El lanzón de Chavín, o simplemente El Lanzón, es un monolito o wanka sagrada, perteneciente a la cultura chavín del Perú antiguo (ca. ). Está esculpido en granito irregular, con 4,54m de altura, y permanece en su emplazamiento original, un espacio reducido de forma cuadrangular en un sector de una galería interior del Templo Viejo de Chavín, llamada «galería del Lanzón». Fue bautizado como «Lanzón» pues tiene la forma de una gigantesca punta de proyectil, cuyos extremos se clavan sólidamente en el suelo y el techo de la galería, aunque esta denominación es errónea, pues en realidad se trata de una wanka.

Tiene tres lados, que están cubiertos con motivos grabados, que representan a una divinidad o ser sobrenatural con rasgos rasgos antropomorfos y zoomorfos (entre estos últimos destacan los cabellos y cejas en forma de serpientes, la boca con dos grandes colmillos y las manos con garras felinas). El ser antropomorfo representado lleva la mano derecha alzada y la izquierda apoyada en el muslo. La razón de su peculiar forma es todavía materia de discusión; posiblemente fuera tallado para simular la forma de un colmillo y quizás fuera la principal divinidad del Templo Viejo y al parecer es similar al dios representado en la estela Raimondi (la principal diferencia con este es que no lleva báculos). Es la mayor de las esculturas o monolitos conservados de la cultura chavín; otros son la mencionada estela Raimondi, el obelisco Tello y la estela de Yauya.

Estanislao de Vega Bazán en 1657 recoge la descripción de un templo debajo con recintos subterráneos y grandes piedras labradas donde se adoraba al dios Guari. Orsini, p. 50-53

Descubrimiento La primera mención sobre esta escultura aparece en la obra del sabio italiano Antonio Raimondi, que a mediados del visitó el Templo o Castillo de Chavín. El estudioso peruano José Toribio Polo, que en 1871 visitó el santuario, lo bautizó con el nombre de «Lanzón», término que actualmente es considerado incorrecto ya que en realidad se trata de una huanca (en quechua ancashino: wanka) o piedra sagrada, que según una interpretación simula la forma de un colmillo. Fue el explorador alemán Ernst Wilhelm Middendorf quien recogió el nombre de huanca cuando visitó el templo en 1883:

Posteriormente fue descrita detalladamente por los arqueólogos Julio C. Tello (1923) y John Rowe (1962). Este último denominó a la imagen grabada como la «Gran Imagen» o «Dios Sonriente», considerándolo como la principal deidad de la religión chavín, y por ende, del mundo andino.

El aluvión de Chavín de 1945 obstruyó la entrada de las galerías subterráneas y por muchos años permaneció el Lanzón sepultado, hasta que fue limpiado el sitio y se puso nuevamente al descubierto el rostro fiero del dios tallado en piedra. Se proyectó en algún momento sacarlo de su sitio y trasladarlo a algún museo, pero nunca se concretó dicho plan. Una creencia muy arraigada en la zona vaticina catástrofes naturales de magnitud si se intenta mover de su sitio a la imponente escultura.

Historia

Según John Rowe, esta escultura pertenece a los inicios del desarrollo de Chavín y a la primera fase de la construcción del Templo (el llamado «Templo Viejo»), hacia 1100-900 a. C. La deidad representada en el Lanzón era la principal divinidad de los chavines, cuyo culto era atendido por una casta sacerdotal que tenía acceso a las galerías subterráneas del Templo de Chavín. Este sería un santuario oracular y centro de las peregrinaciones del mundo andino (como lo fue Pachacámac en la época inca). Allí se hacían ofrendas humanas y de animales.

Los miembros de la etnia huari, un grupo étnico preinca que se desarrolló después de la cultura chavín, adoraban esta y otras huancas en las galerías de Chavín, todas bajo el nombre de Huari, asociándolas con el sol, la agricultura y el agua. Los huari, describieron a su deidad como un gigante del subsuelo.

Descripción thumb|Detalle del rostro del Lanzón. En líneas generales, el ser mitológico representado en la escultura presenta atributos humanos y zoomorfos combinados. Su cabeza ocupa la tercera parte del volumen del monolito y en ella destacan una boca de felino con dos colmillos que le da un aspecto fiero, una cabellera formada por haces de serpiente a manera de penacho, así como grandes aretes que penden de sus orejas. El resto del cuerpo es corto y grueso, y se ven las extremidades superiores de forma humana: la mano izquierda hacia abajo y la derecha en alto con los dedos extendidos. A la altura de la garganta se ve una especie de greca, que podría representar un pectoral. El cuerpo está cubierto con una especie de túnica que termina en flecos; por encima de estos se desplaza un grupo de cabezas de felino. De ambos extremos inferiores de la túnica penden otras dos cabezas que parecen de culebras. Por encima de la cabeza de la divinidad se ven también sendos grupos de cabezas felinas.

Interpretación

Federico Kauffmann considera que la divinidad representada en el «Lanzón» es en el fondo la misma que muestra la Estela Raimondi, aunque a diferencia de esta, no lleva báculos o cetros, ni plumaje estilizado. Pero considera que el brazo levantado del dios podría aludir a la condición «voladora» del mismo.

Comparando con otras iconografías contemporáneas y posteriores, Kauffmann sostiene que el dios Chavín, en sus diversas variantes, es básicamente un ser híbrido: mitad hombre con boca atigrada y mitad ave de rapiña, al cual ha denominado Piscoruna-Pumapasimi (quechua: hombre ave con boca atigrada). Este «felino volador» estaría relacionado con el culto al agua, de tanta importancia en las civilizaciones agrícolas del Perú antiguo.

La arqueóloga ecuatoriana María Fernanda Ugalde considera que la divinidad representada en el Lanzón podría tratarse de la misma que se representa en el Picasso tolita, una escultura en cerámica que fue realizada por la cultura Tumaco-La Tolita. Según ella, esta divinidad podría estar relacionada con la dualidad, la transformación y la decapitación.

Origen mitológico

En el documento colonial Carta Annua: Misión a las provincias de Ocros y Lampas del corregimiento de Cajatambo de 1619, existe una referencia a la deidad Huari como «Huari Viracocha». El documento narra lo siguiente:

Véase también Estela de Raimondi Obelisco Tello Estela de Yauya

Referencias

Bibliografía Del Busto Duthurburu, José Antonio: Perú preincaico, pp. 74-75. Colección de obras escogidas de José Antonio del Busto. Lima, Empresa Editora El Comercio S.A., 2011. ISBN 978-612-306-033-6 Kauffmann Doig, Federico: Historia y arte del Perú antiguo. Tomo 2, pp. 191-192. Lima, Ediciones PEISA, 2002. ISBN 9972-40-214-2 «Los ancashinos ancestrales». Incluido en la Gran Enciclopedia del Perú. Lexus Editores, 1998. ISBN 9972-625-13-3 Silva Sifuentes, Jorge E. T.: «Origen de las civilizaciones andinas». Incluida en la Historia del Perú. Lima, Lexus Editores, 2000. ISBN 9972-625-35-4 Villanueva Sotomayor, Julio R.: El Perú en los tiempos antiguos. Historia Preínca e Inca. Publicado por el diario “Ojo”, edición fascicular, 2001. Edición e impresión: Quebecor World Perú S.A. Depósito Legal: 150103 2001 - 2408

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