La intervención extranjera en la guerra civil española es el relato del papel que desempeñaron en la guerra civil española los diversos países que intervinieron en favor de uno de los dos bandos enfrentados (la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal corporativista en favor del bando sublevado; y la Unión Soviética y México en favor del bando republicano, y también el papel que desempeñó la política de «no intervención» seguida por Reino Unido, Francia y Estados Unidos-).
Como ha destacado Enrique Moradiellos, «tanto los testigos y protagonistas de la época (fueran franquistas, republicanos o más o menos neutrales) como los historiadores y analistas posteriores (fueran más proclives a los primeros, a los segundos o a los terceros) han coincidido mayormente (casi diríamos: unánimemente) en este punto clave: esa intervención exterior, bajo la forma de envíos de armas, municiones y combatientes o mediante apoyo financiero, diplomático o logístico, fue un aspecto relevante del conflicto civil español y representó un factor de importancia tanto en su desarrollo efectivo como en su desenlace final».
«Hay una prueba positiva de [la] crucial importancia [de la intervención extranjera en la guerra civil española]: cuando el golpe militar parcialmente fracasado del 17 de julio de 1936 deviene en una verdadera guerra civil (tres días más tarde), ambos bandos contendientes optan por recurrir a la demanda de ayuda extranjera porque, simplemente, carecían de los elementos y pertrechos bélicos necesarios para librar un combate prolongado y de envergadura…Por eso tuvo una importancia crucial y vital la decisión germano-italiana de intervenir en apoyo de las tropas de Franco, salvando una situación gravísima y permitiendo a este retomar la iniciativa estratégica y emprender la ofensiva militar con una seguridad, vigor y contundencia que ya nunca abandonaría. Del mismo modo y con igual carácter crucial y vital, en el crítico mes de octubre de 1936, la decisión soviética de acudir en auxilio material de la República permitió la resistencia de Madrid frente al asedio franquista y sostuvo con posterioridad la estrategia defensiva del bando gubernamental hasta su postrero desplome más de dos años después».
La intervención extranjera tuvo también una dimensión sanitaria importante, tanto por el envío de ayuda humanitaria y la asistencia de refugiados como por la asistencia sanitaria militar, principalmente destinada al bando republicano.
La dimensión internacional de la guerra civil española La "guerra de España" (como la llamó la prensa internacional) tuvo una repercusión inmediata en las complicadas relaciones internacionales de la segunda mitad de la década de los años treinta. En Europa existía una pugna política, diplomática, ideológica y estratégica a tres bandas entre las potencias democráticas, Gran Bretaña y Francia; las potencias fascistas, la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini; y comunistas, la Unión Soviética de Stalin; y el "asunto español" fue enfocado por cada Estado europeo desde sus intereses concretos. Francia y Gran Bretaña veían que la "guerra de España" podía complicar aún más el difícil juego estratégico que se desarrollaba a escala europea. "Por ello, la primera orientación de la diplomacia de esas potencias fue la de procurar el aislamiento del conflicto español. A esa táctica obedeció la primera de las grandes medidas internacionales: el acuerdo general sobre la No-Intervención".
Pero los regímenes fascistas europeos (Alemania e Italia) y el Portugal salazarista apoyaron desde el principio a los militares sublevados, mientras que la República desde octubre de 1936 obtuvo el apoyo de la URSS y de las Brigadas Internacionales (también recibió el apoyo casi simbólico de México). Este "apoyo internacional a los dos bandos fue vital para combatir y continuar la guerra en los primeros meses. La ayuda italo-germana permitió a los militares sublevados trasladar el Ejército de África a la Península a finales de julio de 1936 y la ayuda soviética contribuyó de modo decisivo a la defensa republicana de Madrid en noviembre de 1936".
La ayuda italiana y alemana que llegó al bando sublevado desde el inicio se incrementó notablemente a partir de octubre de 1936 cuando comenzaron a llegar al bando republicano la ayuda soviética y las primeras Brigadas Internacionales. A partir de ese momento, que coincide con el inicio de la batalla de Madrid, "la guerra ya no era un asunto interno español. Se internacionalizó y con ello ganó en brutalidad y destrucción. Porque el territorio español se convirtió en campo de pruebas del nuevo armamento que estaba desarrollándose en esos años de rearme, previos a una gran guerra que se anunciaba la Segunda Guerra Mundial".
La Guerra civil española ha sido considerada en muchas ocasiones como el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial o como un episodio de la "guerra civil europea" que comenzó en 1914, con la Primera Guerra Mundial y concluyó en 1945 con el final de la Segunda Guerra Mundial. "La guerra civil española fue en su origen un conflicto interno entre españoles... [pero] nunca pudo ser una lucha entre españoles o entre la revolución y la contrarrevolución. Para muchos ciudadanos europeos y norteamericanos, España se convirtió en el campo de batalla de un conflicto inevitable en el que al menos había tres contendientes: el fascismo, el comunismo (o la revolución socialista, anarquista o trotskista) y la democracia. (...) En la guerra civil española combatieron decenas de miles de extranjeros".
Hay un aspecto humanitario de la dimensión internacional de la guerra civil que no hay que olvidar: que la mayoría de las embajadas y legaciones extranjeras de Madrid y algunos consulados de capitales de provincia dieron asilo político a miles de españoles de ambos bandos que se encontraban en peligro de muerte.EL ASILO DIPLOMÁTICO: UN CONDICIONANTE DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES DE LA REPÚBLICA DURANTE LA GUERRA CIVIL Antonio Manuel Moral Roncal Universidad de Alcalá de Henares
Las ayudas internacionales inmediatas 260px|thumb|Aviones italianos Savoia-Marchetti SM.79 Ante el fracaso del golpe de Estado de julio de 1936 (en cuanto a la toma inmediata del poder), tanto los sublevados como el gobierno buscaron la ayuda internacional urgente. Los militares sublevados obtuvieron ayuda rápidamente de la Italia fascista y de la Alemania nazi. El mismo 20 de julio de 1936 el general Franco, que se encontraba bloqueado en África y pretendía cruzar el estrecho con las tropas coloniales, envió a Luis Bolín y al marqués de Luca de Tena a Roma para que se entrevistaran con Mussolini para que le proporcionara ayuda aérea (lo mismo hizo el general Mola, por su parte, que envió a Antonio Goicoechea, Luis Zunzunegui y Pedro Sáinz Rodríguez) y diez días después, el 30 de julio, aterrizaban en Nador, en el Protectorado español de Marruecos, nueve aviones Savoia Marchetti de los 12 concedidos a Franco (dos de ellos aterrizaron por error en Argelia, lo que aportó la prueba al gobierno francés de que las potencias fascistas estaban auxiliando a los militares sublevados). Mussolini tomó la decisión de responder afirmativamente a la petición de ayuda del general Franco «cuando se informó de que Hitler iba a apoyar a Franco y una vez comprobado que Francia y Gran Bretaña no iban a intervenir».
A los 12 aviones iniciales de bombardeo Savoia-Marchetti (S81) que partieron de Cerdeña hacia el Marruecos español el 30 de julio de 1936 (de los cuales solo llegaron efectivamente 9), se añadieron el 7 de agosto 27 cazas (junto con 5 tanques, 40 ametralladoras y 12 cañones, además de municiones y gasolina). A este segundo contingente habría que añadir 3 hidroaviones y 6 cazas enviados directamente a Mallorca entre el 13 y el 19 de agosto. Así pues, «la cifra de aviones remitida por Mussolini a Franco antes de cumplirse el mes del inicio de la guerra civil ascendería a 48 aparatos».
El 23 de julio llegaban a Berlín otros emisarios del general Franco (encabezados por Johannes Bernhardt, un comerciante residente en Tetuán y jefe del partido nazi entre la colonia alemana) que se entrevistaron con Adolf Hitler en Bayreuth, quien concedió inmediatamente la ayuda en aviones que se le pedía, iniciando la Unternehmen Feuerzauber (Operación Fuego Mágico)Paul Preston, Las tres Españas del 36 aunque la operación se haría a través de la empresa HISMA, que serviría de tapadera. El 26 de julio —el 29 de julio, según Enrique Moradiellos— llegaron a Marruecos los primeros 20 aviones de transporte alemanes Junkers Ju 52, que se podían convertir fácilmente en bombarderos, acompañados por 6 cazas Heinkel He 51. El 14 de agosto se sumaron otros 6 cazas He51 y 2 Ju52 solicitados «en los primeros días de agosto» por Franco, y a finales de mes llegaron 7 aparatos más, con lo que la suma total ascendería a 41 aviones remitidos por Hitler, que se añadirían a los 48 enviados por Mussolini —en total 89 aparatos—. Con estos aviones Franco pudo organizar un puente aéreo con la península para transportar a los legionarios y a los regulares, y además conseguir la superioridad aérea en el estrecho de Gibraltar. Así, entre finales de julio y mediados de octubre de 1936 fueron llevados a la península más de soldados del Ejército de África, además de 270 toneladas de material. Por tanto la situación de bloqueo en que se encontraba el Ejército de África (la principal fuerza de combate con que contaban los sublevados para tomar Madrid, una vez detenidas las columnas del general Mola en la sierra de Guadarrama) se pudo superar gracias a la rápida ayuda que recibieron los sublevados de la Alemania nazi y de la Italia fascista.
Por su parte el gobierno republicano de José Giral solicitó por telegrama en la madrugada del 20 de julio la ayuda de Francia de «armas y aviones» a lo que el presidente del gobierno del Frente Popular francés, el socialista Léon Blum, accedió en principio, pero la tormenta política que montó la derecha francesa cuando se filtró a la prensa la petición le hizo desistir el 25 de julio de hacer efectivo los envíos solicitados. Sin embargo, el factor fundamental en el cambio de actitud del gobierno francés de León Blum fue la posición británica de «neutralidad» en el «asunto español» y de que no respaldaría a Francia si ésta se veía involucrada en una guerra con Alemania a causa de su intervención en la Guerra de España (y para Francia el apoyo británico en caso de guerra era vital). Así pues, «Francia, políticamente muy dividida, tenía que actuar de acuerdo con las posiciones de Gran Bretaña. El Comité de No-Intervención fue una propuesta concreta que hizo la propia Francia el 1 de agosto de 1936».
Sin embargo, cuando el gobierno francés tuvo constancia de que Italia estaba enviando aviones de combate, y antes de que se reuniera el Comité de No Intervención, envió a partir del 7 y 8 de agosto, 13 aviones de caza Dewoitine D.372 (un decimocuarto avión se había estrellado en Francia y fue entregado en noviembre) y 6 bombarderos Potez 540. «Con una particularidad notable que contrastaba con las remesas italo-germanas al enemigo: los aviones tuvieron que ser pagados en efectivo y a precios muy elevados (esto es: no a crédito, como era el caso italo-germano) y fueron entregados desarmados, sin acompañamiento de pilotos y técnicos de mantenimiento y sin mínimo equipamiento para armas (miras, dispositivos de disparo, portabombas)».