mini|300px| Planta y perfil de las esclusas en la Descripción de los Canales imperial de Aragón i Real de Tauste del conde de Sástago (Mateo González, 1796). El conjunto de esclusas y molino de Casablanca o Puerto de Casablanca (antiguamente escrito como la Casa Blanca), también llamado como Almenara, Esclusas, Casa o Molino de San Carlos, es un complejo hidráulico situado en el paso del canal Imperial de Aragón por Zaragoza (España).
Fue inaugurado como parte de las obras del canal Imperial de Aragón en 1786 y formó parte integral de la vida zaragozana desde el . Fue un sitio de gran significado en la Ilustración en Aragón, en los sitios de Zaragoza de la Guerra de la Independencia y en la industrialización y electrificación del en la región. Como tal, formó el núcleo histórico del actual barrio y distrito de Casablanca, al que dio su actual nombre por sus características paredes blancas.
En la actualidad, sirve como pequeña central hidroeléctrica y como conjunto histórico en torno al cual se articula un parque conocido por la Fuente de los Incrédulos. Desde 2000 está protegido como bien de interés cultural.
Descripción El conjunto se encuentra en el kilómetro 81,5 del canal Imperial de Aragón. Las esclusas abarcan dos saltos de 3,25 metros cada uno, construidos en piedra caliza. Antiguamente estaban cerradas con compuertas de madera, hoy desaparecidas al haber perdido su uso tras desaparecer la navegación en el canal. Las cámaras que forman son de planta elíptica (con 9,75 y 35,10 metros en sus ejes) y tardaban en llenarse ocho minutos en su época de funcionamiento. Se trata de una tipología típica en la época, destinada a contener el empuje del agua contra el terreno mediante una estructura de bóveda. thumb|left|250px|La Fuente de los Incrédulos. En paralelo a las esclusas la corriente se encuentra con tres compuertas de arco adinteladas que desvían la corriente para uso humano. Sobre estas se sitúa la llamada almenara de San Carlos, siguiendo el esquema típico en la arquitectura del canal. Consta de una caseta de un piso, para operar las almenaras, y un módulo anexo de dos pisos, usado como estancia para el guardia. Ambos bloques están enlucidos en cal, dándole el color blanco que le ganó al edificio el nombre popular de "la Casa Blanca".
El molino anexo a esta edificación tiene dos pisos y es un ejemplo de la arquitectura industrial de la época. Es de planta rectangular con muros de piedra sillar también encalados, rematados con aleros y cubiertos por un tejado a cuatro aguas de teja árabe. Todavía se conservan los cárcavos del antiguo molino, que llegó a tener en funcionamiento seis muelas.
En las cercanías del molino se encontraban dos bloques más de planta rectangular y semejante apariencia. Uno, situado al oeste, era usado para batanes y hoy en día es oficina de ACESA (Confederación hidrográfica del Ebro). Frente a él, se construyó un dique para el funcionamiento como puerto, que permitía buques de 126x25 toesas, capaces de transportar 2700 arrobas. El otro edificio, situado al noreste y hoy desaparecido, era conocido como Casa de San Carlos y fue almacén del puerto y posteriormente posada para viajeros. Para prestar dichos servicios, contaba con unas caballerizas en las proximidades.
El complejo estaba circundado por una zona abierta, donde se ubica la Fuente de los Incrédulos y el actual parque de los Incrédulos. Un puente del Camino Real, cruzaba en las cercanías en su marcha desde Valencia hacia la ciudad. Por el puente pasaba la acequia que iba hacia la Romareda, cobrándose portazgo para el mantenimiento del mismo. El puente fue posteriormente ampliado para el tráfico a motor a costa de la Casa de San Carlos, siendo aún visible la estructura del puente original bajo el nuevo tablero de hormigón. En tiempos existió también una pequeña capilla en la zona, bajo la advocación de la Virgen del Pilar.
Historia Construcción La conexión del mar Cantábrico con el Mediterráneo fue un sueño estratégico aragonés en los tiempos ilustrados. La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País y, particularmente, Ramón Pignatelli promovieron desde 1776 la construcción del canal Imperial de Aragón para crear una vía navegable que permitiera a los productos aragoneses alcanzar el mar y desarrollar la agricultura de regadío.
Su paso por Zaragoza fue complejo por la orografía, siendo inevitable la creación de varios conjuntos de esclusas y obras singulares para salvar el río Huerva. El proyecto original, del ingeniero neerlandés Cornelis Krayenhoff, fue corregido y ejecutado por el ingeniero militar Julián Sánchez Boort y su equipo (entre los que se incluían Fernando de Ulloa y Luis Chimioni). Al lado de las esclusas más cercanas a la ciudad, y aprovechando que debían ser lugares de parada para las embarcaciones, se decidió erigir un complejo con muelles y almacenes para escala de los barcos que usaran el canal. Además, el desnivel de la llamada almenara de San Carlos permitió usar la corriente para mover un molino harinero y varios batanes como parte de la primera industria moderna de Zaragoza. thumb|right|300px|Antiguas esclusas de Casablanca. Las obras fueron largas y costosas. Tras diversos problemas de financiación por parte de los promotores del canal, las obras de las esclusas se empezaron en 1780 y se lograron terminar en 1782, aunque las aguas no llegaron a la Casa Blanca hasta 1784. La apertura de los siguientes tramos zaragozanos del canal, complicados por las dificultades que presentaba el suelo, se postergó dos años más y no fue hasta 1786 que se pudo inaugurar oficialmente el complejo. La inauguración de la Casa Blanca sirvió como celebración pública por las conclusión de las obras del canal, en un acto multitudinario que atrajo a la mayor parte de la población.
Las instalaciones fueron un punto singular como principal contacto entre la infraestructura y la mayor ciudad a la que servía. Mostrando su simbolismo, Pignatelli mandó erigir allí la Fuente de los Incrédulos como respuesta a los críticos del proyecto. Símbolos de la empresa hidráulica acometida, las esclusas se convirtieron desde el primer momento en uno de los símbolos zaragozanos. El viajero inglés Joseph Townsend las describió así en su periplo en 1786-1787:
En 1789 Pignatelli da orden de que empiece la navegación en el canal. En sus primeros momentos de vida, el puerto tuvo una actividad intensa. Una decena de barcosMaría del Carmen Sobrón habla de 10 barcos en 1804 y 11 en 1811 en sus Cuadernos de Zaragoza (recogido por Latas Fuertes) prestaban servicio regular transportando grano, sal y otros productos gracias a la fuerza del cierzo o de caballerías cuando el viento no bastaba. El trayecto entre El Bocal (Tudela) y el puerto de Casablanca, a media legua de Zaragoza, tardaba de 12 a 16 horas, reduciendo a la cuarta parte el tiempo que con respecto a un convoy terrestre. El camino inverso se debía hacer con tracción de sangre contra el viento y tardaba el doble.
Las principales mercancías transportadas eran trigo, desde la ribera navarra y la rica zona agrícola de las Cinco Villas hasta el mercado zaragozano en la ida y productos de la huerta aragonesa (regaliz, hortalizas) junto a pequeñas manufacturas en la vuelta. Durante la guerra del Rosellón (1793-1795), se añadió también un importante tráfico militar dadas las ventajas que ofrecía para el transporte de artillería y municiones. Para el transporte de personas se disponía de dos embarcaciones «como las de Holanda» de catorce plazas sentadas a cubierto (más otras en el exterior) que ofrecían servicios regulares a Tudela con paradas en el puerto de Casablanca y el puerto de Miraflores. p.150 (Latas op. cit.)
La Casa Blanca durante la Guerra de la Independencia Este nodo logístico fue especialmente relevante durante la Guerra de la Independencia, siendo usado el canal como parte de las principales rutas de abastecimiento del ejército ocupante francés. Sus rutas logísticas entraban en la península por Navarra, y al alcanzar Tudela, usaban el canal para proveer sus operaciones en Aragón y Cataluña.
La sublevación de la ciudad contra la ocupación francesa en mayo de 1808 obligó al partido antifrancés a tomar el canal, donde el funcionario del canal Antonio Lamana se distinguió por asegurar para los sublevados las barcas que lo surcaban. Como parte del rápido programa de fortificación de la ciudad por parte de Antonio de Sangenís, el canal fue reideado como una línea defensiva para cubrir el flanco sur de la ciudad, instalándose varios cañones en la Casa Blanca y otros puntos clave. Casablanca era clave para controlar el aprovisionamiento de la ciudad y su puente era uno de posibles cruces del canal para sorprender a los defensores, por lo que la dotación fue significativa. Como cita Agustín Alcaide Ibieca en su historia de los sitios:
Mientras, el recién investido comandante de los sublevados José de Palafox convocó a todas las embarcaciones disponibles en las instalaciones de Casablanca para enviar tropas a Tudela. El rápido avance francés hizo infructuosas las salidas desde el puerto de Casa Blanca. Pero a pesar del fracaso en socorrer la ribera del Ebro aguas arriba, Palafox logró a través de los puertos de Casablanca y Miraflores pertrecharse con armas y municiones antes de la llegada del ejército francés.
Tras haber fracasado la defensa adelantada zaragozana, las fuerzas francesas se apresuraron a asediar la ciudad. Uno de los combates claves tuvo lugar el 15 de junio de 1808 en la Casa Blanca, donde a pesar del duro recibimiento inicial que les brindaron los defensores, se rompió la línea de defensa al explotar uno de los cañones, quedando el otro dañado. Solo el ánimo de Escobedo, que pronto comprendió el riesgo que suponía para la ciudad la pérdida del puente que daba acceso por el sur y montó una segunda línea defensiva en el interior, evitó males mayores para los defensores.
El primer sitio resultante se saldó sin embargo con un fracaso galo, al no lograr cerrar el cerco. Incapaces de rendir la ciudad, tuvieron que terminar levantando el asedio tras llegar noticias de la derrota en Bailén. En su huida de la ciudad, abandonaron en el puerto de Casablanca importantes cantidades de armamento.
Sin embargo, la intervención personal de Napoleón cambió el curso de la guerra y el ejército francés no tardó en volver a intentar capturar la ciudad. Como medida preventiva, se cortó en octubre de 1808 el canal en Grisén, para impedir que la artillería y armamento pesado francés pudiera acercarse a la Casa Blanca. Las posiciones defensivas en la Casa Blanca se reforzaron con la formación de dos baterías artilleras y el talado de los olivos circundantes que limitaban la zona de tiro. Sin embargo, los comandantes de la posición desconfiaban de su seguridad. El responsable de la Casa Blanca, Federico Castañer, pidió en un parte más hombres y municiones mientras el comandante de artillería Luis de Gonzaga y de Villaba, luego respaldado por el propio Sangenís, alertaba a Palafox de la vulnerabilidad de la posición. A pesar de estas voces, Palafox se negó a dividir sus fuerzas más para reforzar la guarnición.
thumb|250px|Conmemoración de la rendición de la ciudad de Zaragoza durante los Sitios de la Guerra de la Independencia En mitad de estas operaciones, llegaron los franceses el 1 de diciembre. Ese mismo día, las baterías de Casablanca se estrenaron repeliendo un ataque sorpresa francés. El 20 de ese mismo mes fue atacada con fuerza la posición, cuyo comandante se vio superado y la abandonó previa inutilización de los cañones. Con esta derrota, el general Saint-Marq tuvo que replegarse de la línea defensiva del canal hacia la ciudad.