La arquitectura de Costa Rica es aquella que se ha producido en este país. La misma se construye desde una perspectiva sincrónica, a partir de sus particularidades bioclimáticas regionales, y desde el eje diacrónico por las influencias propias de un puente ístmico que une dos masas continentales de gran fuerza cultural y geopolítica, por lo que resulta un sincretismo entre lo ancestral, la enorme biodiversidad y la novedad de estilos arquitectónicos de moda o materiales y tecnologías exóticas. |Junta de Andalucía: Guía de arquitectura y paisaje de Costa Rica. id=ISBN 978-84-7595-283-3
Su identidad tiene ancladas las raíces en las tipologías de urbanización ancestral como en la ingeniería de Guayabo, la cultura simbólica del Valle del Diquís y sus esferas de piedra o el misticismo cósmico de los ranchos habitacionales y ceremoniales de Baja Talamanca, que devinieron en una síntesis que oscila entre la importancia bioclimática, los estilos de moda y la creatividad local. miniaturadeimagen|330x330px|Teatro Nacional de Costa Rica, joya arquitectónica del país.
Etapas y regiones
Aunque los procesos no son continuos, el desarrollo de la arquitectura en Costa Rica se divide en: periodo antiguo de 10.000 a 2.000 a. C., periodo de cacicazgos del 2.000 a. C. a 1.560 d. C., periodo colonial español de 1.560 a 1.848, periodo republicano de 1.848 a 1.920, (1.920 a 1980) y periodo contemporáneo.
Por sus influencias bioclimáticas el país se divide en Valle Central, región norte (llanuras de San Carlos, Río Frío, Sarapiquí y Santa Clara)caracterizadas como calientes y húmedas, región Caribe (Limón, Tortuguero, Baja Talamanca, Guápiles, Siquirres y Matina) de clima típico caribeño, región Pacífico norte (Guanacaste, Puntarenas, Esparza, Orotina, Garabito y Quepos) caliente y seco, y región Pacífico sur (Valles del General, Diquís, Coto Brus, Coto Colorado y Península de Osa) de clima que oscila entre caliente muy húmedo a moderado al interior.
El sector predominante es la región central, consistente en una fosa tectónica llamada popularmente Valle Central (por estar rodeada de montañas), con una altura media de 1.200m sobre nivel del mar, temperatura modal de 24 grados Celsius, humedad ambiental media de 60% y régimen pluvial entre 1.500 y 3.000 milímetros anuales y que aglutina el 62% de la población en un 16,7% (8.528.400 km² ) del territorio nacional donde se concentran las ciudades de mayor tamaño, comercio y servicios administrativos: su capital San José, Alajuela, Heredia, Cartago y otras emergentes como San Ramón, Palmares, Grecia, Barva, San Rafael, Santa Bárbara, Santo Domingo, Tibás, Moravia, San Isidro, Desamparados, Alajuelita, San Pedro, Curridabat, Tres Ríos, Paraíso y otros. |Guía Histórica de Costa Rica, Arquitectura
Periodo antiguo (10.000 a. C. - 2.000 a. C.) thumb|250px|Panorámica del área central del asentamiento urbano de Guayabo en 2009, declarado Patrimonio Mundial de la Ingeniería. Conforme se avanza en hallazgos arqueológicos, este periodo pareciera extenderse hasta los 20.000 o 30.000 años a. C. como en el resto de Mesoamérica, con grupos humanos que compartían las características socioculturales de los otros grupos étnicos que vivían en Costa Rica, Panamá y el sureste de Nicaragua. Esta zona, formaba parte de un área mayor denominada «de tradición chibchoide», que se extiende hasta la sierra de Santa Marta, en el noreste de Colombia. Los grupos étnicos de esta zona compartían las raíces de la lengua chibcha y, si bien presentaban rasgos culturales mesoamericanos, desarrollaron sus propios rasgos culturales.
Aunque la mayoría de los grupos parecen ser de vocación nómada, van apareciendo vestigios de asentamientos con edificaciones para grupos de hasta 400 personas, de base circular y rectangular según la corriente migratoria y cerramientos de madera rolliza, arcilla, fibras naturales y palma, una bioconstrucción adecuada pero que deja pocos rastros.
Periodo de cacicazgos (2.000 a. C. - 1.560 d. C.)
Durante esta época se empezaron a desarrollar redes de comercio a larga distancia. Las regiones del Caribe y el Pacífico Sur se insertaron al circuito comercial de Panamá, Colombia y Ecuador, mientras que la zona del Pacífico Norte se conectó con el circuito de México y el resto de Centroamérica. El Valle Central se relacionaba con ambos circuitos.
En la región arqueológica del Gran Chiriquí, específicamente en la confluencia de los ríos Sierpe y Térraba, en la zona conocida como Diquís (Pacífico Sur), se encuentran vestigios de asentamientos y objetos de manufactura especializada: esferas de piedra monumentales agrupadas en geometrías asociadas a fenómenos astronómicos y/o de orientación, que denotan avanzados conocimientos matemáticos, climáticos y tecnológicos, así como una complejidad social y económica para administrar grandes asentamientos urbanos.
Los arqueólogos insisten en que las “bolas de piedra” fueron símbolos de identidad y/o de autoridad,|Periódico La Nación: Las esferas son símbolo de poder situación que se ha mantenido por milenios, ya que en la actualidad todavía flanquean instituciones públicas, comercios y residencias, continúan presentes en el imaginario colectivo asociadas a la pintura, literatura y escultura. Destaca el interés plástico de los arquitectos-escultores Jorge Jiménez Deredia |Artstudio Magazine, Jorge Jiménez Deredia: el aliado de las esferas e Ibo Bonilla|Revista Su Casa, El jardín de esferas de Iboasí como el interés teórico - conceptual de la arquitecta Melissa Rudin.
Los pueblos autóctonos crearon asentamientos como el área arqueológica de Guayabo, con un área de más de 250 hectáreas, montículos, espacios para uso ceremonial, doméstico y funerario, plazas, acueducto y calzadas de cientos de kilómetros conectando las principales rutas de comercio, vestigios de una civilización que se cree floreció entre los años 1.500 a. C. al 1400 d. C. El tipo de vivienda que utilizaban era el “rancho” (habitación rectangular o redonda, sin paredes, o con paredes construidas de cañas que dejaban pasar el aire y techo de dos aguas, que no llega al suelo, cubierto con hojas de palmera y culmina en la cúspide con una vasija de barro para evitar goteras) cuyo interior contaba con hamacas para socializar y dormir.
El complejo fue declarado monumento nacional para su protección oficial y dada su importancia de desarrollo tecnológico, pasó a ser desde el año 2009, Patrimonio Mundial de la Ingeniería según la Sociedad Americana de Ingeniería Civil (American Society of Civil Engineers, ASCE.)|La Prensa Libre: Monumento Nacional Guayabo es Patrimonio Mundial de la Ingeniería
En la Región Norte (actual provincia de Guanacaste), los chorotegas y nicaraos construían sus viviendas rectangulares con vigas, paja y piso de tierra. Las casas de los señores principales, llamadas por los conquistadores templos o palacios, eran más grandes y estaban ubicadas en la plaza principal o calle real.
Los españoles les llamaron palenques a los conjuntos de habitaciones fortificadas de los pueblos Quepoa, Coctú, Boruca y Torucaca, ubicados en el Pacífico Sur. Los describieron como fuertes defensivos, rodeados de empalizadas y con puertas a manera de puentes levadizos. En general estos núcleos se localizaban en sitios estratégicos, cerca de afluentes de agua y terrenos de labranza.
El conquistador español Vázquez de Coronado describió las casas y el pueblo de Coctú de la siguiente manera:
En la región del Caribe predominaba la vivienda circular con techo cónico (U Suré). Investigaciones recientes acerca de este tipo de vivienda (en especial en la baja Talamanca) ponen de manifiesto una amplia red de relaciones simbólicas, místicas y de convivencia, tanto en la escogencia de los materiales como en la construcción de las viviendas. Cada uno de los pasos refleja la cosmovisión indígena.Alfredo González Chaves: Los awapa (chamanes): sus otras formas de comunicación, tesis doctoral, Universidad de la Laguna, 2002
Periodo colonial español (1.560 - 1.848) thumb|300px|Iglesia de Orosi. Construida en 1743 por frailes franciscanos, está fabricada en gruesas paredes de adobe, posee una línea arquitectónica sencilla que le da un aspecto humilde y a la vez sobrio. A principios del , justo antes de la llegada de los españoles, la población del territorio actual de Costa Rica alcanzaba las 400.000 personas, la mayoría de ellas concentradas en el Pacífico Norte y en el Valle Central pero en 1611 esa población ya se había reducido a solo un poco más de 10.000 personas, un descenso de más del 90% en 42 años.
En 1523, Carlos V promulgó una serie de ordenanzas, las cuales determinaban que, siempre que se fundaran ciudades lejos de las costas, se repartieran “ plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la plaza mayor y sacando de ella las calles a las puertas y caminos principales”.
En 1564 se fundó y trazó la ciudad de Cartago en el valle del Guarco, en el lugar donde confluyen los ríos Purires y Coris . En 1575 fue trasladada al sitio donde se emplaza actualmente Junto a las dos únicas ciudades españolas que sobrevivieron durante gran parte del período colonial (Cartago y Esparza), estaban también los pueblos de indios Barva, Aserrí, Curridabat, Ujarrás, Pacaca, San Bernardino de Quepo y Nicoya.
La arquitectura eclesiástica de los siglos y era muy sencilla y estaba representada por los cuatro templos que tuvo Cartago en ese tiempo: la parroquia de Santiago Apóstol, la iglesia de San Nicolás Tolentino, el templo y convento de San Francisco y la iglesia la Soledad, la cual cumplía también funciones de beneficencia. De la misma época son el convento franciscano de Esparza y los templos de doctrina ubicados en el Valle Central y en la península de Nicoya.
En un principio la estructura de los templos era de madera y paja. Después era de paredes de adobe y techo de teja y de una sola nave –con pies derechos cuando el ancho de la iglesia exigía ese apoyo–. Una espadaña o un sencillo campanario albergaba las campanas.
El templo de Ujarrás en ese momento habitado por ladinos fue construido con paredes de calicanto, tres naves, presbiterio con sacristía, oficina para el doctrinero y claustro adyacente.
En el pueblo de Orosi –repoblado a mediados del con indios del pueblo de San José Cabécar, de Talamanca–, los padres franciscanos reconstruyeron el templo doctrinal (el cual se conserva hoy en día) siguiendo la tradición colonial: de adobe, con una sola nave levantada sobre horcones de guachipelín, artesonado sencillo de corte mudéjar, capilla lateral, claustro y hermosos aunque humildes altares barrocos. La fachada principal, de mampostería, presenta la sencillez de los templos coloniales costarricenses. El decorado de la torre del campanario es representativo del barroco centroamericano: un listón, ornado con balaustrada en relieve plano, adorna la sección superior.
Al oeste del Valle Central surgieron varios asentamientos: Heredia (1706), San José (1737), Alajuela (1782) y Escazú (1793). Y en la segunda mitad del (también de manera espontánea) se incorporan nuevos núcleos urbanos fuera del Valle Central. Tal fue el caso de Cañas y Bagaces, que se encontraban dentro de las redes del comercio colonial con el norte.
Las casas de habitación de los vecinos principales constaban de un solar de un cuarto de manzana. Eran edificadas haciendo esquina, con sus horcones de cedro y corredores de caedizo, patio enclaustrado, cuadras de ordeño, tiendas y trastiendas, cocina ubicada lejos del cuerpo principal de la casa, otras dependencias y portón de entrada para carretas y bestias. Estas estructuras habitacionales contrastaban fuertemente con los ranchos de paja de los vecinos del común.