thumb|right|180px|Cartel publicitario de la película Show Boat (1936). El cine clásico de Hollywood fue el mayor período del cine estadounidense. Se originó en un estilo cinematográfico, tanto narrativo como visual, que se desarrolló por primera vez entre las décadas de 1910 y 1920, durante los últimos años del cine mudo. Posteriormente, se convirtió en un distintivo del cine durante la era dorada de Hollywood (golden age of Hollywood en inglés). Este período comenzó aproximadamente desde 1927, con el advenimiento del cine sonoro sincronizado, y finalizó gradualmente desde los años 1960, con la producción de las últimas películas narrativas. Durante esa época surgieron los grandes estudios cinematográficos más representativos del cine clásico hollywoodense, especialmente: 20th Century-Fox, Columbia Pictures, Metro-Goldwyn-Mayer, Paramount Pictures, RKO Radio Pictures, United Artists, Universal Studios, Walt Disney Pictures y Warner Bros. Pictures.

Este período destacó por el impacto estético del cine estadounidense a nivel internacional, lo que contribuyó al cine para convertirse en el séptimo arte. Asimismo, Hollywood adquirió la suficiente relevancia mundial como para convertirse en un referente de la industria cinematográfica, ya que tuvo la mayor colección de actores y directores más destacados de la historia del cine.

Orígenes

Hollywood se iría convirtiendo, no solamente en sinónimo de cine norteamericano, sino también en el paradigma del cine institucional. Este paradigma estuvo vigente entre las décadas de 1910 y 1960 aproximadamente. David Bordwell ha planteado que alrededor de los años 1910 la mayoría de películas de ficción utilizaban sistemas narrativos, temporales y espaciales, al tiempo que se consolidaba la producción en el sistema de estudios con su particular división del trabajo y su carácter marcadamente industrial, destacando el desarrollo cinematográfico de D. W. Griffith con El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916).

Sin embargo, en los años 1960 la mayor parte de las compañías productoras se habían pasado a la televisión, que desde la década anterior se había constituido como el medio de entretenimiento familiar. Las estrellas habían dejado de tener contratos de exclusividad con los estudios, los productores también se habían vuelto independientes y se había roto la integración vertical a través de la cual unas cuantas compañías controlaban la producción, la distribución y la exhibición, además que el código Hays (un regulador que indicaba los valores de producción) estaba siendo desechado. Además, el cine arte y el ensayo atravesaban su mejor momento formal y comercial, alcanzado cierto estándar tecnológico con el color de gran definición, el sonido de alta fidelidad y el formato panorámico.

Tendencias del cine clásico 180px|thumb|left|Cartel publicitario de la cinta muda El mundo perdido (1925). En este sentido, el cine clásico de Hollywood no hace referencia exclusivamente a ciertas convenciones formales ni a un conjunto de películas específicas, sino que es un sistema de práctica cinematográfica. Esta consiste en una serie de normas estilísticas ampliamente aceptadas, que constituyen un sistema integral de producción cinematográfica que a su vez las soporta a ellas. Estas normas constituyen una determinada serie de supuestos acerca de cómo debe comportarse una película, acerca de qué historias debe contar y cómo debe contarlas, del alcance y las funciones de la técnica cinematográfica y acerca de las actividades del espectador. Estas normas formales y las funciones se crearán, tomarán forma y encontrarán apoyo dentro de un modo de producción: un conjunto característico de objetivos económicos, una división específica del trabajo y modos particulares de concebir y ejecutar el trabajo cinematográfico.

Si bien no hay ninguna película totalmente “clásica”, pues todas estas representan un equilibrio inestable de las normas clásicas, es posible identificar el clasicismo de este sistema dado su énfasis en la armonía formal, la destreza técnica y el control de las respuestas del espectador. Este énfasis se sustentaba en una serie de normas estilísticas basadas en el realismo (entendido como verosimilitud de los acontecimientos, aunque obviamente con amplias excepciones que variaban según los géneros), el montaje de continuidad, la invisibilidad de la narración, la reducción de la ambigüedad y la universalidad de las historias.

Tratamiento narrativo thumb|right|190px|Fotograma de Buster Keaton en la película muda El maquinista de La General (1926). Se trata de un cine marcadamente narrativo, en el cual, todos los elementos cinematográficos se subordinaban a la narración. Se trataba, entonces, de un cine de desglose o, si se prefiere, de un cine que tenía que recurrir constantemente a la metonimia en tanto solamente propone fragmentos al interlocutor para que este pueda referirse, inmediatamente, a la totalidad sugerida. Pero esto únicamente es posible si entre cada uno de los fragmentos, así como entre estos y la totalidad, existen relaciones obvias, lazos muy estrechos. La idea de continuidad resulta por lo tanto indispensable para este principio de desglose: continuidad cronológica entre los planos que se suceden, pero también continuidad lógica entre los primerísimos primeros planos y los grandes planos generales, como entre los varios trozos de acción o del mundo que se representan por separado.

En otras palabras, el cine clásico de Hollywood busca “disimular su artificio por medio de técnicas de continuidad y una narrativa <<invisible>>”. De esta manera, la cámara actúa como un narrador omnisciente, guiando la experiencia visual y permitiendo que el espectador se sumerja más en la trama, sintiéndose parte de la acción. La obviedad de las relaciones entre los fragmentos está dada por una lógica que privilegia decididamente la causalidad, centrada en los personajes principales. Causalidad, consecuencia, motivaciones psicológicas claras, deseo de superar los obstáculos y conseguir los objetivos, son los motores de las películas clásicas.

Personajes 180px|thumb|left|Cartel publicitario de la película Grand Hotel (1932). Los personajes son claramente definidos desde un comienzo y generalmente presentan personalidades estables en todo el filme, lo cual, sumado a una historia casi siempre estructurada en torno a un estado de equilibrio, la ruptura de este y, finalmente, su restablecimiento, hacen que el espectador sea conducido a través de la película. Gilles Deleuze ha denominado a esta estructura “la gran forma”, que ha representado como "SAS" (en la cual S equivale a situación y A a acción), en donde la desviación o ruptura provocada por una acción solamente existe para ser colmada o resuelta a través de otras acciones.

Como parte del cine institucional, el cine clásico de Hollywood construye un sujeto cuya ubicación es difícil de definir, que viaja a través del espacio-tiempo del filme, viaje que está garantizado por el montaje en continuidad. En la dimensión temporal, la continuidad de los gestos y las acciones de un plano a otro, fueron las principales herramientas para dejar lo suficientemente claro que un cambio de plano era un avance en el desarrollo cronológico. En la dimensión espacial, fue fundamental orientar al espectador y esto se realizó a partir del supuesto de que los planos se filmarían y se montarían de modo que este quedará siempre en el mismo lado con respecto al desarrollo de la historia, más allá de la cuarta pared, aunque en una butaca móvil a diferencia del espectador teatral. Para esto se utilizó la denominada regla de los 180°, acompañada del plano contraplano, la continuidad de mirada y de dirección. Todos estos recursos se constituirían en convenciones cinematográficas que siguen utilizándose ampliamente. Puede concluirse que los rasgos clásicos gozan de una envidiable vitalidad, pero el sistema en el que se formaron y adquirieron sentido ha desaparecido, lo que ha hecho que estos rasgos se sustituyan en la actualidad por elementos cinematográficos “modernos”.

Era dorada de Hollywood thumb|180px|right|Cartel publicitario de la cinta Luces de la ciudad (1931). Los historiadores del cine utilizan los términos «era dorada de Hollywood» y narrativa clásica de Hollywood para designar un estilo visual y de sonido sobre un modo de producción artística, que se volvió recurrente en la industria cinematográfica entre las décadas de 1920 y 1960. Este período se inició desde el estreno de los largometrajes en sonido sincronizado The Jazz Singer (1927) y Lights of New York (1928), abarcando hasta la producción de las últimas películas narrativas en los años 1960 como: The Bellboy (1960), Breakfast at Tiffany's (1961), The Hustler (1961), El Cid (1961), La conquista del Oeste (1962), What Ever Happened to Baby Jane? (1962), To Kill a Mockingbird (1962), Freud (1962), La pantera rosa (1963), Marnie (1964), El tren (1964), My Fair Lady (1964), The Sound of Music (1965), Doctor Zhivago (1965), Fantastic Voyage (1966), The Party (1968), Chitty Chitty Bang Bang (1968), The Love Bug (1968), Hello, Dolly! (1969), Willy Wonka & the Chocolate Factory (1971) o Bedknobs and Broomsticks (1971). Varios autores destacan el final de esta época entre 1969 y 1972, cuando se introdujo el sistema Dolby como formato principal para la reducción del ruido en el sonido cinematográfico, a la vez que las películas del Nuevo Hollywood prosperaban ampliamente durante la segunda mitad de los años 1960 y a lo largo de la década de 1970. thumb|180px|left|Logo del largometraje Casablanca (1942).