El Regimiento de Infantería «Castilla» n.º16 (desde el año 2015 Regimiento Acorazado) es una unidad polivalente del Ejército de Tierra español, aunque hasta la última reforma orgánica del Ejército de Tierra siempre estuvo integrada en el arma de infantería. Se creó por iniciativa de Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo, XIIIduque del Infantado, que fue además su primer coronel. El 3 de abril de 1793 se cursó la petición de la creación del Regimiento al rey CarlosIV, quien contestó afirmativamente el 15 de abril de ese mismo año. Su primera denominación fue la de Regimiento Voluntarios de Castilla, según notificación del ministro de la Guerra de fecha 25 de abril de 1793, en la que se transmite el deseo del rey de que se le imponga el citado nombre. El Regimiento se fundó con tres batallones de cuatro compañías de fusileros cada uno.
Tiene el sobrenombre de «El Héroe», apodo alcanzado por la valentía mostrada contra los franceses en el segundo sitio de Zaragoza, especialmente en la toma a la bayoneta del monte Torrero y en la defensa del Convento de Jesús el 21 de diciembre de 1808. Según citó el capitán de infantería Antonio Gil Álvaro en 1893, «ese mote es debido a la actuación del Regimiento durante el segundo sitio de Zaragoza». La Junta Suprema, situada entonces en Cádiz, decretó que estas fuerzas fueran denominadas como «Beneméritas de la Patria» por su «grado heroico y eminente».
El 26 de julio de 1852, la reina Isabel II concedió la Cruz Laureada de San Fernando colectiva al Regimiento y la «corbata» correspondiente para su bandera por su «mérito heroico» en las acciones sostenidas el 23 de mayo de 1839 en las canteras de Utrillas, en la provincia de Teruel, contra las fuerzas carlistas. El Regimiento Voluntarios de Castilla fue el origen del posterior Regimiento de Infantería Castilla n.º16, que a su vez lo fue del actual Regimiento de Infantería Mecanizada Castilla n.º 16, una vez llegaron a su acuartelamiento de Badajoz los primeros carros de combate y demás medios mecanizados, siendo su primer jefe desde el 17 de febrero de 1966 el teniente coronel Adolfo Rovira Recio.
Su escudo está formado por un castillo de oro, almenado, donjonado de tres torres y ornado de sable en campo de gules y pendiente de la punta inferior la Cruz de San Fernando con piezas armeras; el castillo recuerda la región de su denominación.
Antecedentes
Cuando en enero de 1793 guillotinaron al rey de Francia Luis XVI —suceso culminante de la revolución iniciada en Francia cuatro años antes— y, dado que aquel era pariente de CarlosIV, rey de España en esa época, un sentimiento de horror hizo presa en todos los niveles de los estamentos sociales, políticos y religiosos españoles. Dentro de la clase política había, sin embargo, posiciones bien distantes: algunos, como el conde de Aranda, antiguo ministro del rey Carlos III, no eran partidarios de la injerencia en los asuntos internos del país vecino, mientras que otros eran totalmente partidarios de declarar la guerra a Francia. El nombramiento en mayo de 1793 del pacense Manuel Godoy, miembro de la segunda facción, como capitán general y, por tanto, responsable político y militar de la guerra, fue el hecho que movió el equilibrio inestable de opiniones hacia la intervención.
La estructura del ejército en aquella época era totalmente atípica, ya que tenía un gran número de mandos y unos efectivos muy escasos de oficiales de graduaciones inferiores y soldados, situación que se define como «macrocéfala», pues a cada teniente general le correspondían unos 150 soldados de los 50 000 militares totales. Al entrar el ejército en campaña, se manifestó palpablemente la escasez de recursos materiales y humanos, de aprovisionamiento de municiones, víveres e impedimenta para que pudieran atender a la artillería e infantería.
Documentos de su creación
Se conservan completos los textos de los tres documentos que marcaron la creación del Regimiento de Voluntarios de Castilla.
Instancia del XIII duque del Infantado al rey
thumb|Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo, XIIIduque del Infantado, creador del regimiento
Aceptación de S. M. el Rey
Contestación del ministro de la Guerra en Aranjuez a 15 de abril de 1793:
Denominación del Regimiento
El 25 de abril decía el Ministerio de la Guerra al duque del Infantado:
Historia
thumb|Soldado del Regimiento Voluntarios de Castilla Anterior a la fundación del Regimiento, el uniforme de la infantería de línea se componía de sombrero con un galón y una presilla de galón de estambre blanco. El pelo, con un bucle a cada lado y recogido en coleta por detrás que llevaban ensebada y empolvada. Los calzones, casacas y chupas pasaron a ser de paño blanco y las solapas, collarines, barras y vueltas, de color carmesí. El uniforme de fusilero del Regimiento Voluntarios de Castilla en el momento de la creación y de acuerdo con el reglamento señalado en la Real Orden de 22 de junio de 1791 fue el siguiente: la casaca, la chupa y el calzón debían ser de color blanco y la solapa, el collarín, las vueltas y los vivos —filete, cordoncillo o trencilla que se pone por adorno en los bordes o en las costuras de las prendas de vestir— de color carmesí. Los botones debían ser blancos con la inscripción «Voluntarios de Castilla». No debían tener galones en el sombrero tricornio, pero sí una presilla blanca y botones blancos. La cucarda tenía que ser de lanilla encarnada, los correajes cruzados, de cuero blanco o ligeramente anteado, con cartuchera de vaqueta negra. Las polainas pasaron a ser de loneta cruda, abrochadas al costado, con jarreteras de vaqueta negra. Los zapatos debían tener tres suelas, de vaqueta negra, y con una hebilla de metal blanco.
Al inicio de la campaña del Rosellón el uniforme cambió mucho, sería de paño pardo, casaca corta y botín hasta medio muslo de paño negro. El poncho para abrigo era también de color pardo, el cual, si no se llevaba puesto, se ponía enrollado y terciado de izquierda a derecha. El sombrero era redondo con un ala levantada con presilla de estambre amarillo. Continúa a lo largo del y del la evolución en la uniformidad, hasta que a partir de 1988 se adoptó para toda la unidad el uniforme mimetizado con el terreno, siguiendo la tendencia de la mayoría de los ejércitos europeos modernos.
Una vez se tomó la decisión de intervenir en la guerra contra Francia, la nobleza aportó dinero y hombres, al igual que la Iglesia y las ciudades contribuyeron con medios económicos y materiales para la formación de cuerpos de ejército. El duque encargó en el mes de junio de 1793 al sargento mayor Joaquín Blake la organización del regimiento, el cual formó e instruyó al primer Batallón en Leganés y Vicálvaro, ambos en la periferia de Madrid. A continuación marchó hacia el Real Sitio de Aranjuez, donde el rey CarlosIV pasó revista y los ensalzó «por el buen y lucido porte de los Voluntarios de Castilla».
Desde la campaña del Rosellón a la guerra de la Independencia española
Batallas del Rosellón y del Coll de la Creu del Principi
Para la acción bélica que se preparaba se formaron tres cuerpos de ejército: dos de ellos, de carácter defensivo, se situaron en Guipúzcoa y en Aragón, y el tercero, ofensivo, se situó en Cataluña, al mando del general Antonio Ricardos. En este tercer cuerpo de ejército se encontraban 1501 hombres del Regimiento Voluntarios de Castilla. Su primera acción de guerra tuvo lugar durante la guerra del Rosellón de 1794-1795. Al Regimiento Voluntarios de Castilla se le destinó al cuerpo de tropas que operaban en el alto de Vallespir y, precisamente el 19 de mayo de 1794, al comienzo de las hostilidades, el «Castilla» entró en combate en el Coll de la Creu del Principie, con el conde del Puerto como jefe. El conde de la Unión, general en jefe de las tropas españolas, hizo una extensa y muy favorable mención del Regimiento Voluntarios de Castilla por su bravura en la lucha y por los objetivos conseguidos.
Batallas de Terradas y La Junquera
En la época en la que el regimiento estuvo en las montañas de Muga al mando del general Juan de Courten, ya se conocía su experiencia táctica como consecuencia de las gestas anteriores en la guerra del Rosellón y Luis de Marcillac lo reflejó con un elogio de esa unidad por sus valerosas acciones llevadas a cabo al pie de la montaña de Terradas con estas palabras:
En esa sangrienta acción resultó herido su sargento mayor, Blake. En la noche del 17 de agosto, unidos el primer y segundo batallón, avanzaron hacia La Junquera. El primer batallón se apoderó de La Junquera al amanecer del día 21, pero tuvo que retroceder al no poder resistir el ataque de los franceses. Unos meses antes, el 19 de noviembre, las fuerzas francesas atacaron la posición española de Figueras donde, después de un duro y sangriento combate, murió el general en jefe español —el conde de la Unión— y el regimiento «Castilla» se retiró a sus cuarteles de Gerona.
Batallas de Bañolas y Pontós
A principios de 1795 fue tomada la plaza de Rosas por las tropas del «Castilla», pero, a su vez, los franceses aparecieron en marzo con siete mil soldados y trescientos caballos en Besalú. En maniobra de ataque, el Voluntarios de Castilla, al mando del general Gonzalo O'Farril, marchó sobre Bañolas para atacar a los franceses y obtuvo la victoria. El regimiento también tuvo en su historial bélico la participación el 13 de julio de ese mismo año en la batalla de Pontós, bajo el mando del marqués de la Romana.
Toma del Fuerte Manuel
Días después de la batalla de Pontós partieron el Regimiento Voluntarios de Castilla y otros militares de infantería con la misión de apoderarse de un punto altamente fortificado llamado Fuerte Manuel, que estaba situado en una altura extremadamente escabrosa y de muy difícil acceso, de tal forma que los soldados tenían que trepar por una estrecha senda en fila de a uno. Los asaltantes, quienes sorprendieron a los centinelas y, mientras las tropas francesas estaban resguardadas en retaguardia, tomaron el fuerte junto al otro cuerpo de infantería sin sufrir bajas. Teniendo ya el triunfo seguro, al ver el general que mandaba estas tropas que habían tomado la posición antes de que él lo hubiese ordenado, mandó retroceder inmediatamente a la columna sin tener en cuenta que el objetivo de la misión estaba cumplido. Al observar los franceses que los españoles se retiraban y eran blanco fácil por lo escarpado e indefenso del camino ya citado, arrasaron a los soldados españoles con sucesivas descargas, y les causaron enormes bajas. Los jefes, oficiales y soldados que tuvieron que retroceder, gritaron: «¡Esto es una picardía, una traición!». La irritación del general fue tal que obligó a los soldados que habían perdido sus armas a cargar con ruecas hasta que se armasen con fusiles enemigos, lo cual se interpretó más como una vejación que como un castigo, actitud que ningún otro jefe u oficial hubiese tenido con sus tropas, máxime si se tiene en cuenta que el Regimiento Voluntarios de Castilla actuó de forma valerosa. Como no se creían merecedores de este trato, Pedro Álvarez —soldado del regimiento— hizo un escrito que el cronista oficial no insertó para respetar la memoria de aquel general.
Paz de Basilea y Tratado de San Ildefonso
El 22 de julio de 1795 se firmó la Paz de Basilea, por la que los franceses devolvían los territorios que habían ocupado. Estos, al mando del general Moncey, habían llegado a Miranda de Ebro con dirección al paso de Pancorbo, en la provincia de Burgos, mientras que, simultáneamente, la familia real preparaba su huida a América. A la vez, el arzobispo de Toledo publicó una carta pastoral exhortando al clero a recoger los tesoros religiosos para que no cayeran en manos del enemigo francés. Con la paz que se consiguió por la firma del Tratado de Basilea el regimiento marchó de guarnición a Madrid.