El villano en su rincón es una obra de teatro del dramaturgo español Lope de Vega, publicada por primera vez en 1617, si bien se data su composición entre 1611 y 1616.
Argumento La acción se sitúa en Francia. Un próspero granjero, de nombre Juan Labrador, vive feliz en sus propiedades, de manera humilde y contento con lo que tiene. Tan satisfecho está de su situación vital, que escribe con antelación su propio epitafio, haciendo constar que fue feliz sin necesidad de conocer al rey. Esta circunstancia viene en conocimiento del monarca, que movido por la curiosidad, se presenta de incógnito en el hogar de Juan, solicitando su clemencia, mediante la concesión de un préstamo. Conmovido por la predisposición del granjero, el rey revela su identidad e invita a Juan y a su ambiciosos hijos Feliciano y Lisarda a instalarse en la corte y aconsejarle en los asuntos de estado. A Juan lo nombra mayordomo regio.Juan María Marín Martínez (ed. lit. e introducción), Lope de Vega, El villano en su rincón, Madrid, Cátedra, 1987, págs. 13-89. ISBN 978-84-376-0658-3
Datación El villano en su rincón fue publicada en 1617, en la Séptima parte de las comedias de Lope. José Fernández Montesinos, en 1926, señaló que la obra tuvo que componerse entre los años 1611 y 1616.José Fernández Montesinos, «Notas sobre algunas poesías de Lope de Vega», Revista de Filología Española, XIII (1926), págs. 173-174; apud Marín (1987), pág. 14, n. 2.
Joaquín Casalduero señaló que la obra mostraba el influjo de la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora, que no se difundió hasta finales de 1612 o principios de 1613.
Marcel Bataillon en un influyente artículo de 1949Marcel Bataillon, «El villano en su rincón», Bulletin hispanique, LI (1949), pp. 5-38 <http://www.persee.fr/web/revues/home/prescript/article/hispa_0007-4640_1949_num_51_1_3170>; reeditado en Varia lección de clásicos españoles, Madrid, Gredos, 1964, págs. 328-372 y en Antonio Sánchez Romeralo, Lope de Vega. El Teatro. II, Madrid, Taurus, 1989, págs. 249-287; apud Marín (1987), pág. 15, n. 8. sostuvo, al percibir una alusión a las bodas franco-españolas pactadas entre los reyes Felipe IV y Luis XIII, que culminaron en 1615, que la obra había de datarse entre febrero de 1614 (pues el Almirante de la comedia de Lope remitiría al Duque de Sessa, de quien el dramaturgo era secretario, que había conseguido un almirantazgo en esa fecha) y el 25 de octubre de 1615, fecha en que se frustró la posibilidad de que el Duque de Sessa presidiera el cortejo que acompañaría a la corte española hasta la frontera, donde se intercambiarían los respectivos desposados Isabel de Borbón, que casaría con Felipe IV, y Ana de Austria, que contraería matrimonio con Luis XIII.
Finalmente, Joaquín de Entrambasaguas, en 1961, postuló que lo más probable es que la comedia se escribiera a comienzos de 1616, una vez asentados los recuerdos de aquel viaje en que Lope sirvió su señor, que acompañó al cortejo real.Marín (1987), pág. 18 y n. 11. Cfr. Joaquín de Entrambasaguas, Lope de Vega y su tiempo: Estudio especial de «El villano en su rincón», Barcelona, Teide, 1961, págs. 327-329. Estudios. Vol. II. Edición digital Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2008.
Fuentes Además de las alusiones a los matrimonios regios entre Francia y España, de los que Lope de Vega se hace eco en la obra, posiblemente para solicitar sutilmente que fuera el Duque de Sessa el responsable del cortejo de la corte española, hay muchas otras influencias que suponen el germen de la creación de esta comedia.
En el acto primero (vv. 679 y ss.)El número de los versos remiten a la edición citada de Marín Martínez (1987). el Rey encuentra un epitafio en la iglesia de la aldea de Juan Labrador, que ha ido a visitar aprovechando unas jornadas de caza en las que participa, donde lee: «Yace aquí Juan Labrador,/ que nunca sirvió a señor,/ ni vio la Corte, ni al Rey,/ ni temió ni dio temor;/ no tuvo necesidad,/ ni estuvo herido ni preso,/ ni en muchos años de edad/ vio en su casa mal suceso,/ envidia ni enfermedad». Se trata del epitafio que, en vida, ha hecho inscribir el villano que protagoniza el drama. Esta décima, a la que le falta un verso, tiene su antecedente en una obra de Fray Prudencio de Sandoval de 1606, la Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V.El epitafio se localiza en Prudencio de Sandoval, Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V, t. II, Pamplona, 1634. lib. XXII, § XLIX, pág. 301; apud Marcel Bataillon, «El villano en su rincón», en Sánchez Romeralo, Lope de Vega. El Teatro. II, Madrid, Taurus, 1989, pág. 264, n. 31. Véase también en la digitalización Fray Prudencio de Sandoval, Segunda parte de la vida y hechos del emperador Carlos V..., Valladolid, Sebastián de Cañas, 1606, lib. XXII, § XLIX, pág. 263. Las similitudes son obvias: «Aquí yaz Juan Labrador/ que por jamás al Rey vido,/ a nadie envidió, ni ha sido/ testigo, reo ni actor;/ mozo y con su igual casó,/ hijos y nietos gozó,/ sin deuda, un sustento asaz;/ con su mujer vivió en paz/ y cual cristiano murió». Se encuentra en ella el nombre del protagonista de la obra teatral y el desencadenante de su asunto.Marín (1987), págs. 18-22.
Otra fuente puede apreciarse en la paremiología. Juan de Valdés, en su Diálogo de la lengua (hacia 1535), recoge un refrán que resume la actitud del orgulloso villano: «Ese es rey, el que no ve rey», cuyo sentido es que la felicidad consiste en vivir alejado del poder político.Marín (1987), pág. 22.
Por otro lado hay un cuento popular francés sobre un carbonero y el rey de Francia, que fue recogido en una versión por Antonio de Torquemada en su obra Coloquios satíricos (Mondoñedo, 1553). En él el rey se pierde cazando por la noche y se refugia en la casa de un carbonero que le ofrece hospitalidad, pero pide al rey (al que no reconoce como tal) que ocupe la cabeza de la mesa, honor que rechaza por cortesía; sin embargo, el carbonero insiste diciendo «cuando estuviéredes en vuestra casa, mandad y obedeceros han, y agora que estáis en la mía, habéis de obedecer lo que os mandan y hacerlo sin tanta porfía», ante lo que el rey se ve obligado a sentarse en el lugar de honor del convite. Los papeles se invertirán cuando sea el rey el que invite a su palacio al carbonero y le obligue a ocupar la cabecera del banquete regio y a ser servido el primero. Al final le recompensa con la exención de impuestos a su gremio. De esta facecia francesa pudo tomar Lope la localización (la acción se sitúa en Francia, aunque no deja Lope por ello de representar tipos y costumbres reconociblemente españoles) y el motivo de la doble hospitalidad.Marín (1987), págs. 23-25. Véase además el art. cit. de Bataillon (1949).
El drama acaba con un banquete que recuerda el final de los autos sacramentales, donde se celebraba la Santa Cena y se glorificaba el misterio de la Eucaristía. En este desenlace, que supone un auto sacramental profano, aparece el misterio de unos enmascarados que sirven unos extraños platos que funcionan como emblemas, o imágenes alegóricas que están cargadas de significado político: un cetro, un espejo (que simboliza que se ha de mirar al rey, y no evitarlo, pues es el rey reflejo del orden divino) y una espada, que es trasunto del poder e instrumento de la justicia. Por tanto, hay una influencia de la literatura de empresas y emblemas de la época, que se difundieron enormemente a partir de los que publicó Andrea Alciato en 1531.Marín (1987), págs. 25-29. Véase además el art. de Antonio Sánchez Romeralo, «El villano en su rincón, lección política», Homenaje a Alonso Zamora Vicente, vol. 3, tomo 1, 1991, págs. 323-338; apud Lope de Vega. El Teatro. II, Madrid, Taurus, 1989, págs. 299-319
Además de estas fuentes, El villano en su rincón incorpora varias canciones de carácter lírico tradicional: los romances «A caza va el caballero» (vv. 1252-1271) y «¿Dónde vais serrana bella» (vv. 1280-1301), los zéjeles «Por el montecico sola» (vv. 1272-1279) y «¡Ay, fortuna» (vv. 2027-2040), este último sobre la recolección mediante vareado, y la canción «Deja las avellanicas, moro» (vv. 2069-2106), relacionada temáticamente con el último zéjel. Estas composiciones poéticas se acompañaban de música y danza, lo que daría a la representación un carácter de comedia musical, como lo tenían generalmente las obras del teatro barroco español. Algunas de estas canciones están tomadas del folclore, como sucede con el romance «A caza va el caballero»; otras son recreaciones a partir de canciones populares, en las que Lope introduce variaciones; otras son creación original del dramaturgo inserta en el estilo de la lírica tradicional. Su función en esta obra es dar el ambiente costumbrista requerido.Marín (1987), págs. 44-45.
Temas y análisis Lo que primero aparece al abordar la comedia de El villano en su rincón es la alusión al tópico de la alabanza de aldea, como reza el título de la obra de Fray Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de aldea, de 1539, y que fue formulado, con consecuencias decisivas para la literatura occidental, en el Beatus ille por Horacio. Podría ilustrarse este lugar común con una canción que los músicos interpretan (Lope la toma de la que publicó en su novela pastoril a lo divino Los pastores de Belén, de 1612),Bataillon, art. cit., en Sánchez Romeralo, 1989, pág. 270. y que recrea muy de cerca la Oda a la vida retirada de Fray Luis de León, que fue quien revitalizó el elogio de la vida sencilla en la segunda mitad del :Marín (1987), págs. 29-32.
Sin embargo, a diferencia del ideal renacentista, el periodo barroco también tiene en cuenta la parcela política del hombre, pues el alejamiento y desinterés por el rey, quien en el simboliza la política, en la cumbre de su jerarquía, y refleja el orden divino, contraviene la necesidad de conciliar las dos facetas humanas, los ámbitos aldea-corte / naturaleza-sociedad / campo-ciudad. Uno de los aciertos de Lope es haber sabido convertir en sustancia dramática la oposición entre aldea (representada por Juan Labrador) y corte (por el rey), encarnada en dos férreas personalidades. La postura del labrador de desdeñar la faceta cortesana se resolverá a favor del rey con un premio que es a la vez un castigo: al nombrarlo su mayordomo le obligará a ver al rey durante el resto de su vida.Marín (1987), págs. 29-76. thumb|Baltasar Gracián, retratado hacia 1630-1636. El autor aragonés consideró en Agudeza y arte de ingenio, Discurso XLV, que El villano en su rincón era una de las más interesantes obras de Lope por suponer una «fábula moral», es decir, una ficción que ofrecía una enseñanza moralizante y se inscribía en los géneros didácticos. A ellos tendió siempre la literatura de Gracián que cultivó lo que en su tiempo se denominaba Filosofía Moral.