El estandarte de San Mauricio es un confalón de motivo religioso que se encuentra custodiado en el Museo de Valladolid (España). Su creación data de 1604 y fue un encargo de la Casa Pía de la Aprobación para que presidiera la solemne procesión que tuvo lugar el 22 de septiembre de 1604, festividad del santo, con motivo del traslado de importantes reliquias de mártires tebanos desde dicha casa a la catedral de Valladolid.El encargo del estandarte está documentado entre los gastos que la Casa Pía de la Aprobación presentó aquel mismo año. La procesión y el traslado constituyeron una gran fiesta a la que acudieron los reyes, gente de la nobleza, gobernantes y el pueblo de Valladolid; el estandarte fue, junto con las reliquias, el gran protagonista. Tras este evento no volvieron a nombrarlo las fuentes históricas hasta que en 1876, cuando se estaba creando la Galería Arqueológica establecida en el Museo de Bellas Artes de Valladolid, situado en el Colegio de Santa Cruz, el ciudadano Cástor Sapela hizo donación del estandarte de San Mauricio.No hay más datos sobre esta donación; esta persona tenía una hermana monja y es posible que lo recibiera del convento.
Está pintado en tejido de seda; por su anverso tiene la efigie de San Mauricio y otros dos santos tebanos en el reverso. San Mauricio porta la palma del martirio y el bastón de alto rango del ejército español. Va vestido con armadura y celada de los siglos XIV al XVII. El recuadro de la orla presenta emblemas y escudos de personajes principales relacionados con el acontecimiento y los escudos de Castilla y León y de Margarita de Austria, esposa del rey Felipe III.
Se encontraba este confalón guardado con los fondos del museo de donde fue rescatado en 2011 para su restauración y posterior presentación en una exposición temporal sobre el tema que tuvo lugar en los últimos meses de 2012.
Antecedentes históricos thumb|Paso del Gran San Bernardo.La tradición describe a Mauricio el Tebano como jefe de una legión romana que procedía de la Tebaida egipcia. Durante el Imperio Romano, Diocleciano creó la provincia de Tebaida; allí estaban las guarniciones correspondientes a las legiones Legio I Maximiana y Legio II Flavia Constantia. Se dice que todos los integrantes de dicha legión eran cristianos coptos.
Durante el mandato del emperador Maximiano —año 285— dicha tradición asegura que la legión fue solicitada para engrosar el ejército de una expedición a la Galia. Cuenta la leyenda que después de salvar el difícil y peligroso paso de los Alpes por el Gran San Bernardo, se congregó el ejército para adorar y dar gracias a sus dioses romanos probablemente en el templo de Júpiter Penino. Mauricio y su gente no participaron en este acto y se retiraron a un lugar próximo conocido como Agaune, cerca del río Ródano. Maximiano les exhortó a que volvieran para tomar parte en la ceremonia religiosa y al negarse de nuevo el emperador dio la orden para ejecutar un castigo ejemplar, diezmando la tropa. Así sucesivamente hasta ser masacrados en número de 6 600. La tradición sitúa estos hechos en Vérolliez, a dos kilómetros al sur de Agaune.Capilla de los mártires Consultado el 5 de septiembre de 2013. La Historia dice que en este lugar existía una guarnición romana vigilando la ruta hacia Germania y la Galia del norte. Eloísa Wattemberg / Lourdes Amigo 2012: p. 13
Mientras que la leyenda narra así los hechos la historiografía moderna afirma que se trataba de un vexillatio o destacamento auxiliar compuesto por unos 200 a 500 hombres.
thumb|left|Dux Tebaidos, página de Notitia DignitatumEl obispo de Lyon Euquerio recogió —siguiendo testimonios orales— esta leyenda en su obra Acaunensium martyrum. Según estos testimonios, el obispo de Octodurum (Martigny (Valais)) llamado Teodoro (o Teódulo) había tenido una revelación que le indicaba el lugar exacto donde estaban enterrados los cuerpos de los mártires tebanos. El obispo mandó erigir un mausoleo cristiano para depositar los restos encontrados, mausoleo que se mantuvo hasta el año 515 cuando el rey burgundio Segismundo lo transformó en una abadía, la abadía de San Mauricio.
La información histórica más fiable sobre la legión tebana es la Notitia Dignitatum, documento romano que data entre los años 395 y 427. Este documento señala seis legiones tebanas pero ninguna perteneciente a los comienzos del , cuando se supone que tuvieron lugar los hechos. Pero sí hubo a partir de esta fecha legiones tebanas acampadas en Italia y en Agaune y su recuerdo en la transmisión oral pudo tal vez confundir al obispo Teodoro y relacionarlo con los restos de los mártires recién descubiertos. Eloísa Wattemberg / Lourdes Amigo 2012: p. 19
Contexto histórico La solemne y gran procesión que se organizó en Valladolid para llevar las reliquias de los cuerpos de los mártires tebanos tuvo lugar el 22 de septiembre de 1604. En aquellos años reinaba en España Felipe III casado con Margarita de Austria. Este monarca, a instancias y conveniencia del duque de Lerma había trasladado la Corte desde Madrid a Valladolid en 1601. Valladolid es pues en estos momentos capital de la Monarquía Hispánica, convirtiéndose en una ciudad próspera que pasó de los 36 000 habitantes de 1591 a los 70 000 alcanzados en estos cinco años de capitalidad. Eloísa Wattemberg / Lourdes Amigo 2012: p. 27 Cfr Gutiérrez Alonso Estudio sobre la decadencia de Castilla. La ciudad de Valladolid en el siglo XVII, Valladolid 1989. La inmigración era patente, acudiendo a la sombra de la corte tanto miembros de la Casa Real y nobleza como artistas y literatos además de pícaros, vagabundos y prostitutas.
Por aquel entonces la sociedad se regía según los principios del Absolutismo y la Contrarreforma. Era una sociedad jerárquica y sacralizada donde abundaban las iglesias y los conventos. Al frente de la gran religiosidad estaban los propios monarcas, especialmente la reina Margarita de Austria cuya devoción por las cosas santas, las reliquias, las ceremonias religiosas, su acercamiento a las monjas, era evidente y bien visto por la sociedad vallisoletana.
Valladolid fue una fiesta continua durante los cinco años que duró el asentamiento de la Corte. Se celebraban a menudo fiestas tanto sagradas como profanas.Juegos caballerescos, procesiones, fiestas por el nacimiento del príncipe, saraos, celebraciones de todo tipo, juegos de todas clases; nunca faltaba la fiesta de los toros. A la Ciudad (Ayuntamiento) le interesaba divertir al rey para que se encontrara a gusto y se prolongara lo más posible su estancia, por razones políticas y económicas y el duque de Lerma estaba igualmente interesado para seguir disfrutando del favor real y poder ocuparse él solo de los asuntos políticos y de gobierno. Tal era el ambiente en la sociedad de aquellos años cuando sucedió la llegada de las importantes reliquias de los mártires tebanos. Eloísa Wattemberg / Lourdes Amigo 2012: p. 32
Por otra parte, había una buena relación con los Países Bajos. Allí se encontraba como gobernadora Isabel Clara Eugenia, hermana de Felipe III, que había recibido de su padre como dote estos territorios. Beatriz de Zamudio, de familia hidalga de la casa de los Zamudio (Vizcaya) era una mujer muy religiosa, con fama de virtuosa y muy bien relacionada en la corte de Bruselas. Se hacía llamar Magdalena de San Jerónimo y había acompañado a Isabel Clara Eugenia como dueña de cámara en su viaje desde España, manteniendo siempre una estrecha amistad con ella. Obtuvo la licencia del papa Clemente VIII otorgada el 25 de mayo de 1601, [...] para que en la visitación que has de hacer [...] puedas extraer, recibir, tener voluntariamente en tu poder y trasladar a tu patria cualesquiera reliquias sagradas de santos y santas... Una vez obtenidas las reliquias y certificadas por el nuncio de Bélgica y con todos los papeles originales en regla, Magdalena de San Jerónimo preparó el viaje de regreso a Valladolid donde llegó bien recomendada por la gobernadora Isabel Clara Eugenia al rey, a la reina y al duque de Lerma. La intención de Magdalena era entregar las reliquias a la Casa Pía de la Aprobación, su gran obra benéfica y social en la que había empleado tanto tiempo y desvelos. Las reliquias constituían siempre un reclamo y en este caso la Casa Pía no fue una excepción y obtuvo bastante ayuda económica de nobles y gentes principales.
Las reliquias de los cuerpos santos tebanos se colocaron con todos los honores en una capilla de la iglesia de esta casa, tras una reja dorada, «... en un arca de terciopelo carmesí, guarnecida de plata de martillo [plata amartillada] y aforrada de tela de oro y plata...» Eloísa Wattemberg / Lourdes Amigo 2012: p. 55, 56 Cfr AMV, Actas, nº 29, 8-X-1604, f. 128r Al poco tiempo, Magdalena quiso donar a la Ciudad una de las reliquias tebanas y la Ciudad decidió que se guardase en la catedral para lo que se fue preparando la gran procesión y se hizo el encargo del estandarte que iría al frente del cortejo. Todavía en aquel momento no se mencionaba la reliquia como de San Mauricio sino como perteneciente a uno de los mártires de su legión; se le llamaba el santo mártir. Solo años después y por razones de conveniencia, la catedral divulgaría la posesión del cuerpo de San Mauricio y en ocasiones, de su cabeza.
Procesión y traslado a la catedral El Concilio de Trento había potenciado en gran medida la devoción y la afición por las reliquias y eso repercutió en el sentir de las gentes; cualquier fiesta que se hiciera en torno a una reliquia nueva y de cierta importancia era un motivo para participar con regocijo olvidando la miseria, la pobreza y los disgustos de cada día. Cuando Magdalena de San Jerónimo hizo donación al Ayuntamiento nada menos que de la reliquia del cuerpo de un mártir tebano, este decidió cederla a la catedral como el lugar más apropiado. El Ayuntamiento como representante político y el Cabildo catedralicio como responsable religioso prepararon la gran procesión para el 22 de septiembre de 1604. Al frente y como insignia-reclamo —o tal vez junto al arca de la reliquia— iría el estandarte de San Mauricio que se había realizado expresamente para esta acto.
thumb|Esta es una procesión de la Cruz de Mayo por la calle de la Platería; puede tener cierta semejanza con la procesión del estandarte.El cortejo tuvo carácter de procesión general, según informan las actas que se guardan en el AMV. Eloísa Wattemberg / Lourdes Amigo 2012: p. 61. Cfr AMV, Actas, nº 29, 15-IX-1605, f. 121v. Una procesión general está integrada por todas las corporaciones jurídicas locales dispuestas por orden jerárquico y según los criterios de dignidad, rango y honor. En el Valladolid de aquella época las cofradías penitenciales abrían el desfile seguidas de otras cofradías que se iban situando según la antigüedad. Después iban las cruces parroquiales, el clero regular y el clero secular. A continuación el Cabildo catedralicio y el obispo. Detrás el Ayuntamiento y en último lugar la Real Chancillería que no siempre asistía. En esta procesión del estandarte asistieron también los consejos de la ciudad. Como se trataba de un acto alegre, hubo participación de instrumentos musicales —se estilaban las trompetas y los atabales, unos tambores pequeños o tamboriles— y de grupos de bailarines provenientes de distintos puntos de la provincia.