Felipe Varela (Huaycama, departamento de Valle Viejo, provincia de Catamarca, 1821 - Nantoco, Provincia de Atacama, Chile, 4 de junio de 1870) fue un estanciero y militar argentino, líder del último pronunciamiento de los caudillos del interior contra la hegemonía política conquistada por la provincia de Buenos Aires en la batalla de Pavón. Contrario a la guerra del Paraguay o guerra de la Triple Alianza, fue apodado el Quijote de los Andes por el desafío que plantó al gobierno central con un reducido ejército de menos de cinco mil hombres, desde la región andina y cuyana durante varios años. Finalmente derrotado, murió exiliado en Chile.
La figura de Varela, como tantas otras de la época, resulta fuertemente controvertida; los historiadores revisionistas han reivindicado su oposición a Bartolomé Mitre y a la Guerra del Paraguay. Otros autores han apreciado la lucidez del Manifiesto con el que proclamó su oposición a Mitre, una de las expresiones más acabadas y expresivas del ideario federal.
Los partidarios de la facción liberal, por el contrario, lo han considerado un salvaje sanguinario, una versión que se ha consagrado en el texto de la zamba La Felipe Varela, de José Ríos, que reza:
Por otro lado, la cuarteta recogida por Juan Alfonso Carrizo expresa:
Sus inicios de combatiente federal
Nacido en el año 1821, posiblemente el 11 de mayo. Fue bautizado con el nombre de Juan Felipe por el Pbro. Francisco Jacobo de Acuña en la capilla de San Isidro, actual departamento Valle Viejo, provincia de Catamarca, el 9 de junio de 1822 de 1 año de edad, actuando como padrinos del futuro caudillo: Valentín Castro y una hermana del Pbro. Acuña, Juana Antonia Acuña. Era hijo del caudillo federal Javier Varela y de María Isabel Ruarte o Rubiano (sic).Se ha afirmado erróneamente que el célebre caudillo nació en 1819, lo que condujo a que en su mausoleo figure ese año como el que vio la luz. El 9 de junio de 1822, fecha de su bautismo, Varela contaba con 1 (un) año de edad, o sea que debió nacer en mayo o en los primeros días de junio de 1821. En el Santoral Cristiano, se puede encontrar que el prenombre "Felipe", y que usara durante su agitada existencia, tiene su celebración el 11 de mayo en memoria de uno de los doce apóstoles, lo que hace sospechar discretamente, y en observancia a las costumbres religiosas de la época, que debió ser esa fecha la de su nacimiento. La controversia sobre el año de su nacimiento ha sido definitivamente aclarada en sendos artículos publicados, uno en el Bol. Nº 238 del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas (2005) y otro en el periódico “La Unión” de Catamarca el 28/02/2009 (ver: bibliografía).
Varela, poseedor de tierras en Guandacol (provincia de La Rioja), combatió contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas en la década de 1840. La persecución del gobernador de Buenos Aires le llevó al exilio en Chile, donde se unió al ejército de ese país en la Revolución de 1851; luego de la caída de Rosas, en 1852, retornó sumándose al ejército de la Confederación, donde ocupó el cargo de segundo jefe de la frontera en Río Cuarto.
En 1861 peleó bajo las órdenes de Justo José de Urquiza en la batalla de Pavón, que marcó el triunfo de la facción porteña y el inicio de la hegemonía mitrista. Tras la derrota se unió a las filas del Chacho Peñaloza en su sublevación contra las autoridades nacionales.
Como protegido del Chacho, fue nombrado jefe de la policía en La Rioja. En 1863 invadió la provincia de Catamarca, y luego combatió contra las fuerzas de Wenceslao Paunero en las batallas de Las Playas y Lomas Blancas. Después del asesinato de Peñaloza, Varela se refugió en Entre Ríos, donde fue edecán del gobernador Urquiza. Un año más tarde volvió a Chile.
Allí se puso en contacto con la llamada Unión Americana, una red de corresponsales de los círculos intelectuales de esa época, formado para repudiar los ataques europeos contra Perú, y que había protestado enérgicamente por el apoyo argentino y brasileño a la revolución de Venancio Flores en el Uruguay.La invasión de Flores al Uruguay estaba al mando de este general, pero aparte de unos cuantos oficiales uruguayos, todos los demás dirigentes y la mayor parte de las decisiones y de la financiación habían corrido por cuenta de Buenos Aires y Río de Janeiro. También acusaba al Brasil y al gobierno argentino por causar la guerra del Paraguay.
La revolución de los colorados thumb|200px|left|Felipe Varela, sentado a la izquierda. A través de la Unión Americana, Varela comprendió en profundidad el proceso político en que estaba sumergido su país, y se puso a organizar una campaña militar para regresar. Durante muchos meses no pudo hacer nada, ya que no tenía dinero. Pero algún oficial chileno decidió que atacar a la Argentina era una buena idea en ese momento, y sin permiso superior puso a disposición de Varela algunos soldados. Nombró jefe de ese cuerpo a un comandante Medina, al frente de unos 150 soldados chilenos con armas automáticas, muy pocas pero muy efectivas.Varios autores han acusado a Varela de invadir con un ejército chileno, mientras otros sostienen que llevaba menos de cuarenta soldados de ese origen (el resto eran argentinos refugiados de Chile) en el momento de la invasión, que luego reunió varios miles de gauchos argentinos y que la participación chilena apenas fue útil en los primeros días, y después fue contraproducente.
Acérrimo opositor al gobierno de Buenos Aires, Varela percibió la impopularidad de la guerra del Paraguay y decidió intervenir nuevamente. Provisto de buena inteligencia sobre las decisiones diplomáticas tras la creación de la Triple Alianza y las motivaciones de Mitre, liquidó sus posesiones para equipar un par de batallones de exiliados, así como combatientes chilenos afines a su causa. A fines de 1866, Varela ya había decidido ingresar a su país, lo que hubiera sido una locura sin apoyo interno. Pero en su ayuda llegó la Revolución de los Colorados.
En noviembre estalló en Mendoza una sublevación de las tropas que debían partir a la guerra del Paraguay, dirigida por el coronel Juan de Dios Videla. Liberaron a los presos de la cárcel, entre los cuales se hallaba el doctor Carlos Juan Rodríguez, un federal puntano a quien Videla hizo nombrar gobernador de Mendoza. En dos días controlaron toda la provincia. Pocos días después derrotaron al coronel Pablo Irrazábal, el asesino de Peñaloza. De allí pasó Videla a la provincia de San Juan, donde derrotó y expulsó al gobernador y ocupó su lugar a principios de enero de 1867, y enseguida derrotó al coronel Julio Campos, gobernador mitrista de la provincia de La Rioja en la batalla de Rinconada del Pocito.
El mando militar de la revolución quedó en manos del coronel Felipe Saá, que recuperó la provincia de San Luis. En muy poco tiempo habían tomado el poder en todo Cuyo. Y contaban con el apoyo del gobernador cordobés Mateo Luque.Mateo Luque, el gobernador de Córdoba, simpatizaba con el movimiento de los colorados y el de Varela, pero nunca se animó a apoyarlo. Tras varios meses de indecisión, el coronel Simón Luengo lo quiso obligar ocupando el gobierno en su ausencia, pero Luque dejó que el ejército nacional aplastara la rebelión de Luengo. En reconocimiento a su lealtad, el gobierno nacional intervino la provincia y lo reemplazó por un liberal, liquidando al partido federal cordobés. Luengo sería, años más tarde, responsable de la muerte del general Urquiza.
Convocando a las montoneras residuales de otros caudillos muertos en todo el país más combatientes chilenos, Varela marchó sobre territorio argentino portando bandera con la consigna de ¡Federación o Muerte!. En San José de Jáchal, provincia de San Juan, lanzó el 10 de diciembre de 1866 su proclama revolucionaria:
La Rioja cayó en manos federales tras una rebelión militar contra el comandante Irrazábal, autor de la muerte de Chacho Peñaloza. Al poco tiempo se unieron a Varela otros caudillos menores, como Santos Guayama, Sebastián Elizondo y Aurelio Zalazar, con los cuales llegó a formar un ejército de más de 4.000 hombres.Tradición Gaucha - 4 de junio de 1870 – Fallecimiento de Felipe Varela
Varela ocupó el oeste de las provincias de La Rioja, luego ocupó la ciudad de La Rioja, y volviendo hacia el oeste tras la victoria del montonero chileno Estanislao Medina sobre el exgobernador catamarqueño Melitón Córdoba, que murió en el combate, el 4 de marzo cerca de Tinogasta,Catamarca Guía - Historia - Personalidades - Gobernadores - Cordoba Meliton ocupó también los departamentos occidentales de Catamarca con una fuerza de 2000 hombres. En toda esa zona, y en la mayor parte del interior del país predominaba un claro sentimiento federal. Los dos batallones con los que había partido de Chile (en los que figuraban algunos soldados y oficiales chilenos) se habían transformado en varios miles de hombres, llegando a reunir casi 5.000 montoneros, la fuerza más importante que había puesto en armas el Partido Federal desde la batalla de Pavón.
Ante la tibia acogida que les dispensó Urquiza, con quien contaban inicialmente para encabezar el alzamiento, planificaron las acciones desde su cuartel de Jáchal. Varela estaría encargado de alzar las provincias occidentales, mientras los Saá y Videla avanzarían hacia el litoral, donde esperaban sumar algún dirigente federal.Tal vez Ricardo López Jordán, un general entrerriano descreído del compromiso de Urquiza con el Partido Federal, del que supuestamente aún era el jefe. En la hipótesis más audaz, podían llegar a contar con Timoteo Aparicio en Uruguay, junto con el Partido Blanco.
El sofocamiento de la rebelión
La situación era realmente peligrosa para el gobierno de Mitre, que estaba personalmente al mando de los ejércitos aliados en el Paraguay. Debió regresar a Rosario para organizar los ejércitos con que hacerles frente, al frente de los cuales colocó a José Miguel Arredondo, Wenceslao Paunero — vueltos del Paraguay — y Antonino Taboada, hermano del gobernador de Santiago del Estero.
En marzo, el ejército al mando de Paunero recibió en Rosario el moderno equipo retirado del frente paraguayo, y comenzó el avance hacia Córdoba, donde el ministro de guerra, Julián Martínez, se había trasladado para imponer la autoridad civil del gobierno central. Alertado de la marcha del ejército federal, al mando del general Juan Saá, recién llegado desde Chile, Paunero destacó a Arredondo a interceptarlo. En la madrugada del 1 de abril, las fuerzas de los montoneros y sus aliados ranqueles, que habían aportado 500 lanzas a los insurrectos, fueron derrotadas en la batalla de San Ignacio, a orillas del río Quinto. Los federales estuvieron a punto de vencer, pero la decisiva acción de la infantería de Luis María Campos dio vuelta la batalla y los federales fueron destrozados.
Todos sus dirigentes huyeron a Chile. Pero Varela estaba aún muy lejos como para enterarse de lo que ocurría. Avanzó hacia la ciudad de Catamarca, y estaba ya por llegar cuando supo que Taboada había ocupado La Rioja. Cometió entonces un error muy grave, contramarchando hacia La Rioja para hacerle frente.
Enviando recado a Taboada para sugerirle combatir fuera de la ciudad, con la intención de reducir los daños civiles, Varela avanzó hacia La Rioja. Pero no tuvo en cuenta el aprovisionamiento de agua en ese desierto, y Taboada aprovechó cabalmente ese error: se ubicó en el llamado Pozo de Vargas, la única fuente de agua entre Catamarca y La Rioja, y allí esperó a Varela. Al llegar, este decidió que no podía seguir sin dar agua a sus hombres, y decidió atacar. Esta fue la batalla de Pozo de Vargas.