El pabellón de Colombia de la Exposición Iberoamericana de 1929 es un edificio historicista de Sevilla. En la actualidad es un consulado de Colombia.

Historia

El Gobierno colombiano acordó participar en la muestra desde 1911, cuando fue informado de su celebración. El carácter exportador de Colombia le provocaba interés en promocionar sus productos en España, sobre todo su café. Por entonces, Colombia producía de tabaco, cacao, patatas, trigo y cebada. También era el tercer productor americano de oro y el primero de platino.

El impulso a la participación vino a partir de 1926, con la presidencia de Miguel Abadía Méndez. El 20 de junio de ese año las Cámaras aprobaron el proyecto de ley para la participación y autorizaron al Gobierno a construir un pabellón permanente.

En 1927 el gobierno de Colombia cedió la construcción y el diseño a los técnicos españoles del gabinete técnico del Comité organizador. Con la colaboración del cónsul Ernesto Retrepo Tirado, el gobierno colombiano encarga el proyecto al arquitecto José Granados de la Vega y al aparejador Ángel Hoyuela Martínez. Las esculturas que decoraban el pabellón fueron realizadas por el colombiano Rómulo Rozo, uno de los máximos exponentes de un arte nacionalista conocido como "Generación Bachué".

En octubre de 1927 el Comité de la Exposición concedió a Colombia una parcela en el Paseo de las Delicias, frente al Pabellón de México. La firma de cesión de los terrenos se firmó en noviembre de 1928 gracias a la intervención personal del ministro colombiano Jorge Vélez.

Las Cámaras colombianas habían destinado a principios de 1927 un total de 200.000 pesos (60.000 pesetas) para la construcción del pabellón.El arquitecto pensó en construir un pabellón permanente con dos alas provisionales a los lados. Pero en enero de 1929 las Cámaras aprobaron un aumento del presupuesto para la construcción de 70.000 pesos, posibilitando que todo el pabellón fuese permanente. Con la decoración y la instalación expositiva, el coste total de la participación colombiana alcanzó la cifra de 1.000.0000 de pesetas.

El edificio expuso esculturas, hermosos murales y artesanía nacional, como los sombreros.

En marzo de 1929 la Comisión Cafetera decidió construir un pequeño pabellón provisional llamado "Café Suave de Colombia". También se acordó edificar en la muestra otro pequeño pabellón provisional dedicado al tabaco colombiano.

En la actualidad el Pabellón es el consulado de ese país en la ciudad. El 9 de abril de 1931 se acordó también su uso como Escuela Náutica San Telmo.

Rómulo Rozo y la ornamentación del pabellón miniatura|derecha|200px|Rómulo Rozo junto a la fuente del patio interior del pabellón que tenía una estatua de la diosa Bachué en el centro. C. 1929. El escultor colombiano Rómulo Rozo fue llamado en 1928 por el gobierno colombiano para ejecutar la ornamentación del edificio construido por José Granados. Rozo se encontró con una edificación que hacía referencia a la arquitectura religiosa del barroco latinoamericano e inició la proyección de la ornamentación, inspirada en el arte precolombino de las culturas Maya, Chibcha, Tolima y San Agustín, entre otras. Además, Rozo traía consigo desde París a su obra más importante para emplazarla en el edificio: Bachué, diosa generatriz de los chibchas. La obra ya le había generado un gran éxito en París y una gran repercusión mediática, por lo cual es evidente que fue esta obra la que incidió en la elección de Rozo para la decoración del edificio. La Bachué fue instalada en una fuente en el centro de la primera planta del edificio, y tanto en el interior como en el exterior Rozo realizó molduras en yeso y hormigón con figuras zoomorfas. Se destaca la decoración del Escudo de Colombia en la fachada principal (una reminiscencia a la fachada de la Estación de la Sabana en la cual Rozo trabajo como obrero durante 1918), el arco de la portada realizado a partir de la repetición modular de la tusa del maíz, y los dioses tutelares que custodian la entrada. Rozo además diseño la ornamentación en hierro del portón, con formas inspiradas en los pectorales de Tierradentro y la orfebrería Tolima. Las torres fueron decoradas con columnas salomónicas que enmarcan a cuatro deidades alegóricas: la navegación, la agricultura, el comercio y la industria. Algunos vitrales del edificio fueron diseñados por la esposa del artista, Ana Krauss, inspirada en la vegetación de Colombia para el caso de la sala semicircular del edificio, y con anagramas en la montera que da al patio central. Asimismo, hay un friso cerámico a lo largo de la fachada realizado por la fábrica Ramos Tejano, concebido como una pieza modular que representa máscaras rituales indígenas.

Durante la exposición, Rómulo Rozo se hizo amigo del arquitecto del pabellón de México, Manuel Amábilis, y a raíz de esto se estableció en 1931 en Yucatán.

En el pabellón de Colombia se establece cierta dicotomía entre la decoración y el estilo arquitectónico, que no era prehispánico. Esta dicotomía se repitió en su decoración prehispánica de la Escuela Socialista Belisario Domínguez de Chetumal, que era un edificio funcionalista y sencillo. También se combinan los temas indígenas con la heráldica, algo que Rozo repetiría en otras de sus obras posteriores, como en su Monumento a la Patria de la Mérida de Yucatán.

La participación de Colombia en la exposición miniatura|derecha|250px|Entrada del pabellón, flanqueada por estatuas de diosas chibchas de la luz. El edificio fue inaugurado el 26 de septiembre de 1929 contando con la presencia de una importante delegación colombiana, los infantes Carlos y Luisa de Borbón y sus hijas las princesas Esperanza y María de las Mercedes, entre otros importantes personajes de la comitiva española. También estuvo presente Edda Mussolini, hija del entonces presidente del consejo de ministros de Italia. En el patio interior de la primera planta se organizó una exposición de arte contemporáneo, comisariada por el artista Roberto Pizano, quien adquirió las obras con dinero del gobierno nacional específicamente para este evento. Pizano falleció tempranamente mientras organizaba la exposición, aunque esta siguió la agenda estimada. La selección hecha por Pizano consistió en la primera colección de arte contemporáneo con que se conformó el Museo Nacional de Colombia al regreso de su préstamo a Sevilla.

Las demás salas del Pabellón fueron usadas como espacios de exhibición de distintos productos comerciales y culturales. Una sala blindada fue adecuada para la exhibición de finos diamantes y esmeraldas, otra para platería y arte colonial, otra para la muestra de publicaciones nacionales, y un pabellón anexo de estructura temporal fue erigido para la muestra del café colombiano. Además, una de las salas fue decorada con recreaciones de esculturas agustinianas para exhibir el Tesoro de los Quimbayas, ajuar funerario de 123 piezas en oro obsequiado en 1892 por el gobierno colombiano a España. Este se encontraba por entonces en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y fue trasladado temporalmente a este pabellón en 1929 para la exposición. Desde 1994 se custodia en el Museo de América de Madrid.

Aunque la Exposición Iberoamericana duró hasta mediados de 1930, el gobierno nacional ordenó el cierre del edificio y el regreso de los productos en noviembre de 1929, tan solo un mes y medio después de abierto al público, puesto que había sido un gran esfuerzo económico que no podía costearse, especialmente por los gastos de seguridad y seguros que demandaba el préstamo de las colecciones de orfebrería y esmeraldas.

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

Colombia Categoría:Arquitectura de Colombia del siglo XX Categoría:Colombia en 1929 Categoría:Paseo de las Delicias (Sevilla)