thumb|200px|Máscara artesanal costarricense que representa a la bruja, hecha en el cantón de Aserrí. De todas las brujas de las leyendas costarricenses, Zárate es la más conocida y poderosa.
La bruja Zárate, también conocida como Doña Zárate, Ña Zárate, la Vieja Zárate o Mamá Zárate, es un personaje legendario del folclor costarricense, íntimamente relacionado con las tradiciones de los cantones de Aserrí y Escazú. Se trata de una mujer, en la mayoría de los casos de etnia aborigen, la cual posee grandes poderes mágicos —es descrita como bruja o curandera— y que tiene sus dominios en dos «encantos» ubicados en las piedras de Aserrí y San Miguel de Escazú. Es la más conocida y poderosa de las brujas de las leyendas costarricenses. Según algunos autores, el personaje está basado en una mujer real que vivió en el cantón de Aserrí entre 1823 y 1893.
En la mayoría de las leyendas alrededor de este personaje, se le presenta como una mujer bondadosa pero muy poderosa, que igual podía ayudar a una persona pobre regalando vegetales que luego por arte de magia se transformaban en oro, como podía lanzar conjuros y maleficios a los que la trataban injustamente, convirtiéndose en un personaje amado y temido a la vez.
Existen muchas historias acerca de la bruja Zárate, pero la más famosa de todas es aquella que narra su enamoramiento con un conquistador español al cual transformó en un pavo real luego de que este la rechazara.
Descripción Hay varias descripciones físicas de la bruja Zárate. El escritor costarricense Mario González Feo, en su cuento «Yo y la larva», del libro María de la Soledad y otras narraciones, dice que en su juventud, Zárate fue una «Diana Cazadora», comparándola con Diana, diosa romana de la Luna y la cacería. Según esta misma historia, Zárate se habría iniciado en la brujería al encontrarse en los montes a otro personaje legendario, el Dueño del monte, quien la presentó a Lucifer, con quien habría hecho un trato: entregarle almas a cambio de los dos lugares encantados de Aserrí y Escazú.González Feo, Mario. Yo y la larva. María Soledad y otras narraciones, pp-185-212
La mayoría de las versiones de la historia, no obstante, describen a Zárate como «una india vieja y fea»;Bustamante, José. La piedra de San Miguel. Víctor Lizano. Leyendas de Costa Rica. también como «una mujer blanca, gorda, pequeña, de ojos grandes y negros, mirada fiera y maliciosa», que al hablar movía mucho las cejas y lanzaba estridentes carcajadas al conversar. Tenía el cabello negro - pelirrojo en una versión - , el cual peinaba a dos trenzas, y tenía andar cadencioso. Vestía humildemente enaguas oscuras, camisa blanca de manta sin gola y de cuello alto, un pañuelo grande oscuro sobre los hombros, sombrero de palma y andaba descalza;Ña Zarate o la bruja de Aserrí. Album de Granados a veces, solamente se le describe vestida totalmente de negro, con un chal del color del vino tinto sobre los hombros.Quirós, R. La piedra de Aserrí. Uno de sus vicios preferidos era el tabaco.
La bruja vivía sola en sus encantos, aunque en una versión se dice que tenía un hijo muy feo y rico - por artes de su madre - llamado Estanislao. En otra leyenda, se menciona que tendría a la Tulevieja por compañera en el encanto de la piedra de San Miguel. Tenía múltiples mascotas: una lora, un gato, palomas, serpientes, animales de la montaña y un pavo real, este último, su mascota predilecta, a quien sujetaba con una cadena de oro a una de las patas. Estos animales eran en realidad personas que ella había transformado por haberse atrevido a entrar en sus dominios, a excepción del pavo real, que en realidad es el conquistador español de origen andaluz Bayardo Pérez Colma, que la enamoró y rechazó, y a quien tiene prometido volver a su forma original una vez acepte ser su esposo.
En cuanto a su personalidad, se le describe como vengativa, hierática y distante, politiquera, señorial, humilde, caritativa (sobre todo con los pobres), amable y compasiva.
Poderes thumb|250px|La principal leyenda de la Bruja Zárate narra cómo esta transformó en un pavo real al conquistador español que la enamoró y luego rechazó. Las historias describen diversos poderes de la bruja Zárate. Puede lanzar maleficios que cambian el carácter de la gente, volviendo a los hombres inteligentes en torpes, a los listos en despistados, a los virtuosos en aprovechados, a los liberales en hipócritas, a los mesurados y prudentes en despilfarradores; a las mujeres calladas, en desenvueltas y habladoras. En una de las historias se describe que puede devolver la virginidad a las doncellas.
Uno de los poderes más representativos es su capacidad de metamorfosis, transformando a las personas en animales, o ella misma puede convertirse en un animal para escapar de algún apuro. También puede hablar con los animales y los árboles de la selva; así mismo, puede comunicarse con los difuntos y otros seres metafísicos.
Puede transmutar vegetales y frutas en oro, algo que utiliza principalmente cuando quiere ayudar a la gente pobre. También puede hacer conjuros para cambiar la suerte.
Otro de sus poderes era el de controlar a la naturaleza. Por medio de magia, podía mover las piedras de sus encantos para entrar y salir de ellos, o dar albergue a los animales; además, podía producir terremotos para alejar a los indeseables de sus encantos e incluso oscurecer el cielo del lugar donde residía.
Uno de sus aspectos más destacados es el de curandera. Posee conocimientos para crear infusiones y destilados a base de hierbas que cultiva en el bosque o bien, que compra en los mercados pueblerinos. Dichos brebajes le permiten torcer la voluntad (puede crear pociones de amor), macerar virtudes, sembrar la discordia, ahuyentar la bondad, curar enfermedades o lanzar el «mal de ojo», sobre todo para castigar a aquellos que se negaban a pagarle sus servicios. Podía pronosticar el sexo de un feto con solo ver con qué pie echaba a andar la madre embarazada, sin equivocarse nunca. En una historia, se describe que tiene la capacidad de desaparecer, y en otra, sus poderes le permitían contrarrestar los poderes de otras brujas.
Encantos thumb|250px|La piedra de Aserrí, formación rocosa que sobresale entre los cerros de Bustamante, es uno de los legendarios encantos donde se cuenta que habita la Bruja Zárate. Los encantos son, como su nombre lo indica, lugares encantados donde se cree que la bruja Zárate reside. Había dos encantos: la piedra de Aserrí, donde la bruja vivía en la estación seca, y la Piedra Blanca de San Miguel de Escazú, donde residía en el invierno. Ambos sitios son lugares geográficos reales.
La piedra de Aserrí, ubicada al oeste del centro de esta ciudad, en los Cerros de Bustamante, es un promontorio rocoso que posee una caverna subterránea, y en la roca se encuentra esculpida una formación geológica que semeja una puerta, que se dice que la bruja abre al ser la medianoche. La leyenda dice que cuando la puerta se abre, ésta se ilumina y da lugar a «una ciudad flotante en un mar de oro y nácar». El lugar estaba habitado desde periodos precolombinos por indígenas huetares, que en los tiempos del arribo español a Costa Rica estaban gobernados por el rey Aczarri o Aquetzarí, de quien deriva el nombre del cantón. La leyenda dice que en los tiempos de la colonia española en Costa Rica, Zárate se enamoró del gobernador español de esta ciudad, pero al ser rechazada por él, transformó al pueblo entero en esta gran piedra y a sus pobladores en animales, incluyendo al gobernador en un pavo real. En las faldas de esta roca se fundaría luego el moderno pueblo de Aserrí.
La Piedra Blanca o de San Miguel es otra formación rocosa de grandes dimensiones que puede verse incluso desde San José, ubicada en el cerro Pico Blanco, en el cantón de Escazú. El pueblo de Escazú - Itzkatzú en lengua aborigen - es conocido desde la época precolombina por ser lugar de descanso de los indígenas huetares que iban de Aserrí a Pacaca (actual Santa Ana) por motivos de guerra o comercio, y desde la época de la colonia se le ha conocido como la Ciudad de las Brujas. El encanto de la piedra de San Miguel posee una particularidad especial: la leyenda dice que en este sitio la bruja tendría tres ventanas mágicas por las que vigila los pueblos de Escazú, Aserrí y San Ignacio de Acosta. Cuando la puerta del encanto se abre, los martes y viernes, entran y salen por la abertura cientos de brujas, duendes, cuervos y murciélagos, que conforman la corte de Zárate. En el centro de la Piedra Blanca, Zárate retiene por medio de un hechizo, a la Tulevieja.https://leyendasdeescazu.blogspot.com/1999/01/el-misterio-de-la-piedra-blanca-cuento.html
A propósito del pueblo de San Ignacio de Acosta, una leyenda de finales del dice que la bruja tendría un tercer encanto: el Cerro de El Tablazo, localizado entre los cantones de Desamparados y Acosta, donde la bruja habría encontrado su última residencia para no salir más de allí, razón por la cual a este lugar también se le conoce como el Cerro de la Vieja.
La bruja Zárate posee opulentos jardines en cada uno de sus encantos. Las leyendas narran que aquel que toca las flores de estos jardines se convierte en un animal. También posee cementerios en estos jardines, donde entierra a los que mueren intentando acceder a sus dominios, convirtiéndolos en fantasmas. Uno de estos jardines posee un lago pequeño que no hay que mirar porque transmite el mal de ojo.
La única forma de visitar estos encantos es los jueves y Viernes Santos, a excepción del Cerro de la Vieja, que la bruja ha cerrado para siempre para no ser molestada.
Leyendas Las leyendas acerca de la bruja Zárate datan, en su mayoría, de la época de la colonia española en Costa Rica, y han sido transmitidas de forma oral. No obstante, la primera versión escrita de esta leyenda fue recopilada por R. Quirós en 1930. En esta versión, se sientan las bases del personaje:
Zárate es una bruja.
Zárate realiza curaciones con medicina natural.
Zárate convierte vegetales en oro y personas en animales.
Zárate y el gobernador Pérez Colma se enamoraron, pero luego él la desprecia y ella lo convierte en pavo real y al antiguo pueblo de Aquetzarí en la piedra de Aserrí.
La piedra de Aserrí