La Iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario es el templo sede de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Queniquea, una de las comunidades parroquiales que conforman la Diócesis de San Cristóbal de Venezuela. La parroquia forma parte de la Vicaría del Espíritu Santo.
Ubicación
La sede y el templo parroquial se encuentran en la localidad de Queniquea. Su territorio corresponde al conformado por la entidad administrativa del municipio Sucre, a excepción de la comunidad de Altamira, que, por ubicación geográfica, es atendida por el párroco de La Fundación, en el municipio Uribante. Ambas jurisdicciones se encuentran en el estado Táchira, Venezuela.
Antigüedad
Es una de las parroquias más antiguas de la diócesis, con desde su erección como parroquia eclesiástica, realizada en 1853.
Historia
La historia de la parroquia se relaciona con el proceso de fundación y consolidación de la localidad de Queniquea.
Inicios
El 7 de octubre de 1808, el padre Casimiro Mora fundó, en la meseta de los indígenas kenikes, el pueblo de Queniquea. Para 1810, el padre Mora se encontraba en Queniquea levantando otra iglesia junto a los vecinos José María Roa, Cecilio Pérez, Isidro González, Jacinto Ramírez, Rafael Ramírez, Feliciano Pulido, Joaquín de la Rosa Pulido, José Florentino Pulido, Luis Antonio Moreno y Antonio Bernabé Vivas.
Para 1816, el padre Mora regresó a Queniquea y encontró desavenencias entre sus pobladores. Algunos querían al padre Mora como sacerdote, mientras que otros proponían la presencia de un cura con raíces queniqueas para la fundación del pueblo. Entre los representantes de este nuevo proyecto figuraban Venancio Escalante, Enrique Roa, Antonio María Contreras, José María Morales y Manuel Sánchez.
Traslado
El padre Mora había restaurado el monasterio del Río Bobo en 1806. Sin embargo, los queniqueos, que tenían mayoría de votos, pidieron que se trasladara a Queniquea la iglesia del Río Bobo, para lo cual ofrecieron donar nueve cuadras de tierra destinadas a la nueva iglesia.
En estas discusiones, los habitantes de Queniquea querían como párroco al padre Pablo Antonio Morales, cuyos antecesores estaban vinculados a los primeros fundadores de Queniquea. Esta solicitud fue dirigida al obispo por intermedio del vicario Fernando José García. Desde Maracaibo, el 21 de diciembre de 1817, el obispo decretó la traslación de la capilla de Río Bobo a Queniquea, convertida desde ese día en viceparroquia de Nuestra Señora del Rosario de Queniquea.
Para 1816, el obispo Rafael Lasso de la Vega continuaba su viaje a Bogotá, donde fue consagrado el 11 de diciembre de 1816 por el arzobispo Juan Bautista Sacristán. A su regreso a Maracaibo, el 30 de abril de 1817, envió su informe a su majestad, dando cuenta del estado de su diócesis.
Al referirse a La Grita, señaló que era una de las zonas más despobladas del obispado, pues en su vasto territorio solo tenía una parroquia y tres pueblos que habían sido de indios y que para entonces eran de blancos. Mencionó la idea de erigir un nuevo curato y de continuar el que ya había comenzado su antecesor. Se trataba de la viceparroquia de El Cobre y de la de Río Bobo y Queniquea.
Estos últimos sitios, debido a lo alejados que se encontraban de los centros de comunicación, pensaba agregarlos, incluso con traslación de sus vecinos, al sitio de La Higuera, en el río del Valle, aldea de La Grita. Allí debía edificarse una nueva capilla.
Los vecinos de Queniquea, representados por Venancio Escalante, Enrique Roa, Antonio María Contreras, José María Morales y Manuel Sánchez, solicitaron ese mismo año al obispo que reconsiderara su decisión. Tras una reunión entre las cabezas de familia de aquellos lugares, resolvieron pedir que la capilla se construyera en el sitio de la Mesa de Queniquea, también conocido como meseta de Queniquea. Argumentaban que el sitio de Río Bobo ya tenía una capilla y casa para el cura, construida en 1806 por el padre Casimiro Mora, por orden del obispo Hernández Milanés. Sin embargo, consideraban que este sitio no era céntrico ni apropiado y quedaba a trasmano de los vecinos, además de que se había hecho contra el sentir de la mayoría de sus habitantes, que la querían en la Mesa de Queniquea.
Así, los vecinos Enrique Roa y Antonio María Contreras ofrecieron donar para el vecindario y la fundación de la iglesia nueve cuadras de tierra, en el sitio donde estaba el vecindario de Queniquea. Asimismo, prometían pagar la congrua del cura y solicitaban que se nombrase párroco a Pablo Antonio Morales, clérigo tonsurado que cursaba estudios en el Seminario de Mérida.
Viceparroquia
Los antecesores del padre Morales se contaban entre los primeros fundadores de Queniquea. La solicitud fue dirigida por intermedio del vicario Fernando José García, quien simpatizaba con la causa de Queniquea e informó favorablemente la petición.
No todos apoyaban la solicitud de Queniquea. Los vecinos de Río Bobo se oponían, pues veían perder su preeminencia; también se opusieron Juan Andrés Roa y la viuda doña Luz Márquez, por otras causas.
Desde Maracaibo, el 21 de diciembre de 1817, el obispo decretó la traslación de la capilla de Río Bobo a Queniquea, convertida en viceparroquia de Nuestra Señora del Rosario de Queniquea. Aceptó la donación de las nueve cuadras de tierra prometidas para la iglesia y ordenó al vicario García trasladarse al lugar para la ejecución de lo dispuesto.
El 8 de abril de 1818, el padre García acudió a Queniquea para tomar posesión de lo donado, acto que se verificó ese día. A todo se le dio carácter formal ante el notario público eclesiástico, Facundo Morales.
Toma de posesión de lo donado
Posteriormente, el padre García, acompañado por los vecinos, tomó posesión de las nueve cuadras de tierra. Estas fueron alinderadas con sus mojones; se delineó el cuadro destinado a formar la plaza y, en el sitio donde se iba a construir la iglesia, en el punto correspondiente al altar mayor, se clavó una cruz. También se colocó la piedra fundamental de la obra y se bendijo el lugar.
Luego, el masón Tomás Pulido, diestro en la ebanistería, trazó las calles siguiendo el patrón de un poblado español y modeló la primera iglesia a escala de una iglesia perteneciente a la ciudad de León, en España.
La traslación de ornamentos de la capilla del Río Bobo estuvo a cargo de Jacinto Ramírez, quien se encargó de traer las imágenes de San José, la Virgen del Carmen, San Rafael, la Virgen de los Dolores, entre otras. La capilla del Río Bobo era conocida como la «Iglesia de las Guamas», pues con ese material se inició la construcción del antiguo monasterio, según información dada por Altagracia Peñaloza. En tiempos de la colonia, el valle del Espíritu Santo estuvo conformado como una gran hacienda de tabaco bajo el cuidado de los frailes franciscanos.
Después hubo celebración en aquella meseta, custodiada por altos cerros. Nacía oficialmente un pueblo por la voluntad de aquellos vecinos. Su población aumentó progresivamente con las migraciones de habitantes de La Grita y de otros lugares, que se refugiaron allí huyendo de la guerra.
Entre ellos estuvo el padre García, quien pasó allí un tiempo escondido de los españoles. La población de Queniquea, con esfuerzo, sacrificio y tesón, había logrado su viceparroquia y aspiraba a metas mayores. A través de insistentes empeños, consiguió que la Diputación Provincial la decretara parroquia civil el 12 de noviembre de 1838. La ordenanza decía lo siguiente:
«La Diputación Provincial de Mérida. Considerando: Que por la atribución 21 del artículo 161 de la Constitución, corresponde a las Diputaciones Provinciales acordar el establecimiento de nuevas poblaciones; y visto el informe del Concejo Municipal de La Grita acerca de las conveniencias de erigir en parroquia el barrio de Queniquea de aquella jurisdicción, por contar con más de quinientas almas».
Ordenanza
Art. 1.º Se acuerda el establecimiento de la nueva población o parroquia de Queniquea en la jurisdicción de La Grita. Art. 2.º El gobernador de la provincia, de acuerdo con la autoridad eclesiástica, procederá a fijar los límites de la nueva parroquia conforme a las leyes, y dispondrá lo conveniente para que, previa aprobación del Poder Ejecutivo, se elijan los magistrados que deben regirla.
Dado en Mérida, en la sala de sesiones de la Diputación Provincial, a doce de noviembre de 1838, de la Ley y 28 de la Independencia.
El presidente, Ignacio de Dios Picón. El secretario, R. Alvarado. Archivo General de la Nación, papeles del Ministerio del Interior y Justicia, folios 86 y 87, año 1838.
Límites parroquiales
La Cámara de Representantes confirmó la decisión el 23 de febrero de 1839 y la Cámara del Senado el 15 de abril de 1840. Por último, el gobernador y jefe superior político de la provincia, Gabriel Picón, decretó la nueva parroquia el 20 de julio de 1840.
Le fueron asignados como límites: al sur, desde la cima del Alto de Sumusica hasta dar con Las Agrias, al norte de la población; desde allí, por toda la cima de este alto hasta encontrar la línea que divide el territorio de La Grita del de San Cristóbal; al oeste, esta misma línea, siguiendo por la izquierda y dando la vuelta hasta remontar en el páramo de Sumusica, lindando por allí con Caparo y Pregonero; y al este, la cima del páramo del Guamal. Estos límites eran similares al territorio actual.
Parroquia eclesiástica
De esta manera, Queniquea fue una de las primeras poblaciones que obtuvo su separación de La Grita. Posteriormente, comenzó a solicitar también su erección como parroquia eclesiástica, dada la religiosidad de sus habitantes.
Así lo manifestaron en 1845, en la solicitud que dirigieron al obispo, pidiendo que se les dotara de cura permanente, pues el suyo, el padre Morales, se encontraba en La Grita. Alegaban que la población progresaba y que ya contaba con setecientas almas, según el censo de 1844. Firmaron la solicitud los jueces de paz Juan Andrés Escalante, José Antonio Carrero, Juan de la Cruz Zambrano, Alejandro Sánchez, Agapito Mora, Lucas Moreno, José Antonio Roa y varios otros, pero no obtuvieron resultado.
Cinco años más tarde, el 23 de diciembre de 1850, volvieron a insistir sobre la creación de la parroquia eclesiástica, manifestando que para la fecha tenían 883 habitantes. Los jueces de paz eran José Vicente Carrero y Patrocinio Carrero, y el síndico era Simón Ramírez.
El obispo debió conmoverse ante tanta insistencia, pues quince días después envió estas solicitudes al vicario de La Grita para su informe. El padre Ramón Ignacio Duque apoyó la creación de la nueva parroquia; en su informe dejó constancia de que el 20 de julio de 1851 Queniquea tenía novecientas nueve almas. Sus pobladores eran gente honrada y laboriosa, que proporcionaban al comercio de San Cristóbal utilidades considerables con los frutos que llevaban al mercado, principalmente harina y café.
La localidad tenía una iglesia de tapias techada de tejas, casa rural y cementerio cercado de paredes. El obispo dio su consentimiento para la creación de la parroquia eclesiástica el 13 de octubre de 1852. De acuerdo con la ley del patronato, continuó después la tramitación ante las autoridades civiles. El 31 de octubre la decretó el gobernador de la provincia, Ponce León. El 3 de enero de 1853 la aprobó el Poder Ejecutivo y, finalmente, fue elevada por el obispo de Mérida, monseñor Juan Hilario Bosset, el 21 de junio de 1853.
Territorio
El territorio correspondiente a la Parroquia Eclesiástica Nuestra Señora del Rosario de Queniquea es el mismo que el del municipio Sucre. Limita con las parroquias eclesiásticas de Nuestra Señora de los Ángeles, en La Grita, al norte; San José, en San José de Bolívar, al este; San José, en La Fundación, municipio Uribante, al sur; y al oeste con La Inmaculada Concepción, en La Florida, municipio Cárdenas, María Auxiliadora, en Cordero, y San Bartolomé, en El Cobre.
Se encuentra dividido de la siguiente manera: