thumb|Retrato pintado por Philippe de Champaigne de Agustín de Hipona, quien es acreditado por haber desarrollado la primera forma de la teodicea. La teodicea agustiniana es un tipo de teodicea cristiana elaborada por Agustín de Hipona para dar respuesta al problema de la existencia del mal.Svendsen & Pierce 2010, pp. 48–49 Como tal, intenta explicar la verdad del Dios omnipotente y omnibenevolente compatible con la evidencia de mal en el mundo. Distintas variaciones de esta teodicea han sido propuestas a lo largo de la historia, afirmando en todo caso que Dios es perfectamente bueno, que creó el mundo de la nada y que el mal es el resultado del pecado original de los humanos. La entrada del mal en el mundo es generalmente explicada como el castigo por el pecado y su continua ocurrencia se debería al mal uso del libre albedrío por los humanos.Bennett, Peters, Hewlett & Russell 2008, p. 126

Agustín de Hipona fue el primero en desarrollar una teodicea. Rechazó la idea de que el mal existe en sí; en cambio, lo consideró como una corrupción de la bondad, causada por el abuso del libre albedrío por parte de la humanidad.Menn 2002, p. 168 Agustín creía en la existencia de un infierno físico como un castigo por el pecado, pero afirmó que aquellos que elegían aceptar la salvación de Jesucristo irían al cielo. Para Agustín, Dios permitía el pecado por el valor del libre albedrío y los males naturales porque son justo castigo al pecado, y aunque los animales y bebés no pecan son merecedores del castigo divino, siendo los niños herederos del pecado original.

Tomás de Aquino, influido por Agustín de Hipona, propuso una teodicea similar basadas en la idea de que Dios es bondad y de que no puede haber mal en él. Creía que la existencia de bondad permite que el mal exista por culpa de los humanos. Aquino creía que el mal es aceptable debido al bien que proviene de él, y que el mal solo puede justificarse cuando se requiere para que el bien ocurra.Suma teológica - Parte I - c.2 - 3 Agustín también influyó en Juan Calvino,Cavadini 1999, pp. 116–118 quien apoyó la opinión de Agustín de que el mal es el resultado del libre albedrío y argumentó que el pecado corrompe a los humanos, que requieren de la gracia divina para una guía moral. Sin embargo, aceptaba que Dios es responsable del mal y el sufrimiento, aunque sostenía que no puede ser acusado por ello. Por otra parte, creía que solo la gracia de Dios es suficiente para proporcionar a los humanos una guía ética, ya que creía que la gracia no se gana; se concede porque Dios ya ha elegido a los creyentes, teoría que expone detenidamente en su libro «Institución de la religión cristiana». y por esto propuso que la humanidad está predestinada.Steele y Thomas, The five points of Calvinism: defined, defended, documented, 1963, pp. 15-17 alt=|miniaturadeimagen|John Hick criticó el concepto agustiniano del infierno. La teodicea fue criticada por Fortunato, un maniqueo contemporáneo de Agustín, pues consideraba que si Dios había otorgado al hombre el libre albedrío estaba también implicado en el mal que este hacia.Fredriksen 2010, p. 146 Por otra parte, un teólogo del Francesco Antonio Zaccaria criticó el concepto del mal de Agustín por no afrontar el problema del sufrimiento humano. David Ray Griffin criticó la confianza de Agustín en el libre albedrío, pues este es incompatible con la omnisciencia y omnipotencia divina; Según él esta contradicción quedaba resuelta en su teología del proceso en la que defiende que Dios no es omnipotente: no coacciona la voluntad del hombre, aunque influye con el poder de la persuasión divina, El filósofo del John Hick criticó la teodicea declarando que los animales sufrían antes de la existencia del ser humano y que el pecado no es heredado. Presentó una teodicea alternativa que considera al mal como necesario para el desarrollo de los seres humanos. En los años 1980, Alvin Plantinga presentó una defensa del libre albedrío, aunque, ante la presencia del mal, solo se proponía mostrar la existencia de Dios no como probable sino como lógicamente posible. Algunas críticas también han sido derivadas de la ciencia; afirman que algunos aspectos de la teodicea agustiniana entran en contradicción con el consenso científico concerniente a la creación del mundo y al desarrollo de la vida.

Formas generales La teodicea agustiniana fue distinguida por primera vez como una forma de teodicea por John Hick en «Evil and the God of Love» (El mal y el Dios del amor), obra escrita en 1966, en la que clasificó la teodicea de Agustín y sus desarrollos posteriores como «agustiniana». Hick distinguió entre la teodicea agustiniana, que intenta eximir a Dios de toda responsabilidad por el mal, basándose en el libre albedrío humano, y la teodicea ireniana, que atribuye a Dios la responsabilidad del mal, pero lo justifica por sus beneficios para el desarrollo humano.Hall 2003, p. 132

La teodicea agustiniana es una respuesta al problema evidencial del mal, que plantea la inquietud de que, si Dios es omnipotente y omnibenevolente, no debería haber mal en el mundo. La evidencia del mal puede poner en duda la naturaleza de Dios o su existencia: o bien no es omnipotente, o bien no es benevolente, o bien no existe. La teodicea es un intento de conciliar la existencia y la naturaleza de Dios con la evidencia del mal en el mundo, aportando explicaciones válidas para su aparición. La teodicea agustiniana afirma que Dios creó el mundo «ex nihilo» (de la nada), pero sostiene que Dios no creó el mal y no es responsable de su existencia. Al mal no se le atribuye una existencia por derecho propio, sino que se describe como la privación del bien – la corrupción de la buena creación de Dios.Menn 2002, p. 170

La teodicea agustiniana respalda la noción del pecado original. Todas las versiones de esta teodicea aceptan las implicaciones teológicas de la narración de la creación del Génesis, incluida la creencia de que Dios creó a los seres humanos sin pecado ni sufrimiento. Se considera que el mal es un castigo justo por la caída del hombre: cuando Adán y Eva desobedecieron por primera vez a Dios y fueron expulsados del Jardín del Edén.Corey 2000, pp. 177–178 La teodicea agustiniana presenta el libre albedrío de los seres humanos como la razón fundamental del mal moral: las personas cometen actos inmorales cuando su voluntad es mala.Svendsen y Pierce 2010, p. 49 La naturaleza maligna de la voluntad humana se atribuye al pecado original; los teólogos agustinianos sostienen que el pecado de Adán y Eva corrompió la voluntad de los seres humanos,Green 2011, p. 779 afirmando que Dios es inocente y bueno, y que no es responsable del mal.Geivett 1995, p. 19

Desarrollo Agustín de Hipona Agustín de Hipona (354–430 d. C.) fue un filósofo y teólogo nacido en África romana (actual Argelia). Durante su juventud profesó la religión maniquea, pero se convirtió al cristianismo en el año 386. Sus dos obras principales, Confesiones y La ciudad de Dios, desarrollan ideas clave sobre su respuesta al sufrimiento. En las Confesiones, Agustín escribió que su obra anterior estaba dominada por el materialismo y que la lectura de las obras de Platón le permitió considerar la existencia de una sustancia no física. Esto le ayudó a desarrollar una respuesta al problema del mal desde una perspectiva teológica (y no maniquea), basándose en su interpretación de los primeros capítulos del Génesis y en los escritos del apóstol Pablo.Korsmeyer 1995, p. 47 En La ciudad de Dios, Agustín desarrolló su teodicea como parte de su intento de trazar la historia de la humanidad y describir su conclusión.

Consideró que el mal no podía existir dentro de Dios, ni ser creado por Él, sino que era, en cambio, un subproducto de la creatividad de Dios. Rechazó la idea de que el mal existiera por sí mismo, sino que, al contrario, era una privación del bien (o un alejamiento de él) y de una corrupción de la naturaleza. Escribió que «el mal no tiene naturaleza positiva; por eso la pérdida del bien ha recibido el nombre de “mal”.«La Ciudad de Dios», Agustín de Hipona, Libro XI, Capítulo 9 Tanto el mal moral, que se remonta al pecado original de Adán y Eva, como el mal natural se producen, argumentaba Agustín, debido a un uso indebido del libre albedrío, algo que para él necesitaba una explicación, dado que se entendía que Adán y Eva habían sido «creados con una naturaleza perfecta». Creía que esta voluntad maligna, presente en el alma humana, era una corrupción de la voluntad que Dios había concedido a los seres humanos, lo que convertía el sufrimiento en un castigo justo por ese pecado en el origen de la humanidad.Menn 2002, p. 174 Dado que Agustín creía que toda la humanidad estaba «seminalmente presente en los lomos de Adán», sostenía que toda la humanidad había heredado el pecado de Adán y su justo castigo.Bennett, Peters, Hewlett y Russell 2008, p. 127 Para explicar lo que él consideraba inexplicable, argumentó que, a pesar de su creencia de que el libre albedrío puede volverse hacia el mal, Agustín sostenía que es vital que los seres humanos tengan libre albedrío, ya que no podrían vivir bien sin él. Argumentaba que el mal podía provenir de los seres humanos porque, aunque estos no contenían maldad, tampoco eran perfectamente buenos y, por lo tanto, podían corromperse.Menn 2002, p. 176

Agustín creía que existe un infierno físico, pero que el castigo físico es secundario respecto al castigo que supone estar separado de Dios. Propuso dos razones para ello: en primer lugar, los seres humanos tienen libre albedrío, y solo aquellos que elijan seguir a Dios serán perdonados y podrán evitar el infierno.Cavadini 1999, p. 422 En segundo lugar, creía que la decisión de Adán y Eva de pecar afectó a nuestra libre elección, y que los seres humanos se ven incapaces de resistirse al pecado.Cavadini 1999, p. 423 Agustín consideró que la gracia de Jesucristo libera a los seres humanos del pecado original, pero sostenía que los seres humanos solo pueden salvarse si eligen recibir la gracia, y que esta elección viene determinada por el carácter de cada persona. Aceptando que incluso aquellos que serán salvados podían seguir pecando, Agustín consideró que estos pecadores que habían elegido la gracia de Dios, antes de ir al cielo, irán igualmente al infierno durante un tiempo para purificarse de sus pecados.

Tomás de Aquino miniatura|Retrato de Tomás de Aquino realizado por Gentile da Fabriano, quien desarrolló una teodicea muy influenciada por Agustín Tomás de Aquino, filósofo y teólogo escolástico del , profundamente influenciado por Agustín, formuló una forma de teodicea agustiniana en su Summa Theologica. Comenzó con una demostración de la existencia de Dios,Little 2005, p. 44 a través de sus Cinco vías, afirmando a continuación que Dios es bueno y debe tener una razón moralmente suficiente para permitir la existencia del mal.Geivett 1995, p. 18 Tomás de Aquino propuso que toda bondad del mundo debe existir perfectamente en Dios y que, al existir perfectamente, Dios debe ser perfectamente bueno. Concluyó que Dios es bondad y que no hay maldad en Dios.