España napoleónica es el término con el que se designa el régimen impuesto por Napoleón Bonaparte, la transformación o crisis de las instituciones españolas y el territorio español dominado por los franceses en el transcurso de la guerra de la Independencia Española (1808-1813). Durante este período, en la parte del Reino de España e Indias ocupada por los ejércitos franceses se estableció un Estado satélite del primer Imperio francés encabezado por el rey José I, hermano del emperador Napoleón.
El territorio español que los franceses no pudieron someter proclamó a Fernando VII como su legítimo rey y, mediante el tratado Apodaca-Canning, se alió con el Reino Unido y luchó junto con Portugal para expulsar a los ejércitos napoleónicos de toda la península ibérica. Las victorias aliadas en Arapiles y Vitoria significaron la derrota de la monarquía satélite de José I y la expulsión de los soldados de Napoleón. A consecuencia de esta derrota el emperador Napoleón I ofreció la paz y reconoció a Fernando VII como rey de España y de Indias, restituyéndole por el Tratado de Valençay como soberano según las leyes antiguas, ignorando al gobierno de las Cortes de Cádiz, y provocando la retirada de España de la guerra.
Contexto histórico
Napoleón Bonaparte se autoproclamó cónsul de la Primera República Francesa el 18 de febrero de 1799, y en 1804 fue coronado emperador. España controlaba el acceso al Mar Mediterráneo y poseía un vasto Imperio Colonial en América, por lo que era un punto crucial en el mapa europeo que los franceses debían dominar cuanto antes. Carlos IV era el rey de España desde 1788, un año antes de la Revolución Francesa, pero solía dejar el gobierno en manos de su primer secretario, Manuel Godoy, de quien se decía que era amante de la reina María Luisa de Parma. Napoleón tomó ventaja de la situación y propuso al gobierno español conquistar Portugal y repartirlo entre ambas naciones (Tratado de Fontainebleau). El Príncipe de la Paz, como se conocía a Godoy, negoció el trato y poco después aceptó gustoso la oferta que permitía a los franceses penetrar en territorio español. Sin embargo, las verdaderas intenciones del emperador eran otras, conquistar España y Portugal simultáneamente y situar a su hermano José Bonaparte, desde 1806, soberano de Nápoles, a la cabeza de ambos reinos. Pero el acuerdo casi subrepticio de Godoy con el Primer Imperio francés desató descontento en varias esferas de la sociedad española, lo que fue capitalizado por el príncipe Fernando de Borbón, acérrimo adversario de Godoy. Junto a otras personalidades del gobierno, como el infante Antonio Pascual, Fernando entendió claramente que era un plan de los franceses para hacerse con el reino y pensó en asesinar al ministro e incluso a sus padres, para tomar él el poder y sacar a las tropas de Napoleón.
Más de 20.000 soldados franceses entraron a España comandados por Junot en noviembre de 1807, con la misión de reforzar al ejército hispano para atacar Portugal y entraron en Lisboa el día treinta de ese mismo mes. Los españoles no opusieron resistencia y permitieron su libre tránsito.Edward Baines (1835), History of the Wars of the French Revolution, Philadelphia, McCarty and Davis, pág. 65. Hacia febrero de 1808, los auténticos planes de Napoleón comenzaron a saberse y hubo pequeños brotes de rebeldía en varias partes de España, como Zaragoza. Godoy encarcela al príncipe Fernando pero es forzado a liberarlo ante la llegada de Murat para apoyar a Junot ante un eventual ataque de Inglaterra. Joaquín Murat, comandante de las fuerzas francesas, creía que España reaccionaría mejor bajo el mando de José I de Nápoles, hermano de Napoleón, que gobernada por Carlos IV o por su hijo Fernando. Así lo expresó al emperador en una carta del 1 de marzo de 1808.Licht, Fred (1979); Goya: The Origins of the Modern Temper in Art, Universe Books, pág. 109 En marzo se produce el motín de Aranjuez. Carlos IV debe destituir a Godoy y este tiene que salir del país por temor a morir linchado a manos del pueblo. Obligado por la penosa situación, el rey abdica y Fernando se convierte en el nuevo monarca español. Al conocer los sucesos en España, Napoleón se precipita y aprehende a Fernando VII, que debe devolver la corona a su padre y este la pone en manos del francés.
El dos de mayo las autoridades francesas decretaron la salida de los últimos miembros de la familia real, entre ellos los infantes María Luisa y Francisco de Paula. Al percatarse de ello, el cerrajero Blas Molina gritó al pueblo: «¡Traición! ¡Nos han quitado a nuestro rey y quieren llevarse a todos los miembros de la familia real! ¡Muerte a los franceses!». Comenzó así el Levantamiento del dos de mayo. Murat escribió sobre ello a José Bonaparte que «el pueblo de Madrid se ha levantado en armas, dándose al saqueo y a la barbarie. Corrieron ríos de sangre francesa. El ejército demanda venganza. Todos los saqueadores han sido arrestados y serán fusilados». Tal como escribió el general, esa noche comenzó en la capital una implacable persecución de presuntos sublevados. Cualquiera que llevase una navaja —común entre los artesanos madrileños— era arrestado y condenado a muerte sin previo juicio. Las ejecuciones se realizaron a las cuatro de la mañana en Recoletos, Príncipe Pío, la Puerta del Sol, La Moncloa, el Paseo del Prado y la Puerta de Alcalá.
Gobierno y política Planes napoleónicos thumb|Retrato de Manuel Godoy, por Goya (1801).El caso de la intervención francesa en España es un claro ejemplo del carácter imperialista de la política napoleónica en Europa. Por su personalidad, Napoleón Bonaparte despreciaba a un país como España, regido por una dinastía decadente y por la regresión de un clero en su mayoría reaccionario. Entre sus intenciones estaban las de renovar el país mediante reformas sociales y administrativas y poner sus recursos a disposición de Francia. Todo ello se esperaba poder realizar con la colaboración o aquiescencia de la población española. El objetivo último de Napoleón era alinear al país contra Gran Bretaña y, una vez que se hubiera eliminado la oposición inglesa, que los navíos franceses y españoles llevaran los metales preciosos de la América española a la metrópoli.
Planes con las Indias El emperador francés llegó a pensar en el desmembramiento de la monarquía hispánica en distintos virreinatos controlados por él directamente o manejados a través de miembros de su familia para lograr beneficiar económicamente al sistema continental europeo con el Libre comercio con América, aunque desistió. Al final decidió nombrar a su hermano José como nuevo monarca español para dirigir el país en su época, procedente del Reino de Nápoles En ese sentido, le escribió:
Esta decisión se debía que había un dominio naval británico de los mares, y con ello una posibilidad real de que los territorios de las Indias (América y Filipinas) terminasen bajo control británico. Por lo que para abril y junio de 1808 quedó claro para Napoleón que debía augurarse la integridad territorial del Imperio español. Posteriormente, Napoleón dio reiteradas órdenes a Murat para mandar comisionados, barcos y armas a las Indias, así como que todas las corporaciones comerciales de la Península mandaran mensajes a sus delegados y representantes en América con el fin de demostrarles las múltiples ventajas que tendrían por aceptar a la nueva dinastía. Por lo que fueron instruidos en prometer auxilio económico y militar (evitando que los caudales americanos vayan a España), obtener la aprobación de las autoridades indianas (considerando para ello “fomentar el odio entre europeos y americanos”), evitando criticar al Santo Oficio y más bien favorecer al Fuero eclesiástico, mientras que se presentaba a Napoleón como el “restaurador de la libertad” y el “legislador universal". Dichos agentes fueron:La América española y Napoleón en el Estatuto de Bayona. Domínguez Nafría, Juan C. (2009). [ISBN: 978-84-8419-179-7]
Para Lima hasta Guayaquil: Luis Azcárraga (Vizcaíno) Para Quito: Cristóbal de Espinosa (Cordobés) Para Panamá: Juan Vizcarolasa (Vizcaíno) Para Chile: Remigio Aparicio (Vitoriano) Para las provincias internas del Río de la Plata: Roque Frías (Madrileño) Para Buenos Aires y Montevideo: Benigno Alfaro (Pamplonés) Aunque también hubo algunas operaciones secretas de la diplomacia napoleónica, que concebía que, en caso las Indias no se sometieran a los Bonaparte, se debía azuzar la independencia con el fin de evitar que los americanos entren en el área de influencia británica.
Reinado de José I
thumb|José I retratado cuando era monarca español.
Tras la salida de España de Carlos IV y Fernando VII, y después de producirse las abdicaciones de Bayona, el 25 de mayo Napoleón realizó una proclama a los españoles en la que indicaba que no iba a reinar en España y confirmaba la convocatoria de una asamblea de notables en Bayona. Finalmente, José Bonaparte fue proclamado Rey de España el 6 de junio. Una semanas más tarde una asamblea de 65 representantes españoles firmó y promulgó la denominada Constitución de Bayona, una suerte de carta otorgada en cuyos principios se aunaba el espíritu de la revolución francesa y el de las instituciones tradicionales españolas. En la Constitución se establecía un periodo de cuatro años para la realización del programa de reformas.
Al asumir José I la corona, comenzó por exigir un juramento de fidelidad a todos aquellos cargos o funcionarios que lo hubieran anteriormente, o a aquellos que sirvieran a la administración por primera vez. Se planteó entonces un problema para los españoles que vivían en territorios ocupados por las fuerzas imperiales, o que cayeron posteriormente en bajo su control. Muchos de estos que se acogieron o colaboraron con el nuevo régimen eran los denominados afrancesados, que no eran otros que buena parte de aquellos ilustrados que habían destacado durante los reinados de Carlos III y Carlos IV. Por su parte José, que no carecía de preparación y buenas cualidades personales, trató de reinar con la ayuda de los miembros de este grupo. Los afrancesados constituían un grupo de la élite intelectual y administrativa que, a la vez que renegaba de la anterior monarquía borbónica, también temía los excesos de una violenta revolución jacobina. Por tanto, estos eran más partidarios de una tercera vía constituida por un reformismo autoritario del Estado que permitiera modernizar España, esperando contar para ello con el silencio o la aquiescencia del clero y la nobleza. Ciertamente, hubo un momento durante la Campaña de Andalucía de 1810 en que pareció que José podría ganarse a la población tras las victorias militares, pero aquel mismo año su hermano concedió a sus generales en España plenos poderes civiles y militares, lo que terminó de desacreditar al nuevo Rey.
thumb|left|Bandera del 6.º Regimiento de Infantería de Línea josefino