El Museo Nacional de Historia Natural, es la primera institución científica y museológica del Uruguay, una de las más antiguas del continente. Desde 2018 su sede se ubica la calle Miguelete 1825, en el Centro Cultural Miguelete, edificio de una antigua cárcel, en el barrio de Villa Muñoz, Montevideo.
Es uno de los cinco museos con el rango de Museo Nacional en Uruguay junto con el Museo Histórico, el Museo de Antropología, Museo de Artes Decorativas y el Museo de Artes Visuales.
Historia El 4 de septiembre de 1837, un decreto del Ministerio de Gobierno dispuso la creación de una Comisión encargada de organizar una biblioteca y un museo de historia natural, integrada por Dámaso Antonio Larrañaga, Teodoro Vilardebó, Bernardo Berro y otros referentes de la época. En ese mismo año, entre el 9 y el 14 de diciembre, el naciente Museo realizó su primera expedición científica, en la que participaron Vilardebó, Berro y Arsène Isabelle, con el objetivo de extraer el denominado “fósil del Pedernal”, uno de los primeros hitos de la actividad científica nacional.
El Museo abrió sus puertas al público el 18 de julio de 1838, exhibiendo colecciones que abarcaban fauna, flora, geología, paleontología y arqueología, reflejo del carácter integral del proyecto original. Su primera sede fue la Casa del Gobernador, en el sitio donde hoy se encuentra la Plaza Zabala, en Montevideo. miniaturadeimagen|Edificio de Correos y Telégrafos Sin embargo, este impulso inicial se vio interrumpido en los años siguientes debido a múltiples factores: la disolución de la Comisión en 1840, el impacto de la Guerra Grande (1843-1851), los viajes de Vilardebó al exterior, la muerte de Larrañaga en 1848 y la progresiva dedicación de Berro a la actividad política. Como consecuencia, la institución atravesó un prolongado período de deterioro hasta 1867, cuando fue trasladada hacia el edificio de Correos y Telégrafos en la calle Sarandí 472, compartido con la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación. Al año siguiente, ambas instituciones pasaron a depender de la Junta Económico-Administrativa de Montevideo con el fin de revertir su abandono, aunque esta situación se revirtió en 1870, al retornar a la órbita del Gobierno central.
Un inventario realizado en 1868 evidenció el alcance del deterioro: la Biblioteca había pasado de 6.443 a 1.849 volúmenes debido al saqueo y la desatención.
En respuesta a esta situación, en 1875 el Gobierno aprobó un Reglamento del Museo Nacional que estableció normas para su organización y asignó al director la responsabilidad directa sobre la administración y conservación de las colecciones. Poco después, en 1879, el Museo fue trasladado al ala oeste del Teatro Solís, donde permaneció durante más de un siglo. En ese momento, su acervo se estructuraba en tres secciones: Historia natural, Bellas artes e historia; sin embargo, en 1880 se produjo la separación de la Biblioteca Nacional, iniciando un proceso de diferenciación institucional.
La reorganización del Museo Nacional de Historia Natural se consolidó a partir de 1890, cuando se encomendó esta tarea a José Arechavaleta y luego a Carlos Berg, designado director ese mismo año. Bajo su impulso, se fortaleció el desarrollo científico y el crecimiento sostenido de las colecciones. En este período coexistieron dos direcciones: una para las secciones de Bellas Artes, Historia y Archivo, y otra para Historia Natural. El Museo reabrió al público en septiembre de 1891 y en 1894 comenzó a publicarse Anales, la revista científica más antigua del país.
El proceso de especialización institucional culminó el 10 de diciembre de 1911, cuando las secciones del antiguo Museo Nacional se independizaron, dando origen a tres entidades autónomas: el Museo Nacional de Historia Natural, el Museo Nacional de Bellas Artes (actual Museo Nacional de Artes Visuales) y el Museo Histórico Nacional. En este contexto de consolidación, en 1915 el Estado incorporó el herbario y la biblioteca de José Arechavaleta.
Desde entonces, las colecciones han experimentado un notable crecimiento. A modo de ejemplo, los mamíferos pasaron de 89 ejemplares en 1891 a más de 8.000 en la actualidad; las aves, de 911 a más de 6.500; los anfibios, de 79 a más de 10.000; y los peces, de 91 a cerca de 15.000. Asimismo, la biblioteca especializada, que contaba con 197 títulos tras su separación de la Biblioteca Nacional, alcanza hoy alrededor de 200.000 volúmenes, consolidándose como una de las más importantes de la región.
Instalaciones En el año 2000, tras permanecer durante casi un siglo en un sector del Teatro Solís, el Museo fue trasladado, iniciándose un período de relocalización caracterizado por la dispersión de sus servicios. La biblioteca fue alojada temporalmente en dependencias del taller de restauración de la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura, mientras que las colecciones científicas y la administración se instalaron en el antiguo edificio de la librería Barreiro y Ramos. Estas instalaciones resultaron inadecuadas para la correcta conservación y gestión del acervo museístico.
En 2006, el Museo se trasladó a una nueva sede en la Ciudad Vieja de Montevideo, instalada en una casona del siglo XX. Si bien las dimensiones del edificio limitaban el desarrollo de exposiciones públicas, este traslado permitió reunir nuevamente en un mismo espacio las colecciones científicas y la biblioteca. Asimismo, el acondicionamiento del inmueble posibilitó la reactivación de las actividades de investigación y conservación.
Un nuevo proceso de reorganización se inició en 2018, orientado a la instalación definitiva del Museo. En ese marco, se habilitó el edificio del antiguo penal de Miguelete, una construcción histórica proyectada por el ingeniero Juan Alberto Capurro, cuya apertura tuvo lugar el 18 de julio de 2018, en coincidencia con el aniversario de la institución.
La incorporación de este espacio permitió, entre otros avances, la reanudación de exposiciones públicas tras casi dos décadas de interrupción.
Colecciones right|miniaturadeimagen|El único cráneo conocido de Josephoartigasia monesi, el roedor más grande de la historia, es una de las piezas principales del museo. El acervo científico del Museo Nacional de Historia Natural está constituido por ca. 400.000 ejemplares botánicos, paleontológicos y zoológicos y cerca de 1000 ejemplares tipo. La biblioteca especializada en ciencias naturales cuenta con más de 200.000 títulos.
Botánica Cuenta con un Herbario de aproximadamente 80.000 plantas, principalmente fanerógamas, en su mayoría procedentes del Uruguay. Entre ellas se destacan los importantes Herbarios de Arechavaleta (constituidas por especímenes colectados entre 1862 y 1912, además de algunas colecciones anteriores, notablemente las de Arsène Isabelle, de 1837), Osten (donado al museo luego de la muerte del investigador alemán, y que incluye especies recolectadas en Misiones por el escritor Horacio Quiroga), y D. Legrand . Son de destacar las colecciones de gramíneas, portulacas y cactáceas. Además del Herbario General, se mantienen dos colecciones separadas: la de mirtáceas, que consta de unos 3000 ejemplares (con otros 1500 por ingresar), y la de helechos, preparada por E. Rosenstock, que consta de unos 550 de la región.
Las criptógramas están comprendidas en 4 herbarios:
Algas. Consta de especies atlánticas y platenses. Incluye una colección de 1500 algas de agua dulce, recolectada por Wittrock y Nordstedt, y con especímenes de Uruguay colectados por Arechavaleta. Líquenes. Alrededor de 100 ejemplares conforman este herbario, que incluye especies como la "Yerba de la Piedra", colectada por primera vez por Charles Darwin en la zona del Cerro de Montevideo. Musgos. Se destaca la colección de musgos de Escandinavia donada al museo por el Prof. Samuel Blixen. Hongos. Comprende una colección de alrededor de 500 ejemplares.
Paleontología Integrada casi exclusivamente con vertebrados fósiles del Mesozoico y Cenozoico uruguayo, la colección se inicia con los fósiles de la colección privada de Dámaso Antonio Larrañaga y los colectados por Teodoro Vilardebó y Bernardo Berro en 1837. Lamentablemente ninguno de estos materiales originales se ha conservado. Los fósiles que tienen más tiempo en las institución fueron donados por Joaquín Suárez en 1867. Por medio del influjo de Lucas Kraglievich se logra la donación de algunas colecciones privadas, notablemente las de Catalina Beaulieu. Recién a mediados del J. C. Martínez-Macchiavello reorganiza y cataloga la colección existente en el museo. Es con la llegada del destacado paleontólogo A. Mones que finalmente se consolida la donación de varias colecciones de importancia (como la de Castiglioni), así como un análisis y manejo más sistemático de las mismas.
Son muchas las piezas que se destacan en el patrimonio paleontológico del museo:
Huevos de Titanosauridae del Cretácico superior del Uruguay. El único cráneo conocido de Josephoartigasia monesi, el roedor más grande de la historia. El único resto de astrapoterio del Uruguay. Cráneo de Toxodon platensis.
Zoología Subdivididas por grupos zoológicos, se destacan por su representatividad las colecciones de arácnidos, de peces, de moluscos, de anfibios, de aves, de mamíferos y de reptiles:
Invertebrados. Colección iniciada por E. Cordero y continuada notablemente por F. Mañé Garzón, incluye a todos aquellos invertebrados no comprendidos en las colecciones de moluscos, insectos y arácnidos. Malacología. Nombrada en honor al Dr. Formica Corsi, la colección cuenta con unos 15000 ejemplares de todos los hábitats (marinos, de agua dulce y terrestres). Es a partir de la segunda mitad del , y de la mano del Klappenbach, cuando se comienza a incrementar el tamaño y la relevancia de los especímenes recolectados. Cabe destacar que la colección cuenta con varios ejemplares tipo, tales como Americominella duartei y Olivancillaria carcellesi. Entomología. Iniciada por C. Berg, la colección tuvo importantes contribuciones durante el (por parte de investigadores como R. G. Webster Kay, Gonzalo Fernández y Pablo San Martín, entre otros). Se destaca la colección de arácnidos, obra, en su mayor parte, de Roberto M. Capocasale, y que cuenta con unos 3500 especímenes. Ictiología. La colección se inicia con el impulso de Devincenzi y se acrecienta a lo largo de las décadas con múltiples aportes de investigadores, coleccionistas privadas y aficionados. Con 12000 especímenes y más de 100 ejemplares tipo, constituye una de las colecciones más importantes del museo. Herpetología. Con unos 8000 ejemplares, la colección ha sido reorganizada desde que Carlos Berg la iniciara a finales del . B. Orejas-Miranda, Federico Achaval, Carlos Prigioni y J. Langone son algunos de los investigadores que contribuyeron a su desarrollo. Los ejemplares, de los cuales más de 100 son ejemplares tipo, provienen en su mayoría de Uruguay. Ornitología. La colección consta de unos 6000 ejemplares. Juan Tremoleras, Juan Cuello y Eugenio Gerzenstein son algunos de los que contribuyeron a su consolidación durante las primeras décadas. Se contó, además, con varias donaciones y contribuciones particulares, como la de Rodolfo Escalante y las de las sociedades Taguató y Guazubirá. En la sección se incluye una colección de pieles y esqueletos, así como un banco de tejidos que permiten el desarrollo de estudios de ADN. Existen, asimismo, colecciones asociadas, tales como la de estómagos y parásitos.