El Retablo del Espíritu Santo es una obra del pintor gótico catalán Pere Serra ubicada en la Colegiata Basílica de Santa María (Manresa) en la provincia de Barcelona y realizada hacia 1394. Se trata de un retablo de grandes dimensiones y de gran riqueza iconográfica con 22 escenas diferentes —sin contar las 36 figuras de santos pintadas en las seis entrecalles—, está considerada como la obra maestra del autor. Fue encargado por la Cofradía de los Curtidores de Manresa que tenían al Espíritu Santo como patrón. Se trata de una narración en torno a la figura del Espíritu Santo y su intercesión en los principales pasajes bíblicos. El relato comienza por la Creación del mundo, la infancia y madurez de Jesús, su Pasión hasta el Ascensión, el Pentecostés —pieza central y de tránsito entre los cuadros de la vida de Jesús— y los relativos a la creación de la Iglesia y el inicio del apostolado cristiano.

Las tablas centrales de la predela desaparecieron antes del y en su lugar se incorporó en la restauración de 1954, una tabla con un Lamento sobre Cristo muerto, obra de Lluís Borrassà de 1411.

Datos de contexto Autor

miniatura|150px|Autorretrato del autor, como parte de la tabla de la Misa de San Martín, en la predela de este retablo. Pere Serra se formó como pintor en el taller barcelonés de Ramón Destorrents, donde trabajó por un período de cuatro años a partir del año 1375. Posteriormente, en compañía de sus hermanos, Francisco, Santiago y Juan, también pintores, formó parte del taller pictórico familiar. Se tiene constancia documental de su producción pictórica desde el año 1375 hasta el año 1405. Desde su taller dominó el panorama artístico catalán imponiendo el estilo italo-gótico a lo largo de toda la segunda mitad del , que se hace patente en los numerosos retablos que realizó por todo el territorio de la antigua corona de Aragón.

Aunque el estilo del obrador es italianizante, de pintura sienesa, muchos de sus discípulos se convirtieron en iniciadores del gótico internacional del principado de Cataluña. En el taller de Pere Serra se formaron Jaume Cabrera, Pere Vall, Joan Mates o Jaubert Gaucelm.

Estilo La obra presenta todos los rasgos propios del estilo del trecento italiano: una equilibrada mezcla de realismo y fantasía, de misterio combinado con expresiones cotidianas y asequibles, la yuxtaposición de las figuras en el paisaje, el color y el ritmo narrativo, todo ello forma una atmósfera poética. Su estilo, en la línea del Pentecostés del museo Diocesano de Barcelona, se muestra aquí mucho más personal e independiente.

Si en el arte románico las figuras eran más distantes y omnipotentes, en el arte gótico las escenas son más cercanas a los fieles. El gótico hace descender a Cristo, la Virgen y los santos justo por encima de los altares y les da una dimensión más humana. El artista hace una combinación del Antiguo y el Nuevo Testamento, centrándose en pasajes religiosos con presencia del Espíritu Santo, en su mayoría de temática mariana.

Historia La obra fue un encargo de la cofradía de los Curtidores del Espíritu Santo de Manresa. A pesar de no conservarse el contrato, sí existe el recibo del último pago a Pere Serra fechado en 1394. Su estabilidad estructural presentó problemas en 1412 con la aparición de unas grietas en el cuerpo central, que tuvo que ser restaurado por el manresano Francesc Feliu. Esta restauración comportó repintar el manto del Padre Eterno de la escena de la Coronación de la Virgen. La tabla del Pentecostés que presentaba una rotura de 3 cm de ancho fue rellenada con materiales elásticos. miniatura|250px|Vista del retablo con la predela de Antoni Marquès de 1506.

En 1870 se realizó una nueva restauración. En ese momento el retablo había perdido el guardapolvo, algunos montantes, parte de la crestería y la parte central de la predela, de la que sólo quedaban las dos tablas de los extremos. Se reconstruyeron los elementos complementarios y se hizo un nuevo guardapolvo decorado con escudos y formas florales. Para ocupar el espacio de la predela se decidió sustituir las dos tablas que faltaban por cuatro de las cinco tablas de la predela del Retablo de la Trinidad de Antoni Marquès de 1506, que se conservaba en la misma basílica con un sagrario en el centro. Con esta incorporación, el Retablo de la Trinidad quedó maltrecho y el resto de sus tablas permanecieron en el archivo del templo, hasta que en 1982, una vez reintegradas las cuatro tablas mencionadas, fue restaurado y vuelto a instalar en su lugar original en la Seu de Manresa.

Al comenzar la guerra civil española en 1936 fue desmontado para protegerlo, y en 1939, antes de finalizar la contienda, fue trasladado a Ginebra. Después de la guerra volvió, pero no fue hasta 1947 que, mediante las gestiones del arquitecto manresano Alexandre Soler i March, presidente de los Amigos de los Museos de Cataluña, se decidió iniciar un proceso de sensibilización y suscripción entre las entidades, para recaudar fondos, y poder hacer una restauración completa del retablo. Se pudo realizar con la financiación principal de la Caja de Ahorros de Manresa y las aportaciones de 15 000 pesetas del Ayuntamiento de Manresa y de 5 000 pesetas de los Amigos de los Museos. La restauración fue realizada por Ramon Gudiol, Andreu Asturiol, Agustí Trenado, Nicasio Arraiza y Braulio Arquero. Una vez restaurado estuvo expuesto en el Palacio de la Virreina de Barcelona, antes de su instalación definitiva en Manresa el 26 de abril de 1954.

En esta restauración se eliminaron las tablas que se habían añadido en el , se recuperaron las dos tablas de los extremos de la predela original y, para ocupar el espacio central vacío, se optó por una tabla alargada obra de Lluis Borrassà. Esta pieza sólo es catorce años más moderna que el retablo original y su temática encaja dentro del relato iconográfico del retablo. Representa el Lamento sobre Cristo muerto y contrasta con el resto del retablo porque muestra un gran dramatismo. La escena del entierro presenta la cara deformada por el dolor de Cristo muerto y la tristeza de quienes lo velan.

Descripción Estructura del retablo miniatura|250px|Esquema del retablo según el orden de lectura iconográfica. En total consta de veintidós dos tablas con escenas del Antiguo Testamento, de la vida de Jesús y los Hechos de los Apóstoles. Están ordenadas en cinco calles más predela. Como es habitual en otros retablos del gótico catalán, las tablas de la calle central son más grandes, contienen el tema principal y están encabezadas por un Calvario o Crucifixión como coronamiento central. Las cuatro calles laterales contienen tres pisos de tablas con escenas bíblicas coronados, en el ático al mismo nivel de la escena de la Crucifixión, por una figura de ángel en cada calle. Las entrecalles o montantes, que estructuran el retablo y separan las calles entre sí, están decoradas con un total de treinta y seis pequeñas imágenes de santos y están rematados en su cima por unos pináculos de clara estética gótica en talla de madera dorada.

En la parte baja del cuerpo principal del retablo está la predela formada por una gran tabla central, obra de Lluís Borrassà, y dos escenas de santos a cada lado que corresponden a la obra original de Pere Serra.

Todo el retablo se encuentra rodeado de un guardapolvo con tallas fitomóficas doradas sobre un fondo azul y siete escudos heráldicos distribuidos dos en cada lado y tres en la banda superior.

Tablas centrales miniatura|izquierda|150px|La Coronación de la Virgen y el Pentecostés, escenas centrales del retablo. En la calle central se ubican las dos más grandes de todo el retablo. Corresponden a la escena del Pentecostés, que cronológicamente está situada detrás de la Ascensión de Jesús, y la Coronación de María se ubicaría detrás del Discurso de San Esteban. Así como remate de esta parte central y a la vez del retablo se encuentra la tabla de la Crucifixión de Jesús.

Pentecostés (Ver n.º 14 del esquema) El Pentecostés describe la fiesta del quincuagésimo día después de la Pascua, del Domingo de Resurrección. Durante Pentecostés o Pascua Granada, se celebra el descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles, tal como se describe en los Hechos de los Apóstoles:

Por eso también se conoce como la celebración del Espíritu Santo. Este evento supuso, de hecho, el inicio de la actividad de la Iglesia de Cristo. El autor recogió toda la solemnidad del momento en la composición que gira en torno a la Virgen. Ella y todos los apóstoles que la rodean reciben la bendición de la paloma que representa el Espíritu Santo. La paloma sale de un cielo estrellado que se rasga para dejar paso a la figura sagrada. De ella emanan unos rayos que caen sobre todos los reunidos, que manifiestan su sorpresa en sus rostros y, especialmente, en sus manos crispadas. Las figuras, casi de tamaño natural, presentan una extrema sensibilidad.

El desconcierto entre los apóstoles por el cambio que acaban de experimentar les hace comentar: San Pedro, comprendiendo el destino que les había designado el Mesías, inició sus enseñanzas sobre cómo difundir la Palabra de Dios, en una escena conocida como el Discurso de Pedro que se encuentra en la última tabla, en el extremo inferior derecho del cuerpo del retablo. miniatura|Crucifixión de Jesús en el ático del retablo.

Coronación de María (Ver n.º 17 del esquema) Sobre la tabla del Pentecostés, está la escena de la Coronación de la Virgen. María y su hijo están sentados en unos tronos dorados y solemnes. Rodeándolos, un grupo de seis ángeles de color rojo —el color de la realeza— crean un cálido horizonte. Jesús está colocando una corona sobre la cabeza de su madre con la mano derecha. Con su mano izquierda sostiene el globo terráqueo una alusión de su poder divino sobre el terrenal. La sobriedad e intensidad del conjunto tiene un carácter eminentemente bizantino con las dos figuras solemnes y hieráticas en medio de un espacio dorado y regio.

La Crucifixión (Ver n.º 9 del esquema) La Crucifixión de Jesús se encuentra, como en la mayoría de retablos medievales, en la cima de la calle central. La escena tiene los personajes habituales, todos ellos de pie. A la izquierda, María de Cleofás y María Magdalena están sosteniendo la Virgen, con una fiel reproducción del retablo de la Almudaina de Palma, de Ramón Destorrents, y guarda un gran parecido con el Calvario atribuido al Maestro de Sigena que se conserva en Museo Episcopal de Vich. Encima de la Cruz, hay un nido de pelícano que alimenta a sus crías con su propia sangre. La figura de un pelícano está relacionada a través de la iconografía con el sacrificio de Jesús, ya que se arranca la carne de su pecho para dar de comer a sus hijos.El sacrificio de Jesús para salvar a los humanos se representa iconográficamente con la imagen del pelícano que, según una leyenda, se arranca la carne de su propio pecho para dar de comer a sus hijos. La leyenda deriva del movimiento que hancen los pelícanos cuando tienen el pico lleno de peces y lo golpean contra su pecho para regurgitar la comida y darla a su prole

Tablas laterales Las imágenes con escenas bíblicas están ordenadas cronológicamente de arriba abajo, empezando por las dos calles de la izquierda.

La creación