La muralla de Sepúlveda o muralla urbana de Sepúlveda es el recinto defensivo medieval que circundaba la villa segoviana de Sepúlveda, en Castilla y León (España). Su núcleo principal fue levantado durante los siglos y , con técnicas constructivas de raíz andalusí reutilizadas y completadas tras la repoblación cristiana, y se conserva en estado fragmentario: los lienzos mejor conservados son los de Trascastillo, Barbacana y Postiguillo, y se mantienen en pie, con grado de conservación desigual, las siete puertas que dieron a Sepúlveda el sobrenombre de «la villa de las siete puertas».

Junto con el castillo, la muralla formó un único sistema defensivo que cerraba la cumbre amesetada entre las hoces del río Duratón y el arroyo Caslilla, aprovechando los cortados naturales del terreno y reforzando los pocos accesos viables. El bien está protegido por el Decreto de 22 de abril de 1949 sobre la protección de los castillos españoles y por la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, y se integra en el Conjunto histórico-artístico de la villa, declarado en 1951.Decreto de 24 de enero de 1951, por el que se declara conjunto histórico-artístico la villa de Sepúlveda. Boletín Oficial del Estado, núm. 33, 2 de febrero de 1951, p. 552.

Historia

Antecedentes El cerro sobre el que se levanta Sepúlveda estuvo ocupado al menos desde la Edad del Hierro por un castro celtíbero de los arévacos. A inicios del siglo a. C., el cónsul romano Tito Didio desalojó el núcleo indígena y fundó ex novo, en el cercano paraje de Los Mercados junto al curso bajo del Duratón, la ciudad romana de Confluenta (también atestiguada como Confluentia), a la que se trasladó la población. El antiguo emplazamiento de Sepúlveda quedó reducido a una pequeña aldea durante la etapa romana, pero fue empleado como cantera durante la Edad Media: parte de los sillares romanos visibles hoy en la base de la muralla, particularmente en el tramo de la Barbacana, proceden con probabilidad de aquel yacimiento.Martín Viso (2008), pp. 269-272.

Aunque la historiografía tradicional atribuyó la fundación de la muralla al conde castellano Fernán González tras la repoblación de 940, los estudios arqueológicos posteriores han mostrado que ciertos paños del recinto, en concreto los identificados como Tipo A por sus excavadores (sillares de gran tamaño dispuestos en doble hoja con relleno de mampuesto y zarpas escalonadas), responden a una fábrica anterior a esa fecha y de claro encuadre andalusí, lo que sugiere la existencia de una fortificación previa, vinculada bien a un enclave omeya, bien a alguna comunidad local de signo independiente.Martín Aymerich, Tardío Dovao y Zamora Canellada (1990), pp. 109-141.Martín Viso (2008), p. 271.

Repoblación y campañas constructivas Los Anales Castellanos Primeros fechan en el año 940 la repoblación de la villa por Fernán González, ofensiva castellana hacia el sur del Duero que aprovechó el respiro abierto tras la batalla de Simancas (939) y que se apoyó en la ocupación y refuerzo del antiguo recinto. Las aceifas de Almanzor de los años 979, 983 y 984 castigaron severamente a la villa, según las fuentes árabes; tras la conquista del año 984, la toma fue violenta y derribó parte de los lienzos, que serían reconstruidos en los años siguientes.Martín Viso (2008), pp. 271-272.

La integración definitiva en el Condado de Castilla llegó hacia 1010 con el conde Sancho García, nieto de Fernán González. La gran campaña de obras que dio al recinto su forma reconocible se documenta a mediados del siglo , en un momento de auge previo a la confirmación del fuero por Alfonso VI en 1076. En uno de los cubos del lienzo se conserva una inscripción en escritura visigoda de variante mozárabe que fecha la obra: «en la era 1101 (año 1063) hizo restaurar esta torre… maestro Domingo…».Martín Aymerich, Tardío Dovao y Zamora Canellada (1990), p. 165. Es uno de los testimonios epigráficos más tempranos sobre obras de fortificación en la Extremadura castellana.Martín Viso (2008), p. 272.

Edad Media plena y Edad Moderna A lo largo del siglo , ya consolidado el poder cristiano en la zona, se ejecutaron obras de cerramiento de algunos postigos —entre ellos el Postiguillo, clausurado tras una reparación de mediados de ese siglo— y se abrieron o reformaron los actuales arcos románicos de varias de las puertas principales, en especial los de la del Río y del Azogue. Tres puertas (Río, Villa y Azogue) llevaron en algún momento dependencias residenciales sobre el arco, costumbre extendida en muchas villas amuralladas castellanas que ha hecho llegar hasta hoy algunos de estos pasos integrados en viviendas.

Desde la Baja Edad Media, y especialmente a partir del siglo , la pérdida de la función militar provocó el desmoche progresivo del recinto, el aprovechamiento de los lienzos como medianera para construcciones particulares y la apertura de nuevos accesos no previstos por la fábrica medieval. La pieza más singular perdida fue la antigua puerta de la Villa (o del Mercado), demolida en 1952 para facilitar el tráfico rodado hacia la plaza de España.

Deterioro y restauración de 2005 A comienzos del siglo , los tramos conservados presentaban descarnamientos importantes en los paramentos, pérdida de coronación y desplomes locales. Entre 2003 y 2005, una intervención financiada con cargo al 1 % cultural del Ministerio de Fomento abordó la consolidación de los tramos de Trascastillo, Barbacana y Postiguillo, la recuperación de la coronación almenada en la Barbacana y la limpieza y reposición de sillares en varios cubos, sin reconstrucciones miméticas y respetando las distintas fases de obra detectadas por la arqueología.

Descripción

Trazado El recinto envolvía la cumbre amesetada en que se asienta el casco antiguo, adaptándose al borde superior de los cortados que caen al arroyo Caslilla por el norte y al Duratón por el sur. Cierra por el oeste con el conjunto del castillo, prolonga el lienzo por las cotas más vulnerables y se interrumpe, simplemente, allí donde el escarpe natural hacía innecesaria una defensa construida. Su perímetro original aproximado, calculado a partir de los lienzos conservados y de los restos integrados en el caserío moderno, rondaba los 1500 m.

Fábrica y aparejo El estudio arqueológico de los paramentos ha permitido distinguir varias fases sucesivas en la fábrica. La más antigua, denominada Tipo A, está compuesta por sillares calizos de gran tamaño —en torno a 50 por 60 cm— dispuestos en dos hojas con un relleno interior de mampuesto trabado con hormigón de cal y canto; la cimentación adopta la forma de zarpas o basamentos escalonados, recurso constructivo de tradición omeya documentado también en las cercanías —Ayllón, Fresno de Cantespino, Fuentidueña—, y se data en una fase anterior a la repoblación condal. El Tipo B reproduce el mismo módulo pero con sillares parcialmente redispuestos y se atribuye al siglo , mientras que los tipos posteriores, ya plenamente cristianos, corresponden a refuerzos del siglo en los que predomina el aparejo de sillarejo trabado con mortero de cal.

Los cubos que jalonan el recinto son de planta semicircular o, en algunos tramos, rectangular y poco salientes, característica esta última identificada por la historiografía como un rasgo andalusí. Las puertas, en cambio, suelen reducirse a un arco —de medio punto en las románicas, abocinado en las más antiguas— flanqueado por dos cubos y sin rastrillo, lo que sugiere una concepción defensiva de tipo barrera, complementada por la cerrada de las hojas y la posición elevada del recinto.

Tramos conservados Los tramos en mejor estado son tres:

Trascastillo, que prolonga hacia el este el conjunto del castillo y conserva el aparejo más antiguo, con basamentos en zarpa y dos inscripciones medievales empotradas en su fábrica. Barbacana, el tramo más fotografiado de la muralla: superior almenado tras la restauración de 2005, base con grandes sillares romanos reaprovechados, probablemente procedentes de la antigua Confluenta. Postiguillo, en el barrio de San Millán, considerado por algunos autores el lienzo más antiguo del conjunto y datado en el siglo , aunque con modificaciones de la segunda mitad del .

Las siete puertas

La tradición sepulvedana atribuye al recinto siete puertas, número recogido en el escudo municipal —que ostenta siete llaves— y en el reloj de la villa, sobre el castillo, cuyo coronamiento luce idéntica figura. El poeta Antonio Machado aludió a esta peculiaridad en unos célebres versos sobre Sepúlveda: «tiene el pueblo siete llaves para siete puertas; son siete puertas al campo, las siete abiertas».

Puerta del Río (o de las Pucherillas), en el barrio de San Esteban. Considerada la principal de la villa, era la última que se cerraba en caso de alarma. Su arco actual es románico sobre estructura anterior y hoy sirve de mirador sobre el cañón del arroyo Caslilla; a su lado se levanta una hornacina con la imagen de la Virgen de las Pucherillas, que dio nombre popular al paso. Puerta del Postiguillo (o Postigo Viejo), en el barrio de San Millán. Quedó clausurada tras una reparación cristiana de la segunda mitad del siglo y es el tramo del recinto que mejor conserva la fábrica más antigua. Puerta de la Fuerza, en las inmediaciones de la iglesia de Santiago. Desde ella partía la calzada que descendía hacia el Puente de Picazos y las Hoces del Duratón. La tradición local sitúa en sus alrededores el legendario combate singular entre Fernán González y el alcaide musulmán Abubad, recogido en la Historia de Segovia de Diego de Colmenares. Puerta del Azogue (o arco del Ecce Homo), al final de la calle Barbacana. Arco románico de medio punto flanqueado por dos cubos, con paso abocinado y vivienda moderna superpuesta. Su nombre, del árabe as-sūq («mercado»), recuerda que en sus proximidades se celebraba el mercado intramuros; la advocación de Ecce Homo se documenta desde el siglo a partir de una pintura de Cristo presentado al pueblo, hoy desaparecida. Puerta de la Judería, en las cercanías de la iglesia de Santiago. Daba acceso al barrio judío de la villa, documentado al menos desde el siglo . Puerta de Duruelo, próxima al barrio de San Andrés. Conserva basamentos de aparejo Tipo A, atribuidos a las fases más tempranas del recinto. Puerta del Vado (o del Castro), simple postigo abierto en el lienzo meridional para acceder a las huertas del río.

A estas siete puertas conservadas o reconocibles se sumó una octava, la antigua puerta de la Villa (también llamada del Mercado), demolida en 1952 y desaparecida de la topografía actual.

Estado de conservación y protección

La muralla, junto con el resto del recinto histórico, se halla protegida por la declaración genérica de bien de interés cultural del Decreto de 22 de abril de 1949 y por la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. Forma parte, además, del Conjunto histórico-artístico de Sepúlveda declarado en 1951.

Tras la intervención del 1 % cultural de 2003-2005 (Ministerio de Fomento), los tres tramos principales están estabilizados; los menores, integrados en el caserío particular, dependen del mantenimiento de los propietarios privados y muestran un grado de conservación desigual. Las puertas, en uso o transformadas en parte de edificios contemporáneos, sufren las patologías típicas del patrimonio integrado: humedades, alteraciones de aparejo, reformas indocumentadas. La Diputación de Segovia y el Ayuntamiento sepulvedano han incorporado los tramos visitables a la oferta cultural y turística de la villa, articulada en torno a la denominación «Villa de las siete puertas».

Véase también

Castillo de Sepúlveda Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda Fuero de Sepúlveda Conjunto histórico-artístico Anexo:Bienes de interés cultural de la provincia de Segovia

Notas

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

La Muralla y las Siete Puertas. Portal del Ayuntamiento de Sepúlveda