400px|miniatura|derecha|Vista parcial de San Juan de Luz, localidad en la que desaparecieron los tres jóvenes.

La desaparición de tres jóvenes gallegos en San Juan de Luz (departamento de Pirineos Atlánticos, Francia) fue un hecho que tuvo lugar el 24 de marzo de 1973. José Humberto Fouz Escobero, de 29 años; Jorge Juan García Carneiro, de 23 y Fernando Quiroga Veiga, de 25 residían en Irún (Guipúzcoa, España) y decidieron desplazarse a San Juan de Luz para ver la película El último tango en París. Ninguno de ellos volvió a aparecer con vida y sus cuerpos no fueron encontrados, aunque existen sospechas de que fueron secuestrados, torturados y asesinados por miembros de la organización criminal ETA-V Asamblea.

Antecedentes

La dictadura de Franco

En 1973 España seguía bajo la dictadura de Franco. Aunque el general era ya un anciano, el gobierno contaba con el firme apoyo del Ejército y la continuidad del régimen parecía garantizada no solo por la previsión sucesoria en la persona del Príncipe de España, Juan Carlos de Borbón, sino, sobre todo, gracias a la mano firme del principal colaborador de Franco, el almirante Carrero Blanco. No obstante, se advertían cambios en la sociedad, el más significativo de los cuales quizá fuera el giro de la Iglesia católica, que comenzaba a ser cada vez más crítica con el régimen a pesar del ultracatolicismo de este. La oposición política seguía siendo demasiado débil como para poner en peligro la estabilidad del sistema político del llamado Movimiento Nacional, pero se hacía notar principalmente en tres sectores: una Universidad en la que abundaban las protestas estudiantiles; el movimiento obrero, que se infiltraba en los oficiales sindicatos verticales y convocaba huelgas a pesar de la represión policial; y los movimientos nacionalistas en Cataluña y el País Vasco. La fuerza de oposición mejor organizada era el Partido Comunista (PCE), pero en los últimos años había cobrado cada vez más protagonismo la organización nacionalista vasca Euskadi Ta Askatasuna (ETA). Esta organización utilizaba la violencia como instrumento político, a diferencia del PCE y del Partido Nacionalista Vasco (PNV) de cuyas juventudes se había escindido en 1958. Esta táctica violenta le había proporcionado gran notoriedad y un creciente apoyo popular en el País Vasco y Navarra, pero también le había hecho sufrir una durísima represión policial.

La creación de «ETA V Asamblea»

En el verano de 1970 ETA celebró su VI Asamblea en la localidad francesa de Bayona. Tras las abundantes detenciones de miembros de su Frente Militar, el sector denominado obrerista había llegado a ser mayoritario en la organización. Dicho sector aplicaba principios marxista-leninistas y era partidario de supeditar la lucha armada a la lucha política. La victoria de este sector provocó que otras corrientes abandonasen la organización; una de ellas, la considerada nacionalista o militarista, decidió crear otra organización con el mismo nombre de ETA y, para diferenciarse de la rama entonces mayoritaria y no reconociendo la legitimidad de la última asamblea, la denominó «ETA V Asamblea, libertad o muerte». Durante unos años coexistirían dos organizaciones denominadas ETA, si bien la inicialmente mayoritaria (conocida entonces como ETA VI Asamblea o ETA-VI) no volvería a cometer más asesinatos.

La nueva ETA V Asamblea se vería reforzada por la llegada de un nutrido grupo de militantes procedentes de las juventudes del Partido Nacionalista Vasco, EGI, así como por el trasvase de militantes que inicialmente se habían mantenido en el sector mayoritario y comenzaban a estar disconformes con su rumbo. El 29 de agosto de 1972 provocaría su primera víctima mortal, al asesinar al policía municipal Eloy García Cambra en un enfrentamiento con las fuerzas del orden. El abandono de la violencia por parte del otro sector reforzaría paulatinamente a ETA-V, que, al ser ya la única que utilizaba medios violentos, pronto sería conocida simplemente como ETA y que demostraría con el tiempo ser mucho más mortífera que su predecesora.

Tres emigrantes gallegos

José Humberto Fouz, gallego de 29 años, tras haber trabajado en distintas ciudades europeas, se trasladó a la localidad guipuzcoana de Irún, donde su notable conocimiento de idiomas le permitió encontrar trabajo en una empresa de transportes internacionales. Allí residía en casa de una hermana e inició una relación sentimental con una joven del lugar.

Animado por su éxito, Humberto invitó a dos amigos a desplazarse también a Irún. Fernando Quiroga, de 25 años, encontró empleo como agente de aduanas. Jorge Juan García, de 23, todavía no había encontrado trabajo. Los tres residían en casa de la hermana y el cuñado de Humberto.

La desaparición

El 23 de marzo de 1973, Humberto le dijo a su novia Ana que al día siguiente, sábado, no saldrían juntos. El joven y sus dos amigos habían decidido desplazarse a Francia para ver la película El último tango en París, prohibida todavía en España por la censura de la dictadura del general Franco. Esta costumbre de desplazarse al sur de Francia para ver películas prohibidas en España era habitual entonces no sólo en la sociedad vasca, sino también en españoles de otras regiones.

Los tres jóvenes comieron en casa de Cesáreo Ramírez, cuñado de Humberto, y después jugaron una partida de cartas con él en el Bar Castilla de Irún. A continuación, llevaron a Cesáreo a su trabajo y se fueron en el Austin blanco de Humberto con matrícula de La Coruña. Parece que compraron un regalo para María Isabel, la hermana de Humberto, en una tienda de San Juan de Luz y después fueron al cine. La noche del sábado no regresaron a dormir, ni tampoco el domingo; pero fue la ausencia al trabajo el lunes de Humberto y Fernando lo que realmente alarmó a sus familiares y amigos. En un primer momento temieron que podían haberse despeñado con el automóvil en algún acantilado. Cesáreo recorrió las carreteras del País Vasco francés buscando algún rastro de su cuñado y sus dos amigos; al cabo de 21 días, decidió acudir a la Policía. Sin embargo, las investigaciones no permitieron averiguar el paradero de los tres amigos, cuyos cuerpos seguían sin ser encontrados en 2023, cincuenta años después.

La relación con ETA

400px|miniatura|izquierda|Sello de ETA, organización armada a la que se vincula con la desaparición de los jóvenes.

La desaparición de los tres hombres es relacionada con ETA por primera vez poco más tarde en unos panfletos anónimos que circulan por el País Vasco. Un mes más tarde de los hechos, el diario bilbaíno Hierro se hace eco de los mismos y relata que los tres jóvenes fueron agredidos por un grupo de etarras, información que también exponen el diario barcelonés La Vanguardia Española y el periodista Alfredo Semprún en el diario madrileño ABC. A finales de 1973 Semprún publica en el diario de la capital un artículo en el que afirma que un informador le ha relatado que los tres jóvenes habían mantenido una discusión con un grupo de etarras y habían sido asesinados. Sin embargo, ETA, que para entonces se había dividido en dos organizaciones rivales, ETA político-militar y ETA militar, nunca reconocería haber cometido tales asesinatos a través de ninguna de sus ramas.

La tesis de la autoría de ETA se vería ratificada por declaraciones posteriores de Mikel Lejarza, agente de los servicios de inteligencia españoles conocido como El Lobo que se infiltró con éxito en la organización terrorista y propició la detención de más de un centenar de etarras, entre ellos algunos de los principales líderes de ETA político-militar. Lejarza, conocido como Gorka dentro de la organización terrorista, aseguró que oyó a un miembro de ETA relatar el hecho. Años después, también el antiguo miembro de ETA Soares Gamboa manifestó que los tres jóvenes gallegos deberían ser unidos a la lista de víctimas de la organización.

Aunque las familias de los desaparecidos ejercitaron acciones penales en España, la investigación judicial nunca llegó a esclarecer los hechos. Algunas fuentes críticas con ETA denuncian que las autoridades francesas no tuvieron interés en investigar a fondo una vez que tuvieron conocimiento de la posible conexión con la organización armada, que disponía entonces de fuertes apoyos en el departamento de Pirineos Atlánticos. En España, el miembro de ETA Jesús María Zabarte Arregui fue interrogado al respecto en 1974, y declaró que había preguntado al también etarra Pérez Revilla sobre el asunto, de quien obtuvo la respuesta de que cuanto menos supiera de ello, mejor. La instrucción inicial fue archivada en 1975 sin haber realizado progreso alguno. La Ley de Amnistía de 1977 y la posterior reinserción de miembros de ETA político-militar hizo que no hubiera mucho interés en investigar un asunto que pudiera volver a excitar animosidades. Durante muchos años, el caso fue orillado en el debate público. La negativa de ETA a reivindicar el crimen y el hecho de que sólo personas vinculadas de uno u otro modo al régimen del general Franco apoyaran la pista etarra hizo que cayera en el olvido. No obstante, en ningún momento se planteó otra línea de investigación que proporcionase una explicación alternativa a la desaparición de los jóvenes.

Intervención de Coral Rodríguez Fouz

El principal factor que rescató del olvido el asunto fue la circunstancia de que una sobrina de Humberto, Coral Rodríguez Fouz, fuera elegida como miembro del Senado por el Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra-PSOE en las elecciones de 1996. La senadora Rodríguez se dirigió al entonces Ministro del Interior Jaime Mayor Oreja pidiendo información sobre el asunto y, al no obtener respuesta, formuló una pregunta oficialmente en una sesión parlamentaria. La perseverancia de Coral y de otros familiares consiguió que el Gobierno rectificara su primera actuación e incluyera a los tres desaparecidos en el listado oficial de víctimas del terrorismo, lo que conlleva distintos reconocimientos y compensaciones.

Años más tarde, en 2005, siendo miembro del Parlamento Vasco, Coral Rodríguez solicitó al Gobierno autónomo vasco que proporcionase los medios para localizar e identificar los cadáveres. El emotivo discurso de la parlamentaria modificó la inicial oposición de la mayoría parlamentaria a favor de la petición y dio lugar a una inusual petición de excusas. Sin embargo, la iniciativa no tuvo resultado práctico y los cadáveres siguieron sin aparecer.

Versiones de los hechos

Artículo de Alfredo Semprún

El 26 de diciembre de 1973, el periodista Alfredo Semprún publicó un amplio artículo en el diario ABC que contenía diversa información sobre ETA-V procedente de sus fuentes de información del País Vasco francés. Para esa fecha, ETA ya había asesinado al presidente del Gobierno, el almirante Carrero Blanco. Semprún afirmaba que los tres jóvenes habían sido asesinados por los mismos militantes de ETA que perpetraron el magnicidio. Según sus fuentes, los tres gallegos habían mantenido una discusión en un bar de San Juan de Luz con un grupo de miembros de ETA que hablaban mal de España. La reyerta habría culminado con la muerte de uno de los jóvenes a consecuencia de un botellazo recibido en la zona parietal derecha. El cadáver del joven habría sido arrojado al mar esa misma madrugada. En cuanto a los otros dos gallegos, Semprún se limitaba a informar de que habían sido secuestrados y retenidos en una finca situada en Saint-Palais. Al cabo de unos días y no sabiendo qué hacer con ellos, el etarra Tomás Pérez Revilla les asesinó de sendos disparos en la nuca y enterró sus cadáveres en los alrededores.