Joaquín Ibáñez García (Odón (Teruel), 6 de noviembre de 1720-Teruel, 1787) chantre de Teruel, erudito, viajero ilustrado, bibliófilo.

Perfiles biográficos Nacido en la localidad turolense de Odón, era hijo de Joaquín Ibáñez Ripiado, que, viudo, casó en segundas nupcias, naciendo de este segundo matrimonio un hermano del futuro chantre, Marcos Ibáñez, arquitecto mayor en Guatemala. Conocido generalmente de forma errónea por el "deán de Teruel", en realidad fue chantre,Según el Diccionario de Autoridades. Madrid, Francisco del Hierro, 1729, tomo II, p. 304, chantre es una "Dignidad en las iglesias cathedrales, y lo mismo que capiscol. Tanto quiere decir como cantor: e pertenesce a su oficio de comenzar los responsos, e los hymnos, e los otros cantos que hoviere de cantar". como sí recogió acertadamente el también erudito, aragonés y bibliófilo Juan Manuel SánchezFue uno de los bibliófilos más destacados de principios del siglo XX español, médico de la Armada, se ignora el origen de la fortuna familiar que hizo posible su pasión por los más raros libros antiguos españoles, especialmente aragoneses, pero pudo ser propietario de una rica biblioteca, en parte recogida en un Catálogo de libros raros.... Madrid, Imp. de Juan Pueyo, 1920. 8º mayor. 112 p., realizado tras su quiebra ya que parece que se arruinó por juego. Realizó dos bibliografías de libros aragoneses antiguos, una de incunables (1908) y otra de impresos zaragozanos del XVI (1913, 2 vols.). Hay una aproximación a su vida en la edición facsímil que hizo Arco/Libros (Madrid, 1991), en pp. V-XVI y Matilde López Serrano.Directora de la Real Biblioteca desde 1939 a mediados de los años ochenta, en "Exlibris de la Biblioteca de Palacio", en Reales Sitios, Año XIII, (1976), nº 50, pp. 39-44. En p. 44 dice que en 1953 supo del nombre del mal llamado deán, Joaquín Ibáñez, a raíz de un documento de Archivo General de Palacio, el memorial del bibliotecario Manuel Antonio Álvarez, de 1790, donde lo menciona, en Personal de Empleados, caja 41-exp. 21 No obstante, es muy probable que esta dignididad eclesiástica fuera en su caso honorífica y no ejerciera como tal. El error de calificarle de deán parece venir del archivero general de Palacio, Tomás Zaragoza y Sacristán, que en los años cuarenta del XIX sustitutía en sus ausencias al bibliotecario mayor Miguel Salvá Munar al frente de la Real Biblioteca.

Estuvo Ibáñez en Roma desde 1740, llegando como diácono, y allí su objetivo era conseguir algún beneficio eclesiástico en la Dataría Apostólica de la Curia Romana, labor ardua y larga de alcanzar pues había cientos de pretendientes. En Roma mostró interés por las antigüedades y las ciencias eruditas, contactando con otros ilustrados españoles, especialmente del círculo valenciano, como Francisco Pérez Bayer, al que trató luego con frecuencia. Allí además tuvo vida intelectual activa pues perteneció a la Academia de Historia Eclesiástica, creada para que estos pretendientes no estuvieran ociosos, y en ella desarrolló sus habilidades con el latín y sus saberes históricos, llegando a ser secretario de ella y luego de la embajada del reino de Nápoles en la Ciudad Eterna, constando como tal en 1754. Bajo esta nueva condición mejoró su situación laboral, social y económica, dedicando sin duda gran parte de sus ingresos a adquisiciones librarias y de objetos artísticos. En Roma conoció y trató además con Antonio Ponz y Francisco Pérez Bayer, que estuvo allí entre 1754 y 1759. En este año regresaría a España Ibáñez, con su dignidad de chantre de la catedral de Teruel, coincidiendo con la muerte de Fernando VI y el ascenso al trono de Carlos III. Le esperará más de un cuarto de siglo de vida para, ya en su tierra natal, desarrollar sus pasiones de estudio librario y coleccionismo.

Ya en Aragón, no se puede entender al chantre Ibáñez sin contextualizarlo en la realidad de la Ilustración aragonesa,Vid. VV.AA., Actas del I Symposium de Ilustración Aragonesa. Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1987; Eloy Fernández Clemente, La ilustración aragonesa. Una obsesión pedagógica. Zaragoza, Tipo Línea, 1973 y del mismo Estudios sobre la Ilustración Aragonesa. Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2004, baste citar estos títulos. protagonizada por José Nicolás de Azara y Félix de Azara, hermanos, Ignacio Jordán Claudio de Asso y del Río, el conde de Aranda, Pedro Pablo Abarca de Bolea,Vid. Rafael Olaechea, El conde de Aranda y el "Partido Aragonés". Zaragoza, Librería General, 1969; Pedro José López Correas, La huella del Conde Aranda en Aragón. De Siétamo a Épila. Aportación histórica a la figura de Pedro Pablo Abarca de Bolea (1719 - 1798). Zaragoza, 2002; Aragón y el Conde de Aranda. Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1986 Joaquín Traggia,Vid. María Asunción Arija Navarro, La ilustración aragonesa: Joaquín Traggia (1748-1802). Zaragoza. Institución Fernando el Católico, 1987. Juan Antonio Hernández Pérez de LarreaVid. José María de Jaime Loren, Juan Antonio Hernández y Pérez de Larrea. El olvidado "pignatelli" de la Ilustración Aragonesa. Teruel, Centro de Estudios del Jiloca, 1990. y otras personalidades que no enunciamos, y que dieron lugar a entidades como la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País.Vid. José Francisco Forniés Casals, La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del Pais en el periodo de la Ilustración (1776-1808): sus relaciones con el Artesanado y la Industria. Zaragoza, Tipo-línea, 1978, y del mismo, La Política Social y La Ilustración Aragonesa (1773-1812): La acción Social de la Real Sociedad Económica Aragonesa del País. Zaragoza, Tipo-Línea, 1997 Estuvo Ibáñez muy interesado por las letras humanas, era gran estudioso de las obras de humanistas y eruditos, pero también por las obras de arqueología y restos de la Antigüedad, como su amistad Francisco Pérez Bayer,Vid. Ángel Vegue, "Para la historia de la arqueología en España. El canónigo Pérez Bayer y los nuevos monumentos de Granada", en Anuario del C. F. de Arch. B. y Arqueólogos, 1934-35 si bien, además, Ibáñez tenía una faceta moderna, de interés por la arquitectura de su tiempo y las obras técnicas sobre ella.

Su librería y el ingreso en la Real Biblioteca Ibáñez reunió una muy amplia biblioteca personal que fue elogiada en su tiempo, como hace Antonio Ponz en su conocido Viaje por España, vol. XIII (1785, carta quarta): a Ibáñez le llama uno de sus "mejores amigos y de los más antiguos" pues sitúa la amistad en 30 años ya. Pondera sus colecciones, como la de medallas y piedras, que sitúa en 1500 piezas y subraya su "excelente librería" de libros raros y curiosos manuscritos. Además tenía pinturas de autores romanos, traídas de su estancia en la capital. Señala también una colección de vasos etruscos que había pasado al Infante don Gabriel de Borbón ya en vida suya. También en vida, el propio chantre hizo compras de libros para miembros de la familia real, por lo que no es raro que se pensara en ella para la venta de su librería, tal vez lo dejó así establecido.

Con respecto a la formación de la biblioteca, hay que señalar que en Zaragoza había actividad libraria intensa desde siempre, ya desde el XVI, en gran parte por la vida universitaria, y en el XVIII siguió existiendo al socaire, además, de la referida Ilustración aragonesa y su auge. Por ello, vía Zaragoza, hubo de adquirir una parte a través de la capital aragonesa, pues Teruel no era plaza libraria destacada. En su estancia en Roma, sin duda, hubo de hacerse con gran cantidad de ejemplares, siendo una urbe con tantos mercaderes de libros. Y otra parte de sus libros tendría su origen en su trato con otros ilustrados y hombres de letras, como Francisco Pérez Bayer y otros, pues debió originarse por intercambio con ellos, compras a los mismos de duplicados o ventas post mortem a las familias. El contenido de su extensa librería, por materias, es multidisciplinar pero abundan obras de humanistas españoles y del resto de Europa, estudios de erudición del propio , obras históricas y geográficas del XVI y XVII, grandes obras en folio como atlas -los más importantes- u obras sobre zoología, botánica o de naturaleza científica, tratados de arquitectura, obras sobre bellas artes. Muchos de sus ejemplares, además de su sello en tinta, llevan anotaciones de su mano. Son escolios o breves comentarios al contenido, tanto en hojas de guarda como en el propio impreso, prueba de que no era un mero bibliófilo sino un erudito estudioso que buscaba determinadas ediciones, al modo de Gregorio Mayans y Siscar. Son marginalia aclaratorios y lo mismo aparecen en latín que en español, en una letra clara.

El 2 de junio de 1788, ya muerto Ibáñez, en Aranjuez, el presbítero Pedro Leal, uno de los albaceas testamentarios, recibió 81 705 reales de vellón por la librería del aragonés, en documento editado en Avisos. Noticias de la Real Biblioteca por Ahijado, y que fue entregada a finales del mes de mayo al muy próximamente rey Carlos IV, ingresando así su rica biblioteca en humanidades y artes en la Real Biblioteca. En el Archivo General de Palacio se encuentra documentación sobre el particular, localizada por José Antonio Ahijado, de la Real Biblioteca.<ref>Vid. José Antonio Ahijado, "Nuevas noticias sobre el ingreso de colecciones históricas en la Real Biblioteca. El fondo del chantre de Teruel, don Joaquín Ibáñez", en Avisos. Norticias de la Real Biblioteca, nº 64 (mayo-agosto 2011) y del mismo, "El fondo del chantre de Teruel don Joaquín Ibáñez [II]. Noticia biográfica" en Avisos, nº 66 (enero-abril 2012)</ref> Los libros fueron llevados momentáneamente al Palacio Real de Aranjuez y allí se hizo cargo de ellos el bibliotecario Manuel Antonio Álvarez, en el servicio real desde 1767, hasta 1803. La cantidad indicaba claramente que era un fondo importante en volumen, y se localizan exactamente en la base de datos IBIS de la Real Biblioteca 1 585 registros, equivalentes a más volúmenes pues cada registro es una obra y evidentemente las hay en multivolumen. El descubrimiento de este material de archivo ha sido capital para documentar uno de los fondos más amplios de la Real Biblioteca en su procedencia exacta, pues el sello ovalado que ostentan muchos de sus libros se ha atribuido tradicionalmente a Gregorio Mayans y Siscar, ya que aunque parece formar una gran "M" con dos "G" a cada lado, en realidad es una "Y" sustentada por dos "J", una a cada lado y las "G" son de "García",Vid. Base de datos de ex libris y marcas de posesión, Real Biblioteca. Consultado el 18 de junio de 2016. en un efecto de espejo muy propio del XVIII.