pronunció Franco en la Plaza de Oriente de Madrid el 1 de octubre de 1975, mes y medio antes de su fallecimiento.
Fundamentos ideológicos Franco y los judíos Según Gonzalo Álvarez Chillida, el general Franco fue "filosefardí desde sus años en la guerra de Marruecos", como lo prueba el artículo "Xauen la triste" publicado en la Revista de Tropas Coloniales en 1926, cuando tenía 33 años y acababa de ser ascendido a general de Brigada. En el artículo resaltaba las virtudes de los judíos sefardíes con los que había tratado –y con los que trabó cierta amistad: alguno de ellos le ayudó activamente en el alzamiento de 1936- que contrastaba con el "salvajismo" de los "moros". En su guion de la película Raza (1942) aparece un episodio en el que se refleja este filosefardismo. El protagonista visita con su familia la sinagoga de Santa María la Blanca de Toledo y allí dice: "Judíos, moros y cristianos aquí estuvieron y al contacto con España se purificaron". "Para Franco, como vemos, la superioridad de la nación española se manifestaba en su capacidad de purificar hasta a los judíos, convirtiéndolos en sefardíes, bien diferentes de sus demás correligionarios", afirma Álvarez Chillida. El filosefardismo de Franco se ha intentado explicar por sus supuestos orígenes judeoconversos –que algunos han relacionado incluso con su devoción a Santa Teresa de Jesús, de familia conversa- pero no hay ninguna prueba al respecto –al parecer el nazi Heydrich ordenó una investigación sobre la cuestión sin ningún resultado-. De todas formas el filosefardismo del general Franco no afectó a su política de mantener España libre de judíos, salvo en sus territorios africanos. thumb|Retrato de Teresa de Jesús (1614), a la que el general Franco tenía gran devoción. Se desconoce si Franco sabía que era de origen judeoconverso.
"Franco era mucho menos antisemita que muchos de sus compañeros de armas, como Mola, Queipo de Llano o Carrero Blanco, y ello influyó sin duda en la política de su régimen respecto de los judíos", afirma Álvarez Chillida. En sus discursos y declaraciones durante la guerra civil no utilizó ninguna expresión antisemita. Para él los enemigos son Rusia y el comunismo y la masonería, que dominan el bando republicano. Estas ideas procedían de los boletines de la Entente Internationale Anticommuniste con sede en Ginebra (Suiza) y a los que el general Franco estaba suscrito desde los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera.
Las primeras manifestaciones antisemitas se produjeron tras la victoria en la guerra civil, concretamente en el discurso que pronunció el 19 de mayo de 1939 en el desfile de la Victoria: "No nos hagamos ilusiones: el espíritu judaico que permitía la gran alianza del gran capital con el marxismo, que sabe tanto de pactos con la revolución antiespañola, no se extirpa en un solo día y aletea en el fondo de muchas conciencias". En su discurso de fin de año, cuando Hitler acababa de barrer del mapa a Polonia y estaba internando en guetos a los judíos polacos, justifica "los motivos que han llevado a distintas naciones a combatir y a alejar de sus actividades a aquellas razas en que la codicia y el interés es el estigma que las caracteriza, ya que su predominio en la sociedad es causa de perturbación y peligro para el logro de su destino histórico. Nosotros, que por la gracia de Dios y la clara visión de los Reyes Católicos, hace siglos nos libramos de tan pesada carga…". El 29 de mayo de 1942, en un discurso ante la Sección Femenina de Falange elogia de nuevo la expulsión de los judíos de España en 1492 afirmando a continuación que la política que aplicaron los Reyes Católicos en este tema era "totalitaria y racista, por ser católica".
La posición antisemita la mantuvo incluso después de que comenzaran los reveses para los nazis en la guerra. Así en abril de 1943, tras la derrota alemana de Stalingrado, el Generalísimo escribió al papa Pío XII:
Sin embargo los escritos más antisemitas de Franco son los artículos que con el seudónimo de Jakin Boor, que ya venía utilizando en sus colaboraciones para el diario falangista Arriba desde 1946, escribe para ese diario en 1949 y en 1950. En ellos vincula a los judíos con la masonería y los califica de "fanáticos deicidas", "pueblo enquistado en la sociedad en que vive" y "ejército de especuladores acostumbrados a quebrantar o a bordear la ley". Según Álvarez Chillida, esos artículos responden a la negativa del recién fundado Estado de Israel a mantener relaciones diplomáticas con el régimen franquista y a su voto contrario en la ONU al levantamiento de las sanciones internacionales contra España acordadas en 1946. En el artículo titulado "Acciones asesinas" publicado el 16 de julio de 1950 el general Franco da plena credibilidad a los Protocolos de los Sabios de Sión gracias a los cuales, según él, se ha podido conocer la conspiración del judaísmo "para apoderarse de los resortes de la sociedad". Según Álvarez Chillida este artículo es el más antisemita de los que escribió en Arriba con el seudónimo de Jakin Boor, porque además justifica la política antisemita de los Reyes Católicos con el "argumento" de que los judíos del se habían convertido en "sectas degeneradas, secretas, conspiradoras y criminales", que entre otros crímenes cometían el "asesinato de niños y adultos en reuniones secretas". "Como podemos ver —comenta Álvarez Chillida—, el filosefardismo de Franco tenía sus límites, que se hicieron evidentes cuando el Estado de Israel se interpuso en sus planes internacionales".
El antisemitismo: la conspiración judeomasónica thumb|Propaganda nazi de 1935 "denunciando" la acción de la judeo-masonería en varias revoluciones europeas: Revolución francesa, Revolución rusa de 1905, los Jóvenes Turcos, Revolución del 5 de octubre de 1910, Atentado de Sarajevo, Revolución rusa de 1917, Revolución de Noviembre, República Soviética de Baviera, República Soviética Húngara, Revuelta de julio de 1927, Proclamación de la Segunda República Española. En la zona sublevada durante la guerra civil española y durante el período de la dictadura del general Franco que coincidió con la Segunda Guerra Mundial se acentuó aún más el antisemitismo de las derechas antirrepublicanas al que Falange se sumó también –en el primer número de su diario Arriba España de Pamplona del 1 de agosto de 1936 apareció la consigna: ¡Camarada! Tienes la obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo.
Dado que en España no había judíos –excepto unos pocos miles en el Protectorado- este "antisemitismo sin judíos" tenía una función esencialmente ideológica: identificar al bando republicano con los judíos, recurriendo a los viejos estereotipos antijudíos todavía presentes en la memoria popular –así algunos campesinos de Castilla creían que los rojos tenían rabo como se decía de los judíos-. Y dentro de él desempeñaba un papel central el mito del complot judeomasónico que ya había servido a las derechas antirrepublicanas para explicar la caída de la monarquía en 1931 y del mundo tradicional y católico que se fue con ella. Tras el golpe de Estado en España de julio de 1936 que inició la guerra civil española el mito de la conspiración sirvió para fundir en un solo enemigo a las diversas fuerzas que luchaban por la República porque todas ellas estaban manejadas por los judíos para conducirla al comunismo. Eran los rojos. "El conjunto de esas fuerzas estaba a los órdenes del judaísmo, y su plan de sovietizar España se estaba realizando ya en el bando enemigo mediante atroces matanzas, la persecución religiosa y la revolución social que estalló al comenzar la guerra". En el Poema de la Bestia y el Ángel (1938) de José María Pemán Dios encarga a la Iglesia española enfrentarse al Oriente rojo y semítico, porque el agente de la Bestia (de Satanás) en la tierra es el Sabio de Sión –una idea que procede, claro está, de los Protocolos de los Sabios de Sión-.
El mito de la conspiración judeomasónica, como ha destacado Gonzalo Álvarez Chillida, servía además "para justificar moralmente la propia causa de la guerra. Quienes la habían iniciado al sublevarse, desarrollando luego una cruenta y prolongada represión, se limpiaban de toda culpa al convertir la contienda en una cruzada contra los enemigos de Dios, una defensa in extremis contra el plan satánico de sovietizar la católica España, que estaba a punto de culminar en el verano de 1936". El cardenal Isidro Gomá, primado de España declaró tras la toma de Toledo por los sublevados en septiembre de 1936:
Pocos meses más tarde en una pastoral acusaba a los republicanos de haber "empalmado oficialmente con judíos y masones, verdaderos representantes de la anti-España" para a continuación referirse a la presencia de rusos en el bando republicano: "Dolor de haber visto el territorio nacional mancillado por la presencia de una raza forastera, víctima e instrumento a la vez de esta otra raza que lleva en sus entrañas el odio inmortal a nuestro Señor Jesucristo". En una pastoral de septiembre de 1938 el obispo de León Carmelo Ballester afirmó que la guerra civil española era una guerra "del judaísmo contra la Iglesia católica". Añadiendo a continuación: "Válese el judaísmo en esta hora crítica de la historia de dos elementos formidables: …la masonería; … el comunismo y todas las entidades similares, distintos cuerpos del mismo ejército: el anarquismo, el anarcosindicalismo, el socialismo…".Álvarez Chillida, 2002, p. 185
Entre los militares sublevados también fueron muy frecuentes las invectivas antisemitas. El general Queipo de Llano en una de sus famosas charlas radiofónicas desde Sevilla dijo que la siglas URSS significaban Unión Rabínica de los Sabios de Sión. En 1941 Carrero Blanco, futuro cerebro gris del régimen franquista, interpretaba así la Segunda Guerra Mundial y el papel de España en ella:Álvarez Chillida, 2002, p. 186
La política judía del franquismo Según Joseph Pérez, "los actos del gobierno de Franco, desde una fecha muy temprana no se ajustan ni al antijudaísmo ni al antisemitismo, sino que aparecen conformes con el filosefardismo tal como lo concebía Primo de Rivera. Vemos, en efecto que, a pesar de los ataques verbales contra los judíos —las declaraciones ideológicas sobre el complot judeomasónico y la repetida aprobación del decreto de expulsión firmado en 1492 por los Reyes Católicos—, es aquella política, inaugurada en 1924, la que continúa". Pérez aporta como prueba la creación en 1941 de la Escuela de Estudios Hebraicos adscrita al CSIC que comenzó a editar la revista Sefarad.