La palabra «estudios» se refiere, en este caso, a una obra en la que se estudia, discute y dilucida una cuestión, mediante un proceso de investigación científica, así como la complejidad, mismo proceso de investigación que lleva a su confección. Definimos cuento como un relato de un suceso, una relación de palabra o por escrito de un suceso falso o de pura invención, una narración breve. thumb|derecha|300 px| Las raíces históricas del cuento de V. Propp y otros cuentos

Tipos de cuentos. Hay dos grandes tipos de cuentos: el cuento popular y el cuento literario. -El cuento popular: es una narración tradicional de transmisión oral. Se presenta en múltiples versiones, que coinciden en la estructura, pero discrepan en los detalles. Tiene tres subtipos: los cuentos de hadas o cuentos maravillosos, los cuentos de animales y los cuentos de costumbres. El mito y la leyenda son, también, narraciones tradicionales, pero suelen considerarse géneros autónomos. Las mil y una noches es la recopilación más conocida de cuentos populares orientales que se conoce. -El cuento literario: es el cuento concebido y trasmitido mediante la escritura. El autor suele ser conocido. El texto, fijado por escrito, se presenta generalmente en una sola versión, sin el juego de variantes característico del cuento popular. Se conserva un corpus importante de cuentos del Antiguo Egipto, que constituyen la primera muestra conocida del género. Una de las primeras manifestaciones en la lengua castellana fue El conde Lucanor, que reúne 51 cuentos de diferentes orígenes, escrito por el infante Don Juan Manuel en el siglo XIV.

Estudios en torno a los cuentos. Los cuentos recopilados de la tradición oral se cuentan por miles. En el estudio de los mismos, no solamente se ha empeñado el folklore, área de estudio de gran prestigio en algunos países europeos, sino que también ha interesado a la lingüística que encontró un material riquísimo y abundante, a la tecnología, a la historia y, más recientemente, a la psicopedagogía. Como nos dice el traductor de los cuentos de Grimm, Carles Riba (1949): lo que hace perenne la virtud en los cuentos es que valen, como quiere el orden humano, oídas antes que comprendidas; por el simbolismo de unos hechos todos ellos exteriores, infunden verdades infinitamente importantes y difícilmente explicables. Entre las cuestiones que interesaron a los estudios interdisciplinarios figuran la de diferenciarlos de las leyendas y los mitos, la de distinguir entre las numerosas variedades de cuentos y la de establecer el origen. Distinción entre cuentos, leyendas y mitos En primer lugar, las leyendas y cuentos presentan una gran similitud y además con frecuencia, en las publicaciones, se han presentado conjuntamente. La leyenda tiene unos trazos históricos y geográficos evidentes al situar los hechos en lugares más o menos localizables que son protagonizados por personajes históricos o acompañantes de los mismos que bien pudieron existir (Tenéze, 1969).Por el contrario, nos encontramos con un cuento cuando no hay referencia geográfica identificable alguna, los hechos suceden en un bosque, en el mar, o en el castillo encumbrado de un país muy lejano, y tampoco es posible la identificación de los personajes que son indefinidos: un rey, un labrador, un pescador, etc., y, a veces, son calificados con adjetivos comunes: el hermano mayor, mediano o menor; el más diligente o perezoso; a lo sumo sus nombres, cuando aparecen, son los comunes de la zona geográfica donde se recopilaron, muchas veces sirviendo para dar título al cuento: Pedro el de Malas, Juan el Oso. En relación con los mitos, la distinción ha sido más discutida. Propp, en sus extensos estudios, indicó que los mitos podían haber sido una de las fuentes utilizadas en la formación de cuentos, aunque sean distintos por la función social que desempeñan, según el período histórico en que se formaron (Propp, 1980). En cambio «Lévi-Strauss advierte que algunas narraciones que tienen carácter de cuentos en una sociedad, son mitos en otra. En todo caso, los cuentos serían mitos en miniatura, y en una relación de complementariedad, no de derivación histórica» (Almodóvar, 1982: 19).Sin embargo, el mito (que muestra mucha dureza en su relato, que presenta unos elementos sobrenaturales muy fuertes y unos personajes que luchan hasta el límite de sus fuerzas) tiene un final invariablemente trágico. El cuento (a pesar de los pasajes difíciles, de los seres imaginarios como son las brujas, los gigantes y las serpientes de siete cabezas, a pesar de las pruebas imposibles y unos protagonistas con los cuales es fácil la identificación) tiene asegurado un final feliz. Estas características peculiares del cuento son las que sirven para recomendar enfáticamente que los niños conozcan muchos cuentos porque, además de enfrentar debidamente al niño con los conflictos humanos básicos, le enseñan que la lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana; pero si uno no huye, sino que se enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a dominar todos los obstáculos alzándose al fin victorioso (Bettelheim, 1981:9-31).

Orígenes del cuento Los estudios interdisciplinarios, exponen las dificultades para dar una explicación satisfactoria al hecho de que haya cuentos en todos los lugares donde el ser humano se estableció y que, además, presenten numerosos trazos comunes. La corriente histórico-geográfica que en opinión de Propp no conducía a nada verdaderamente incuestionable y que, a la postre, iba a ser una cuestión tabú para la ciencia, como la del origen mismo del lenguaje (Almodóvar, 1982: 13) apunta la posibilidad de situarlos en el neolítico, o bien que fueran creaciones pertenecientes a la cultura homérica. Por otra parte, Otto Huth, folklorista alemán, «sitúa el epicentro del cuento en el área donde se originó la cultura megalítica, en la parte occidental de África del norte y se habría extendido por todo el litoral mediterráneo de la península ibérica» (Fábregas, 1982: 210). Otros autores, Benfey, Th. y Cosquin, E., defienden la teoría «Indianista» según la cual todos los cuentos nacen en la India (excepto unos pocos que serían anteriores al siglo X) y se habrían difundido a partir de las relaciones comerciales y mediante la transmisión literaria hacia el imperio bizantino, Italia y España (Grup d'Estudi del Conté Popular, 1985:13-14). Tal hipótesis sería reforzada por el hecho de que en el año 1545 sea fechada la serie de tres manuscritos sirios, la más antigua que se conoce, y que fue encontrada por el arqueólogo orientalista Antoine Galland (1646-1715).

Galland, con la ayuda de Hanna, un persa que amplió la serie con sus propios cuentos, publicó en seis volúmenes sus hallazgos arqueológicos (Bettelheim, 1980:10). Otro dato concordante con lo que venimos anotando, sería que en Italia se publican, recién establecida la imprenta, los primeros cuentos europeos las Piaccevoli motti, de Giovan Francesco Straparola, en los que, por primera vez, surgen motivos de cuentos conocidos por nosotros. También en Italia, Basile recoge de la tradición oral, que las mujeres del pueblo contaban a sus hijos Lo cunto de li cunti, adelantándose en unos años a la recopilación de los hermanos Grimm efectuada entre las mujeres del campo, en Alemania» (Hürlimann, 1968:43). Es probable que los cuentos de «Las mil y una noches» viajasen en el barco de Simbad por las aguas de tiempos olvidados. Recojamos de este viaje la explicación que matiza la teoría indianista al afirmar que podemos clasificar los cuentos tradicionales de Europa y de todos los países de la cultura europea, en cuanto a sus orígenes, de la manera siguiente, según Aurelio M. Espinosa (1946): Cuentos que han venido de Oriente en tipos ya bien establecidos y que han sufrido cambios muy insignificantes en su transmisión y difusión a los países de Occidente. Cuentos que han sido desarrollados en Europa con elementos o motivos orientales. Los tipos de esos cuentos han sido establecidos de una manera definitiva en Occidente. Cuentos que han sido formados en Occidente completa o casi completamente. Por otra parte, con un planteamiento más global para esclarecer los orígenes de los cuentos y, ante la presencia múltiple en distintos lugares geográficos, se argumenta que habría dos tipos de explicaciones (Simonsen, 1981): El nacimiento de los cuentos se debería a una supuesta monogénesis, a partir de la cual seguiría una etapa de difusión o traslado a otras partes. Esta explicación sería coincidente con los estudios geográfico-históricos. Una supuesta poligénesis se vería reforzada por estudios etnográficos y antropológicos que demuestran cómo los trazos de culturas antiguas evolucionadas siguen vigentes hoy en pueblos que se han mantenido en estado primitivo. El enigma de los cuentos populares no está dilucidado en estos momentos, a pesar de los extraordinarios trabajos realizados. Pero, quizás, es necesario que el enigma acompañe siempre a los cuentos para que no pierdan el encanto que tienen, como dice la metáfora: «Cuentos, bellos espejos de agua, tan transparentes y profundos». Por último, al hablar de los orígenes de los cuentos recopilados de la tradición oral cabe mencionar el grupo de cuentos de autor moderno que, como en el caso de Hans Christian Andersen, son susceptibles de confusión si se establece un paralelismo con los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm o con Charles Perrault.

Aunque el caso de Perrault es muy complejo según explica Soriano (1977) en un estudio de más de 500 páginas, hay que distinguir entre Perrault o los Grimm que escribieron cuentos a partir de las versiones orales conocidas en su tiempo. Perrault presagia que en lo sucesivo los cuentos van a ser para los niños cuando publica en 1697 sus Contes de ma mere VOye, aunque en ese momento sea en la corte donde consiguen la mayor difusión: Los Grimm empiezan a publicar en 1812 su primer volumen de Cuentos infantiles y caseros, escritos con extraordinaria calidad literaria pero con la misma claridad y sencillez con que se los contara una campesina de Kassel.

Por el contrario, Andersen, que nació en Copenhague en 1805, va a convertirse en un personaje mundialmente famoso porque recorre un gran número de ciudades europeas y «logra hacer reír y llorar a miles de personas, entre ellas, junto a niños y padres, también a reyes, ministros y generales» (Hürlimann, 1968:113). Andersen leyó y escuchó, en sus múltiples viajes, cuentos de variadas procedencias que le sirvieron para desarrollar un arte inigualable lleno de belleza, sensibilidad e ironía tan patentes el «El patito feo», «El vestido nuevo del emperador» o en «Ole Lukøje», que el autor escribió definitivamente una vez que los había contado innumerables veces a su público. Además, algunos cuentos de Andersen inician una nueva era en la reelaboración de cuentos al introducir el animismo que tanto complace al niño. A veces Andersen «es insuperable en la animación de los objetos más banales» (Rodari, 1973:64).

Dificultades en la clasificación de los cuentos Otra gran línea de estudio de los cuentos es la que hace referencia a su clasificación, a la cual dedicó parte de sus trabajos Wilhelm Wundt que ya, entre 1911 y 1920, publicó su conocida obra La psicología de los pueblos. En ella propone siete grupos de cuentos: Cuentos-fábulas mitológicos. Cuentos maravillosos puros. Cuentos y fábulas biológicos. Fábulas puras de animales. Cuentos «sobre el origen». Cuentos y fábulas humorísticos. Fábulas morales. Este intento de clasificación de los cuentos se repetiría por otros estudiosos de distintas disciplinas. Entre los numerosos trabajos destacamos dos por la repercusión que han tenido posteriormente.

El ingente esfuerzo de Aarne-Thompson.