thumb|Planta de la ruta Cangas del Narcea al Santuario de la Virgen del Acebo. thumb|Perfil de altimetría de subida al Santuario de la Virgen del Acebo. El Santuario de la Virgen del Acebo, llamado también Santuario de Nuestra Señora del Acebo, está construido sobre la cumbre de un monte a una altitud de 1174 , que forma parte de la llamada sierra del Acebo. Tal situación le otorga unas excelentes vistas, pues se divisa fácilmente el puerto de Leitariegos, una buena parte de las montañas que forman el macizo occidental de la Cornisa Cantábrica y en los días despejados, hacia el norte, la mar. Administrativamente depende en la parroquia de Linares, donde está ubicado, perteneciente al concejo asturiano de Cangas del Narcea (España). Eclesiásticamente depende de la parroquia de Santa María Magdalena del Acebo y del arciprestazgo de Cangas del Narcea.
Este concejo de Cangas del Narcea es uno de los más ricos en recursos económicos, donde sobresale la minería y la agricultura. Es el más extenso de Asturias y el segundo de España. En esta zona está la reserva boscosa de Muniellos con una extensión de unas 3300 ha y alrededor de un millón de árboles donde predomina el acebo junta al haya y el roble en menor cantidad. También es un concejo rico en linajes e hidalguías, ya que, después de Oviedo, es el de «mayor número de linajes con piezas armeras...; no en balde sus hidalgos de armas poner y pintar llegaban casi al centenar».
Está a unos 12 km de Cangas del Narcea y para acceder a él hay que recorrer la avenida del Acebo y pasar los pueblos de Robledo de San Cristóbal, Borracán y Vegalapiedra. Al final de esa carretera está el Santuario. Por su exigente subida, ha sido fin de etapa ciclista de la Vuelta a Asturias y de la Vuelta a España varias veces, así como de diversas marchas cicloturistas. El perfil longitudinal o altimetría muestra la dureza de esta subida. La longitud de la ascensión es de 9,3 km, el desnivel acumulado en subida es de 811 m, la pendiente media es el 8,7 % y el coeficiente de dificultad es 198, con lo que esta subida cicloturista está catalogada como del tipo «2a», es decir, puerto de segunda categoría de más dureza.
Historia El patrimonio artístico del concejo es de gran importancia, puesto que tiene la Basílica Menor de Cangas, el Monasterio de Corias y veintiuna iglesias románicas, contándose entre todos ellos una multitud de imágenes y retablos. Sin embargo, no se tienen noticias de la primera ermita, de factura rústica, que estaba situada en el lugar donde se encuentra el actual Santuario.
El único dato acerca de la historia de esta ermita llega a través de esta breve reseña del historiador Luis Alfonso de Carballo:
Respecto a la posible aparición de la Virgen sobre un acebo no existe dato histórico alguno. La advocación viene, más bien, por el lugar: la «Sierra de los Acebales».
Estructura y arquitectura La difusión rápida, como reguero de pólvora, de los milagros acaecidos en el Acebo llegó a todos los pueblos de Asturias. A partir de este momento la pequeña ermita se convirtió en lugar de peregrinación y oración creciente hasta ser multitudinaria, por lo que se llegó a la conclusión de que hacía falta levantar un templo más grande y digno. Y así lo hicieron los cangueses: Se construyó el santuario de «Nuestra Señora de las Virtudes del Acebo» sobre el mismo solar donde estaba la ermita. Tardaron solo quince años en construirlo desde que tuviera lugar el primer milagro, ya que este sucedió en 1575 y el santuario se terminó en el año 1590.
El cronista Luis Antonio de Carvallo describe de forma concisa y concreta la composición del edificio de la siguiente manera: «... creciendo la devoción y las limosnas, se edificó un templo, harto bueno, con su torre y colaterales, y muy bien proveída la sacristía de ornamentos y recados para los oficios divinos y siete lámparas de plata...». La factura y plano del santuario no han cambiado en lo esencial. Tiene forma de cruz latina, con una torre cuadrada de escasa altura, orientado hacia occidente. La construcción es de piedra pulida y muy sobria. Cumplió su cuarto centenario en 1990 e inició la quinta centuria de vida. Imagen de la Virgen El cronista Carvallo no dejó ningún dato acerca de la imagen y sus características. Sin embargo, se disponen de datos muy concretos, recogidos por el Padre Alberto Colunga, dominico, y que la describe así: «En su forma primitiva era de talla y estaba sentada en un trono, y sobre la rodilla izquierda tenía sentado el Niño, que miraba hacia adelante, con la mano derecha daba la bendición y con la izquierda sostenía un libro.» Tiene una flor en una mano. La estatua original se remonta, probablemente, al según indica el sacerdote e investigador de templos marianos de Asturias, Florentino Fernández Álvarez. Con el paso del tiempo la imagen sufrió retoques, a veces no muy afortunados, siendo lamentablemente mutilada para adecuar la figura a la moda de entonces de vestir a las imágenes. Por esta razón, la imagen de hoy no es la descrita por el padre dominico Alberto Colunga que la describió de talla completa. Tampoco la imagen del Niño Jesús es de la misma época que la de la Virgen.
A pesar de ello siempre queda al peregrino el consuelo de ver la misma cara de la Virgen que la que vieron los primeros adoradores en el . Aunque el estilo románico presente las imágenes con un estilo de cierto hieratismo, la cara no carece de belleza; los ojos no miran hacia abajo, sino al peregrino, de frente, directamente al peregrino. En el año 1721 se adquirió una imagen que llamaban «Excusadora» o «de las excusas» para sacarla en procesiones sin que sufriese deterioro la original. Esta imagen ha sido mejorada en varias ocasiones, sobre todo en el año 1898. Actualmente lleva corona de plata.
Retablo La imagen de la Virgen, que hoy en día es de vestir, está situada en el centro del retablo realizado por Manuel de Ron y Llano, natural de Peján (Cangas del Narcea). El retablo, que fue valorado en 10 410 reales, lo terminó en el año 1691. En 1709 se acometieron las obras de dorado del retablo, que fueron confiadas a Juan Menéndez Arellana, vecino de Cangas del Narcea, por un importe de 13 500 reales.
Capillas de Cristo Crucificado y de Santa Ana En la capilla colateral de la derecha hay una talla excelente del Cristo Crucificado realizada en el por Luis Fernández de la Vega, escultor gijonés, máximo representante de la escuela barroca asturiana. La imagen tiene una altura de 1,74m, incluida la calavera situada debajo de los pies del Crucificado hasta la inscripción «INRI» de la parte superior. La anchura de punta a punta de los dedos de las manos es de 1,52 m.
En la capilla colateral izquierda, la capilla de Santa Ana, hay un retablillo en relieve representando el Nacimiento del Señor con la Virgen y Santa Ana (su madre) en la parte superior. Se trata de una obra procedente de Filipinas datada en el . Es precisamente en esta capilla donde se colocan los exvotos que llevan los fieles que han recibido favores por mediación de la Virgen del Acebo y que se cuentan por cientos. Ambas capillas poseen notables retablos manieristas.
Reja del arco de triunfo La reja está situada entre el presbiterio y el resto de la nave. Es de gran belleza artística y su autor fue Juan Orejo. También merece la pena destacar las dos pequeñas tallas de la época barroca de San José y San Miguel.
Favores y milagros antiguos A continuación se relatan los hechos tal y como ocurrieron según indican los testigos, sobre todo el cronista y estudioso de estos temas, que los vivió muy de cerca al ser los hechos coetáneos a él, el Padre Jesuita Luis Alfonso de Carvallo. En su día existió, junto a otros libros del santuario, el «Libro de los Milagros» mencionado así por el investigador historiográfico Fermín Canellas: «Se custodia en la misma capilla un manuscrito del año 1580 con muy interesante Relación de los milagros obrados por la Virgen del Acebo, santuario de la parroquia de Linares» sin entrar a formar juicios de valor. Primer milagro de la Virgen. Ocho de septiembre de 1575 Reinaba en España Felipe II. El relato de los testigos dice así:
Juan Fernández de Carceda Según la misma crónica anterior «Este mismo año a tres de mayo, Juan Fernández de Carceda, vecino del concejo de Valdés, vino en un rocín a visitar esta santa ermita, y siendo tan cojo, que no podía andar por sus pies, apeándole del rocín, y metiéndole en la Iglesia, fue sano de repente, y se volvió en sus pies para su casa, publicando el milagro.»
Joven coja «El licenciado Mendoza hizo averiguación de otra moza coja, que sanó la Madre de Dios. Perdiéronse los papeles, y solo halló este milagro en los memoriales de los demás, sin decir el nombre, ni el tiempo de cuando sucedió.»
Álvaro Pérez de Cadavedo «Álvaro Pérez de Cadavedo, estando paralítico, vino en romería a este santo lugar el 16 de mayo de 1581, y volvió sano para su casa, sin haber aplicado otro algún remedio temporal.»
Joven tullida y muda «El mismo día sanó milagrosamente una moza tullida y muda, no dice el nombre el memorial.»
María Sánchez «El 8 de junio de 1586, María Sánchez, hija de Pedro Sánchez, coja, fue sana milagrosamente en esta santa ermita.»
El sacerdote Diego Álvarez «Diego Álvarez, cura de Robledo de Villadamor, en tierra de Riello, estando muy enfermo de los tobillos, sin poder menearse en sus pies, vino a caballo a esta santa ermita el quince de septiembre de 1583, en donde repentinamente se halló sano.»
El hijo de Alonso Rodríguez «Un mancebo, hijo de Alonso Rodrígues de Mieldes, concejo de Cangas, se tulló de un aire corrupto, sin poder menearse, y delante del Altar de Nuestra Señora del Acebo quedó sano de repente.»
Mateo de Ayones «Tullose en los brazos de cierta enfermedad Mateo de Ayones, y habiendo ido a curarse a varias partes, no halló remedio, sino en esta santa ermita, donde milagrosamente fue sano el siete de junio de 1578.»
Mozo mudo «Por mayo de 1588, habló súbitamente un mozo de Luarca, mudo, y conmigo aprendió después a leer en la escuela de Cangas, y en memoria del milagro le llamábamos Juan de Santa María.»
Otro mozo mudo de nacimiento «Otro mozo mudo, también desde su nacimiento, criado de María Carballo de Santianes de Tuña, habiéndole traído su ama a tomar novenas a esta santa ermita, habló y oyó milagrosamente; y examinándole yo mismo, me dijeron cómo la primera cosa que había oído habían sido las campanas de Nuestra Señora del Acebo tocándose al alba; y no tuve por menor milagro el que con tanta brevedad supiese los nombres de las cosas que jamás había oído nombrar.»
El cronista de estos hechos termina diciendo: «Dejo otros muchos y maravillosos milagros, por no ser largo...» y solo enumera a modo de titular las enfermedades y males de los que habían sido curadas muchas personas de su época y que él mismo presenció, relató y trató. También comenta a mitad de sus relatos que eran tantos los que curaban de sus cojeras «que no se cuidaba de escribirlos» y que solamente, a modo de testimonio, los curados dejaban colgadas sus muletas en la iglesia, que hay en gran número.
Favores y milagros recientes La lista de favores y milagros no se han reducido a épocas muy lejanas en el tiempo, sino que recientemente la Virgen del Acebo sigue derramando sus favores.
José Martínez, de Villarino de Limés Iba este hombre, en 1941, acompañado de su hijo, montado en un carro lleno de centeno arrastrado por cuatro vacas. En un descuido, ellos, las vacas y el carro cayeron por un enorme precipicio. Viéndose a las puertas de la muerte, José gritó: «Virgen del Acebo, te ofrezco un cordero mientras viva». Tanto José como su hijo y el ganado salieron ilesos; José cumplió su promesa mientras vivió y, después de morir, su hijo continuó con la promesa entregando anualmente al santuario, para su mantenimiento, el importe de un cordero.
Mujer testigo de Jehová