Josefa Sánchez Díaz, conocida como, Pepi Sánchez (Sevilla, 4 de abril de 1929EcuRed-Madrid, 5 de marzo de 2012) fue una pintora española afincada en Madrid desde 1958. Poseedora de un singular estilo muy imaginativo, de reminiscencias oníricas y con un marcado gusto barroquizante en sus composiciones de madurez, su obra fue independiente de modas y tendencias, representando una original aportación a la plástica española. La innovadora utilización de piedras sin manipular como soporte de la pintura, supuso su legado mas importante: la litopintura. En estas, sus personajes abandonan las extrañas arquitecturas que habitan en sus cuadros para adaptarse a los recovecos y formas, dando como resultado una sorprendente mezcla de pintura y escultura.
Introducción
De vocación muy temprana, ingresa con tan solo 12 años de edad en la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de su ciudad natal, Sevilla. Allí, como evidenciarán sus calificaciones y premios, sus profesores quedan cautivados por las dotes de esa niña. Más tarde, estos mismos profesores se sentirán decepcionados cuando, acabada su formación, ella abandone el naturalismo de gusto oficial que dominaba con destreza, para comenzar un nuevo camino lleno de rupturas.
Frente al tradicionalismo dominante, ‹‹hizo eso que empezó a llamarse “Arte Moderno”, negándose a pactar con el pretérito oficioso›› como escribiría José María Moreno Galván en la presentación de su primera exposición individual en Madrid (1954). Desde aquella, nos han sido brindadas más de medio centenar de oportunidades donde contemplar su obra.
Poco a poco fue gestando su particular estilo, fácilmente reconocible a pesar de mantenerse en continua evolución. Con una marcada imaginación, fue llenando sus obras con personajes fantásticos y legendarios, con paisajes increíbles y oníricos, y como si de un manual para interpretación de sueños se tratara, nos empezó a obsequiar con títulos mitad enigmáticos, mitad clarificadores con los que nos invitaba a descifrar ese mundo tan mágico y personal.
En su repertorio iconográfico abundan ángeles, niños, brujos, animales fantásticos, princesas, personajes legendarios, habitantes de paisajes y arquitecturas imposibles que tienden a transportarnos a ese dulce lugar común que hallamos en los recuerdos de la infancia y en los buenos sueños. Pero también encontramos a feministas reivindicativas, príncipes azules despreciados, cariátides cansadas de serlo, estrellas que se apagan… con unos mensajes que sin perder su dulce iconografía, tan característica, no por ello dejan de ser críticos y contundentes.
Biografía
Josefa Sánchez Díaz, nació en Sevilla el 4 de abril de 1929. Su madre, Ana María Díaz, y su padre, José Sánchez, ya tenían otra hija, Lola, de tres años de edad.
Su padre muere de una peritonitis cuando Pepi apenas tiene dos años de edad. Ante esta situación, la joven viuda y sus hijas se mudan a la casa de su hermana Concha, veinte años mayor que ella y casada con un italiano, Ernesto de Micheli Rivaro, que trabajaba en el Consulado italiano de Sevilla, al que había conocido en Almadén de la Plata cuando él trabajaba en la administración de la mina.
Esta pareja sin hijos “adoptará” a las dos niñas como propias, involucrándose totalmente en su educación. El tío “Micheli” (como lo llamaban todas, pronunciándolo a la española) representará a la figura paterna mientras que las dos hermanas, Ana María, de carácter jovial y abierto, y Concha, más seria y formal, actuarán a dúo como madres.
De moral estricta y anticuada con relación a la educación, este italiano de las afueras de Milán era contrario a la idea de que las niñas asistieran a un colegio, prefiriendo proporcionarles una educación privada. Para ello contrató a una única profesora, que asistía a la casa todos los días. Este aislamiento y el poco contacto con otros niños, dejaron a Pepi con ganas de jugar y queriendo alargar la infancia que le había sabido a tan poco.
El tío Micheli desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la vocación pictórica de las dos hermanas. Gran amante y conocedor del arte de su país, les hizo apreciar, admirar y amar las grandes obras de la pintura italiana desde muy pequeñas. Y es así como ambas hermanas deciden que quieren ser pintoras. Con tan solo 9 y 12 años respectivamente, Pepi y Loli entran en el estudio de José María Labrador, pintor cordobés afincado en Sevilla. Y allí empiezan a pintar. Unos años más tarde, las dos hermanas ingresan en la Escuela Superior de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Pepi solo tiene once años y necesita una dispensa especial del Ministerio de Educación Nacional de España. Pronto destaca y obtiene en todos los cursos el Premio del Estado.
Serán importantes para la gestación de su singular estilo los dos viajes que realiza por Italia en 1952 y 1955. El enfrentarse en directo a los frescos de Giotto, Mantegna, Paolo Ucello, Piero della Francesca y a todo el arte italiano, que había admirado tanto en las láminas de los libros, la marcarán para siempre.
Abierta a todo lo que significara renovación y modernidad, una vez acabada su formación, rompe con el academicismo oficial y pasa a integrarse activamente en el grupo de vanguardia “Joven Escuela Sevillana de Pintura y Escultura”.
Como podemos comprobar en su currículum vítae, las exposiciones de su obra pictórica, pero también de cerámicas y mosaicos, se suceden. En 1958 se casa con el escritor sevillano Manuel García Viñó y, en búsqueda de aires más modernos, trasladan su residencia a Madrid. En esta época, hasta que les entregan las llaves de su casa, serán acogidos por el poeta Rafael Montesinos y su mujer Marisa, con los que conviven unos meses.
Fue madre de cinco hijos: Mónica (1959), Patricia (1960), Manolo (1962), Pablo (1964) y Chema (1966).
El hecho de ser madre de familia numerosa y las complicaciones que ello le conlleva nunca le harán perder su vocación y su empeño, manteniendo siempre un trabajo constante.
Es evidente que la maternidad marca un antes y un después en su iconografía. A partir de 1959 su mundo se hace más personal y creativo. Aparecen príncipes, brujos y personajes legendarios habitando sus cuadros. Comenzará a sugerirnos historias con los poéticos títulos con los que completa sus trabajos. La ligereza en la ejecución nos cuenta de la falta de tiempo. Es durante estos años correspondientes a la primera infancia de sus hijos cuando lleva a cabo una prolífica labor de ilustradora. Será asidua colaboradora de La Estafeta Literaria, entre otras, y en 1966 ilustra la Historia y Antología de la Literatura Infantil Iberoamericana de Carmen Bravo Villasante para la Editorial Doncel.
En 1965, jugando con sus hijos, descubre a las piedras como nuevo soporte de sus fantásticos personajes. Primero serían cantos rodados procedentes de los lechos de los ríos. Más tarde, cuando sus composiciones se fueron barroquizando, piedras calizas de complicadas y tortuosas formas encontradas en la provincia de Guadalajara.
Su particular mundo imaginativo ha sido fuente de inspiración para muchos poetas, incluido su propio marido, que han escrito sobre ella y sobre su obra: Manuel Alcántara, Montserrat del Amo, Marcelo Arroita-Jáuregui, Alfonso Canales, Antonio Enrique, Francisco Garfias, Antonio Hernández, Luis Jiménez Martos, Antonio Leyva, Manuel Mantero, Joaquín Márquez, Rafael Montesinos, Rafael Morales, Federico Muelas, Digna Palou, Fernando Quiñones, José María Requena, Mariano Roldán y Lázaro Santana son algunos de ellos.
En 1984 firma un contrato de exclusividad con el político y coleccionista de arte Agustín Rodríguez Sahagún que, a la muerte de este, continuará con sus herederos hasta el año 2002.
Trabajadora constante e incansable, pintó hasta pocos días antes de su muerte, el 5 de marzo de 2012 en Madrid.
Críticas y estudios
Museos y Colecciones Públicas
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Museo de Arte Contemporáneo de Toledo. Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla. Museo de Arte Contemporáneo de Villafamés. Castellón. Museo Etnográfico de Povoa de Varzim, Oporto, Portugal. Museo Nacional de Artes Decorativas. Madrid. Museo Internacional de Arte Contemporáneo de Guinea Ecuatorial. Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Instituto Nacional de Educación Física, Madrid. Ateneo de Madrid. Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid. Caja de Ahorros de Córdoba. Escuela Superior de Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Caja de Ahorros de San Fernando de Sevilla. Centro Cultural Español de El Cairo. Museo Provincial de Badajoz. Museo Municipal de Huete, Cuenca.
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