La Guerra Grande fue un conflicto que se produjo en el área del Río de la Plata entre el 10 de marzo de 1839 y el 3 de febrero de 1852. Los beligerantes fueron los blancos del Uruguay, encabezados por Manuel Oribe y los confederales argentinos, liderados por Juan Manuel de Rosas, enfrentados contra los colorados de Uruguay y unitarios argentinos, quienes contaron con el apoyo diplomático y militar de Brasil, Francia, el Imperio británico, República riograndense, mercenarios españoles y las Camisas Rojas italianas como Giuseppe Garibaldi y Juan Lamberti, entre otros.

El conflicto tuvo varias fases y numerosos actores, y fue además contemporáneo de otras guerras civiles en la Argentina, sobre las que influyó y por las que se vio condicionado. Su comprensión cabal, compleja de por sí, es imposible sin analizar también la situación interior y exterior de los contendientes extranjeros.

Primeros conflictos

Al comenzar la década de 1830, la Provincia Oriental devino en república y los antiguos caudillos orientales en presidentes y opositores: Fructuoso Rivera primero, y Manuel Oribe después, quien asume en 1835, tras un breve interinato de Carlos Anaya. Son años de forja de las nacionalidades aún embrionarias y las visiones son naturalmente cambiantes. La atención de muchos aún está en el virreinato, en la Liga Federal o en la Provincia Cisplatina. En 1838, y con la ayuda de la armada de Francia, Rivera derrocó al segundo presidente constitucional de la historia del Uruguay, Manuel Oribe, quien se refugió en Buenos Aires gracias a la amistad que le unía a Juan Manuel de Rosas. Se inició la Guerra Grande y con ella las consignas cambian. En agosto de 1830, una vez jurada la primera constitución de Uruguay, se convocó a las elecciones nacionales que designarían el cuerpo electoral para nombrar al primer presidente. El nuevo Estado surgía a la independencia con carencias señaladas en diversos e importantes campos. Sus límites con el poderoso Imperio brasileño no estaban acordados en forma definitiva. Su población era escasa y dispersa. Se estimaba entre unos 100 000[Información extraída de la colección del diario El País. Batallas que hicieron historia, tomo VIII. Guerra Grande. Parte I] o 200 000Russell H. Fitzgibbon (1956). Uruguay: Portrait of a democracy. Londres: George Allen & Unwin. en total, de los cuales tres cuartas partes vivían en las ciudades de Montevideo, Colonia del Sacramento y Maldonado, o en sus cercanías. El resto se desperdigaba en el litoral y en el norte. En la capital y alrededores pueden estimarse unos 20 000 habitantes.

Presidencia de Rivera El elegido fue Fructuoso Rivera quien contaba con un gran prestigio adquirido en las diversas acciones militares en las que participó. Combinaba este perfil con un enorme carisma en grandes sectores de la población, particularmente la rural. Era un caudillo por naturaleza muy popular. Rivera asumió el gobierno el 6 de noviembre y el 11 del mismo mes designó su gabinete y principales autoridades judiciales. En él se destacaba un grupo de cuñados y concuñados: José Ellauri, Julián Álvarez, Nicolás Herrera y Juan Andrés Gelly, todos casados con hermanas de Lucas Obes. Tenían además otras cosas en común, que eran letrados y habían apoyado a la Cisplatina conformando el grupo político denominado el «Club del Barón», haciendo referencia al Barón de la Laguna, Carlos Federico Lecor. Esta relación de parentesco recibió enseguida el mote popular por el que se los conocía: «Los cinco hermanos». La dificultad, para organizar el primer gobierno de la novel república, fue encontrar patriotas preparados para ocupar los nuevos cargos, necesarios para la administración y gestión del recién creado, Estado Oriental del Uruguay.

Rivera, por su parte se concentró en pacificar el interior del país y se dedicó a recorrer la campaña, por motivos que era donde habitaba la mayor parte de la población y, por ello, se instaló en Durazno. Desde allí gobernó, y combatió la inseguridad del campo, sobre todo, grupos de indígenas diversos, entre ellos, algunos charrúas, que no se adaptaron a la vida sedentaria de la vida pacífica, de trabajo y asentamiento de las familias. Los principales aportes al endeudado erario , luego de un proceso revolucionario de muchos años, eran: el movimiento de las mercaderías por el puerto, la ganadería de las estancias y el comercio instalado. Casi inmediatamente de iniciado el gobierno, la rivalidad con Lavalleja, uno de los líderes de los Cruzada Libertadora, se hizo sentir y se distanció del gobierno. Ahora, Lavalleja se haría eco en los reclamos de algunos descontentos. Entre ellos, los que se quejaban por la política implementada por Rivera en lo que hacía referencia a las tierras, fuente de continua discordia para la sociedad oriental en todo el , y otros por la política administrativa y el gobierno que era conducido verdaderamente por «los cinco hermanos». Esta realidad estimuló a Juan Antonio Lavalleja a procurar la destitución de Rivera levantándose en armas en repetidas ocasiones, siendo en todas finalmente derrotado. Una de las figuras que apoyó a Rivera, fue Manuel Oribe. Para este último, el respeto a la constitucionalidad va a ser la norma a seguir.

Presidencia de Oribe Finalizado el caótico período de gobierno de Rivera, el 1 de marzo de 1835 fue elegido presidente de la República Manuel Oribe por unanimidad en las Cámaras. Austero, profundamente imbuido en una visión de la función pública que tenía en su esencia un componente de servicio a la sociedad, su gobierno se destacó por la austeridad en los gastos y el saneamiento de las finanzas públicas, manteniendo así una diplomacia de corte altamente nacionalista. A pesar de que el gobierno de Oribe se destacara altamente por conservar los órdenes institucionales, bajar notablemente la corrupción, la implementación de centros de higiene, tratar de construir un sistema educativo mejor (Creación de la Universidad Mayor, implementación del sistema lancasteriano, etc.), controlar el despilfarro y establecer un registro de gastos y recaudo de impuestos, en otros aspectos fue ineficiente.

Factores externos que provocaron la guerra

La diplomacia con el Reino Unido Juan Francisco Giró, que era agente confidencial ante el gobierno británico, fue hacia Londres, en donde firmó un acuerdo de amistad, comercio y navegación y un empréstito de tres millones de pesos. Los británicos pusieron condiciones leoninas, que inculcaban toda clase de privilegios para su comercio y un tratado «perpetuo» de alianza. El gobierno de Oribe rechazó este préstamo, que hubiese sido fundamental para ganar la guerra contra Rivera:

Este tratado con el Reino Unido hubiera significado una ingente cantidad de dinero para comprar armas y obtener un mayor número de tropas, perfectamente equipadas, que pudieran contener cualquier aventura militar de Rivera u otro caudillo que se atreviera a quitarle el poder legal. Además, el “tratado perpetuo de alianza” signaría la entrada directa de tropas del Imperio británico. Este apoyo tanto financiero como militar dejaría desbaratada en poco tiempo a la revolución de Rivera, impidiendo así que este se concretara en el poder del Uruguay y evitando que le declarase la guerra a Rosas. Pero la diplomacia del gobierno de Oribe fue signada por un alto elemento de nacionalismo y neutralismo, un gobierno reacio a “vender al país” a cualquier poder extranjero. Al suceder esto el gobierno británico apoyo a Rivera durante el transcurso de la Guerra Grande.

La intervención francesa

En el segundo período de gobierno de Rosas en la Confederación Argentina se inició la intervención francesa en el Río de la Plata. En esa oportunidad, a la prepotencia de los agentes consulares, falsamente investidos de atribuciones diplomáticas que no poseían, y a la presión de la marina de guerra y sus fuerzas de desembarco, se sumó el método que se haría clásico en el imperialismo colonial de las grandes potencias: utilizar los antagonismos de las diversas facciones en que se dividían los patriciados dominantes en cada uno de los endebles Estados americanos, contra la obstinada resistencia de Rosas a “abrir el mercado interno” de la Confederación Argentina al libre mercado y a la entrada de cualquier mercancía extranjera.

En este esquema, Francia buscó pretextos —ofensas diversas a súbditos franceses radicados en la Argentina— para bloquear el puerto de Buenos Aires, solicitó a Oribe que se le permitiera usar Montevideo como base naval, a lo que este, celoso de su neutralidad, se negó. En consecuencia, en forma casi natural, Francia comenzó a apoyar a Rivera. Este último, por otra parte, contaba en sus filas con numerosos elementos unitarios (entre los que se destacaba el general Juan Lavalle) que estaban exiliados en el Uruguay y que estaban en constante contacto con Rivera, conspirando con él para derrocar al gobierno constitucional de Manuel Oribe.

Factores internos que provocaron la guerra thumb|left|Oribe, presidente del Uruguay y aliado de los federales argentinos. thumb|left|Rivera era un caudillo muy popular entre la población campesina del Uruguay. Cuando el presidente Oribe empezó a dar amnistías e indultos a los «lavallejistas» que fraguaron planes en contra de Rivera y luego cuando los «riveristas» se sintieron amenazados por la decidida investigación que el gobierno de Oribe estaba realizando de la labor administrativa del gobierno anterior (gobierno de Rivera), la Comisión designada para analizar la administración de Rivera llegó rápidamente a conclusiones irrebatibles; había habido despilfarro y fraude. El creciente nerviosismo de Rivera alteraba cada vez más los planes de Oribe, que observaba con preocupación los contactos del caudillo con los jefes riograndenses (lo que le significaría con certeza problemas diplomáticos con el Brasil), a esto sumado el beneplácito de británicos y franceses y al compincheo abierto que tenía con los unitarios argentinos refugiados en Montevideo (lo que era preludio cierto de conflictos con Rosas). Al estallar un movimiento revolucionario en Río Grande del Sur, cerca de la frontera uruguaya (cercanía relativa, pues dicha frontera solo se conocía muy aproximadamente), Oribe se hizo cargo de la jefatura del ejército y marchó al norte, a vigilar la estricta neutralidad del país. Pese a que en los documentos tuvo la precaución de anotar que la tarea se había realizado “en acuerdo con el Comandante General de la Campaña”; Fructuoso Rivera se sintió desplazado y bajo sospecha y así se lo hizo saber al presidente:

Oribe le contestó en términos conciliadores: