El golpe de Estado de julio de 1936 en la Armada española trata de cómo la Armada española intentó sumarse al golpe de Estado de julio de 1936 y de cómo la mayoría de las dotaciones se amotinaron frente a sus oficiales, casi todos ellos favorables al "alzamiento", impidiendo así que la Marina de Guerra de la República Española pasara a manos del bando sublevado, aunque este sí consiguió apoderarse de la principal base naval, la de Ferrol, y la de Cádiz, lo que le permitió contar con los barcos que allí se encontraban, una pequeña flota compuesta por el acorazado España, el crucero Almirante Cervera y el destructor Velasco a la que en los meses siguientes se sumaron los dos modernos cruceros que estaban siendo construidos en los astilleros ferrolanos, el Canarias y el Baleares. Este fue el inicio de la guerra civil española en el mar.
La conspiración
thumb|left|250px|Imagen aérea de Cartagena, incluyendo su base naval, tomada el 18 de junio de 1936, un mes antes del inicio de la guerra civil. La conspiración en la Armada no estaba tan desarrollada como en el Ejército, pero a diferencia de este, en el Cuerpo General no existía la división entre partidarios y contrarios a la República, sino que la práctica totalidad de los jefes y oficiales eran hostiles (o como mínimo indiferentes) al régimen republicano, como ya lo habían demostrado en algunas ocasiones.
Los primeros contactos entre los conspiradores del Ejército con oficiales del Cuerpo General de la Armada española tuvieron lugar en marzo de 1936. Participaron los hermanos Francisco Moreno Fernández, capitán de navío con destino de capitán de quilla de los cruceros en construcción en Ferrol Canarias y Baleares, y Salvador Moreno Fernández, capitán de fragata en situación de disponibilidad forzosa, a los que conspiradores del Ejército les pidieron que la marina de guerra permaneciese neutral cuando se produjera el golpe y permitiese el paso de convoyes de tropas desde el Protectorado español de Marruecos a la península. Cuando el general Mola se hizo cargo de la dirección de la conspiración en abril recabó la colaboración de la Armada "en los puntos en que esto sea conveniente" que concretó en unas Instrucciones para las fuerzas de la Armada de 20 de junio. En estas se especificaba que la misión de la Armada sería el dominio de las bases navales de Ferrol y Cádiz, la vigilancia de la costa norte, especialmente Asturias (incluido el bombardeo de la cuenca minera), y la colaboración en la sublevación de Marruecos. Los enlaces de Mola con la Armada eran de nuevo los hermanos Moreno, a los que se añadieron el jefe del Estado Mayor de la base de Ferrol, capitán de navío Manuel Vierna, el contraalmirante Ruiz Atauri, segundo jefe de la base de Cádiz, y el capitán de corbeta Manuel Súnico, comandante del cañonero Dato, el buque de mayor potencia de las fuerzas navales del Protectorado de Marruecos, y que estaba en contacto con Yagúe. En la base de Cartagena, en cambio, los mandos eran fieles al gobierno y Mola sólo pudo contar con jefes de menor graduación (entre ellos el comandante del destructor Almirante Ferrándiz, el capitán de fragata Marcelino Galán Arrabal; el comandante del destructor Sánchez Barcáiztegui, el capitán de fragata Fernando Bastarreche; y el comandante del submarino C-2, el capitán de corbeta García de la Mata)
Durante las maniobras que realizó la Armada en aguas de Canarias, el general Franco, entonces comandante militar del archipiélago, ofreció una recepción a los jefes y oficiales de los barcos, encabezados por Javier Salas Larrazábal jefe del Estado Mayor de la Armada, en la que pronunció un discurso en el que les dijo:
De esta reunión informaron al gobierno de Madrid miembros de los cuerpos de suboficiales de la flota y las autoridades civiles de Santa Cruz de Tenerife donde se celebró la recepción. El gobierno también había sido informado por suboficiales de que oficiales del Cuerpo General durante las escalas en Melilla y en Ceuta se habían entrevistado con los jefes de la Legión, coroneles Yagüe y Solans. Por esta misma vía también estaba informado de los planes para sublevar la base de Cádiz. En algunos barcos, singularmente en los cruceros Libertad, Miguel de Cervantes y Almirante Cervera y el acorazado España, miembros de los cuerpos auxiliares (como los Radiotelegrafistas) y de suboficiales y marinería habían formado comités para vigilar las actividades sospechosas de los oficiales del Cuerpo General. Estos comités en algunos casos mantenían vínculos con la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA).
Nada más conocerse el asesinato del líder de la derecha antirrepublicana José Calvo Sotelo en la mañana del lunes 13 de julio el ministro de Marina, José Giral, ordenó el cese de una serie de oficiales que estaban implicados en la conspiración (entre otros, el capitán de navío Manuel Vierna, jefe del Estado Mayor de la base de Ferrol, y el capitán de fragata Marcelino Galán, comandante del destructor Almirante Ferrándiz) y al día siguiente envió un mensaje a los jefes de las bases navales para que tomaran "precauciones evitando que extremistas de una u otra naturaleza puedan actuar con su propaganda cerca personal a sus órdenes". El miércoles día 15 de julio ordenó que se hicieran a la mar los destructores Almirante Ferrándiz (cuyo mando lo asumió el capitán de navío Miguel Fontenla ante la hostilidad del resto de oficiales), en dirección a Barcelona, Churruca, en dirección a Cádiz, y Lepanto, en dirección a Almería, para apoyar el mantenimiento del orden en dichos lugares si se producían disturbios militares u obreros.
Desarrollo La sublevación en la flota thumb|250px|Destructor Sánchez Barcáiztegui.
En la tarde del viernes 17 de julio se recibieron en la central radiotelegráfica del Estado Mayor de la Marina en Ciudad Lineal las primeras noticias de que se había iniciado la sublevación militar en Marruecos. El oficial tercero del Cuerpo de Auxiliares Radiotelegráficos que estaba en ese momento de guardia en la central era Benjamín Balboa López, afiliado a la UMRA y que ya había denunciado en diversas ocasiones las actividades «facciosas» de jefes y oficiales del Cuerpo General de la Armada, lo que le había valido también algún arresto. En la madrugada del sábado 18 de julio el general Franco envió un telegrama de felicitación a Melilla por el éxito de la sublevación que también fue transmitido a las bases navales. Desde la de Cartagena se envió el mensaje de Franco a Madrid con la instrucción «cúrsese a las guarniciones». El radiotelegrama se había recibido a las 7.10 horas y decía:
Balboa informó directamente al ayudante del ministro de Marina, el teniente de navío Pedro Prado Mendizábal, saltándose la cadena de mando en el Estado Mayor en la Marina, de la que sospechaba que estaba implicada en la conspiración, incluido su jefe el vicealmirante Francisco Javier de Salas González. Cuando recibió la orden del jefe de la central radiotelegráfica, el capitán de corbeta Castor Ibáñez que había informado del mensaje al vicealmirante de Salas, de que comunicara el radiotelegrama de Franco a toda la flota Balboa se negó a obedecer y arrestó a su superior pistola en mano en nombre del Gobierno de la República, tomando el mando de la estación. Balboa a continuación contactó con todos los buques de la Armada y a los radiotelegrafistas de los mismos, a la mayoría de los cuales los conocía personalmente, les informó de que sus oficiales podían estar a punto de sublevarse contra el gobierno y establecieron una clave para que comunicaran si esto sucedía.
La misma madrugada del sábado 18 de julio el ministro de Marina José Giral ordenó que todos los buques de la flota se dirigieran hacia la zona del estrecho de Gibraltar para que cañonearan las posiciones de los sublevados en Marruecos e impidieran el paso de cualquier transporte de tropas que intentara llegar a la península. Sin embargo, los comandantes de los destructores Almirante Valdés y Sánchez Barcáiztegui, después de cañonear Ceuta, decidieron entrar en Melilla, lo que suponía ponerse de parte de los sublevados, y el destructor Churruca y el cañonero Dato no solo desobedecieron la orden de bombardear Ceuta sino que transportaron tropas desde allí a Cádiz.
En la noche del sábado 18 de julio, las dotaciones de los destructores Almirante Valdés y Sánchez Barcáiztegui se amotinaron y arrestaron a sus oficiales que se habían sublevado, abandonando Melilla y poniendo rumbo a la base naval de Cartagena. A las ocho y cuarto de la mañana del día siguiente, domingo 19 de julio, la dotación del Churruca también se amotinaba y detenía a sus oficiales sublevados. Ese mismo día las dotaciones de los guardacostas Uad-Lucus y Uad-Muluya y el cañonero Laya obligaron a sus respectivos comandantes a dirigirse al puerto internacional de Tánger (mientras que los guardacostas Dato y Uad-Kert se sumaban a la sublevación entrando en Ceuta, así como el torpedero T-19). Los oficiales del destructor Alsedo fueron detenidos a bordo del Sánchez Barcáiztegui en Málaga, la dotación del destructor José Luis Díez se amotinó la noche del 19 de julio y la del destructor Alcalá Galiano en la madrugada del lunes 20 de julio, aunque su comandante, que había cerrado la emisora de radio, aseguró que no obedecía «más órdenes que las de la República». En cambio en la noche del martes 21 de julio fueron aplastados por fuerzas sublevadas de infantería de marina los amotinamientos a la desesperada de las dotaciones de los cañoneros Cánovas y Lauria en la base de Cádiz, cuando esta ya estaba en poder de los sublevados.
thumb|250px|left|Crucero ligero Miguel de Cervantes.
El acorazado Jaime I y los cruceros Libertad y Miguel de Cervantes, como los destructores, recibieron la orden de zarpar rumbo a la zona del Estrecho de Gibraltar. Los tres se encontraban en la tarde del 17 de julio en la base naval de Ferrol y los radiotelegrafistas de los tres barcos recibieron los mensajes de Balboa desde Madrid sobre la posible sublevación de sus oficiales y también conocieron el amotinamiento de las dotaciones de los destructores Almirante Valdés, Sánchez Barcáiztegui y Churruca. El domingo 19 de julio el crucero Libertad, que ya se encontraba en la zona del estrecho, recibió la orden de cañonear Cádiz, pero sus oficiales no obedecieron inmediatamente por lo que la tripulación se amotinó y se hizo con el barco, poniendo rumbo a Tánger. Cuando la dotación del crucero Miguel de Cervantes conoció lo que había sucedido en el Libertad se amotinó cuando el barco se encontraba a la altura de Lisboa y un cabo de marinería llevó el barco a Tánger, a donde llegó el lunes 20. Por su parte la dotación del acorazado Jaime I, que había hecho escala en Vigo para carbonear, se amotinó a mediodía del martes 21 y a diferencia de lo ocurrido en el Libertad y en el Miguel de Cervantes aquí hubo lucha entre los oficiales que defendieron el puente contra un grupo armado de cabos, que finalmente logró hacerse con la nave. Dos oficiales resultaron muertos y fueron sepultados en el mar de acuerdo con un telegrama de Madrid que decía: "Con sobriedad respetuosa den fondo a los cadáveres, anotando situación". El Jaime I también puso rumbo a Tánger a donde llegó ese mismo día.