thumb|250px|Expulsión de los judíos de España (año 1492), según Emilio Sala (1889).Este cuadro de pintura de historia reproduce una escena que el pintor justificó con este fragmento de William H. Prescott: Los judíos, que habían tenido aviso de lo que pasaba, recurrieron a su poderosa política ordinaria para granjearse la protección de los reyes: comisionaron a uno de los suyos para hacer un donativo de treinta mil ducados, con destino a los gastos de la guerra de los moros; pero esta negociación fue desconcertada de un modo violento por el inquisidor general Torquemada, el cual, entrando en el salón del palacio donde los reyes daban audiencia al comisionado judío, y sacando un Crucifijo de debajo de los hábitos, le presentó exclamando: «Judas Iscariote vendió a su maestro por treinta dineros de plata; Vuestras Altezas le van a vender por treinta mil; aquí está, tomadle y vendedle». Y dicho esto, aquel frenético sacerdote arrojó el Crucifijo sobre la mesa, y se salió. Los reyes, en vez de castigar semejante atrevimiento, o de despreciarle como simple arrebato de un loco, se quedaron aterrados. Uno de los numerosos comentarios contemporáneos a esta obra se refiere a la figura del judío que aparece de espaldas en primer plano, atribuyéndole una actitud altanera. Un comentario actual le atribuye una dignidad monumental... conseguida por la amplitud de sus gruesos ropajes y su actitud firme y contenida ante la acusación del inquisidor. Ninguno hace suposiciones en cuanto a la posible identificación de tal comisionado (pasajes citados en La pintura de historia del siglo XIX en España, 1992, Madrid: Museo del Prado, pg. 454-459. La obra de Prescott es Historia de los Reyes Católicos, D. Fernando y Dª Isabel, 1848, Biblioteca del Siglo. Volúmenes 3-4, pg. 61. Hay otras versiones similares de la intervención de Torquemada (Judas Iscariote vendió a su maestro por 30 dineros de plata, vuestras altezas lo van a vender por 30.000, ahí lo tenéis, tomadle y vendedle, vendedle vosotros por más precio y entregadle a sus enemigos, que yo me descargo de este oficio, vosotros daréis a Dios cuenta de vuestro contrato -citado en , consultado el 13/09/2010) pero la posición en la corte de Abraham Senior era precisamente la que se describe. La expulsión de los judíos de España fue ordenada en 1492, en Castilla y en Aragón, por los Reyes Católicos mediante el Edicto de Granada con la finalidad, según el decreto, de impedir que siguieran influyendo en los cristianos nuevos para que estos judaizaran. La decisión de expulsar a los judíos —o de prohibir el judaísmo— está relacionada con la instauración de la Inquisición catorce años antes en la Corona de Castilla y nueve en la Corona de Aragón, porque fue creada precisamente para perseguir a los judeoconversos que seguían practicando su antigua fe. Los judíos también fueron expulsados del reino de Portugal en 1497 y del reino de Navarra en 1498.

La expulsión puso fin a un período de vida judía abierta que se había prolongado durante unos 1.500 años desde los primeros asentamientos en la península ibérica, una presencia de gran continuidad histórica, solo comparable en duración a la de su patria ancestral en Israel y que quizá llegó a constituir la mayor comunidad judía de Europa en la Edad Media. El decreto de 1492 fue en realidad el desenlace de un siglo de persecuciones, matanzas (como las de 1391) y conversiones forzadas, mientras que la Inquisición prosiguió la represión de quienes continuaban practicando el judaísmo en secreto tanto en España como en América. Como ha señalado el historiador Julio Valdeón, «la expulsión de los judíos del solar ibérico es uno de los temas más polémicos de cuantos han sucedido a lo largo de la historia de España». Por su parte, el hispanista francés Joseph Pérez ha destacado las semejanzas que existen entre esta expulsión y la persecución de los judíos en la Hispania visigoda casi mil años antes.

El número de judíos expulsados en 1492 sigue siendo objeto de controversia: las fuentes de la época ofrecen cifras muy dispares —de 150.000 a 600.000—, mientras que los estudios modernos reducen las estimaciones a un rango de 50.000 a 200.000, con algunos historiadores sugiriendo que la mayoría de judíos españoles optó por convertirse en lugar de exiliarse, posiblemente en una proporción de hasta tres conversos por cada exiliado. Las cifras de exiliados también cubren a los que, probablemente en un número elevado, regresaron a España al cabo del tiempo y se convirtieron debido a las peores condiciones de sus lugares de acogida. Entre los que no volvieron, algunos marcharon a Portugal y Navarra, de donde serían también expulsados o convertidos por la fuerza en los años siguientes, mientras que otros se dirigieron al norte de África, a ciudades de lo que hoy son Marruecos y Argelia. Parte de ellos navegó hacia Italia y Provenza, y otros continuaron más al este, hacia los territorios del Imperio otomano y la Tierra de Israel.

En la actualidad, la mayoría de los descendientes de los judíos expulsados residen en Israel, mientras que existen comunidades sefardíes numerosas en Francia y en Norteamérica, junto a otras más pequeñas en Turquía y Marruecos. La evidencia genética indica que las poblaciones actuales de España, Portugal y las Islas Baleares presentan, según la región, niveles variables de ascendencia judía procedente de quienes permanecieron tras la expulsión. En 2015 las Cortes Generales españolas aprobaron una ley por la que se reconocía como españoles a los descendientes directos de los judíos expulsados entre 1492 y 1498.

Antecedentes

Los judíos en los Estados cristianos medievales peninsulares

thumb|left|Interior de la sinagoga del Tránsito de Toledo

El 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos conquistan el Reino nazarí de Granada. El último rey musulmán, Boabdil, se retiró a la región de La Alpujarra después de casi ochocientos años de presencia musulmana en la zona. De esta forma se pone fin a la Reconquista.

En una carta enviada por los Reyes Católicos al concejo de Bilbao en 1490 se decía que "de derecho canónico y según las leyes de nuestros reinos, los judíos son tolerados y sufridos y nos les mandamos tolerar y sufrir que vivan en nuestros reinos, como nuestros súbditos y vasallos". Como ha señalado Joseph Pérez, "hay que desechar la idea comúnmente admitida de una España donde las tres religiones del Libro –cristianos, musulmanes y judíos- habrían convivido pacíficamente durante los dos primeros siglos de la dominación musulmana y, más tarde, en la España cristiana de los siglos y . La tolerancia implica no discriminar a las minorías y respetar la diferencia. Y, entre los siglos y , no hallamos en la península nada parecido a la tolerancia". Henry Kamen, por su parte, afirma que "las comunidades de cristianos, judíos y musulmanes nunca habían vivido en pie de igualdad; la llamada convivencia fue siempre una relación entre desiguales". En los reinos cristianos, destaca Kamen, tanto judíos como musulmanes eran tratados "con desprecio" y las tres comunidades "vivían existencias separadas". En los reinos musulmanes, por otro lado, los cristianos y judíos eran obligados a pagar un impuesto para poder profesar su religión.

En los siglos y se recrudece el antijudaísmo cristiano en el Occidente medieval, lo que queda plasmado en las duras medidas antijudías acordadas en el IV Concilio de Letrán celebrado en 1215 a instancias del papa Inocencio III. Los reinos cristianos peninsulares no fueron ajenos al crecimiento del antijudaísmo cada vez más beligerante –en el código castellano de las Partidas se recordaba que los judíos vivían entre los cristianos para que su presencia recuerde que descienden de aquellos que crucificaron a Nuestro Señor Jesucristo-, pero los reyes siguieron "protegiendo" a los judíos por el importante papel que desempeñaban en sus reinos.

En el se termina el periodo de "tolerancia" hacia los judíos, pasándose a una fase de conflictos crecientes. Según Joseph Pérez, "lo que cambia no son las mentalidades, son las circunstancias. Los buenos tiempos de la España de las tres religiones habían coincidido con una fase de expansión territorial, demográfica y económica; judíos y cristianos no competían en el mercado de trabajo: tanto unos como otros contribuían a la prosperidad general y compartían sus beneficios. El antijudaísmo militante de la Iglesia y de los frailes apenas hallaba eco. Los cambios sociales, económicos y políticos del , las guerras y las catástrofes naturales que preceden y siguen a la Peste Negra crean una situación nueva. […] [La gente] se cree víctima de una maldición, castigada por pecados que habría cometido. El clero invita a los fieles a arrepentirse, a cambiar de conducta y regresar a Dios. Es entonces cuando la presencia del pueblo deicida entre los cristianos se considera escandalosa".

Las matanzas de judíos de 1391 y sus consecuencias

thumb|250px|Quema de judíos acusados de ser los causantes de la Peste Negra de 1348-1351. La primera ola de violencia contra los judíos en la península ibérica se produjo en el reino de Navarra como consecuencia de la llegada en 1321 de la cruzada de los pastorcillos desde el otro lado de los Pirineos. Las juderías de Pamplona y de Estella son masacradas. Dos décadas más tarde el impacto de la Peste Negra de 1348 provoca asaltos a las juderías de varios lugares, especialmente las de Barcelona y de otras localidades del Principado de Cataluña. En la Corona de Castilla la violencia antijudía se relaciona estrechamente con la llamada primera guerra civil castellana (1351-1369) en la que el bando que apoya al pretendiente al trono, Enrique de Trastámara, utiliza como arma de propaganda el antijudaísmo y acusa al rey Pedro I de favorecer a los judíos. Así, la primera matanza de judíos, que tuvo lugar en Toledo en 1355, fue ejecutada por los partidarios de Enrique de Trastámara cuando entran en la ciudad. Lo mismo sucede once años más tarde cuando ocupan Briviesca. En Burgos, los judíos que no pueden pagar el cuantioso tributo que se les impone en 1366 son reducidos a esclavitud y vendidos. En Valladolid la judería es asaltada en 1367 al grito de "¡Viva el rey Enrique!". Aunque no hay víctimas, las sinagogas son incendiadas.

Pero la gran catástrofe para los judíos de la península ibérica tiene lugar en 1391, cuando las juderías de la Corona de Castilla y de la Corona de Aragón son masacradas. Los asaltos, los incendios, los saqueos y las matanzas se inician en junio en Sevilla, donde Fernando Martínez, arcediano de Écija, aprovechando el vacío de poder que crea la muerte del arzobispo de Sevilla, endurece sus predicaciones en contra de los judíos que había iniciado en 1378 y manda derribar las sinagogas y requisa los libros de oraciones. En enero de 1391 un primer intento de asalto a la judería puede ser evitado por las autoridades municipales, pero en junio cientos de judíos son asesinados, sus casas saqueadas y las sinagogas convertidas en iglesias. Algunos judíos logran escapar; otros, aterrorizados, piden ser bautizados.

Desde Sevilla la violencia antijudía se extiende por Andalucía y luego pasa a Castilla. En agosto alcanza a la Corona de Aragón. En todas partes se reproducen los asesinatos, los saqueos y los incendios. Los judíos que logran salvar la vida es porque huyen –muchos se refugian en el reino de Navarra, en el reino de Portugal o en el reino de Francia; otros se marchan al norte de África- y sobre todo porque aceptan ser bautizados, bajo la amenaza de muerte. El número de víctimas es difícil de saber. En Barcelona fueron asesinados unos 400 judíos; en Valencia 250; en Lérida 68… vínculo=https://en.wikipedia.org/wiki/File:Vicente_Cutanda_-_A_los_pies_del_Salvador_(1887,_Prado).jpg|miniaturadeimagen|«A los pies del Salvador» (1887), pintura de Vicente Cutanda que representa la masacre de judíos en Toledo